El jueves 14 de abril la recordada agrupación
argentina Suárez se presentará en Discoteque Blondie luego de casi dos décadas
sin pisar tierras locales. Show de culto para fanáticos y una oportunidad para
jugar a correr el tiempo hacia atrás y revivir un sonido que marcó los 90 en
ambos lados de la cordillera. Aquí, la banda –los cinco amigos, los cinco
músicos, los cinco protagonistas- nos cuentan cómo intentan recuperar el pasado
sin alimentar nostalgias ni espejismos de un nuevo futuro juntos.
No hubo tiempo
para conversar, saldar eventuales cuentas pendientes o sentarse a mirar
antiguas fotos. Nada de eso. El reencuentro fue sin preámbulos; se juntaron en
una sala de ensayo y se dedicaron a lo que más querían hacer: tocar, cantar y
desempolvar el repertorio que habían dejado en pausa hace más de quince años.
Así fue cómo Suárez, el combo bonaerense integrado por Rosario Bléfari (voz) Fabio
Suárez (bajo), Marcelo Zanelli
(guitarra), Gonzalo Córdoba
(guitarra) y Diego Fosser (batería)
se rearmó como si nada. La “excusa” fue el estreno de la primera parte del
documental sobre la banda, “Entre dos luces” de Fernando Blanco, en noviembre pasado
en Mar del Plata.
“Cuando presentaron
la película me preguntaron si existía la posibilidad de reunir al grupo, a lo
que dije que no, porque estábamos muy alejados”, cuenta Rosario Bléfari desde Argentina. “Además había poquísimo tiempo
para hacerlo y no estaba en nuestros planes. Pero al comentarle la propuesta a
los demás, todos querían o no les parecía imposible”, explica la cantante. Gonzalo Córdoba añade que pese a llevar
tiempo sin verse, todos querían volver (al menos) a presentarse en vivo. “El
documental trata sobre nuestra primera época, y eso despertó el recuerdo de
cómo nos divertíamos. Y nos juntamos de manera impensada, sólo por el placer de
lo imprevisto”, comenta el guitarrista.
El primer
resultado del regreso de Suárez fue una energética presentación en Mar del
Plata junto a los seguidores de siempre y nuevos fanáticos. Para nadie fue una
sorpresa, entonces, que se programara un segundo concierto en Buenos Aires, en
marzo de este año en el conocido Centro Cultural Konex. “Ese show me sorprendió, fue mucho más de lo que esperaba”, comenta Diego Fosser. El baterista concuerda
con el resto de sus compañeros en que este nuevo contacto con el público les
permitió reconocer los cambios entre sus seguidores. Y no sólo por la
diversidad de edad y generaciones. “El público se multiplicó y se “cancherizó”,
como los fans de futbol. En los noventa esa experiencia la vivimos justamente
en Santiago, fue algo muy lindo, con la gente cantando las canciones y todo
eso. ¡Ahora espero que Santiago le gane al Konex!”, añade entre risas.
¿Por qué Suárez aún mantiene ese estado de alerta en sus fanáticos?
¿Simple efecto de memorabilia local o
por la búsqueda de un sonido que no se ha vuelto a repetir en el contexto
latinoamericano? Para los Suárez se trata de lo uno y delo otro. “Creo
que está relacionado con esos estados emocionales atesorados, igual que nos
pasa a nosotros; sensaciones, viajes intensos, dulces y ácidos que han quedado
alojados en la memoria del que nos escuchó hace quince años o hace un año. Son
canciones y timbres muy particulares también”, se explica Rosario Bléfari.
Su compañero en la guitarra, Marcelo Zanelli va un poco más allá: “Suárez
tiene canciones sin tiempo y una forma de hacerlas sonar que es…no sé qué
palabra usar…muy suárez. Hay algo de
misterio ahí. Además, la banda forma parte de un inicio, que junto con otros
grupos, puso algo en marcha. Había una saludable urgencia en todas nuestras
acciones”.
