jueves, septiembre 01, 2011

Entre la oportunidad y el oportunismo: seis ejemplos de música chilena en tiempos de protesta


Se necesitó que miles de personas salieran a las calles del país para que un grupo de músicos chilenos optara por reflejar en sus canciones y videos lo que estaba pasando en Santiago y regiones. De a poco los escolares, los universitarios, los trabajadores, los ecologistas, las marchas, las protestas, los colegios en toma y los cacerolazos comenzaron a aparecer entre la producción musical de una parte de creadores locales que al parecer no están tan indiferentes ante un fenómeno social que se expresa en la ciudad. Lo que sigue es una revisión de seis de estos ejemplos y la interpretación que surge de sus similitudes, diferencias y proyecciones en el tiempo.

Fue durante la tercera semana de julio cuando se publicaron consecutivamente (al menos) tres videos de músicos chilenos que ocupaban imágenes de las movilizaciones del primer semestre en Santiago. El primero de ellos fue “Librando a la mañana” de Mowat, aparecido el domingo 17; lo siguió “Civil” de Lila el martes 19 y luego “La Chispa” de Los Sudacas el miércoles 20 de julio. Asimismo, el grupo Portugal entrenó el 5 de agosto el video de “Nuestro Momento”, una canción publicada en 2010, reeditada en 2011, que ya contaba con un video, pero que fue relanzada con un clip grabado en la marcha del 7 de julio. También se suma a esta lista “Quiero ser” de Sokio y Dadalú, aparecida el miércoles 24 de agosto, justo el primer día de la doble jornada de paro nacional convocado por la CUT. Finalmente, el último de estos trabajos corresponde a SubVerso con “Rap al despertar” del 29 de agosto, fecha en que Carabineros admitió su culpabilidad en el asesinato de Manuel Gutiérrez en Macul.

Queda claro, entonces, que en poco más de un mes, un sector de la música popular comenzó a dar señales de lo que se podía observar en las calles y que después era retransmitido en los diarios, la televisión e Internet. Tal como la prensa, los artistas reaccionaron tarde, pero es un hecho que las canciones están a nuestra disposición aquí y ahora, justo cuando los titulares se concentran en la serie de conflictos que se han destapado a raíz del grito de los estudiantes.


Para partir, en “Librando a la mañana”  de Mowat lo que el video muestra es una apropiación de la creatividad que se ha visto en las tomas de colegios y en los carteles de las marchas, para proponer una canción que se vincula sutilmente con lo social. En otras palabras, es en la mezcla de desfiles contra Hidroaysén y a favor de las demandas estudiantiles en donde aparece el mensaje de Mowat, sobre todo en la mitad de esta pieza con ese juego de palabras entre los conceptos “celda” y “propiedad”. No es necesario que sepamos quién se esconde detrás de esta voz, ya que la apuesta visual de esta realización es superior al solista o a su interés promocional, pues “Librando la mañana” se anuncia como el primer corte del fututo nuevo disco del compositor.

En otra dirección, el video de “Civil” de Lila es una apuesta más endeble. Su entonación y su mensaje más o menos esperanzador suenan encajados a la fuerza en un recorrido urbano poco aprovechado por la cámara. El problema aquí –a diferencia del trabajo de Mowat- es que Lila trata de incrustarse en lo que está ocurriendo en la ciudad no sólo a través de las imágenes, sino que mediante una historia que  reitera sus referencias a la Alameda y Santiago. La ciudad aparece como una inspiración, pero es poco lo que vemos de ella; acá lo que importa es la protagonista y esa figura la ocupa Lila. Por ende, al abusar de los primeros planos de este personaje, lo que se produce es un desajuste entre la intención de la letra y el producto final.


Un claro contrapunto con “Civil” es el clip de “La Chispa” de Los Sudacas, una banda que con esta canción podría convencer a la misma cantidad de personas que hoy disfruta con los sonidos de la denominada nueva cumbia chilena. Aquí, una vez más, aparecen los mensajes que espontáneamente han repletado las banderas, los lienzos y las pancartas en la capital. No obstante, en esta selección gráfica también hay una propuesta que combina imagen y sonido para aportar un pequeño documento sobre el ritmo entusiasta que la banda observa en las avenidas. Bailes, coreografías, la besatón y los disfraces son reutilizados en un tema que por momentos habla del lucro y la represión policial. 


Este intento por registrar lo que está sucediendo también aparece en “Nuestro momento” de la banda Portugal. Sin embargo, en este video lo que se presenta es una ficción. El relato amoroso de dos jóvenes que se dirigen a una  marcha no es más que un melodrama que se cuela en un contexto mayor, que  es Chile, que es el reclamo por la educación, que es el colectivo. La forma en que se presenta la historia es excelente, pero es eso, una trama, una simulación bien armada de un contacto con “la realidad nacional”, pero que perfectamente podría ser la secuencia de cualquier obra cinematográfica. Pero lo cierto es que no lo es y ahí el límite es complejo. ¿Qué hay en esta  dramatización de Portugal? ¿Una demostración de apoyo a los secundarios? ¿Un simple espectáculo amoroso? 


Hay algo, además, que está presente en los ejemplos anteriores, pero que es más notorio en  Portugal y vale la pena destacarlo: la recreación de un tipo de juventud que es capaz de quebrar una corriente que con Dënver y su video de “Los Adolescentes” aparecía como una de las estéticas más atractivas para la música chilena actual; esa tendencia a apologizar un segmento minúsculo de la población (blanco, bello, acomodado, imberbe, siempre indolente) y que con el tiempo se consagró en el video de Qué sería” de Francisca Valenzuela. No es hilar fino mencionar este aspecto, porque cuando hablamos de música popular chilena y su relación con los últimos episodios sociales, estamos hablando de la forma en que se exhibe el grupo que más espacio ocupa en esta discusión: los jóvenes.

