Carlos Ballesteros: voz. Genís Segarra: máquinas. Juntos son Hidrogenesse, dúo barcelonés que por primera vez visitará Sudamérica durante abril y mayo para promocionar su último y quinto largaduración: “Roma”. Gracias a este disco, Hidrogensse ha logrado madurar una estética única, marcada por un discurso lúdico y sonido de electrónica pop, ya desarrollado en piezas imprescindibles como “Un dígito binario dudoso” (2012) –el aplaudido homenaje a Alan Turing años antes del biopic “El Código Enigma”-, “Bestiola” (2008), “Animalitos” (2007) y “Gimnàstica Passiva” (2002). Como dupla, además, son responsables de mantener en pie una de las leyendas discográficas de la música en español: el sello Austrohúngaro, editorial detrás de bandas como Chico y Chica, Espanto o los primeros Astrud.
Según Carlos y Genís, fue la invitación que recibieron de Chile –a participar de la primera versión del Santiago Pop Fest- la que desencadenó una serie de fechas en Perú, Argentina y Uruguay, la mayoría autogestionadas. “Hemos aprendido que si queremos ir a América no hay que esperar. Tampoco basta con aceptar propuestas más realistas. Tienes que buscarte tú las oportunidades, provocarlas. O sea que nuestra gira es en parte por una invitación, y en parte por iniciativa propia, para provocar nuevas invitaciones y propuestas. Ahora estamos ya planeando una segunda parte de esta gira latinoamericana para otoño e invierno”, anuncian a horas de cruzar el Atlántico.
Sobre los shows en Chile y los países vecinos, la pareja adelanta que serán conciertos muy eclécticos. “Siempre incluimos canciones de todos nuestros discos en el repertorio. De las más viejas a las más nuevas, aunque estarán más centradas en “Roma”, porque nos hacen más ilusión estas canciones ahora. Hemos estado ensayando alguna que últimamente no estamos tocando en España, pero no sabemos si acertaremos. Ya hemos visto en redes sociales que algunos quieren “Hidroboy”, y esa no. Esa canción no está metida en el secuenciador, y el secuenciador está ya metido en la maleta, y la maleta cerrada” aclaran a los fanáticos.
¿Cómo ha sido la trastienda de esta gira en términos de financiamiento y desarrollo? Organizar un viaje de este tipo nunca debe ser muy sencillo…
Nuestra política ahora mismo, desde hace unos años, es decir que sí a todo. Hay que confiar en los promotores, ya que ellos se encargarán de financiar los transportes. Luego ya se organiza todo lo demás: alguien tiene que acoger a nuestro gato y procurarle los cuidados que su avanzada edad requiere; hay que comprar nuevos instrumentos, más pequeños, que nos permitan viajar a tantos lugares siendo solamente dos personas arrastrando maletas; también hay que dejar todo listo en Barcelona para no encontrarnos con un caos al volver.
Durante el viaje les tocará compartir escenario con bandas como Diosque, Dani Umpi o Fakuta, que toca el mismo día que ustedes en Santiago. ¿Conocían los solistas con los que compartirán fechas o han sido descubrimientos para ustedes?
Conocemos a Diosque desde el disco anterior a “Constante”, curiosamente por su edición peruana, y a Dani Umpi y a Fakuta también les hemos oído, y a los 107 Faunos, que tocarán en Buenos Aires con nosotros, los conocimos en persona en Barcelona hace un par de años. O sea que sí, les conocíamos a todos los que mencionas. De Chile conocemos a Gepe, Javiera Mena o a Alex Anwandter. “Hambre”, “La Joya” o “¿Cómo puedes vivir contigo mismo?” son canciones chilenas que nos encantan. Ah, y Dënver también tienen público y canciones conocidas en España, al menos a un nivel underground. En general, nos parece que los artistas chilenos tienen muy poca vergüenza. Eso es algo que nos da envidia a nosotros, artistas europeos llenos de manías.
Vienen a presentar “Roma”, un disco que han explicado como la obra en la que estaban trabajando antes del disco en homenaje a Alan Turing. Han dicho que es un disco que estaba casi terminado y que luego retomaron para finalizarlo. ¿Se les pasó por la cabeza la posibilidad de no publicar “Roma”?
Somos muy poco prolíficos. No nos podemos permitir tirar a la basura cosas que ya tenemos medio hechas. Además, todo lo que hacemos es muy importante para nosotros. Cada canción. No se nos pasaría por la cabeza nunca algo así. Ahora estamos “a cero” y te aseguramos que es mucho mejor tener cosas ya empezadas, ¡tener pasado es tener futuro!
Han descrito que el disco homenaje a Alan Turing contó con una “exagerada acogida”. ¿Tanto les sorprendió la ola de buenos comentarios? ¿Cómo vivieron esa etapa en la que al parecer mucha gente descubría “el potencial” de ustedes como banda y creadores?
Pues sin problemas psicológicos, porque nos pilló ya creciditos. Ya sabemos lo relativo que es todo esto, que ahora eres guay, pero ahora ya no, y luego te redescubren, o dicen que “has vuelto”…
No sólo en “Roma”, sino que de todos sus discos y los discos que edita Austrohúngaro, se desprende un tono muy distintivo, particular, que se puede interpretar muy lúdico. ¿Son conscientes de ese “sello austrohúngaro” (que a esta altura ya es un estilo y casi una escuela)?
Cuando grabamos en 1997 las canciones del recopilatorio “Lujo y Miseria” ya había una intención de crear una familia, un algo común de varios grupos, varias personas. Hay quien piensa que el nexo común de lo austrohúngaro es un estilo, o un sonido, pero se equivocan. No nos importa lo más mínimo el estilo. Lo que tenemos en común es algo más de base, ideológico si quieres. Tomarse muy en serio lo lúdico, y todo lo demás muy a broma. No tomarle el pelo a la gente. No apuntarse a las modas, aunque te sienten bien o incluso aunque te gusten. Cosas así, básicas.
¿Qué tan importante es para ustedes el humor, el juego, o la ironía a la hora de continuar creando o haciendo canciones?
No entendemos lo que hacemos sin humor. Preferimos que haya humor en todo lo que nos gusta: cine, música, libros. Puede ser un humor muy fino o muy grueso, ser lo principal en la obra, o estar ahí de fondo. Da igual. Lo que no entendemos son las cosas 100% serias, de gente que se toma a sí mismo tan en serio, porque todos nos reímos en algún momento, siempre hay risa en algún lugar de nuestras vidas, y la gente que no deja que eso se vea en sus obras nos parece, como mínimo, sospechosa.
El tiempo, y en especial el futuro son temas centrales en “Roma” ¿Cómo se toman ustedes el paso del tiempo, el envejecer y al mismo ver que el mundo está cada vez más obsesionado con “lo último”?
Nos encanta el paso del tiempo, nos encanta que el tiempo pase, y el efecto que causa en las cosas. Es curioso que un objeto se torna más y más hermoso y valioso con el tiempo, siendo igual de feo e insignificante que el primer día, ¿verdad? La actualidad, la moda, a veces pueden divertirte, jajaja, pero la verdad, siempre hemos tenido una fuerte pasión por alejarnos de la actualidad, por estar fuera de la moda, por “salir del siglo”. Lo moderno es excitante e inspirador, pero la tendencia es algo que hay que evitar siempre. Madonna, Björk, Morrissey, Pet Shop Boys son artistas que por su edad pareciera que siempre tienen que justificar su derecho a publicar discos. ¿Cómo observan ese fenómeno?
Es cruel, pero suponemos que siempre lo ha sido. La música pop no estaba pensada para que la hiciera gente mayor. Parece un contrasentido. Pero la gente que hace música pop se hace mayor, como todo el mundo, así que no debería preocuparle a la gente. Es más triste que artistas como Madonna crean que, para hacer pop, tienen que ser o parecer eternamente jóvenes, ágiles y sexy. Nosotros no creemos que para hacer pop se necesite ser ni parecer ninguna de estas tres cosas.
En muchas entrevistas se refieren a trabajos por encargo que están preparando, producciones en las que están trabajando, nuevos instrumentos que van probando, o nuevos personajes que los tienen obsesionados. Se les nota muy inquietos. Por eso, además de las fechas en España y la gira por Sudamérica, ¿en qué proyecto están trabajando o en qué están investigando actualmente?
Ahora mismo estamos a cero, sin canciones nuevas comenzadas, ni un título para un nuevo disco. Solamente tenemos algunas ideas que se nos ocurrieron en México el año pasado. Quizás en esta gira sudamericana ampliemos y perfeccionemos esas ideas, y algún día tengamos unas cuantas canciones inspiradas por la América latina. Si no es así, si nada se nos ocurre, siempre podemos trabajar en unas canciones muy antiguas, el repertorio de nuestros primeros conciertos a finales de los 90, que nunca hemos grabado. Eran casi todo baladas.
No es un músico profesional, tampoco es un escritor, lo suyo no es la
ilustración y dentro de sus planes no está alcanzar la popularidad. Sin embargo, Carlos Vargas se da el tiempo de responder esta entrevista como una
estrella del pop, escribe canciones hace años y ha editado dos discos que se
disfrutan como un libro de cuentos e ilustraciones. Así es Corderolobo, su proyecto multiforme en el que combina literatura,
música y un incombustible afán por la
creación.
Cuesta saber qué o quién se
esconde detrás de Corderolobo, pero
no porque se nos oculte información. El
entrevistado, sabemos, es Carlos Vargas,
ingeniero civil industrial de profesión, ex Yupisatam, y autor de los discos de
pop inclasificable “Desastres naturales
y mañana en la mañana” (2013) y “Corderolobo”
(2011).
Pero la historia no es tan
simple.
Vargas no se siente cómodo con la
figura de solista, ni sus discos responden al formato tradicional. Ambas
producciones han contado con la participación de diversos invitados y se han
publicado como libros ilustrados por Ricardo
Villavicencio. Además, su última placa recoge diez cuentos escritos, entre otros, por Gonzalo Planet (Matorral) o Rodrigo
Jarque (Inverness).