Otro galope
Pese a que los cinco músicos insisten en que la
reunión de Suárez surgió casi de manera
espontánea, todos comparten en mayor o menor medida una misma sensación: nunca
lograron olvidarse de la banda que como amigos mantuvieron y con la que
editaron discos tan memorables como “Horrible” (1995) o “Excursiones” (1999). “La
verdad es que estaba justo empezando a no extrañar a Suárez”, ironiza Fabio Suárez desde la capital
trasandina a la hora de pensar en los últimos conciertos. Lo mismo detalla Bléfari,
quien resta importancia a la nostalgia: “¡No sabía que los extrañaba hasta que
nos juntamos de nuevo! Trato de vivir el presente y estoy siempre con nuevos
planes, pero ahora Suárez se transformó en parte del presente y me gusta
mucho”.
Más melancólico, el guitarrista Marcelo Zanelli agrega: “Redescubrir a
Suárez y volver a escuchar los discos con otra perspectiva me gustó tanto que
ahí sí digo… esas canciones, esa forma de armarlas y buscar el sonido. Me digo
qué lindo volver a tocar estas canciones que me gustan. En fin, me parece que
es una forma un poco elíptica de reconocer que sí, que extrañaba a Suárez”. En
tanto, Diego Fosser no oculta que siempre añoró volver a la
formación original. “La banda es el proyecto más importante en el que
participé, el que hizo realidad todo lo que había soñado cuando empecé a tocar
la batería a los catorce años”, admite.
¿Pero ese
recuerdo es suficiente para que Suárez siga con vida de manera indefinida? Ni
ellos lo saben. Cada uno de los integrantes ha seguido caminos muy diversos
como psicólogos, abogados, actores, cantantes (Bléfari siguió publicando en
solitario o con Sué Mon Mont), trabajando en radio o docencia, como para retomar las riendas de una banda.
Además, el contexto discográfico y de difusión –entre la maraña de internet,
productoras, marketing, redes sociales- es otro para un grupo icónico en lo que
se pudo denominar como el under y el rock alternativo o independiente de hace
dos décadas en Argentina. Corren otros tiempos y ellos lo saben. “Me parece que
el oído cambió y también la tecnología. La difusión es otra y ahora no dependes
de unas radios o de un suplemento o si advierte tu presencia una compañía
discográfica”, dice Zanelli.
Así, los
aparentes cambios en la industria, reconocen los Suárez, podrían ser tan
provechosos como improductivos. Rosario
Bléfari advierte que este nuevo contexto permite una relación más directa
entre músicos y público, pero es escéptica a la hora de seguir esa ruta. “Hoy las
grandes marcas o productoras no se juegan por nada, invierten poco y a veces
frenan el camino de una banda. No lo conozco desde adentro, pero he visto casos
de quienes por entrar en una cosa así perdieron lo que habían conseguido siendo
independientes. De todas maneras siempre son arduos caminos, y todos son
diferentes; aquellos que pueden hacer un camino con la presión y el apoyo de
una discográfica, y les resulta, muy bien, pero es bien difícil porque debes
responder a una expectativa. Tal vez podés hacer algo, conseguir que te paguen
algo, un video por ejemplo, y salirte. Nunca fue mi opción ni mi camino, pero
no soy quien para decir qué le conviene a cada uno. Personalmente me gusta
cuando hay un camino hecho por la relación con el público que va creciendo o se
va afianzando o va cambiando. Eso es muy valioso”, sostiene la cantante.
Los veo aparecer
El show de
Suárez en Chile el 14 abril en la
Blondie será el tercer concierto de la banda luego de esta reunión fugaz. No
tienen idea si se vienen más fechas. O al menos eso prefieren adelantar.
Vendrán y puede que desaparezcan como ya lo hicieron una vez. Sin embargo, el
regreso a Chile parecía una cita obligada, después de años de compartir escenario
y colaboraciones con bandas como Pánico o Congelador.
“En Chile
siempre fuimos muy bien tratados por la gente, que era muy cariñosa y amable.
