miércoles, noviembre 14, 2012

Dani Umpi: "Me interesa ser ambiguo, porque ser contradictorio con uno mismo es un lujo que poca gente se puede dar"



“Cantante, escritor, artista visual y figura mediática en su país”, así comienza la biografía de Dani Umpi en uno de sus tantos perfiles en internet. Multifacético,  el uruguayo invitado a la última versión de la Feria del Libro de Santiago (FILSA) también es conocido por su desvergonzada puesta en escena, en donde no duda en combinar  tacos altos y una camiseta de basquetbol para adornar una fachada andrógina y recargada. Críticas y abucheos ha recibido en latinoamérica por su inclasificable imagen, pero también aplausos gracias a  sus discos  de pop “Perfecto” (2005)  y “Mormazo” (2011) y sus novelas  “Aún soltera” (2003)  o “Miss Tacuarembó” (2004), cuya versión cinematográfica protagonizada por Natalia Oreiro se estrenó hace dos años.

En su recorrido por la capital, Dani Umpi ejerció su doble militancia: como escritor y cantante, el autor  promocionó su última novela “Un poquito tarada” –que espera editar prontamente en Chile-  y su nuevo EP, “Piano - Vol.I”, en donde repasa alguno de sus clásicos e incluso cuenta con la colaboración del cantante nacional Gepe.

Este nuevo disco recuerda un poco la idea de “Piano” de Daniel Melero, que es un gran referente.

Sí, gracias, aunque la comparación me queda un poco grande, jeje.  La idea del disco surgió el verano pasado, que fui a tocar a la playa la Pedrera en Uruguay, pero viajé sin mi colaborador de siempre, el guitarrista Adrián Soiza con quien ya había publicado un disco de versiones en guitarra, llamado “Dramática” (2009). En fin, pasó que para hacer los shows me acompañó el novio de una amiga que toca el piano, Álvaro Sánchez. Nos presentamos, y en seguida nos hicieron un montón de fechas. Le pusimos “Dani Umpi Piano” a ese tipo de presentaciones y después hicimos el disco, que grabamos en una sola toma, haciendo una especie de falso en vivo. Después lo pusimos en bandcamp   y se bajó un montón de veces. Creo que el piano es re diferente a la guitarra, y aunque con los dos instrumentos me siento muy intérprete, en este caso es distinto porque todas las canciones son mías, salvo un cover de Carla Morrison. En el disco también está Gepe en la canción “Patas para arriba”.  Justo él fue a cantar a Montevideo en la época en yo estaba grabando el disco, así que lo invité a grabar y quedó.

En tu disco “Mormazo” colaboraste con Wendy Sulca, ¿imposible invitarla  a este nuevo proyecto de versiones?

Es que la grabación de este disco fue muy espontánea, no fue tan planeado. Pero claro, de haber podido lo hacíamos.

Es interesante la defensa que haces de Wendy Sulca como artista. Por ejemplo en Chile, cuando la invitan a tocar, siempre la invitan a fiestas kitsch, y me parece que detrás de esa etiqueta lo que  hay es una gran discriminación. Al final se la mira como un chiste y no como una figura con talento. ¿Qué opinas de eso?

El fenómeno de Wendy Sulca desde un principio me cautivó mucho, porque es muy complejo. Creo que es un detonador de prejuicios  musicales y raciales de la sociedad.  Si se quiere, por ejemplo, La Tigresa del Oriente parte desde un lugar más humorístico, pero Wendy Sulca es una artista que proviene de una tradición folclórica, y que responde a una historia antiquísima que va evolucionando. Por eso  me parece que el fenómeno en torno a ella habla de todos los prejuicios que tiene la gente y cómo se maneja lo exótico y la ignorancia que se tiene hacia otras culturas, pues las burlas a Wendy son básicamente tres: su tono de voz, lo racial cuando la llaman “monito”, y la última que es cultural, cuando se ríen de canciones como “La Tetita”, que habla de amamantar. Y me parece que no se ha reflexionado mucho sobre esto, y lo más curioso es que quienes tienen  las capacidades para hacerlo, como los periodistas que están formados para desarrollar otras lecturas, no lo hacen. Se opta por la burla, y en mi caso, un personaje como Wendy Sulca me interesa mucho, porque yo siempre estoy adoptando el personaje del bufón.

¿Hasta qué punto  tuviste que enfrentar ese tipo de discriminaciones, considerando que la opinión más inmediata no es aceptarte como una propuesta artística válida, sino como el tipo raro?

Desde el primer día que subí a cantar supe que quería ser una entidad o una construcción icónica que tuviera en cuenta ese factor: ser un freak, un bufón. Eso me permitió tomar distancia, observar y detectar las críticas, y me siento muy orgulloso de contar con esas críticas, como cuando dicen que no canto bien o cuando dicen que es todo sobreactuado. Eso es obvio, porque es un producto camp. Lo más interesante es que lo dice gente preparada, gente que sabe. De hecho tengo un archivo de críticas de discos, muchas de ellas de diarios o medios re progres que se cuestionan por qué enfatizo tanto lo marica, que por qué tengo esa necesidad. Finalmente creo que es una postura política presentarme así, porque es una propuesta muy fronteriza, y no es que eso sea un riesgo, sino que esos son los objetivos: lograr que no se sepa donde ubicarme, si está bueno o si está malo. Además, qué sé yo, pensá que  hace poco abrí el show de Junior Boys y también canto con grupos de cumbia, entonces bueno, cuesta ubicarme…



Respecto a tu forma de trabajar llama la atención que a  la hora de publicar tus discos no existe una continuidad temporal clara. ¿Qué hay con los tiempos? ¿Cómo manejas ese factor?