Es muy interesante que en tu último disco cada canción esté acompañada
por un relato breve. Da la impresión que cada canción se puede leer también.
¿Cómo fue que llegaste a esa idea?
Alguien importante en esta
historia es Ricardo Villavicencio, último baterista de Yupisatam e ilustrador
del material que acompaña a los discos. Villavicencio es un integrante más de
Corderolobo y junto a él me cuestioné qué hacer para “Desastres naturales…”. En algún momento pensamos en hacer un vinilo
y quizá incorporar una especie de afiche, pero igual llegamos al libro de
nuevo, aunque siempre pensando en que no queríamos repetir la misma fórmula del
primer álbum. Así tomé la decisión de sumar cuentos, básicamente porque me
gustan los cuentos, y Ricardo enganchó al tiro sumando las imágenes.
“Desastres naturales…” podría ser un libro, pero no es autónomo, se
completa con el disco. No podrían ser independientes lo uno de lo otro.
Teníamos la duda de cómo hacer
que el libro no pareciera un adorno del disco, porque pensamos que libro y
disco son un conjunto. A nuestro juicio no es una opción pensar las canciones
solas. Y la verdad es que mirándolo así
hay una cuota de pretensión que en algún momento me hizo dudar, pero tampoco me
puedo hacer cargo de que este trabajo sea mirado como algo pretencioso. Para
bien o para mal, “Desastres naturales…”está pensado como un todo.
Es como leer una canción, escuchar una canción y mirar una canción.
De hecho, los cuentos están
pensados a raíz de las canciones. A algunas de las personas que invité a
escribir las conocía, a otras no tanto, y no les mandé las canciones terminadas,
sino que sólo las letras, para que ellos eligieran la letra que les gustaran y
luego escucharan las canciones. Coincidió que todos eligieron canciones
diferentes para escribir los relatos. Y la relación entre los cuentos y la
letra era responsabilidad de cada autor. Luego las ilustraciones se hicieron en
base a la música. Y el resultado fue
bien impresionante. Algunos cuentos son casi antagonistas de las cancións. Por
ejemplo, “Gente que se convierte en fuegos artificiales”, es una canción
totalmente diferente al cuento.
Esa forma de experimentar el disco es bien compleja, incluso si se
piensa en términos comerciales. ¿Nunca consideraste hacer algo más simple para
que el público lo recibiera más fácilmente?
Es que no pretendo para nada
desestabilizar la industria o algo parecido con este disco. Hay que pensar que
estamos en el año 2013. Yo no tengo contratos por disco, no tengo obligaciones
comerciales, así que hago uso de esa libertad. Ahora, hacer un trabajo así es
mucha pega. Se podría decir que soy un experto en meterme en problemas, pero lo
veo como una inversión. Vivo para esto, y no lo digo desde un punto de vista
artístico, sino que creo que tengo una deformación: no sabría cómo hacer las
cosas de otra manera. Organizar todo es un dilema, es verdad, siempre se está
en el medio de un ensayo error, pero en comparación a mi primer disco, siento
que esta vez todo se logró de mejor
manera.
¿Pero dónde queda la ambición de avanzar en niveles de producción y
alcance de público?
Pienso que todo esto de las
canciones, los cuentos, las ilustraciones, se podrían hacer en mi casa, para
callado, subiéndolo a internet y listo.
Lo que viene después es lo que me complica, considerando los temas de promoción,
difusión, etc. No sé si fue Gepe u otro
que dijo que las bandas de ahora eran
una mezcla de diseño o marketing. Eso es verdad. Y sobre la ambición… No lo sé,
no estoy tan seguro de querer llegar a más gente, por ejemplo. Quizá soy un
poco auto flagelante a la hora de hacer las cosas y siempre estoy con pudor
sobre lo que estoy haciendo. Lo otro es muy relativo, porque además ya tengo 34
años y no sé si mis expectativas apuntan hacia esas cosas. Si no llegara
a pasar el conseguir más popularidad o avanzar en esto, siento que no
perdería nada, porque no tengo el ego puesto en eso. Y no se trata de pensar
que lo mío es de élite, para nada; sé
que existe algo de vanidad en todo esto, por algo me subo a un escenario, y sin
ser muy esotérico, lo que me gusta más es ese feedback de energía. Además yo tengo un trabajo de oficina, diario,
que no sé si dejaría. A ver…tampoco se trata de tener un trabajo normal y
además ser Corderolobo. No es que tenga dos personalidades o que esto sea un
personaje. Ambas cosas son un trabajo y ambas cosas trato de hacerlas con
gusto.
Leyendo canciones
¿En comparación a tu disco anterior, cómo crees que ha evolucionado tu
perspectiva sobre el formato canción?
Creo que he tenido una evolución
estilística respecto a la canción, sobre todo componiendo, que es lo que más me
acerca a la música. Creo que antes no tenía mucha conciencia sobre las letras,
todo era más emocional. Pero con “Desastres naturales…” llegué a canciones con
las que consigo algo más gráfico, algo más de imágenes. Por eso creo que es un
disco más épico. Aunque épico pobre, quizá, porque veía las canciones como
pequeñas operas. “Volcanes y lagos”, por ejemplo, es una canción que me
imaginaba gráficamente. Todo es más visual en este disco, de ahí la importancia
de las ilustraciones.
¿Y en el caso de las temáticas que abordas en las canciones?
Durante este período entre un
disco y otro también me han pasado cosas súper raras. Tuve una hija y me
detectaron una enfermedad autoinmune, además de otros problemas de amigos. Pasé
de ser un tipo normal a un hombre que se tienen que sacar sangre día por medio.
De un minuto a otro mi sistema inmune se desconfiguró y cagué. Pero el disco no
se trata de eso. El disco no se trata de
mí, no se trata de los problemas que me han pasado, sino que se trata de lo que
provocan algunos hechos en la vida.
Pero la mayoría de esas
canciones hablan de escenas o de situaciones más bien personales, son bien
fragmentadas. ¿En qué punto crees que tus canciones superaran esa anécdota
personal para hablar de algo más general, social o político?
Es que pienso que “Desastres
naturales…” no es un disco hecho viendo las noticias, como se decía hace un
tiempo del disco de Ases Falsos. Por supuesto que me interesa hablar de la
sociedad, pero no de lo que salió ayer en las noticias, porque evidentemente
las noticias son parte de una mierda que es muy obvia. Lo peor de todo no es el
Presidente, ni Longueira, ni Chilevisión. No es que vivamos en un modelo de
consumismo, vivimos en una sociedad de consumismo, en la que la música está
metida a full, tanto como la salud, la educación o todo. En Chile la música está concebida como parte
del entretenimiento y no como parte de la cultura. Y me parece que en general
los músicos están tratando de conseguir una validación institucional que no me llama
la atención. Por eso prefiero dedicarme
a publicar un disco que parece libro o a
componer las canciones que compongo,
porque ahí se refleja una forma particular de mirar la vida.
Parece que el músico al final siempre está en esa frontera a la hora de
pensar en la canción y la política. Como si
tuviese una responsabilidad a la hora de publicar un disco: no hablar de
nada o intentar hablar de todo.
Por mi parte me sitúo en un
rincón más raro. No en el grupo de músicos que sólo habla de música, ni en otro
que está mirando las noticias para escribir canciones. Creo que tengo más
rollos en la cabeza, y siento que no tengo una responsabilidad. Me identifico
más con la imagen del autor que tiene visiones particulares sobre las cosas y
ese es mi aporte, porque inevitablemente se dicen cosas y se toman
posturas. Además, la obra siempre es
diferente a la persona. También es cierto que es muy difícil no dejarte
influenciar por el contexto o por la época que te tocó vivir. Pero en mi caso
me llama la atención el tema del bien y el mal, las catástrofes y las vivencias
o experiencias de cada individuo. No sé… Escribir, por ejemplo, una canción diciendo
que los de la UDI
están locos es tan obvio que no puedo sentarme y escribir algo así. No sé, cuando me preguntan por qué la gente
está enojada yo no puedo responder eso, porque yo mismo soy parte de la gente.
No necesito hablar de los demás poniéndome en una posición distinta. No me
interesa la demagogia. Y creo que las personas también están súper
subestimadas.
“A Melero lo buscamos porque sabemos que nada
será igual después”
Preguntar a quien hizo las preguntas. Así se
podría resumir cualquier intento por acercarnos al autor de una biografía. Seguir
las huellas que otro ya recorrió. Así se podría resumir también esta entrevista
a Gustavo Álvarez Núñez, periodista detrás de “Ahora, antes y después” (Derivas, 2012), libro que recoge la
historia del músico trasandino Daniel
Melero (1958) desde su infancia, adolescencia y diferentes etapas de su carrera
como compositor, productor y solista hasta el año 2001. Una biografía que ocupa
la primera persona para que sea Melero quien reflexiones respecto al porno, la
ciencia, se detenga en la trastienda de su obra y se divida en comentarios
sobre clásicos como Charly García o Luis Alberto Spinetta.
Es también una biografía en donde Melero se
reconoce a sí mismo como un creador atípico. “Mucho
más que un músico en el sentido clásico, soy un oyente que llegó a manejar
instrumentos musicales. El tiempo que otros pasaron estudiando música, yo lo
pasé oyendo discos. Más que formación diría que tengo información”, declara
el autor de “Trátame suavemente” en el retrato firmado por Álvarez Núñez.
Ex director editorial de Los
Inrockuptibles, integrante de la desaparecida banda Spleen, poeta y autor del
volumen de relatos “Vidas epifánicas” (Mansalva),
Álvarez Núñez es seguidor de Melero desde la época en que el trasandino acaparaba
las miradas como líder de Los Encargados, y gracias a una relación que se
remonta a más de dos décadas es un
conocedor de la historia oficial de Melero, pero también de la cara menos
popular de una figura mil veces mitificada.