Otro que recurre a un formato mucho más simple y directo es SubVerso. El rapero que es conocido por su carrera en Conspirazion subió al canal de esta banda un tema en nombre de Manuel Gutiérrez, joven de 16 años que fue asesinado por Carabineros  el jueves 25 de agosto, luego de la segunda jornada de paro nacional encabezado por al CUT. Aparecida sólo cuatro días después, “Rap al despertar” propone lo que las otras canciones mencionadas no hacen: llamar a la continuidad del movimiento estudiantil en específico y recordar que lo que hoy vive Chile no es fruto de un problema pasajero. Mediante un dispositivo austero, SubVerso es capaz de refrescar las motivaciones de quienes salen a protestar y de paso devuelve al rap nacional la tarea de funcionar como un disparador de ideas y críticas duras.


Por otro lado, y ya desde el electropop, Sokio y Dadalú despliega en “Quiero ser” un cuestionamiento por el futuro. Usando un pulso acelerado, esta dupla intenta seguirle el paso a un problema que según ellos  no se solucionará recurriendo a la derecha o a la izquierda. Aparecen ideas sobre el acceso y la calidad de la educación para situar el tema en lo que está sucediendo hoy, pero al igual que en el caso de SubVerso, la canción trasluce una queja por el estado de las cosas y la angustia de intentar pertenecer a un sistema que premia las desigualdades.


Todos estos ejemplos nacen de autores que no son tan conocidas entre el público, como Mowat o Lila, que es una debutante. Los Sudacas y Dadalú, pese a pertenecer a determinadas plataformas que mantienen un grupo fiel de seguidores, tampoco son ejemplos de popularidad. SubVerso, en tanto, es reconocido por su trayectoria underground y Portugal recién comienza a ser parte del repertorio oficial. Es decir, en mayor o menor medida se trata de propuestas marginales, que tampoco consiguen tantos espacios de visibilización. Sin embargo, estas producciones aisladas comienzan a tomar cuerpo cuando se informa que Anita Tijoux –una de las cantantes que más difusión consigue en Chile- declara estar preparando un video “con estudiantes” para el lanzamiento de una nueva canción. ¿Qué estrategia va de la mano de estos anuncios? ¿Quién será el próximo en recurrir a esta jugada?


Ahora bien, después de todos estos ejemplos y ante la llegada de los que están por venir, ¿es menos válido que una banda utilice las marchas en la Alameda para grabar un video de una canción que están promocionando? ¿Sería mejor que se guardarán las ideas a favor de las demandas sociales y continuarán divagando sobre sus sentimientos? ¿Tan evidente es el pop chileno que ante el menor impulso se transforma en populismo? Es natural que surjan estos cuestionamientos, pues si hay algo que durante los últimos años ha caracterizado a la música popular chilena es la carencia de un discurso reconocible sobre el rol del individuo en el lugar que le toca vivir. Sin embargo, ninguna de estas preguntas es demasiado útil.

Esta selección de videos y canciones apunta no tanto a cuestionar cuáles son los objetivos de estos músicos que recortan, arman y pegan un extracto de la ciudad en sus obras, sino en pensar si es que es posible que la música chilena funcione como una expresión al servicio del entorno o si no es más que un eco posterior que se sube a un  carro que es tirado por otros.

Revisar estos ejemplos, en consecuencia, apela a tomar distancia ante la manipulación que puede sufrir un mismo hecho noticioso (llamémoslo movimiento social) a través de la música popular y entender que estas creaciones están destinadas a recuperar parceladamente lo que sucede en otro lugar –en  otro plano más allá de los sonidos, las letras, los cantantes, los videos- en un ejercicio imposible y tramposo.

No se trata de responsabilizar a los músicos nacionales de algún tipo de desfachatez por hacer referencias a lo que hoy se ha vuelto noticia. Tampoco de exigir que productos de este tipo se expandan ni que se transformen en la versión sonora del espíritu de una época. Bastaría con reconocer que estamos ante un punto de inflexión en donde la supuesta oportunidad utópica de fusionar la música con lo social puede concluir, una vez más,  en una moda pasajera. 

"Entre la oportunidad y el oportunismo..." también fue publicado en Paniko.cl

3 comentariosComments:

Ruth Ponce dijo...

Muy bueno, en especial Portugal y Dadalú con Sokio :)

Anónimo dijo...

Creo que faltó una indagación importante al momento de preguntarse si los grupos siguen un movimiento o lo acompañan desde antes de que tengan esta legitimación: es ver su trabajo anterior. Lo digo específicamente por el caso de Subverso, obvio, pero también de Los Sudacas, quienes han publicado y difundido un material con una línea crítica constantemente, aunque en esa marginalidad y poco alcance que mencionas. En ese sentido, parecía lógico que sumaran un material para esta coyuntura, al igual que el video lanzado a propósito de las últimas elecciones presidenciales.

De todas formas, fuera de eso, excelente columna y muy interesante reflexión.

Mayra dijo...

Conozco a Subverso y a los Sudacas hace ya rato, y todos sus temas son con contenidos sociales y políticos. Claramente no se están subiendo a ningún carro.

De todos modo es necesario que los músicos logren hacer un vínculo con el pueblo para que desde distintas esquinas apoyen sus luchas y sus sueños.