Soy muy caprichoso y también hago muchas cosas a la vez, porque también escribo y tengo que vivir y alimentarme. Pero con la música pasó que “Perfecto” se editó en 2005 en Uruguay y al año siguiente en Argentina, pero dos años después en México, entonces me demoré en publicar algo nuevo porque tuve que hacer promoción. Igual con eso no me fue muy bien, jejeje, porque en México habían varios sellos interesados en editarlo, y yo al ser tan pueblerino opté por el más grande, EMI.  Y bueno, no me daba cuenta que estaba en el medio de cientos de artistas. No era prioridad y si quería moverlo tenía que hacerlo yo mismo y estando en Uruguay todo es más difícil. Igual en esa época fui descubriendo cómo era el mundo de la música, porque yo nunca tuve un plan o un sueño de ser cantante. Yo vengo del mundillo del arte, nunca se me había ocurrido hacer música. Con el tiempo empecé a hacer mis propias canciones, y yo no toco instrumentos. Sólo las hacía como una señora, mientras limpiaba, con mi voz. Todo era melodía de mi voz y todo fue muy rápido. Y hasta ahora siempre siento que estoy empezando de cero. A la vez, el producto que hago era re raro y bueno, hasta ahora no sé cómo manejarlo.
Eso es con la forma en que encaro el tiempo. Aunque bueno, también tengo que trabajar. De hecho recién ahora, desde hace poco más de un año, vivo de lo que hago. Antes hacía mil cosas; tenía un programa de radio, escribía en revistas con seudónimo o sin seudónimo, trabajé  en una casa de cambio, repartía volantes, también pasaba música cada tanto, qué sé yo, hice un montón de trabajos. Y por eso, al no tener dinero dependo de un sello, o en el caso de los libros, de una editorial que me publique. Yo no puedo solo,  siempre tiene que haber alguien que esté convencido de lo que yo hago. Nunca me autofinancié y por eso defiendo la industria y me jacto de eso un poco, porque me costó mucho. No puedo ser tan independiente, porque eso es el doble de trabajo.

Esa defensa de la industria es medio difícil de escuchar entre los artistas actuales. Parece un poco anticuada.

Sí, pero yo no puedo autogestionarme. Es decir, claro que lo hago, pero tengo varias carencias, y la primera es económica, porque no puedo hacer nada por mi cuenta; ni grabarme, ni publicar, no tengo los medios para hacerlo.  Y después tengo otra traba, que es que no sé relacionarme mucho, siempre dependo de un manager o de alguien. No soy tan experto en mis relaciones públicas y mucho menos en conseguirme los shows. ¿Y armarme los discos? ¡No tengo ni idea! Por eso dependo de una infraestructura que me pueda potenciar, porque a la vez también quiero crecer.

Viniste a FILSA justamente a hablar de la relación entre música y literatura. ¿Cuál es tu opinión sobre el posible vínculo entre ambas expresiones?

La verdad es que durante estos últimos días lo estuve pensando, porque nunca antes  había reflexionado lo suficiente sobre esto. Siempre para mí fueron cosas diferentes, pese a que una canción se puede pensar como un relato. No le encontraba mucho el link, pero si me pongo a pensar hay algo en la estructura de una novela que puede ser parecida a la de una canción en el sentido del ritmo. También siempre estoy leyendo en voz alta, me fijo mucho en el sonido de lo que escribo, y ahí hay algo musical, porque de acuerdo a cómo suena lo voy modificando. Y ni que hablar de cuando hago una novela: lo que más me fascina es el tono de los personajes. Pero ahora, estos días en Santiago, pensé lo siguiente: a mí me gusta la numerología y ahora estoy muy interesado en la cábala, en donde las letras están muy asociadas a los números y a los sonidos. Y como me gusta la numerología me fijo mucho en los números y me guío mucho por los principios herméticos, y en el caso de mis novelas, ocupo algunos criterios numerológicos.
Por ejemplo,  mi última novela, “Un poquito tarada”, tiene 33 capítulos, y el 33 es un número maestro igual que el 22 y el 11. Entonces en mi cabeza, los capítulos 33, 22 y 11 son los fundamentales. Y de alguna manera, pensar en números es pensar en ritmos, porque la música es matemáticas, y yo amo a Pitágoras, siempre lo estoy leyendo, y Pitágoras fue el primero que asoció los números con la música y la proporción de los movimientos de los planetas, que a su vez, equivalían a notas musicales…Y así,  a la hora de escribir pienso mucho en la estructura, no es que me baje una musa inspiradora, sino que pienso de qué voy a hablar de cada capítulo y esa estructura es como una música, y cuando hago canciones, sigo una estructura que es pop y la estructura del pop es bastante rígida. Justamente, esa rigidez me da mucha libertad y por eso mis canciones son muy de historias y quizá es por eso me seduce tanto el formato pop.
También me gusta mucho lo simbólico y creo que lo simbólico siempre atraviesa lo estético, entonces, por más que yo haga un trabajo muy estético y muy a nivel de superficie, en realidad siempre estoy mucho más preocupado por lo simbólico y por eso me interesan tanto las tradiciones como la cábala. No sé, me gustan y trabajo mucho desde ahí. Por ejemplo siempre ocupo mucho la figura de la androginia, y la despolarización, aunque recién ahora estoy saliendo de ese closet y lo puedo decir más abiertamente. Antes me daba pudor porque ya era demasiado para mi propuesta que es muy exagerada, jeje, y además creo que uno puede hablar de estas cosas sólo cuando sabe mucho y en mi caso ni siquiera soy un aprendiz.