“Una de
las primeras entrevistas que hice en Los Inrockuptibles fue a Daniel. La
realizamos con otro colaborador de la revista, Hernán Ferreirós. Los tres la
pasamos muy bien charlando de discos, mujeres, ciencia, pornografía, televisión
y un largo etc. Así se fue dando un vínculo. Hernán le iba a armar el sitio web
a Melero -que nunca se terminó de plasmar- y ahí es donde yo encontré el
vórtice para el libro, porque Daniel quería que le escriba el texto biográfico
del sitio”, recuerda Álvarez Núñez sobre el origen de “Ahora, antes y después”.
“Melero
es el entrevistado que todo periodista novato desea. Te puede construir un gran
reportaje sin que vos emitas muchas palabras. Fue muy sencillo trabajar con
Daniel”, admite sobre una biografía que no llegó a las tiendas hasta el año
pasado. “El libro se editó después de casi
diez años en que fue concebido. Pasó por miles de avatares, como la misma
realidad argentina”, resume sobre el retraso en la publicación del texto.
¿Qué tan complejo fue
decidir que las conversaciones con
Daniel Melero se podían transformar en una biografía?
No tengo en claro si es una biografía o una
autobiografía, como sugirió Rafael Cippolini en la presentación del libro.
Sabemos que habla la voz de un Daniel Melero que rememora y a veces sentencia.
En todo caso, no tuve la intención de escribir una biografía, sino trazar las
puntas del iceberg que es el pensamiento de Melero. Bucear lo más que se podía
en el modo en cómo piensa, ese fue mi objetivo. En cuanto al género como
lector, soy poco asiduo. En verdad me gusta más la ficción biográfica, la posibilidad
que tiene un escritor de usar su vida como experiencia biográfica. Por eso
escribí Vidas epifánicas, un libro de
relatos a partir de epifanías de músicos (desde Brian Eno y Keith Richards a
Miles Davis, y Lee “Scratch” Perry), escritores (Paulo Leminski, José
Hernández, Lucio V. Mansilla, Clarice Lispector) o actores, para sondear en
esos momentos cruciales donde alguien elige su lugar en la vida.
La realización de un
texto biográfico implica crear una mitología de la identidad. Con esta biografía,
hasta qué punto te interesaba –o te interesa- mantener mitos, destruir o crear nuevos mitos asociados a la
figura de Melero.
Daniel dice que yo mostré la bestia que hay en
él. Que el Melero conocido estaba inequívocamente asociado a una persona con un
discurso ilustrado. Y que “Ahora, Antes
y Después”vino a subvertir esa
imagen. Mi intención era mostrar un Melero más cotidiano, o por lo menos, el
que yo conocía detrás de bambalinas.
En ese sentido, cómo
observas el efecto que puede tener un texto de esta naturaleza en el público,
si pensamos que veces es mejor nunca conocer tanto a los ídolos.
Algo que siempre es paradójico en cuanto a la
recepción de la obra y a la influencia de Melero, es que mucha gente es más
permeable a su discurso que a su producción musical. Y si toda biografía
muestra lugares escatológicos o peligrosamente custodiados del sujeto en
cuestión, en “Ahora, Antes y Después”
casi todo está puesto en la superficie. Paul Valery decía que “lo más profundo
del hombre es la piel”… No busqué ni me esmeré en husmear los típicos aspectos
biográficos, sino que me zambullí en todo lo relativo a la formación,
desarrollo y concreción de una estructura de pensamiento muy particular y
valiosa.
En el texto aparece el
pensamiento de Melero fragmentado y mezclado con sus propios recuerdos
biográficos. Hasta se podría mirar como una autobiografía teórica, pero se
trata de un recurso que tú elegiste, al restarte como entrevistador. ¿Por qué decidiste apostar por desaparecer
como el biógrafo de Melero?
Tenía en la cabeza textos como El libro del desasosiego del poeta
Fernando Pessoa o Minima moralia del
filósofo Theodor Adorno. Me gustaba la idea de que el lector entre por
cualquier lugar y encuentre algo que lo colme. Que no haya raíz, ni un abajo ni
un arriba. Esto acompañaba mi visión del lugar de Melero en el rock argentino:
parece venir de ningún lugar. O es un extraterrestre, como creyeron sus
amiguitos del club cuando tenía 12 años*.
Melero + Álvarez Núñez
Es muy interesante la
aclaración que haces al inicio el texto, cuando explicas que la época que
retrata el libro es pre “Vaquero”(Melero, 2001), pre “Jessico” (Babasonicos,
2001) pre tragedia Cromañón, es decir,
antes de la última crisis argentina, pero también antes de myspace y el auge de
Internet como lo conocemos. ¿Crees que estos sucesos políticos y culturales han
definido un nuevo pensamiento en Melero? Hablo de uno distinto; de haber cambiado, ¿existiría una suerte de “segundo
Melero” que quedaría por conocer?
En varias oportunidades él ha insistido con que
hace falta una versión 2.0 de esta biografía. Conociéndolo, más que cambiar, ha
ahondado en sus percepciones e intuiciones. Melero es siempre de la observación
de lo mínimo; rescata cómo procede lo máximo. Ese movimiento es capital en su
abordaje de la realidad. Lo importante es su matriz que le proporciona una
sutileza única a la hora de inmiscuirse en problemáticas nuevas. En zonas donde
otros se encuentran con un lodazal, él sólo se topa con diamantes en bruto. No
creo que Melero haya cambiado en lo estructural desde que tuvimos aquellas
conversaciones a fines de los años 90, sino que ha profundizado en
conocimientos que siempre le han atraído. Antes podía ser la bioética, hoy el
mundo de los insectos. Y me parece interesante que en esas búsquedas, hay detrás
una transpolación interesante al mundo del rock. A cómo nos movemos, cómo
generamos o no cambios…
En el prólogo del
libro, Diego Tuñón –tecladista de Babasónicos- refuerza la imagen del Melero
líder y acogedor cuando dice: “En la actualidad sabe exactamente los discos que
salen, qué bandas escuchar (…) por eso los grupos nuevos todo el tiempo
recurren a él”. Sin embargo, es Melero el que admite en el texto que es él
quien busca a los nuevos para
interactuar con ideas frescas. ¿Cómo observas tú estas figuras, la del Melero
tótem y la del Melero siempre deseoso de aprender del presente?
A Melero lo buscamos porque sabemos que nada
será igual después. El tipo tiene la lámpara de Aladino. Pero no esperamos que
broten nuevos objetos, sino vérnoslas con nuestros propios miedos a cambiar; o
cómo hacer de nuestras inseguridades un campo fértil para potenciar lo
desconocido. La mejor lección de Melero es como la del maestro zen: el cambio
sólo se da yendo hacia el cambio.
En el inicio del libro
tú declaras sobre Melero: “su música, su presencia y su discurso potenciaron
más debates y escándalos que muchos de sus colegas, proponiéndoselo, no
lograron ni por asomo”. Con eso te refieres a la dimensión política de su obra.
¿Podrías precisar más en qué sentido Melero encara el poder? ¿Según tú, en
dónde aparecen esos debates y esas manifestaciones?
Pienso en el Melero del (Festival) BARock 82,
poniendo en conflicto la idea de qué era ser rockero en ese comienzo de década:
si aceptar el paso del tiempo y las transformaciones que se habían llevado a
cabo -por eso su grupo, Los Encargados, tocaba con máquinas-, o seguir
insistiendo con la fotocopia anacrónica del rockero hippón. Después, acompañando a grupos que apostaban por sonidos
menos establecidos, transformándose en “vocero” de las nuevas tendencias, desde
su incursión en la producción en los años 80 y luego en los 90 a su cuidada trayectoria
solista. Y llevando a Soda Stereo -en su estadía como cuarto integrante- a
redefinir su paleta sonora, rescatando influencias de los años 70 del rock
argentino con “Canción animal” (1990), o inmiscuyéndose en texturas y capas de
sonido novedosas como fue “Dynamo” (1992); corriendo así el límite de lo que se
espera de Soda.
Además, desaprovechar oportunidades comerciales
ha sido una constante en su trayectoria. No hay nada más político que desoír a
las sirenas del vil metal. Discos como “Operación escuchar” (1995), claramente
entroncan con una mirada crítica sobre el mercado, sobre cómo operar en el
mercado. Su lucha con el poder está más vinculada a la microfísica del poder
foucaultiano: inmiscuirse en luchas pequeñas y puntuales, para leer desde allí
algo mayor. En pleno auge de la música electrónica, lanza un disco como “Piano”
(1999), donde caben nada más su voz y el acompañamiento de Diego Vainer en el
piano. Esa indagación en el conflicto es propio de su lugar político en un
universo como el rock, más atento a los eslóganes y los discursos básicos.
El capítulo del libro “Las
piezas del museo” es muy interesante, porque es Melero refiriéndose a los
grandes nombres del rock argentino, criticando a unos y declarándose seguidor
de otros. ¿En donde ubicas a Melero dentro de este panorama? ¿Si no es parte
del museo, en dónde está Melero?
Melero sería la galería de arte chiquita, donde
descubrís los artistas del mañana. Nunca será un museo de cera ni pretenderá
ser una retrospectiva masiva, sino el incunable que espera su lector.
Hacia las últimas
páginas del libro aparece un Melero muy interesado en la ciencia y algo decepcionado
del arte. “El arte, como mecanismo de cambio, está agotado”, sostiene. ¿En qué
medida esa sentencia se puede vincular a su propia obra? ¿Crees que aún se
sostiene Melero como creador o su fuerza provocadora y revolucionaria de fines
de la década pasada ya desapareció?
Lo que me interesa del último Melero es su
desparpajo por incluirse y transmutarse en otros: el trabajo que lleva a cabo
con su grupo de los últimos tiempos, en el vínculo que tiene con Yuliano Acri,
Félix Cristiani y Tomás Barry, por ejemplo, es la de un hombre que desea seguir
investigando y poniendo en conflicto sus certezas. Además, ha logrado
convertirse en un clásico sin necesidad de ser un mármol viviente. Digo, puede
vivir y hacer del error un paso más en el insondable camino hacia la belleza.