Además hicimos nuestro primer documental allí”, recuerda Fabio Suárez sobre su vínculo con tierras nacionales. “Cuando estuvimos en Santiago y Concepción
siempre nos trataron muy bien, y me sorprendió en ese momento el nivel de
información que manejaban sobre la música independiente de todo el mundo en una
era pre-internet. Recuerdo haberme vuelto con varios cassettes grabados que nos
pasaron con novedades del momento”, añade Gonzalo
Córdoba.
Para Rosario Bléfari este
nuevo recital en Chile será como una primera vez, ya que algunos integrantes de
la banda nunca habían cruzado la cordillera junto a Suárez. “Todo va a ser nuevo y será como una presentación,
vamos a “conocer” al público nuevo y al de antes”, dice entusiasmada.
¿Qué podemos esperar para
después? ¿Se viene nuevo disco de Suárez? Son preguntas que es imposible no
lanzar. “Estoy abierto a lo que venga y a lo pueda llegar y la verdad es que no
lo sé. Si lo supiera no lo ocultaría; si
surgiera esa posibilidad, diría que sí”, afirma Marcelo Zanelli.
Por su lado, Bléfari no cierra la puerta: “No sabemos si se viene nuevo disco.
Juro que no. Pero así como no sabíamos que íbamos a volver a tocar alguna vez,
ahora ya tampoco me animo a decir como antes: no creo. Porque los hechos me
desmintieron”.
A la hora de escribir sobre el regreso de Suárez a Chile, pensé en la oportunidad
de sumar más voces de testigos o seguidores que pudieran aportar
una imagen de lo que fue/es la banda en Argentina, específicamente en Buenos
Aires. Siempre tuve en mente a dos personas: el crítico Pablo Schanton y el cantante y
compositor Ignacio Herbojo. Después, cuando terminé de rearmar las preguntas y
respuestas a los cinco Suárez, me di cuenta que la breve historia de su show en
Santiago no soportaba más actores que los propios músicos. Sin embargo,
Schanton y Herbojo contestaron a mis preguntas de manera tan directa y
relevante que no valía la pena guardar sus testimonios. Acá van.
Dice Pablo
Schanton:
Por empezar,
definamos: Suárez es al indie lo que los Redondos al rock independiente del ala
La Renga en adelante. Sin mucha militancia explícita (recordemos que la
estética "slacker" de los 90 no lo hubiera permitido), Suárez fue
independiente a pesar de cómo evolucionó el mercado del rock
"alternativo" de la época. Sin Suárez no existirían ni Rosal ni El
mató a un policía motorizado, y sus actuales consecuencias. Es decir, es un
grupo-bandera de una ética frente al mercado musical y una estética frente al
conservador rock nacional hegemónico que ya quedó en la historia.
La Argentina
es afecta a los homenajes, especialmente si son post mortem, al museo, al
folclore. Por eso, no es casual que una documental haya sido el motor de la
reunión de los Suárez, que han sido canonizados como leyenda indie nacional &
pop forever. Su discreción a la hora de reunirse tras 15 años demuestra que a
ellos tampoco les cabe mucho esto de la nostalgia y las leyendas vivas.
Conozco a
Suárez desde el comienzo. Los vi en sótanos muy sótanos al borde del amanecer y
hasta en terrazas muy altas de madrugada, y sigo a Rosario en todo lo que
emprende. Yo estoy contento con los proyectos de ella, y con haber visto y
vivido a Suárez mientras duró. No me gustan las reuniones ni el retro nostálgico
en general. Pero no puedo negar que volver a escuchar "Falso ladrido"
a pulso de Fosser y llevado por la guitarra de Gonzalo no dejó de emocionarme
muy profundamente. Así de simple: hay cientos de bandas "indie" hoy,
post-Suárez en todo sentido (hasta en la formación), pero ninguna canción pega
con la carga poética (en sentido lírico y musical) como una de Suárez. Y dicho,
lejos de lustrar la leyenda y el bal bla blá...