Siguiendo con la relación entre música y literatura, en 2009 hiciste un musical, “Nena no robarás”. ¿Cómo fue esa experiencia?

Me encantan los musicales y creo que hacer musicales es en donde más cerca he estado de trabajar música y literatura al mismo tiempo. Primero hice “Nena no robaras” en 2009, que fue una comedia muy clásica, toda cantada y con todo los clichés. Después, este año hice “Marta, la musical” que fue un proyecto re extraño, medio musical, medio performance, medio reality,  muy raro, pero fue el que más me gustó porque quedó en algo muy inclasificable. Creo que es una de las cosas más  interesantes que hice y también la más personal. Estuve trabajando como tres meses en ese proyecto y durante ese tiempo cambié mucho mi proceso de creación. Además me cuesta mucho trabajar con otras personas, y también logré pasar esa barrera con este musical.

En todos estos casos, tanto en los libros  como en tus discos, el tema del amor está muy presente. ¿Por qué siempre hablas de esto y no de otros motivos?

Más que el amor me interesa el discurso amoroso, como Roland Barthes en su libro “Fragmentos de un discurso amoroso”, que es lo más, es mi libro favorito. Pero personalmente, mis historias de amor no son  interesantes. De hecho ahora no es algo que me mueva porque siempre voy a tener otros problemas que resolver, jejeje. Sin embargo, cuando escribo me interesa el amor, porque lo veo como discurso y estructura artificiosa, y a veces lo tengo demasiado idealizado, pero a nivel artístico. En mi vida personal, no tanto. No sé, a veces mis amigas se enojan porque les copio todo lo que ellas dicen, jejeje y después hago libros o canciones, pero no son cosas que me pasen mucho. Qué sé yo, me encantan los teleteatros y los cuentos de mis amigas con sus novios, entonces claro, es el imaginario del que me nutro. Después con mi psicólogo no hablo nunca del amor, jajaja, hablo de que no me da la plata u otros temas; siempre estoy más obsesionado con el trabajo o en otras cosas. 

¿No sería errado catalogar eso como algo frívolo? ¿Qué hay con la posibilidad de ampliar las temáticas en tu obra?

Me gustan los clichés, los estereotipos y la frivolidad como un lenguaje. Es raro, pero de alguna manera transformo eso en un fetiche que me permite reflexionar sobre otras cosas. Y en realidad no sé si lo amplío mucho, pero siempre acumulo mucho los clichés del amor. Por ejemplo cuando canto, el personaje que interpreto además de ser un bufón, también cumple con la lógica romántica. Igual creo que todo esto es re político. Ser un bufón es algo político, manejar la figura de la androginia también es re político. Por ejemplo, estar siempre con elementos masculinos y femeninos es evidenciar los dos polos y eso es una cuestión hermética. Me interesa ser ambiguo, porque ser contradictorio con uno mismo o ser difuso con la propuesta es un  lujo que poca gente se puede dar. Y yo trabajo mucho para conseguir ese lujo. Siempre quiero estar en la frontera, y me gusta que lo que hago para algunos sea muy raro,  para otros algo muy visto o que incluso para otros no sea lo suficientemente hipster y para otros sea lo más. Eso hace que vibre la propuesta. ¿Hablar de otros temas? Qué sé yo, me parece bien que se haga y puedo admirar a los artistas que lo hacen, pero creo que todos esos temas –como la pobreza, la discriminación, u otros-, ya están en mí. No lo hablo directamente, pero hice una canción con Wendy Sulca y Fito Páez. Eso es re político. Y no te voy a decir yo lo que tenés que interpretar, pero hacer una canción así habla de cómo se divide la sociedad y los distintos lugares que hay. Creo que soy redundante en otras cosas y no con los discursos políticos. No hago una canción a los pobres, porque yo ya soy pobre, jajaja.

Ocupas bastante Facebook, Twitter, y antes también Fotolog. ¿Cómo influyen esos formatos en tu creación, tanto literaria como musical?

Influyen mucho, porque a veces mi contacto con el mundo pasa por ahí, pero a la vez siento que no los aprovecho lo suficiente porque me quedo muy a nivel de usuario. No sé, en twitter no promociono tanto mis shows, sino que lo ocupo como un chat con mis amigos. Y eso me fascina, porque surgen formas de escribir o frases que me gustan mucho, y como paso mucho tiempo ahí, las voy ocupando. En mi última novela justamente el personaje principal es una chica que se inventa a sí misma en internet y va haciendo su vida en base a las redes sociales. Y eso es un poco lo que hago yo, jejeje. No sé, también les debo mucho, porque si no fuera por estas plataformas no se distribuiría mi música.


Justamente en Facebook escribiste algo tras la muerte de Leonardo Favio, un clásico que logró vincular música, literatura, cine, todo al mismo tiempo.  

Me enteré de la muerte de Leonardo Favio en Chile y me choqueó porque siempre me gustó, sobre todo su tono. A mí me encanta el melodrama y él  era un maestro. Por ejemplo, la película “Nazareno Cruz y el lobo” siempre la amé, siempre me pareció lo más, lo más sublime de todo, creo que es una película muy perfecta, con todos sus discursos. Leonardo Favio respetaba los géneros populares, que a mí me encantan,  y su tono era perfecto, sus imágenes también lo eran. Siempre hacía lo que se le daba la gana y yo quiero hacer lo que se me da la gana, entonces es más que un referente. Además, creo que las primeras canciones que recuerdo en mi vida, son las de él, entonces es muy fuerte su figura. Me marcó muchísimo, fue un grande. Enterarme ahora de su muerte fue…No sé…Recuerdo que siempre antes escribía en Twitter “Fuerza Leonardo!” y tal, pero ahora…Qué sé yo, otros como Sandro nunca me interesaron tanto. 