“Cantante, escritor, artista
visual y figura mediática en su país”, así comienza la biografía de Dani Umpi
en uno de sus tantos perfiles en internet. Multifacético, el uruguayo invitado a la última versión de la Feria del Libro de Santiago
(FILSA) también es conocido por su desvergonzada puesta en escena, en donde no
duda en combinar tacos altos y una
camiseta de basquetbol para adornar una fachada andrógina
y recargada. Críticas y abucheos ha recibido en latinoamérica por su inclasificable
imagen, pero también aplausos gracias a
sus discos de pop “Perfecto”
(2005) y “Mormazo” (2011) y sus novelas “Aún soltera” (2003) o “Miss Tacuarembó” (2004), cuya versión
cinematográfica protagonizada por Natalia Oreiro se estrenó hace dos años.
En su recorrido por la capital,
Dani Umpi ejerció su doble militancia: como escritor y cantante, el autor promocionó su última novela “Un poquito
tarada” –que espera editar prontamente en Chile- y su nuevo EP, “Piano - Vol.I”, en donde
repasa alguno de sus clásicos e incluso cuenta con la colaboración del cantante
nacional Gepe.
Este nuevo disco
recuerda un poco la idea de “Piano” de Daniel Melero, que es un gran referente.
Sí, gracias, aunque la comparación me queda un
poco grande, jeje. La idea del disco
surgió el verano pasado, que fui a tocar a la playa la Pedrera en Uruguay, pero
viajé sin mi colaborador de siempre, el guitarrista Adrián Soiza con quien ya
había publicado un disco de versiones en guitarra, llamado “Dramática” (2009).
En fin, pasó que para hacer los shows me acompañó el novio de una amiga que
toca el piano, Álvaro Sánchez. Nos presentamos, y en seguida nos hicieron un
montón de fechas. Le pusimos “Dani Umpi Piano” a ese tipo de presentaciones y
después hicimos el disco, que grabamos en una sola toma, haciendo una especie
de falso en vivo. Después lo pusimos en bandcamp y se bajó un montón de veces. Creo que el
piano es re diferente a la guitarra, y aunque con los dos instrumentos me
siento muy intérprete, en este caso es distinto porque todas las canciones son
mías, salvo un cover de Carla Morrison. En el disco también está Gepe en la
canción “Patas para arriba”. Justo él fue
a cantar a Montevideo en la época en yo estaba grabando el disco, así que lo
invité a grabar y quedó.
En tu disco “Mormazo”
colaboraste con Wendy Sulca, ¿imposible invitarla a este nuevo proyecto de versiones?
Es que la grabación de este disco fue muy
espontánea, no fue tan planeado. Pero claro, de haber podido lo hacíamos.
Es interesante la
defensa que haces de Wendy Sulca como artista. Por ejemplo en Chile, cuando la
invitan a tocar, siempre la invitan a fiestas kitsch, y me parece que detrás de
esa etiqueta lo que hay es una gran
discriminación. Al final se la mira como un chiste y no como una figura con
talento. ¿Qué opinas de eso?
El fenómeno de Wendy Sulca desde un principio
me cautivó mucho, porque es muy complejo. Creo que es un detonador de
prejuicios musicales y raciales de la
sociedad. Si se quiere, por ejemplo, La Tigresa del Oriente parte
desde un lugar más humorístico, pero Wendy Sulca es una artista que proviene de
una tradición folclórica, y que responde a una historia antiquísima que va
evolucionando. Por eso me parece que el
fenómeno en torno a ella habla de todos los prejuicios que tiene la gente y
cómo se maneja lo exótico y la ignorancia que se tiene hacia otras culturas, pues
las burlas a Wendy son básicamente tres: su tono de voz, lo racial cuando la
llaman “monito”, y la última que es cultural, cuando se ríen de canciones como “La Tetita”, que habla de
amamantar. Y me parece que no se ha reflexionado mucho sobre esto, y lo más
curioso es que quienes tienen las
capacidades para hacerlo, como los periodistas que están formados para desarrollar
otras lecturas, no lo hacen. Se opta por la burla, y en mi caso, un personaje
como Wendy Sulca me interesa mucho, porque yo siempre estoy adoptando el
personaje del bufón.
¿Hasta qué punto tuviste que enfrentar ese tipo de
discriminaciones, considerando que la opinión más inmediata no es aceptarte
como una propuesta artística válida, sino como el tipo raro?
Desde el primer día que subí a cantar supe que
quería ser una entidad o una construcción icónica que tuviera en cuenta ese
factor: ser un freak, un bufón. Eso me permitió tomar distancia, observar y
detectar las críticas, y me siento muy orgulloso de contar con esas críticas,
como cuando dicen que no canto bien o cuando dicen que es todo sobreactuado.
Eso es obvio, porque es un producto camp. Lo más interesante es que lo dice
gente preparada, gente que sabe. De hecho tengo un archivo de críticas de
discos, muchas de ellas de diarios o medios re progres que se cuestionan por
qué enfatizo tanto lo marica, que por qué tengo esa necesidad. Finalmente creo
que es una postura política presentarme así, porque es una propuesta muy
fronteriza, y no es que eso sea un riesgo, sino que esos son los objetivos: lograr
que no se sepa donde ubicarme, si está bueno o si está malo. Además, qué sé yo,
pensá que hace poco abrí el show de
Junior Boys y también canto con grupos de cumbia, entonces bueno, cuesta
ubicarme…
Respecto a tu forma de
trabajar llama la atención que a la hora
de publicar tus discos no existe una continuidad temporal clara. ¿Qué hay con
los tiempos? ¿Cómo manejas ese factor?
Soy muy caprichoso y también hago muchas cosas
a la vez, porque también escribo y tengo que vivir y alimentarme. Pero con la
música pasó que “Perfecto” se editó en 2005 en Uruguay y al año siguiente en
Argentina, pero dos años después en México, entonces me demoré en publicar algo
nuevo porque tuve que hacer promoción. Igual con eso no me fue muy bien,
jejeje, porque en México habían varios sellos interesados en editarlo, y yo al
ser tan pueblerino opté por el más grande, EMI.
Y bueno, no me daba cuenta que estaba en el medio de cientos de artistas.
No era prioridad y si quería moverlo tenía que hacerlo yo mismo y estando en
Uruguay todo es más difícil. Igual en esa época fui descubriendo cómo era el
mundo de la música, porque yo nunca tuve un plan o un sueño de ser cantante. Yo
vengo del mundillo del arte, nunca se me había ocurrido hacer música. Con el
tiempo empecé a hacer mis propias canciones, y yo no toco instrumentos. Sólo
las hacía como una señora, mientras limpiaba, con mi voz. Todo era melodía de
mi voz y todo fue muy rápido. Y hasta ahora siempre siento que estoy empezando
de cero. A la vez, el producto que hago era re raro y bueno, hasta ahora no sé
cómo manejarlo.
Eso es con la forma en que encaro el tiempo. Aunque
bueno, también tengo que trabajar. De hecho recién ahora, desde hace poco más
de un año, vivo de lo que hago. Antes hacía mil cosas; tenía un programa de
radio, escribía en revistas con seudónimo o sin seudónimo, trabajé en una casa de cambio, repartía volantes,
también pasaba música cada tanto, qué sé yo, hice un montón de trabajos. Y por
eso, al no tener dinero dependo de un sello, o en el caso de los libros, de una
editorial que me publique. Yo no puedo solo,
siempre tiene que haber alguien que esté convencido de lo que yo hago.
Nunca me autofinancié y por eso defiendo la industria y me jacto de eso un
poco, porque me costó mucho. No puedo ser tan independiente, porque eso es el
doble de trabajo.
Esa defensa de la
industria es medio difícil de escuchar entre los artistas actuales. Parece un
poco anticuada.
Sí, pero yo no puedo autogestionarme. Es decir,
claro que lo hago, pero tengo varias carencias, y la primera es económica,
porque no puedo hacer nada por mi cuenta; ni grabarme, ni publicar, no tengo
los medios para hacerlo. Y después tengo
otra traba, que es que no sé relacionarme mucho, siempre dependo de un manager
o de alguien. No soy tan experto en mis relaciones públicas y mucho menos en
conseguirme los shows. ¿Y armarme los discos? ¡No tengo ni idea! Por eso
dependo de una infraestructura que me pueda potenciar, porque a la vez también
quiero crecer.
Viniste a FILSA
justamente a hablar de la relación entre música y literatura. ¿Cuál es tu
opinión sobre el posible vínculo entre ambas expresiones?
La verdad es que durante estos últimos días lo
estuve pensando, porque nunca antes había reflexionado lo suficiente sobre esto. Siempre
para mí fueron cosas diferentes, pese a que una canción se puede pensar como un
relato. No le encontraba mucho el link, pero si me pongo a pensar hay algo en
la estructura de una novela que puede ser parecida a la de una canción en el
sentido del ritmo. También siempre estoy leyendo en voz alta, me fijo mucho en
el sonido de lo que escribo, y ahí hay algo musical, porque de acuerdo a cómo
suena lo voy modificando. Y ni que hablar de cuando hago una novela: lo que más
me fascina es el tono de los personajes. Pero ahora, estos días en Santiago,
pensé lo siguiente: a mí me gusta la numerología y ahora estoy muy interesado
en la cábala, en donde las letras están muy asociadas a los números y a los
sonidos. Y como me gusta la numerología me fijo mucho en los números y me guío
mucho por los principios herméticos, y en el caso de mis novelas, ocupo algunos
criterios numerológicos.
Por ejemplo, mi última novela, “Un poquito tarada”, tiene
33 capítulos, y el 33 es un número maestro igual que el 22 y el 11. Entonces en
mi cabeza, los capítulos 33, 22 y 11 son los fundamentales. Y de alguna manera,
pensar en números es pensar en ritmos, porque la música es matemáticas, y yo amo
a Pitágoras, siempre lo estoy leyendo, y Pitágoras fue el primero que asoció
los números con la música y la proporción de los movimientos de los planetas,
que a su vez, equivalían a notas musicales…Y así, a la hora de escribir pienso mucho en la
estructura, no es que me baje una musa inspiradora, sino que pienso de qué voy
a hablar de cada capítulo y esa estructura es como una música, y cuando hago
canciones, sigo una estructura que es pop y la estructura del pop es bastante
rígida. Justamente, esa rigidez me da mucha libertad y por eso mis canciones
son muy de historias y quizá es por eso me seduce tanto el formato pop.