Ver en vivo
a esa banda -cuatro hombres detrás de/junto a una mujer que canta, baila, toca
instrumentos inverosímiles y actúa y tanto más- es una experiencia única por su
carga rockera y dramática. Y como en Sudamérica siempre se necesitan las
"versiones locales de", Suárez (el nombre remite un poco a Smiths,
¿no?) funcionó como un Sonic Youth con olor a ruta de provincia, a madrugada
metropolitana. Justamente, las referencias líricas de una de las mejores
letristas de este país, que es Rosario, connotan un tipo de vida urbana y de
salida de la ciudad que tienen antecedentes en la lírica del primer Gieco o Los
Pillos. Eso hace que no sea una banda homenaje a Sonic Youth, o Pavement, o Velvet
Underground. Suárez es la banda que mejor entendió y asimiló a Velvet Underground
en estos lares, lejos. Basta escuchar "Una tarde de cansancio".
Suárez es
una banda argentina, no podría ser de otra manera.
Otro punto a
tener en cuenta: Rosario Bléfari se convirtió en "role model" de
muchas chicas que están en el rock, como público, artistas, o cantautoras. ¿Qué
otra banda under con chica al frente (al frente eh) tuvo la misma trascendencia
en esos años además de Suárez?
Escucho Suárez
desde que tengo 16 o 17 años. En esa época todavía estudiaba piano clásico, y
al tener esa formación, los sentí como una ola de aire fresco y renovador que
se salía de la norma, tanto lírica como compositiva. Su imaginario
cercano y cotidiano siempre me fascinó, y creo que influyó mucho a la hora de sentarme
a escribir mis canciones. También me pasó que cuando los empecé a escuchar, la
banda ya estaba disuelta, entonces los veía rodeados de cierta mística y mi
único registro eran sus discos, las palabras de algún amigo que había tenido la
suerte de verlos en vivo en los 90s y algún que otro video de Youtube.
El año pasado, Rosario Bléfari me escribió un mail, preguntándome si quería
tocar el piano para ella en una fecha que se venía pronto y yo acepté
sin dudarlo. En dos o tres semanas me tuve que aprender doce canciones que me
iba pasando en cuentagotas por mail. Para los que me conocen, saben que mi
memoria es pésima, entonces esto era todo un desafío para mí. De a poco, fuimos
probando cuál funcionaba y cual necesitaba más instancias de ensayo. Finalmente,
la lista se redujo a la mitad más o menos.
Nos juntamos día por medio con Rosario y Federico Orio para trabajar los temas
entre los tres. Entre canción y canción charlábamos mucho de cualquier cosa, y
todo era muy distendido y relajado, aunque por otro lado el tiempo nos
apremiaba. Pero creo que todos confiábamos en que iba a salir perfecto.
Para mí tocar con Rosario fue una de las cosas más increíbles que me pasaron
desde que empecé en esto, hace tan poquito. Ella fue primordial en mi formación
como músico, y para mí es un orgullo y un honor que se haya fijado en mí
existiendo tantos otros pianistas.
Cuando supe que Suárez se reunía pensé que no podía perdérmelo. Entonces, con
un par de amigos organizamos una escapada a Mar del Plata sólo por el fin de
semana del recital, para ver el
documental de Fernando blanco y para verlos a ellos en vivo. Lo más gracioso fue
que nos encontramos con los Suárez en el bus rumbo a Mar del Plata, y viajamos
juntos sin haberlo planificado.
Estaba muy
ansioso por verlos en vivo, sobre todo después de ver el documental de Fernando
Blanco. Al llegar, la carpa del show estaba repleta. Me ubiqué adelante de todos.
Es difícil describir lo que sentí cuando entraron. Para mí Suárez nunca había
existido, ¡y ahí estaban! El show fue muy movilizante para todos los
asistentes. Parecía una banda que no se había separado jamás. Todas esas canciones que había escuchado
durante tanto tiempo en mi cuarto, en el trabajo, en la calle, en el colectivo,
cobraban vida en ese momento.