Entrevista publicada en Paniko.cl

BONUS:


Chile


"Mi opinión sobre Chile es re fantasiosa, y por lo mismo poco puede ver con la realidad. Por ejemplo en el caso de la música actual, y pese a no conocer mucho el panorama chileno, en mi cabeza pienso en un montón de músicos discutiendo. Creo que están muy preocupados de esa idea del paraíso del pop. La imagen que tengo es esa: músicos chilenos discutiendo sobre el paraíso del pop. Igual no sé mucho, pero ahora me impresionó un afiche -que no sé el nombre de la banda ni nada- que era  un dibujo de una loba que tenía la cara de Violeta Parra y que en las tetas estaba mamando Chinoy. Es muy fuerte. Y para mí eso es Chile, todos pendientes de lo que hacen otros. En Uruguay también es así, qué sé yo, pero aquí me parece que son más pasionales; cuando son emo son súper emo o los pokemones eran más pokemones que en Japón. Dicen que los chilenos son fríos, pero no me parece que sean así. En términos literarios no tengo idea, voy a la feria (FILSA), me presentan gente y no tengo ni idea quiénes son.  También supe mucho del movimiento político del año pasado, ubico al Presidente que es de derecha y también a Camila Vallejo. Aunque tengo más información de ella que de él".
Uruguay
"Me ha pasado que en los últimos meses que he viajado todos me hablan de los mismos puntos sobre Uruguay; un Presidente (José Mujica) que  vive en una chacra con un perro y planta flores, la legalización de la marihuana -que en realidad es una estatización de la marihuana- y la ley del aborto, que en la práctica no está muy implementada. Son los tres temas que llaman la atención. Pero cuando vivís en Uruguay, claro, es muy simpático y anecdótico el Presidente, pero el que gobierna no es solamente él. Los discursos pueden ser muy buenos y simpáticos, pero después está la realidad que la gente tiene que vivir y comer, y no es todo tan bueno. Qué sé yo, lo de la marihuana por un momento puede ser una solución muy buena o simple marketing, porque el plan de que el Estado produzca los porros es tan disparatado que parece que lo hacen a propósito para que no se haga, como para  decir “lo intentamos, pero no se pudo”. Es una idea muy difícil de conseguir, mucho más en un contexto de política internacional. Hay que recordar que estamos en América Latina. ¿Qué quiere decir esto, que el Estado va a plantar la marihuana, que te la va a dar? Es un control siniestro y mucha gente que está luchando para la liberación de la marihuana, entre los que me incluyo, no piensan muy parecido al Gobierno. Sobre el aborto, bueno, la actitud de Mujica es mejor, pero el Presidente anterior (Tabaré Vázquez) vetó la Ley, y eso que era de izquierda. Eso fue una de las grandes desilusiones que tuve. Al final, todo suena muy lindo, pero es muy complicado".

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martes, noviembre 06, 2012

Epicentro: “Si la tele miente, si el diario miente, uno no tiene que mentir. Nosotros somos nuestra prensa”.



Foto: Felipe Cantillana

Epicentro está de vuelta. Después de cinco años de trabajo, el integrante del trío de hip hop nacional Calambre, regresa con “31” (Potoco Discos), título que recuerda su edad y su barrio, pues el cantante también conocido como Juan Pablo Salazar siempre ha vivido en el paradero 31 de Gran Avenida.

Pero en este retorno Epicentro no está solo. A su lado están Tea Time, Cómo asesinar a Felipes, Solo Di Medina,  Zaturno o Foex -líder de Potoco Discos y productor de la placa-, entre otros colaboradores. Todos acompañan a este rapero que mientras no está escribiendo versos se dedica a vender artesanías en Santiago Centro, recorriendo calles y acumulando historias que después transforma en rimas. “Este disco es sobre mis experiencias en la calle, sobre mi día a día”, aclara.

En varios momentos del disco hablas de reaparecer. ¿En dónde estuviste el último tiempo?

A comienzos de 2007 paré con Calambre  para empezar a trabajar en mi proyecto. Me encerré, me aparté, me oculté, trabajé y busqué evolución. Empecé a probar nuevos tiempos, nuevos ritmos y eso empezó a funcionar; empezó a descubrirse Epicentro solo. Esto coincidió con que William C –de Calambre- se iba a Australia y yo iba a quedar sólo. Y yo lo único que sé hacer es rap, no tengo profesión, pero sé que en esto, el rap, soy profesional. Como la banda no iba a seguir  funcionando, porque si no somos los tres no somos Calambre, preferí trabajar en lo mío. Nunca antes pensé en la posibilidad de hacer algo solo, nunca me vi solo, porque siempre pensé que Calambre éramos los tres, pero un solo cuerpo. Éramos como los Beastie Boys en “Intergalactic”; los tres son un mismo robot.

¿Qué pasó entonces en ese proceso, en esa búsqueda? ¿Con qué te encontraste?