También me gusta mucho lo simbólico y creo que
lo simbólico siempre atraviesa lo estético, entonces, por más que yo haga un
trabajo muy estético y muy a nivel de superficie, en realidad siempre estoy
mucho más preocupado por lo simbólico y por eso me interesan tanto las
tradiciones como la cábala. No sé, me gustan y trabajo mucho desde ahí. Por
ejemplo siempre ocupo mucho la figura de la androginia, y la despolarización,
aunque recién ahora estoy saliendo de ese closet y lo puedo decir más
abiertamente. Antes me daba pudor porque ya era demasiado para mi propuesta que
es muy exagerada, jeje, y además creo que uno puede hablar de estas cosas sólo cuando
sabe mucho y en mi caso ni siquiera soy un aprendiz.
Siguiendo con la
relación entre música y literatura, en 2009 hiciste un musical, “Nena no robarás”.
¿Cómo fue esa experiencia?
Me encantan los musicales y creo que hacer
musicales es en donde más cerca he estado de trabajar música y literatura al
mismo tiempo. Primero hice “Nena no robaras” en 2009, que fue una comedia muy
clásica, toda cantada y con todo los clichés. Después, este año hice “Marta, la
musical” que fue un proyecto re extraño, medio musical, medio performance,
medio reality, muy raro, pero fue el que
más me gustó porque quedó en algo muy inclasificable. Creo que es una de las
cosas más interesantes que hice y también
la más personal. Estuve trabajando como tres meses en ese proyecto y durante
ese tiempo cambié mucho mi proceso de creación. Además me cuesta mucho trabajar
con otras personas, y también logré pasar esa barrera con este musical.
En todos estos casos,
tanto en los libros como en tus discos,
el tema del amor está muy presente. ¿Por qué siempre hablas de esto y no de
otros motivos?
Más que el amor me interesa el discurso
amoroso, como Roland Barthes en su libro “Fragmentos de un discurso amoroso”,
que es lo más, es mi libro favorito. Pero personalmente, mis historias de amor
no son interesantes. De hecho ahora no
es algo que me mueva porque siempre voy a tener otros problemas que resolver,
jejeje. Sin embargo, cuando escribo me interesa el amor, porque lo veo como
discurso y estructura artificiosa, y a veces lo tengo demasiado idealizado,
pero a nivel artístico. En mi vida personal, no tanto. No sé, a veces mis
amigas se enojan porque les copio todo lo que ellas dicen, jejeje y después
hago libros o canciones, pero no son cosas que me pasen mucho. Qué sé yo, me
encantan los teleteatros y los cuentos de mis amigas con sus novios, entonces
claro, es el imaginario del que me nutro. Después con mi psicólogo no hablo
nunca del amor, jajaja, hablo de que no me da la plata u otros temas; siempre
estoy más obsesionado con el trabajo o en otras cosas.
¿No sería errado
catalogar eso como algo frívolo? ¿Qué hay con la posibilidad de ampliar las
temáticas en tu obra?
Me gustan los clichés, los estereotipos y la
frivolidad como un lenguaje. Es raro, pero de alguna manera transformo eso en un
fetiche que me permite reflexionar sobre otras cosas. Y en realidad no sé si lo
amplío mucho, pero siempre acumulo mucho los clichés del amor. Por ejemplo
cuando canto, el personaje que interpreto además de ser un bufón, también cumple
con la lógica romántica. Igual creo que todo esto es re político. Ser un bufón
es algo político, manejar la figura de la androginia también es re político.
Por ejemplo, estar siempre con elementos masculinos y femeninos es evidenciar
los dos polos y eso es una cuestión hermética. Me interesa ser ambiguo, porque
ser contradictorio con uno mismo o ser difuso con la propuesta es un lujo que poca gente se puede dar. Y yo
trabajo mucho para conseguir ese lujo. Siempre quiero estar en la frontera, y
me gusta que lo que hago para algunos sea muy raro, para otros algo muy visto o que incluso para
otros no sea lo suficientemente hipster y para otros sea lo más. Eso hace que
vibre la propuesta. ¿Hablar de otros temas? Qué sé yo, me parece bien que se
haga y puedo admirar a los artistas que lo hacen, pero creo que todos esos
temas –como la pobreza, la discriminación, u otros-, ya están en mí. No lo
hablo directamente, pero hice una canción con Wendy Sulca y Fito Páez. Eso es
re político. Y no te voy a decir yo lo que tenés que interpretar, pero hacer
una canción así habla de cómo se divide la sociedad y los distintos lugares que
hay. Creo que soy redundante en otras cosas y no con los discursos políticos.
No hago una canción a los pobres, porque yo ya soy pobre, jajaja.
Ocupas bastante
Facebook, Twitter, y antes también Fotolog. ¿Cómo influyen esos formatos en tu
creación, tanto literaria como musical?
Influyen mucho, porque a veces mi contacto con
el mundo pasa por ahí, pero a la vez siento que no los aprovecho lo suficiente
porque me quedo muy a nivel de usuario. No sé, en twitter no promociono tanto
mis shows, sino que lo ocupo como un chat con mis amigos. Y eso me fascina,
porque surgen formas de escribir o frases que me gustan mucho, y como paso
mucho tiempo ahí, las voy ocupando. En mi última novela justamente el personaje
principal es una chica que se inventa a sí misma en internet y va haciendo su
vida en base a las redes sociales. Y eso es un poco lo que hago yo, jejeje. No
sé, también les debo mucho, porque si no fuera por estas plataformas no se
distribuiría mi música.
Justamente en Facebook escribiste algo tras la muerte de Leonardo Favio, un clásico que logró vincular música, literatura, cine, todo al mismo tiempo.
Me enteré de la muerte de Leonardo Favio en Chile y me choqueó porque siempre me gustó, sobre todo su tono. A mí me encanta el melodrama y él era un maestro. Por ejemplo, la película “Nazareno Cruz y el lobo” siempre la amé, siempre me pareció lo más, lo más sublime de todo, creo que es una película muy perfecta, con todos sus discursos. Leonardo Favio respetaba los géneros populares, que a mí me encantan, y su tono era perfecto, sus imágenes también lo eran. Siempre hacía lo que se le daba la gana y yo quiero hacer lo que se me da la gana, entonces es más que un referente. Además, creo que las primeras canciones que recuerdo en mi vida, son las de él, entonces es muy fuerte su figura. Me marcó muchísimo, fue un grande. Enterarme ahora de su muerte fue…No sé…Recuerdo que siempre antes escribía en Twitter “Fuerza Leonardo!” y tal, pero ahora…Qué sé yo, otros como Sandro nunca me interesaron tanto.
"Mi opinión sobre Chile es re fantasiosa, y por
lo mismo poco puede ver con la realidad. Por ejemplo en el caso de la música
actual, y pese a no conocer mucho el panorama chileno, en mi cabeza pienso en
un montón de músicos discutiendo. Creo que están muy preocupados de esa idea
del paraíso del pop. La imagen que tengo es esa: músicos chilenos discutiendo
sobre el paraíso del pop. Igual no sé mucho, pero ahora me impresionó un afiche
-que no sé el nombre de la banda ni nada- que era un dibujo de una loba que tenía la cara de
Violeta Parra y que en las tetas estaba mamando Chinoy. Es muy fuerte. Y para
mí eso es Chile, todos pendientes de lo que hacen otros. En Uruguay también es
así, qué sé yo, pero aquí me parece que son más pasionales; cuando son emo son
súper emo o los pokemones eran más pokemones que en Japón. Dicen que los
chilenos son fríos, pero no me parece que sean así. En términos literarios no
tengo idea, voy a la feria (FILSA), me presentan gente y no tengo ni idea
quiénes son. También supe mucho del
movimiento político del año pasado, ubico al Presidente que es de derecha y
también a Camila Vallejo. Aunque tengo más información de ella que de él".
Uruguay
"Me ha pasado que en los últimos meses que he
viajado todos me hablan de los mismos puntos sobre Uruguay; un Presidente (José
Mujica) que vive en una chacra con un
perro y planta flores, la legalización de la marihuana -que en realidad es una
estatización de la marihuana- y la ley del aborto, que en la práctica no está
muy implementada. Son los tres temas que llaman la atención. Pero cuando vivís
en Uruguay, claro, es muy simpático y anecdótico el Presidente, pero el que
gobierna no es solamente él. Los discursos pueden ser muy buenos y simpáticos,
pero después está la realidad que la gente tiene que vivir y comer, y no es
todo tan bueno. Qué sé yo, lo de la marihuana por un momento puede ser una
solución muy buena o simple marketing, porque el plan de que el Estado produzca
los porros es tan disparatado que parece que lo hacen a propósito para que no se
haga, como para decir “lo intentamos,
pero no se pudo”. Es una idea muy difícil de conseguir, mucho más en un contexto
de política internacional. Hay que recordar que estamos en América Latina. ¿Qué
quiere decir esto, que el Estado va a plantar la marihuana, que te la va a dar?
Es un control siniestro y mucha gente que está luchando para la liberación de
la marihuana, entre los que me incluyo, no piensan muy parecido al Gobierno.
Sobre el aborto, bueno, la actitud de Mujica es mejor, pero el Presidente anterior
(Tabaré Vázquez) vetó la Ley,
y eso que era de izquierda. Eso fue una de las grandes desilusiones que tuve.
Al final, todo suena muy lindo, pero es muy complicado".
Epicentro está de vuelta. Después de cinco años
de trabajo, el integrante del trío de hip hop nacional Calambre, regresa con “31” (Potoco Discos), título que
recuerda su edad y su barrio, pues el cantante también conocido como Juan Pablo
Salazar siempre ha vivido en el paradero 31 de Gran Avenida.
Pero en este retorno Epicentro no está solo. A
su lado están Tea Time, Cómo asesinar a Felipes, Solo Di Medina, Zaturno o Foex -líder de Potoco Discos y
productor de la placa-, entre otros colaboradores. Todos acompañan a este
rapero que mientras no está escribiendo versos se dedica a vender artesanías en
Santiago Centro, recorriendo calles y acumulando historias que después
transforma en rimas. “Este disco es sobre mis experiencias en la calle, sobre
mi día a día”, aclara.