Tiempo más
tarde fue la fecha en el Konex. Otra vez: lleno de gente. Me costó más llegar
adelante de todos. En este recital había más ansias que la otra vez, y la
energía era increíble.
Con el sonar
de las primeras canciones la gente empezó a saltar y a hacer pogo. Creo que no
hacía pogo desde que tenía 15 años. Pero ahí apretado, siendo empujado,
acalorado, me sentí feliz y me uní a la masa en movimiento y fuimos uno solo.
No había otro lugar en el que quisiera estar.
Rosario sonriente
y hermosa como siempre. Los chicos, impecables.
Las
emociones fueron muy fuertes y unánimes, creo. Por momentos estábamos todos
casi por llorar, por otros con una sonrisa gigante.
Cuando salí
del Konex me di cuenta que había tenido la suerte de presenciar algo muy importante
para mi generación.
Los volvería
a ver una y mil veces, y cada vez que saldría del recital sé que pensaría
"fue uno de los mejores recitales de mi vida".
Por primera vez en Chile, el dúo barcelonés Hidrogenesse será el
encargado de cerrar este sábado el Santiago Pop Fest y de encantar este
domingo al puerto de Valparaíso con un concierto especial. Dos fechas
imperdibles de un fin de semana histórico para los seguidores del pop en
español. ¿Las razones de tan exagerada presentación? Aquí repasamos
algunas.
Cuando en 2014 Los Planetas anunciaron una visita a Chile, sus
fanáticos no ocultaron la excitación: por fin, después de más de dos
décadas, los españoles cruzaban el Atlántico para llegar a Santiago, una
capital en el medio de un país que aún se visualiza lejano para los
creadores ibéricos.
Gracias a aquella fecha, una parte de los seguidores de la tradición
de pop español quedó satisfecha, soñando que las distancias que todavía
nos separan con España comenzaban a estrecharse. Otro sector del
público, en tanto, debió seguir esperando la llegada de proyectos más o
menos independientes como La Casa Azul, Single o Francisco Nixon, por
mencionar a algunos, a quienes conocieron (conocimos) a través de Rockdelux
y que luego pudieron (pudimos) consumir hasta el cansancio mediante
descargas y videos. Pero la espera continuará hasta que las condiciones
que asumimos como superadas —fronteras, geografía, costos, difusión,
etc.—, sean menos ingratas de sobrellevar.
Sin embargo, en 2015, los encargados de ilusionarnos con un cambio en
este panorama serán Carlos Ballesteros y Genís Segarra, las dos caras
detrás de Hidrogenesse.
Con sus conciertos en Chile, la dupla marcará un hito particular en
este país, mezclando pop, electrónica, lucidez y taco gastado sobre el
escenario.
Lo del taco es literal, pues Genís Segarra viene calzando tacones
aguja (como Prince) hace varios años en sus espectáculos. Pero las
suelas también se gastan caminando y ese es el gran legado de
Hidrogenesse; años de trabajo y recorridos para dar cuerpo al sello
Austrohúngaro, casa que desde el año 2000 ha visto pasar a Chico y
Chica, Astrud (el otro dúo pilar
del sello, que también cuenta con Genís como mitad creativa), Feria,
Hello Cuca, Alfacrepus, entre otros. Una plataforma, que según han
explicado nació para publicar bandas amigas, pero que tras quince años
de acción es un referente de historia y pop en español, como lo son Elefant o Siesta.
Claro está, todos los discos de Hidrogenesse se han publicado en
Austrohúngaro, y aunque la variedad de oferta/demanda hoy permitiría
(quizá) que alguna editorial los publicara, a fines de los 90s no
existía otra posibilidad para ellos; la autogestión era el camino, y con
el tiempo, las condiciones y el contexto de una época se transformaron
en el imperio particular de Segarra y Ballesteros. Gimnastica Passiva (2002) fue el debut para la pareja, pero
también fue el primer indicio para que hoy podamos ocupar etiquetas como
«pop desprejuiciado» en estas latitudes. Representantes de un
sincretismo basado en el electropop, la performance, la poesía y un
discurso lúdico, Hidrogenesse despuntaron con aquella producción como
una pareja capaz de igualar o superar los antecedentes que dejaron (y
aún dispersan) Kraftwerk, The Magnetic Fields o Pet Shop Boys. Pero en
español, en los himnos “No hay nada más triste que lo tuyo”, “1987” o “Vamos a salir del Siglo”.