Encontré la dificultad y la necesidad de querer expresarme solo, de tocar temas personales o más familiares. Esa motivación me llevó a hacer canciones. Todo ese tiempo que estuve retirado me quedé en el barrio,  en el 31 de Gran Avenida, no salía a las fiestas, sólo venía a Potoco Discos y con Foex empezamos a descubrir sonidos. Además en esa época aún trabajaba de garzón en un Coppelia, no era independiente como ahora. Al principio  no sabíamos muy bien hacía adónde iba dirigido el disco, sólo sabíamos que se iba a llamar “A mi manera”. En esa época trabajábamos las canciones sin música, sólo con mi voz, no era necesaria la base, entonces esa era “mi manera”. Después fueron sumándose músicos a la melodía de mi voz.

¿No te imaginabas que el disco iba a tener tantos colaboradores?

Es que yo los iba citando, invitando a gente que tenía lo que yo quería. A algunos no los conocía, como a Solo di Medina, pero todo siempre salió bien. A cada uno de los colaboradores yo los busqué porque cumplían con los requisitos del disco: la exigencia, ser los mejores para “31”. Partiendo por el productor, Foex, yo lo busqué, y el disco está hecho entre los dos. Gente trató que no trabajara con él, pero yo quise seguir siempre con mi compañero.

¿Qué quiere decir eso? ¿Tuviste otras ofertas de sellos?

Sí, tuve ofertas para hacer el disco con otras personas y grabar en otras partes, pero opté por la lealtad. Además sabía que aquí estaba lo que necesitaba. Este sello sabe que tiene lo mejor y cree e invierte. Mucha gente cree que un sello por ser independiente está mal parado.  Pero no, Potoco Discos está sólido. Mucho se dice que lo independiente puede ser algo mal hecho. Y no, esto es a todo color. Esto es HD.

Te tomaste tu tiempo y te demoraste cinco años en hacer el disco. Después de tanto tiempo, ¿dejaste algo fuera del disco?

No, siempre fue el mismo trabajo, sólo que le fui dando vueltas. No deseché nada, quedó todo. Lo que hice fue buscar la perfección musical. Y viviendo también, porque no todos los temas los tenía, todo lo fui desarrollando durante estos cinco años. De hecho el último tema lo terminé un día antes de sacar el disco. Nunca nos apuramos, porque sabíamos que el disco no estaba listo. Es como el trabajo de un mago, que busca la magia: yo busqué mi brillo, mi autenticidad. Creo que el que busca encuentra, y el que no busca, hace lo que está hecho. De hecho hay un tema que se llama “Futura escuela”, que busca eso, avanzar, porque muchas veces la escena se estanca. Ya pasaron los noventa, estamos en el 2012. Nosotros pensamos en el mañana. Por eso fue todo paulatino, pero creo que nos demoramos lo que nos teníamos que demorar, unos seis meses por canción.

Pero eso es mucho.

Pero como dice la canción “más vale tarde que siempre”. Aunque no creo que vuelva a pasar, antes era más hippie y ahora estoy más autoexigente, tengo otros proyectos y  pienso ejecutar todo más rápido.


La idea de remecer las cosas aparece en todo el disco. De hecho, el primer single del disco “Más vale tarde que siempre” es bien crítico en ese verso “a falta de ideas ellos miran al lado para poder sonar como quiere la gente”.  ¿Es una crítica a tus pares?

La canción tiene que ver con la gente que trabaja bajo presión y que termina haciendo productos que son desechables. Yo creo que hay demorarse. Es como cuando comprai algo; lo quieres más cuando te lo comprai tú y no cuando te lo regalan. Lo cuadai más, lo valorai más. Esa la intención, pero el que quiere se puede poner el poncho.

Pero sin duda hay harta denuncia en el disco, contra los políticos, la policía, el gobierno.

Sí, esa línea de denuncia que tenía Calambre se mantiene en este disco. Es la misma escuela. Hablar de eso me interesa porque es la realidad, es lo que yo vivo y me incomoda: la opresión y la injusticia sobre todo. ¿En qué veo esa opresión? En los poderes sociales, en la gente que tiene más dinero. Ellos tienen más libertad, pueden hacer más cosas. Hay mucho abuso.  Por ejemplo, en un barrio un paco llega y te revisa, pero arriba no lo hace porque no sabe si el papá de alguien es abogado. Eso me ha pasado  a mí también, por mi pega, por mi apariencia de rapero, por mi cara, por todo. Y nosotros como voceros tenemos que representar ese en contra. Somos pocos, pero hay que estar ahí, con fuerza.

¿Te ves como un vocero?

No, me veo como un amigo, un compañero, no un portavoz. Como un camarada. No, tampoco  como un camarada, porque camarada es muy facho. Sólo soy un compañero de rap y no el que la lleva. Todo lo que veo está en mis letras, por eso hago rap. Te podría decir que escucho poca música, escucho poco rap. El tiempo lo ocupo observando y me pasan cosas. Sólo hablo de lo que sé. Eso me motiva a escribir y ahora tengo cualquier letra, se me ocurren muchas ideas.

En muchas letras aparece la idea de hacerle frente a los poderosos. En tu caso, como rapero, cómo crees que se les puede hacer frente.

Con nuestra música, llegando a varias personas, incluso a los que apoyan a los poderosos, atrayéndolos hacia nosotros para que vean que están equivocados.

¿Pero crees que se puede hacer de otra forma? ¿Por ejemplo, votaste en las últimas elecciones? ¿Te interesa hacerlo para enfrentar a los políticos en este caso?

Me interesa votar, pero esta vez no lo hice, porque la que me importa es la presidencial. Sé que es contradictorio lo que estoy diciendo, pero en el caso de los concejales y alcaldes no sé cuán importante es. Ahora hay atados con los votos en varios lados. Ese sistema me genera inseguridad. Es como la tarjeta bip!, que es fácil  evadirla.