En varios momentos del
disco hablas de reaparecer. ¿En dónde estuviste el último tiempo?
A comienzos de 2007 paré con Calambre para empezar a trabajar en mi proyecto. Me
encerré, me aparté, me oculté, trabajé y busqué evolución. Empecé a probar
nuevos tiempos, nuevos ritmos y eso empezó a funcionar; empezó a descubrirse
Epicentro solo. Esto coincidió con que William C –de Calambre- se iba a
Australia y yo iba a quedar sólo. Y yo lo único que sé hacer es rap, no tengo
profesión, pero sé que en esto, el rap, soy profesional. Como la banda no iba a
seguir funcionando, porque si no somos
los tres no somos Calambre, preferí trabajar en lo mío. Nunca antes pensé en la
posibilidad de hacer algo solo, nunca me vi solo, porque siempre pensé que Calambre
éramos los tres, pero un solo cuerpo. Éramos como los Beastie Boys en “Intergalactic”;
los tres son un mismo robot.
¿Qué pasó entonces en
ese proceso, en esa búsqueda? ¿Con qué te encontraste?
Encontré la dificultad y la necesidad de querer
expresarme solo, de tocar temas personales o más familiares. Esa motivación me
llevó a hacer canciones. Todo ese tiempo que estuve retirado me quedé en el
barrio, en el 31 de Gran Avenida, no
salía a las fiestas, sólo venía a Potoco Discos y con Foex empezamos a
descubrir sonidos. Además en esa época aún trabajaba de garzón en un Coppelia,
no era independiente como ahora. Al principio
no sabíamos muy bien hacía adónde iba dirigido el disco, sólo sabíamos
que se iba a llamar “A mi manera”. En esa época trabajábamos las canciones sin
música, sólo con mi voz, no era necesaria la base, entonces esa era “mi manera”.
Después fueron sumándose músicos a la melodía de mi voz.
¿No te imaginabas que
el disco iba a tener tantos colaboradores?
Es que yo los iba citando, invitando a gente
que tenía lo que yo quería. A algunos no los conocía, como a Solo di Medina,
pero todo siempre salió bien. A cada uno de los colaboradores yo los busqué
porque cumplían con los requisitos del disco: la exigencia, ser los mejores
para “31”.
Partiendo por el productor, Foex, yo lo busqué, y el disco está hecho entre los
dos. Gente trató que no trabajara con él, pero yo quise seguir siempre con mi
compañero.
¿Qué quiere decir eso?
¿Tuviste otras ofertas de sellos?
Sí, tuve ofertas para hacer el disco con otras
personas y grabar en otras partes, pero opté por la lealtad. Además sabía que
aquí estaba lo que necesitaba. Este sello sabe que tiene lo mejor y cree e
invierte. Mucha gente cree que un sello por ser independiente está mal parado. Pero no, Potoco Discos está sólido. Mucho se
dice que lo independiente puede ser algo mal hecho. Y no, esto es a todo color.
Esto es HD.
Te tomaste tu tiempo y
te demoraste cinco años en hacer el disco. Después de tanto tiempo, ¿dejaste
algo fuera del disco?
No, siempre fue el mismo trabajo, sólo que le
fui dando vueltas. No deseché nada, quedó todo. Lo que hice fue buscar la
perfección musical. Y viviendo también, porque no todos los temas los tenía,
todo lo fui desarrollando durante estos cinco años. De hecho el último tema lo
terminé un día antes de sacar el disco. Nunca nos apuramos, porque sabíamos que
el disco no estaba listo. Es como el trabajo de un mago, que busca la magia: yo
busqué mi brillo, mi autenticidad. Creo que el que busca encuentra, y el que no
busca, hace lo que está hecho. De hecho hay un tema que se llama “Futura
escuela”, que busca eso, avanzar, porque muchas veces la escena se estanca. Ya
pasaron los noventa, estamos en el 2012. Nosotros pensamos en el mañana. Por
eso fue todo paulatino, pero creo que nos demoramos lo que nos teníamos que
demorar, unos seis meses por canción.
Pero eso es mucho.
Pero como dice la canción “más vale tarde que
siempre”. Aunque no creo que vuelva a pasar, antes era más hippie y ahora estoy
más autoexigente, tengo otros proyectos y
pienso ejecutar todo más rápido.
La idea de remecer las
cosas aparece en todo el disco. De hecho, el primer single del disco “Más vale
tarde que siempre” es bien crítico en ese verso “a falta de ideas ellos miran
al lado para poder sonar como quiere la gente”.
¿Es una crítica a tus pares?
La canción tiene que ver con la gente que
trabaja bajo presión y que termina haciendo productos que son desechables. Yo
creo que hay demorarse. Es como cuando comprai algo; lo quieres más cuando te
lo comprai tú y no cuando te lo regalan. Lo cuadai más, lo valorai más. Esa la
intención, pero el que quiere se puede poner el poncho.
Pero sin duda hay
harta denuncia en el disco, contra los políticos, la policía, el gobierno.
Sí, esa línea de denuncia que tenía Calambre se
mantiene en este disco. Es la misma escuela. Hablar de eso me interesa porque
es la realidad, es lo que yo vivo y me incomoda: la opresión y la injusticia
sobre todo. ¿En qué veo esa opresión? En los poderes sociales, en la gente que
tiene más dinero. Ellos tienen más libertad, pueden hacer más cosas. Hay mucho
abuso. Por ejemplo, en un barrio un paco
llega y te revisa, pero arriba no lo hace porque no sabe si el papá de alguien
es abogado. Eso me ha pasado a mí
también, por mi pega, por mi apariencia de rapero, por mi cara, por todo. Y
nosotros como voceros tenemos que representar ese en contra. Somos pocos, pero
hay que estar ahí, con fuerza.
¿Te ves como un
vocero?
No, me veo como un amigo, un compañero, no un
portavoz. Como un camarada. No, tampoco
como un camarada, porque camarada es muy facho. Sólo soy un compañero de
rap y no el que la lleva. Todo lo que veo está en mis letras, por eso hago rap.
Te podría decir que escucho poca música, escucho poco rap. El tiempo lo ocupo
observando y me pasan cosas. Sólo hablo de lo que sé. Eso me motiva a escribir
y ahora tengo cualquier letra, se me ocurren muchas ideas.
En muchas letras
aparece la idea de hacerle frente a los poderosos. En tu caso, como rapero,
cómo crees que se les puede hacer frente.
Con nuestra música, llegando a varias personas,
incluso a los que apoyan a los poderosos, atrayéndolos hacia nosotros para que
vean que están equivocados.
¿Pero crees que se
puede hacer de otra forma? ¿Por ejemplo, votaste en las últimas elecciones? ¿Te
interesa hacerlo para enfrentar a los políticos en este caso?
Me interesa votar, pero esta vez no lo hice,
porque la que me importa es la presidencial. Sé que es contradictorio lo que
estoy diciendo, pero en el caso de los concejales y alcaldes no sé cuán
importante es. Ahora hay atados con los votos en varios lados. Ese sistema me
genera inseguridad. Es como la tarjeta bip!, que es fácil evadirla.
En el disco, además de denunciar la figura del opresor,
hablas del explotado con letras como “ordéñame la piel, estruja mis pulmones,
almuerza con mi carne” de “Aún sigo a pie”, que es algo que no muchas veces se
escucha en el rap, en donde es más fácil hablar de la caricatura del explotador.
Claro, es que yo estoy en el lado del
explotado, siempre soy yo en contra del que explota. Mi juego es distinto
porque lo vivo en carne propia. Por eso digo: lo que escribo es lo que vivo. También
es importante que no sea sólo mi experiencia, sino la de varios. Hay muchos
afectados. Son letras que tienen que ver con el que resiste, el que tiene que
luchar hasta las últimas. En ese lado estoy, y me interesa que la gente que
está en la misma no se pierda porque igual están adormecidos en asuntos que
otros controlan. Siempre hay uno que se da cuenta antes y a veces ése he sido
yo, o antes fue otro que me dijo a mí y así. Eso es importante, que avance así
el mensaje. Por eso te decía que es más importante ser amigo que un líder, para
ayudar a despabilar. Si la tele miente, si el diario miente, uno no tiene que
mentir. Nosotros somos nuestra prensa.
Esa crítica no está
siempre presente en el hip hop nacional. Muchas veces el ego de los propios
raperos ocultan los temas de los que has hablado. ¿Qué opinas de eso?
Creo que mientras se haga bien, tiene que haber
diversidad. Si todos fueran como yo sería fome. Cada uno sabe lo que le afecta.
Mortal que haya de todo, pero lo mío no es así. Mi rap es a mi manera. No todos
pueden hacer la misma pega y yo tampoco soy Roberto Carlos para tener un millón
de amigos. Cada uno hace su pega.
Estudió música en Alemania, pero nació y vivió en Santiago. Desde el año 2005 que viene colaborando con músicos como Javier Barría, Felipe Cadenasso, Leo Quinteros o Chinoy. De hecho, trabajó como productor en “Los accidentes del futuro” de Quinteros y se encargó de los arreglos del comentado debut del sanantonino. Sin embargo, Mowat (alias de Fernando Mujica) ha mantenido una carrera como solista que se puede rastrear en su debut “EP#1” (2008), un disco breve y sencillo que precedió a “Anglia” (2011), su reciente producción.
Promocionado con el single ‘Librando a la mañana’ –canción que cuenta con video grabado entre las protestas ambientalistas contra HidroAysén y las marchas estudiantiles-, el nuevo disco de Mowat es un trabajo de pop oscuro, marcado por arreglos de cuerdas y en donde se fusionan programaciones, trompeta, piano, flauta, y otros instrumentos grabados en su mayoría por el chileno.
- Tocaste y grabaste la mayoría de los instrumentos que aparecen en el disco. ¿Cómo es trabajar en un disco estando a cargo de casi todo?
- Para mí es natural, porque empecé como músico siendo productor, con Leo Quinteros. La escuela de él es a lo John Lennon: grabar todo tú, hasta lo que podai. Es complicado ciertas veces, porque no sabes cómo seguir y no tienes una segunda opinión. A veces lo que grabas te gusta y en otros momentos no te convence nada. Es difícil, pero estoy acostumbrado.
- A diferencia de tu primer disco, acá se notan muchos instrumentos. ¿Por qué decidiste pasar de lo sencillo a lo orquestado?
- Tuvo que ver con algo natural. Creo que se dio porque cierta escena, o grupo de gente más cercana, como Chinoy, Manuel García o Gepe en un principio, estaban bien interesados en ir a lo mínimo y eso cansa. En mi caso soy muy musical, muy de instrumentos, de expresar ideas a través de la música y no sólo con las letras.
- En cierto sentido, “Anglia” es muy oscuro. ¿Qué cosas estaban pasando en tu cabeza o qué querías transmitir con un disco tan denso?
- En mi caso, el año en que hice el disco, el 2010, fue un período bien complicado, personalmente pasaron hartas cosas en mi familia. No sé si el disco es oscuro, quizás es mucho decir, pero tenía bastante sentimientos de angustia, que a la par tenían que ver con cosas más externas, como pensar la relación con el Gobierno, que es muy cliché, pero que es algo que está en el aire…Traté de expresar todo eso en canciones sutiles, de forma más indirecta, sin recurrir a mostrar todo tan abiertamente.
- Pese a que ahora estás viviendo en Alemania, el disco lo terminaste en Chile. ¿Qué cosas hay de tu regreso a Chile en el disco?
- El disco es súper chileno. Hablo completamente de cómo me siento yo en tanto chileno y cómo fue volver a Chile, que volví a San Bernardo a la casa donde me crié. Eso fue un flash en muchos sentidos, entonces de ahí salieron un montón de cosas. También Piñera había sido elegido como Presidente… Creo que por eso es un disco muy chileno. Es folclor de hoy, del día a día, que es lo que va a ser folclor en cincuenta años más. Un folclor que no es una mezcla de instrumentos como la de Gepe, que la respeto mucho, sino otra, que es más el espíritu chileno, de lo que somos actualmente.
- ¿Qué cosas te chocaron de Chile al volver de Berlín?
- Lo primero: allá no te sientes amenazado, ¿cachai? Andai en la calle y no pensai que te van a asaltar. En San Bernando uno vive pensando que lo van a colgar y uno se acostumbra a eso. Después llegai a Alemania y te acostumbras a otra cosa, que la gente vive más relajada. Esa es la forma de vida que todos deberíamos tener. Y cuando vuelves a Chile te da pena, porque es tu gente y te das cuenta que las cosas están mal. A mí me dio rabia, pero también un poco de miedo. Y a eso súmale que era el primer año de Piñera como Presidente…Todo es chocante. Mira por ejemplo la relación que tiene la derecha con la dictadura, mira a Labbé o mira en YouTube cómo Piñera apoya a Pinochet. Todo da susto, pero también dan ganas de trabajar para que la cosa mejore.
“Librando a la mañana” es el primer promocional de “Anglia”. ¿Por qué elegiste esa canción para adelantar el disco?
- De las canciones que salieron al principio, “Librando la mañana” era de la que más me gustaba, pero también fue una cosa como de focus group, muchos amigos me la mencionaban como la que podía ser la más asequible, la que mostraba muchas cosas del disco en una sola canción.
- ¿De dónde viene el juego de palabras entre celda y propiedad que se escucha en la mitad de la canción?
- Esa letra salió como un pequeño poema que lo anexé a la canción. Tiene que ver con lo político que te nombraba antes, que es bien general, pero que se puede aplicar mucho. Quería que se entendiera de forma más poética y no cantado, y no quería salir recitándolo yo. Después salió la idea de computarizarlo, pero es un poema que nació de toda la crisis personal y que al mismo tiempo me hizo sentido con lo que estaba pasando en Chile. Ahora, con el tiempo, me hace sentido en todas partes. - ¿Y el video? Tú no estás en el video, pero estás a través de los textos que aparecen. ¿Cuál es tu opinión sobre el formato visual que tomó la canción? - No salgo en el video porque no quería aparecer, como tampoco quería aparecer en el arte del disco. Eso de aparecer es algo extramusical que no me interesa, así que cuando hablamos con Eduardo (Pavéz Goye, director del video), que es un seco, un dramaturgo groso muy amigo, siempre quisimos hacer algo con las protestas de HidroAysén, porque estábamos súper enojados con eso. Justo yo me tuve que venir a Alemania en 2011, y ahí le dije que usara la canción por la causa. Después surgió la idea de grabar a personas que estuvieran en la calle y justo cuando se empezó a rodar el video comenzaron las movilizaciones grandes de los estudiantes. A nosotros nos sorprendió mucho y salió así y me encanta.
- Es raro, sin duda, porque hay un par de personas del hip-hop, por ejemplo, que siempre han hecho cosas más sociales como la Ana Tijoux, pero no deja de parecerme raro que las personas que yo esperaba que estuvieran más arriba de la pelota con este tema no estaban. Muchos de ellos son amigos, cantautores importantes que eran bien banderas de protesta, pero que no estaban. Entonces uno nota cierto…no sé, no sé si llamarlo oportunismo, pero ojalá la misma actitud siga no sólo con videos, sino en tocar con la gente, comprometerse como lo han hecho muchos de ir a tocar a las tomas. Porque esta cuestión no se va a acabar nunca, no basta sólo con arreglar la educación.
- Considerando que estuviste todo el 2011 en Berlín, ¿cuál es tu opinión sobre lo que esta pasando acá en Chile, con el imaginado “paraíso del pop”? - Es difícil opinar de eso. No sé…me parece que está súper inflado. Personalmente, por ejemplo, me encantó Odisea de Alex Anwandter, que lo escuché y pensé que se había demorado siete años en hacerlo…Pero no sé, lo que hace Javiera Mena no es música que me gusta escuchar. Siempre es choro hablar de alguien que es una revelación, pero cuando leo críticas de Club Fonograma, me pregunto dónde está ese valor de “lo impecable”, me gustaría saber en qué cara se basan. Musicalmente yo no lo veo, no hay riesgo - ¿Hay una gran falta de riesgo en las cosas que se hacen ahora en Chile?
- Sí y eso que estamos hablando de un sector indie del pop, no de lo que se vende en la televisión. Quizás ellos quieren lograr otras cosas, y las logran, como salir, tocar afuera, y hacen prensa y tienen seguidores, y todo bacán, pero para mí son aburridos. Tampoco se trata de pensar que la música tiene que ser complicada, en otras métricas o algo así, pero sí me parece que la música tiene que cuestionarse.
- También estuviste en la otra cara, en el laboratorio, trabajando como productor. Por eso no puedo dejar de preguntarte: ¿Para ti Chile es el paraíso del pop?
- No, estás loco –sonrie. No, ni loco, eso fue un peo que se tiró un español para hacer la nota más hype. Lo que pasa es que acá en Europa andan buscando lo que no está establecido y miran a Sudamérica porque hablan el mismo idioma y como ya no se puede hablar de Buenos Aires porque se sabe hace mucho tiempo que es cool, quedaba Chile. De ahí sale esa idea del paraíso, porque salen un par de discos que suenan súper europeos, súper al nivel, pero nada más… Para hablar de un paraíso del pop tienen que venir diez años más de discos así. Todo tiene que crecer, no se puede hablar de algo así con dos discos llamativos. A mí me parece que hay un paraíso de otra cosa en Chile, que aunque suene cliché, tiene que ver con Chinoy, Kaskivano, Demian Rodríguez, Lautaro Rodríguez. Ellos son músicos que no están ni ahí con nadie y hablan de lo que está mal. Ellos sí que tienen un grupo de gente súper masivo que los sigue y que no tienen que enterarse de los conciertos de Chinoy por la tele. Esa escena me parece más representativa de Chile.
El cantante y compositor argentino Félix Cristiani publicó su debut “La vida secreta” en 2007. El disco fue una muestra de pop sencillo y letras memorables que pasó casi inadvertida entre el público local, pese a conseguir el apoyo del sello nacional Quemasucabeza, discográfica que lo editó en Chile. En 2008, Félix se presentó por primera vez en nuestro país como invitado del 1er Festival Solistas en Solitario. Siendo un desconocido entre la mayoría de los asistentes, el argentino defendió sus canciones sólo con una guitarra. Y quebrar el hielo no fue fácil.
—¡Ese concierto fue horrible! –recuerda Félix. Yo no soy un cantautor que sale con guitarra y voz, siempre toqué con banda, que es el formato que me interesa. Me sentí muy en desventaja, porque los otros músicos del festival (Gepe, Chinoy, Nano Stern, Coiffeur) hacían vivos y discos con esa formación. Sin embargo, debo decir que en un sentido fue esclarecedor: me prometí nunca más tocar solo.
Después de casi cuatro años, Félix regresa a Santiago esta semana junto a Los Clavos, su nueva banda compuesta por seis músicos con los que grabó su reciente trabajo: “Continuará” (2011). Producido por Daniel Melero, el disco contiene dos placas: una compuesta por once nuevos cortes y otra de seis canciones que samplean el material del primero. Según el argentino esta es una apuesta más ligada al ruidismo y la experimentación; un pop explosivo y que explora la idea de la obra infinita.
Lo que sorprende de “Continuará” es el sonido. Suena no distinto, sino que opuesto a “La vida secreta”. ¿Qué pasó en estos años que pasaste de un pop sencillo a un disco complejísimo?