En el disco,  además de denunciar la figura del opresor, hablas del explotado con letras como “ordéñame la piel, estruja mis pulmones, almuerza con mi carne” de “Aún sigo a pie”, que es algo que no muchas veces se escucha en el rap, en donde es más fácil hablar de la caricatura del explotador.

Claro, es que yo estoy en el lado del explotado, siempre soy yo en contra del que explota. Mi juego es distinto porque lo vivo en carne propia. Por eso digo: lo que escribo es lo que vivo. También es importante que no sea sólo mi experiencia, sino la de varios. Hay muchos afectados. Son letras que tienen que ver con el que resiste, el que tiene que luchar hasta las últimas. En ese lado estoy, y me interesa que la gente que está en la misma no se pierda porque igual están adormecidos en asuntos que otros controlan. Siempre hay uno que se da cuenta antes y a veces ése he sido yo, o antes fue otro que me dijo a mí y así. Eso es importante, que avance así el mensaje. Por eso te decía que es más importante ser amigo que un líder, para ayudar a despabilar. Si la tele miente, si el diario miente, uno no tiene que mentir. Nosotros  somos nuestra prensa.

Esa crítica no está siempre presente en el hip hop nacional. Muchas veces el ego de los propios raperos ocultan los temas de los que has hablado. ¿Qué opinas de eso?

Creo que mientras se haga bien, tiene que haber diversidad. Si todos fueran como yo sería fome. Cada uno sabe lo que le afecta. Mortal que haya de todo, pero lo mío no es así. Mi rap es a mi manera. No todos pueden hacer la misma pega y yo tampoco soy Roberto Carlos para tener un millón de amigos. Cada uno hace su pega.

Entrevista también publicada en Paniko.cl

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martes, octubre 16, 2012

Namm - Geografía



Levantar puentes entre la intimidad y el entorno es el tema central de “Geografía”,  debut del cuarteto local Namm.  Y fiel a su título, este trabajo es un paisaje dibujado  por diferentes hitos que van marcando la voz de Loreto Molina, la trompeta de Ana Gallardo y los arreglos de teclados y programaciones a cargo de Pablo Flores y Pablo Fuentes. También es un críptico mapeo de revelaciones personales que buscan un eco en el espacio que ocupan y de estimulantes insinuaciones pop de una electrónica siempre al filo de la experimentación. 

En poco más de media hora, los nueve cortes de este trabajo dan cuenta de la versatilidad melódica de Namm. En “Con razón y sin sazón”, los recursos electrónicos aparecen con evidente énfasis, lo  que marca la cara más atrevida de los nacionales y en donde se evoca a las primeras creaciones de Flores, un autor que ha trabajado distintas corrientes digitales. Mientras,  en “Paso” las estructuras de bases y teclados invitan sin rodeos al baile y en “Costa Azul”, “Bailando en la oscuridad” o “En frente de mí” los arreglos de bases y sampleos intrincados dirigen el sonido de la banda hacia un pop oscuro y de carácter, en donde voz, vientos y recursos electrónicos arman una destacada cohesión. 

Gracias a esta nutrida plataforma sonora Namm  da una sutil vuelta de tuerca al pop criollo, pero el riesgo no se termina en la incorporación de efectos más o menos novedosos. Aquí también pesa la búsqueda por temáticas nuevas; una intromisión en recovecos poco explorados por los nuevos y más jóvenes creadores locales. Así aparecen referencias a la soledad y la angustia por la pertenencia inconclusa a un tiempo y un espacio (“Chamusca y arena), la desolación y el peso de un proyecto inacabado (“Geografía) y el hastío ante las nuevas y miserables formas de comunidad o relación que se van moldeando entre nosotros (“Stellar”). Al acariciar esas ideas en diferentes fragmentos del disco, la banda forja un discurso poderoso y crítico que se va concadenando canción a canción.

Aunque pertenecen a la nueva camada de poperos criollos, Namm estampa con “Geografía” un estimulante accidente en medio del monótono plano del pop nacional. Su sello es un cuidado uso de las fórmulas de la electrónica, una cautivadora voz principal y la sutil subversión de una poesía que emerge desde una enunciación particular, pero que da cuenta de un desasosiego  general. 

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, octubre 2012) 

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Ignacio Torres - Ahora es cuando




Una estimulante lectura del soul propone Ignacio Torres en “Ahora es cuando”. Aunque no es su primer acercamiento a la canción –el chileno fue integrante de Óvolo y también participó en el desaparecido sello Neurotyka-, este  trabajo es su carta de presentación oficial, una postal que destaca por sus arreglos y por el carisma de Torres, voz que cuenta con las capacidades para incursionar en formatos serenos o en registros cadenciosos  que podrían alcanzar sin problemas la masividad.

De menos a más, el disco se inicia con el pulso lento de “El color del mar”, canción que se une a las programaciones de “Tu esencia”, una sofisticada pieza de R&B que se potencia con la colaboración de Muriel Naranjo en los coros. La serenidad continúa hasta “De fuego”, corte que vuelve a sacar partido a la electrónica. Sin embargo, en esta línea brillan “Otoño” y “Amores”, dos baladas que no ocultan el gusto de Torres por el romanticismo. Esta última es un buen ejemplo de la habilidad del  cantante por rondar los tópicos clásicos del corazón pero sin recurrir a los vicios del soul, estilo obsesionado con la piel, los olores y la sobreactuación de la sensualidad.

Como complemento, los ritmos también seden espacio a los bajos y las percusiones aceleradas en “Sin apuro” y “Ahora es cuando”; asimismo, “Cosas sencillas” y “Nodudes” son dos guiños al hip hop que cuentan con los aportes de Seerjú y Tiei en las rimas. En estos minutos aparece la faceta más alegre del cantante, quien nunca olvida versos esperanzadores y positivos en sus letras.

En consecuencia, gracias a la meticulosa producción de “Ahora es cuando” –que no se queda corta en arreglos de viento, cuerdas, programaciones, efectos y colaboradores- Ignacio Torres firma un disco de buenas ideas y abierto a nuevas interpretaciones sonoras y poéticas para el soul nacional. Un grato acierto.

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, octubre 2012) 

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jueves, agosto 09, 2012

Aldo Benítez regresa



Ver nota publicada en Paniko.cl aquí

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viernes, junio 01, 2012

Mika Martini - Los Hanoish y otras subculturas extintas



Si hay algo que distingue a Mika Martini (Hugo Espinosa Chellew) en su nuevo trabajo es la capacidad del compositor para presentar la música electrónica como un espacio de tensión. Amparado en la idea ficticia de “Los Hanoish y otras subculturasextintas”, Martini se sumerge en la ambiciosa reconstrucción fragmentaria de imágenes y territorios de un mundo desconocido, tarea en la que fusiona elementos del ambient, la experimentación  y referencias a la estética del error para armar un complejo rompecabezas.

Es el enigma el motor principal de “Los Hanoish…”, un disco que recupera nueve cortes ya publicados en distintos compilados, pero que ahora instalan una atmosfera apocalíptica en títulos como “Golfo de penas”, “Las Minas de Sal de Zipaquirastepek” o “La Lluvia se llevo a los Hanoish”. En estas canciones, las programaciones sintetizan vestigios sonoros que remiten a escenas subterráneas, oscuras, pero también marcadas por huellas digitales –circuitos, alertas, archivos alterados- que indudablemente apelan al glitch. 

A su vez, estas señas se nutren del buen uso de susurros, ecos y voces entrecortas. “Canales de Piedra y Canoas de Piel”, “La Migración de los Pachacampanac” o “La Caída de la Subcultura Subacuatica Subcontinental” son piezas que utilizan esos efectos para anclar la idea de eslabón perdido. ¿A qué evocan esos gemidos? ¿Cuál podría ser el referente más cercano de esos balbuceos?

La respuesta no existe o carecemos de ella. Ese es el dilema que Mika Martini plantea en este disco, pues aquí no sólo se distingue un estupendo ejercicio de nostalgia, sino que también  un oportuno diálogo con los límites de la música electrónica como lenguaje. 

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, junio 2012) 

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Cholita Sound - Ponte Free



Electropop con retoques de folclor, tecno adornado con secuencias reguetoneras, electroclash tropical. Esas son algunas de las mezclas que Caterina Purdy trata de desarrollar en “Ponte free”, su nuevo disco bajo el alias Cholita Sound. El reto es grande, y como sucede con la mayoría de los subproductos asociados a la cumbia digital, el resultado final es poco menos que agraciado, frío y ultra conservador.

Cubierto con un frágil envoltorio conceptual, el disco presenta a Cholita Sound, un personaje que busca resignificar la figura de la cholita andina. En “Hermana bolivariana” o “Ghetto kumbia” la cantante toma la batuta por la cultura norteña, pero al hacerlo recurre a la sobreactuación y a la mantención de estigmas vinculados al misticismo, la transmutación u otras figuras “exóticas”. En esa jugada, Purdy encapsula su propia idea en lo kitsch, etiqueta que una vez más sirve para solapar evidentes ejemplos de discriminación.

En este caso llama la atención el discurso de la ex Purdy Rocks en torno a lo popular, esa baja cultura que para sus ojos es un tesoro. “Cumbia sahumerio”, “Radio cuma” o “Perreo místico” hablan de sus problemas para encajar en el sistema económico y social, y al mismo tiempo, del encanto que producen en ella los ritmos barriobajeros. En consecuencia, el tono que adopta la cantante y la reiteración de esa idea en donde la liviandad se asocia a una clase en particular hacen del disco un ejemplo sorprendente de abajismo.

No es casual tampoco que el soporte electrónico sostenga las trece canciones de “Ponte free”, pues bajo este paraguas de bases programadas y voces  manipuladas (en donde se escucha a lejos, muy a lo lejos, una que otra percusión) se esconde una nueva ilusión de vanguardia, esa falsa sofisticación que como ocurre en otros proyectos nacionales (Astro, Valentina Fel o Adrianigual) sólo sirve para demostrar la carencia de marcas sonoras convincentes e ideales políticos concretos.

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, junio 2012)

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jueves, mayo 03, 2012

Juan Pablo Abalo - Canciones de Misa



Durante la Semana Santa recién pasada, el compositor nacional Juan Pablo Abalo liberó "Canciones de misa", su nuevo disco. La fecha elegida para estrenar su tercer trabajo  no pudo ser otra. Por esos días, la portada del álbum en donde se ve a dos niños junto a un hombre disfrazado de conejo de Pascua cobraba un sentido especial; ingenuidad, creencia y perversión se fundían en la imagen central de este esfuerzo por encarar a través de la canción breve las sórdidas historias protagonizadas por representantes de la Iglesia.

Demostrando su inclinación por el minimalismo, el autor escribe ocho canciones comandadas por el sonido de la guitarra tradicional, textura que poco a poco, y a medida que avanzan los segundos en cada corte, se va ensanchando gracias a arreglos de cuerdas y vientos. Así, “El pastor” –canción inspirada en Fernando Karadima-, se estructura según el sonido de las seis cuerdas, mientras que en “El suicidio”, “Procesiones” o “Ausente”, la guitarra cede espacio a percusiones, bajos o sonidos de órgano y piano.  El resultado de esta instrumentación simple, pero a la vez detallista, entrega solemnidad a relatos que hablan de dominación y angustia.