- Si hay algo en lo que somos afortunados los artistas es en poder transformar la basura en arte. En los años entre “La Vida Secreta” y “Continuará” tuve una seguidilla de colapsos emocionales que me llevaron a estados de pánico y terror. Recuerdo estar muy fumado tocando la guitarra y sentir que el ventilador se iba a caer y me iba a rebanar la cabeza. Cosas horribles como esa terminaron siendo una gran inspiración. Al final todo tenía que ver con el derrumbe de un estado mental en el que creía poder tener control sobre todo. Y la realidad es una bestia que se impone más allá de tu voluntad. En todo ese ruido vislumbré que había formas de bellezas no hedonistas o gratificantes, como el terror o la violencia, y que eran espacios muy fértiles y no muy usualmente abordados, desde la música sobre todo. Ese fue mi aporte, la composición y todas estas ideas. El resto lo hicieron Los Clavos -combo compuesto por Benjamín Ochoa en el bajo y sintetizador; Damián Cubilla en guitarra acústica; Siro Bercetche en guitarra eléctrica; Chango Serantes y Antü Filardi Sabín en sintetizadores y Luis Herrera en la batería-.
En “Continuará” yo sólo canté. Con Benjamín Ochoa, un socio histórico, nos dimos cuenta que para poder bajar a música estos “conceptos” teníamos que desarrollar un sistema anárquico de producción. Por eso arrancamos a grabar sin que ninguno de los Clavos hubiera escuchado los temas, ni preparado arreglos. Era darle play un par de veces a unas maquetas de guitarra acústica y voz, y que grabaran lo primero que se les ocurriera, sin conocer los acordes ni encargarse de cumplir las funciones que suelen tener los instrumentos. “Quedar expuesto” fue una de las premisas.
Otra de las cosas que sorprende es que tus letras siguen siendo más o menos similares: historias, narraciones sentimentales… En eso se nota cierta continuidad entre ambos trabajos. ¿A la hora de escribir una canción, entonces, es más complicado salirse del lugar común temático (amor, relaciones personales) que cambiar de sonido? Te lo pregunto porque se podría pensar que, finalmente, la canción pop está destinada a cambiar de sonido, pero nunca de temáticas o de usos del lenguaje.
- Creo que la lírica de “Continuará” es distinta a la de “La Vida Secreta”, es más confusa, mística por momentos, pero definitivamente tiene en común esa primera persona que habla de lo que ve. En ese sentido hay una continuación, y es que no es ficcional. Respecto de la canción pop, creo que su cuello de botella, y la gran revolución que tiene que hacer, es justamente el cambio de los usos del leguaje. Es un desafío complejísimo y el motivo por el que muchas veces el pop se queda corto. Creo que el origen del arte fue pop, que es la forma primigenia de manifestación de los hombres -¡la caverna de Lascaux!-, la más importante, y la forma en que se va a extinguir el arte cuando se extinga el hombre. Aclaro que hablo de pop como forma de comunicación, no como género musical o como se lo asocia a formas y usos mediocres o demagógicos. Sin embargo, el lugar en el que se ha trabado es en seguir replicando el uso “testimonial” de esa primera persona. Recomiendo ver en YouTube las entrevistas a John Maus. Muy interesante lo que dice sobre este tema.
¿Las canciones instrumentales del segundo disco de “Continuará”, ya que nacen de las canciones del primero, son ese intento por superar lo que se queda atrapado en la mezcla entre letra y música?
- No son un intento, sino más bien el resultado de la mente disociativa de (Daniel) Melero. No fue algo planeado, sucedió cuando abordó la postproducción de los temas: de cada uno hizo muchísimas versiones, desde más clásicas hasta instrumentales casi irreconocibles. Uno de los tantos tópicos de los que hablábamos era el de la obra infinita, o la obra inconclusa, que es lo mismo. Las grabaciones y el espíritu del disco invitaban a imprimirle esa forma de desarrollo, y por otra parte, hacía rato nos planteábamos las limitaciones de los discursos asertivos. Por otro lado, en ese momento yo estaba bajando de Internet distintas versiones del inédito “Smile” de los Beach Boys. La idea de que cada versión que encontrabas tenía distintos órdenes, distintas mezclas o directamente temas que en otras compilaciones no figuraban, me pareció el logro artístico más alto de su carrera. A Brian Wilson le costó la cordura, pero el supuesto fracaso que significó que “Smile” no se editara lo considero la única manera de concreción que tenía esa obra.
¿Pero las canciones del segundo disco de “Continuará” las compuso Daniel Melero? No me queda claro ese detalle; si es que las compuso o sólo participó en la producción de los dos discos.
- Con Daniel (Melero) nos divertíamos mucho hablando de eso, ni para nosotros era claro si el segundo disco era suyo o de Los Clavos. El material sonoro desde el que se generaron esas piezas son los temas del primer disco, pero como el resultado es tan distinto, es nueva música. Hoy que lo escucho, definitivamente creo que el primer disco es de los Clavos y el segundo de Melero.
Te refieres a “Continuará” como un proyecto que supera al disco tradicional, porque tal como su nombre lo indica, siempre está desarrollándose. ¿Podrías ahondar en eso y explicar cuáles son los diferentes formatos que van dándole extensión a esta obra?
- “Continuará” terminó siendo un disco doble, pero de hecho hay material extra que no está incluido en esta edición porque la hacía demasiado extensa. Hay material como para por lo menos un disco más. Entre las ideas que estamos barajando está la de hacer una suerte de corto, obra audiovisual, no lo sabemos aún. Siro, Chango y Benja son videastas, así que la idea es hacer nosotros mismos la parte visual. Todavía estamos evaluándolo, no es algo que ya esté definido.
También te refieres a “Continuará” como un trabajo más agresivo, no condescendiente. ¿Es esa la finalidad de tu música o crees que es fruto de la circunstancia de este disco en particular?
- Creo que se hace camino al andar, y que el siguiente paso que vayas a dar va a estar determinado por el anterior. En ese sentido no creo en una finalidad puntual, sino en el desarrollo de una carrera o una obra que tenga que ver con la diversidad.
¿Identificas esa misma característica de tu disco en otras propuestas actuales de Argentina?
-En los últimos cinco años la Argentina se plagó de cantautores que van detrás de un sonido acústico, bello, armonioso y la verdad lo encuentro muy limitado y poco inspirador. ¡En realidad fue una inspiración para hacer todo lo contrario! Yo me considero un compositor que canta sus temas, en ese sentido podría entrar en la categoría de cantautor, pero no me interesa en lo más mínimo la escena porteña de los cantautores. En lo concreto, estoy más en comunión con bandas como Nairobi, Las Kellies, Victoria Mil, Azur, Diosque, Betty Confetti, Maniac Mantu. Hay un artista tucumano, Bruno Masino, que le ha encontrado una buena vuelta a la canción. De todas maneras, no creo que lo agresivo o poco condescendiente sea una línea “política”, por llamarlo de alguna manera, sino el paso que sentí que tenía que dar en este contexto musical y en relación con “La Vida Secreta”. Hace poco vi una entrevista de R. Stevie Moore en la que decía que la única guerra que luchaba era la guerra contra la mediocridad. Suscribo 100% a esta idea, creo que esa es la única política que me interesa.
¿Cómo fue trabajar con Los Clavos en este disco? ¿Prefieres ese proceso más colectivo o te es más sencillo trabajar solo?
- Los Clavos funcionan de una manera radicalmente opuesta a la mía. Mis procesos de creación son de decantación muy lenta, básicamente tardan el tiempo en que mis ideas se trasladan a mi cuerpo para poder materializarlas. La parte de composición siempre la vivo en solitario, y a la hora de hacer los temas de “Continuará”, me encontré con que mi manera de bajar ese material era bastante rústico y desordenado. En definitiva ese resultado me indicaba que el proceder tenía que ser opuesto a mi sistema anterior de control y minuciosidad. Las grabaciones se hicieron en lo de Benjamín (Ochoa), con este sistema en el que la batería era lo último que se iba a grabar. Yo produje unos cuantos discos y siempre encontré que el sistema clásico de grabar primero la base demoraba la urgencia instintiva de descargar en el acto lo primero que venía a la mente.
Por eso el procedimiento fue que el que primero quisiera grabar, lo hacía. En ese contexto descontracturado, lo que cada uno depositaba en los tracks era mucho más el resultado de una inspiración lúdica y divertida que detenerse a pensar que era lo que “convenía” o servía para que la música se pudiera sostener. Como si la música debiera sostenerse; ¡también es buenísimo que se desbarranque! Los Clavos son básicamente el grupo más cercano de amigos, y en realidad son más artistas que músicos. Su hábitat natural es el desorden y claramente como banda lo que correspondía era seguir el flow de la tropa. Cuando todos estábamos suficientemente borrachos, fumados o excitados, se prendía el botón rec. Definitivamente la creación colectiva supera a la del solista.
¿Cómo trabajas junto a Los Clavos las canciones de “Continuará” en vivo?
- Los Clavos somos más una orquesta eléctrica que una banda de rock. Nuestros shows tienen algo de conjura mística, de milagro y de catástrofe. Somos físicos y arbitrarios a la hora de tocar, en ese sentido estamos mucho más próximos a los modos del noise que a los de la canción. Ese fue nuestro desafío y en eso estamos avanzando, hacemos canciones pero no las interpretamos como tales. Así, muchas veces llegamos a la deformidad. Eso sí, siempre bajo el aura universal del pop.
¿Y cómo es trabajar con Daniel Melero, considerando que además tú eres músico en su banda?
- Hacer música con Daniel es un súper lujo, siempre espera del arte lo mejor de lo mejor, como si fuera una conquista que siempre se puede ganar, y que se tiene que ganar para satisfacción personal. Eso es crucial. El centro de un artista siempre debe ser él mismo, nunca el afuera. Respecto de sus procedimientos, podría decir que su fuerte es sembrar la confusión, eso estaba muy en sintonía con el modus operandi de Los Clavos y por eso todo terminó en un disco doble compartido. Sin dudas Melero es mi influencia más fuerte, pero no en un sentido musical. Si bien los dos hacemos canciones, nuestra música no tiene mucho que ver. La marca que dejó en mí es mucho más global, como ser, los “principios” para construir una obra y una carrera.
El Mapa fue un programa radial universitario entre 2006 y 2009. Actualmente, en este humilde blog se publican críticas de música popular chilena y algunas entrevistas. Contacto: elmaparadio (a) gmail.com Twitter: el_mapa