En tanto, la voz ceremoniosa  del cantante, consigue traspasar cierto rigor a estas historias, hasta impactar en “La confesión”, cuando interpreta a víctima y victimario  en los tres minutos más dramáticos de la obra.

Aunque Abalo no eligió una temática desconocida, su gesto  es inédito en el panorama musical actual, pues elabora un disco conceptual  sobre una temática naturalizada como información de prensa, pero que esconde un revés putrefacto, en donde pesa la fe y los vínculos de poder económico. En ese nivel, “Canciones de misa” golpea dos veces: por un lado nos restriega lo más oscuro de un sector de la sociedad, y por otro, nos recuerda que la canción popular sí puede superar la palabrería ególatra y superficial a la que estamos acostumbrados. 

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, mayo 2012)

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Los Embajadores - Faisanes



Cuando Los Embajadores publicaron la canción “Su merced” en el primer compilado del sello Michita Rex del año 2010, las expectativas en torno al grupo surgieron por la mezcla de lamento y romanticismo que firmaban, la presencia de una pareja de vocalistas –algo nada usual en el país- y la tendencia a la oscuridad de su sonido. Sin embargo, con la reciente edición de “Faisanes”, el debut oficial de la banda, la calidad de la propuesta a cargo de Danae Morales, Cristóbal Gajardo, Sebastián Sampieri, Felipe Lagos y Walter Roblero comienza a tomar forma concreta.

En poco más de media hora, las diez canciones de esta producción arman una interesante versión de dream pop; gran parte del disco está dominado por melodías cansinas, que combinan percusiones no tradicionales (metales, ruidos de ambiente y de animales) y programaciones electrónicas que elevan el pulso, tal como ocurre en “Peso” o en “Compañía del novio”, dos cortes en donde Morales sobresale gracias a una voz pálida e hipnótica. También “Faisanes” y “MDV” refuerzan esa versatilidad sonora y completan un marco de relatos tormentosos.

La emoción contenida de Los Embajadores alcanza niveles estremecedores en  las épicas “La doble vida” y “Mucha fe”, piezas en las que Gajardo (también conocido por su proyecto Voz de Hombre) destaca por su capacidad para transformar lo dramático en heroico. Asimismo, “Amigo realidad” y “El sueño de una muñeca malvada” exponen una personalidad que cavila entre el fracaso y los anhelos de un sujeto que dice no querer “volver a trabajar en lo que me mata” y que sufre por la asociación entre el comercio y su billetera.  

Con sutileza, esas insinuaciones hacen del relato de Los Embajadores un espacio en donde los sentimientos no se miden por la carga melodramática de las insinuaciones amorosas. Por tanto, el primer trabajo del quinteto convence por sus matices sonoros y también por un discurso que los aleja –afortunadamente- de sus coterráneos.    

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, mayo 2012)

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lunes, abril 09, 2012

Alamedas – Romeo




Un ambicioso esquema es el que trata de completar Alamedas en Romeo (2011), su cuarto disco oficial. A la realización de un rock cada vez más prolijo, el grupo liderado por Alejandro Gómez suma la intención de hacer de sus creaciones un punto de inflexión, un espacio de reflexiones contundentes capaces de proponer problemas o, al menos, algún tipo de cuestionamiento sobre estado de las cosas. Pero el resultado es disparejo si se consideran las historias que aparecen en estas nueve canciones.

Como abunda en la música popular, gran parte de Romeo está al servicio de experiencias individuales o  anécdotas sin mayor sentido que pueden hablar al mismo tiempo del amor, de las relaciones, de la existencia o de un futuro esperanzador. “Ya sabes” o “Puesto” expresan ese estilo errante que divaga entre diversas ideas paralelas. “Monumentos” es otro ejemplo, y el más sorprendente de todos, pues en esta canción el trío nacional es capaz de ensamblar una crítica al colonialismo con la diversión y unos “mijita rica” como broche final. ¿Qué es eso? ¿Una simple muestra de absurdo? No es tanto eso, sino que más bien se trata de una evidencia clara del rock nacional bizco, capaz de visualizar con un ojo algunas intenciones más o menos profundas, mientras que con el otro se mantiene atento a los lugares comunes del formato. 

Mejores resultados logran en “Sin que te lo pida” y “Sigue”, dos cortes románticos que además convencen con una estructura simple y efectiva, tanto como “Otro mundo” y “Alturas”, este último con el llamativo aporte de un saxo.

No obstante, Alamedas cae en otro vicio: utilizar su repertorio para deslizar un breve reproche a las audiencias. “Deja de lado sólo por un momento esas canciones que ponen en la radio y presta atención hacia nuestro lado. Maduramos tres años para hacerte un regalo”, dicen en “Solo entonces”, en una jugada inexplicable  si se considera la relación actual entre autores y públicos. Esta recriminación, tan innecesaria como pretenciosa, aparece justamente en los minutos finales, cerrando una producción zigzagueante y que no esconde su naturaleza infantil.

Si bien es cierto que Alamedas logra firmar su trabajo más conciso, no es falso añadir que Romeo deja pendiente una muestra más concreta de su crecimiento, pues hasta ahora sólo se reconoce a una  agrupación sólida, fiel al rock más popular, pero que no es capaz de sostener un discurso acorde al paso de sus años. 

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, abril 2012)

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