Javiera Mena, compositora mil veces descrita por su actitud
«desprejuiciada», los ha citado como referentes y hasta les entregó “Luz de piedra de luna”
para ser remezclada. Sin espacio para la exageración, es posible que la
historia de la chilena fuese muy distinta sin la influencia de los
catalanes, pues con Hidrogenesse como ejemplo de un tipo de creación,
más el soporte de Austrohúngaro como oficina discográfica, la cronología
del pop en nuestro idioma comenzó a poblarse de otras letras, otras
bases y ritmos, y sobre todo, otras historias y protagonistas. Desde un
comienzo, las narraciones del Ballesteros y Segarra fueron entramando
humor y perspicacia, crítica a las convenciones sociales, las modas y
tendencias, mientras aportaban crónicas románticas como toda buena
agrupación pop. Ahí están “Eres PC / Eres Mac”, “Hidrogenesse Asociados” o “Vuelve conmigo a Italia” para probarlo.
Con el paso de los años, Animalitos (2007), y su continuación Bestiola
(2008), consolidaron un sonido a ratos denso y heredero del krautrock, y
otra veces luminoso y adictivo, que decantó en una obra clave: la
celebración de los cien años del nacimiento del matemático inglés Alan
Turing, Un dígito binario dudoso (2012). El álbum, que en un
principio no estaba dentro de los planes del dúo, pasó a transformarse
en el referente que la banda nunca buscó, pero que prensa y público
siguen calificando como su mejor disco. Las razones están en canciones
como “El beso”, “Enigma”, “CAPTCHA Cha-Cha” o “Historia del mundo contada por las computadoras”,
cortes que abordan la dramática biografía de Turing y también las
propias manías del grupo: la fascinación por las máquinas, su
manipulación y el efecto que éstas generan en nuestra vida cotidiana.
Una entrega fundamental, que en media hora nos cuenta la historia y
muerte del padre de la informática —condenado a la castración química
por ser homosexual, pero héroe tras vestidores por sus aportes técnicos
durante la Segunda Guerra Mundial—, y de paso conecta pasado, futurismo y
el presente que conocemos, la realidad que incluso permite que estas
líneas se visualicen en un dispositivo electrónico. Rockdelux,
rendida ante el trabajo de Hidrogenesse, calificó el disco como la mejor
obra española de 2012, lo que multiplicó las miradas sobre la dupla.
Pero, como ellos mismos se han encargado de aclarar, el éxito de Un dígito…
no los perturbó. Ballesteros y Segarra continuaron trabajando al mismo
ritmo que los caracterizaba, recuperando el repertorio inconcluso. Así
comenzaron a afinar canciones antiguas. Del pasado. Y no es casualidad
que esa arqueología íntima se titulara Roma (2015), obra
dedicada a una capital que siempre los sedujo y que reúne nuevos
personajes fetiche: Elizabeth Taylor, Gustave Flaubert, Terenci Moix,
entre otros.
Como vuelta de tuerca de su propio discurso, Hidrogenesse abordan con
humor el paso del tiempo, la vejez y los problemas de aferrarse al
presente en “Aquí y ahora”, “Siglo XIX”, “Dos tontos muy tontos” o “A los viejos”. Aparecido en enero de este año, los caminos de Roma
llevaron a Hidrogenesse a planear su primera gira por Sudamérica —tan
lejos, tan cerca—, con fechas en Argentina, Uruguay, Chile y Perú,
aceptando invitaciones de productores que crecieron escuchando sus
canciones y que apostaron por la dupla en los escenarios locales.
Banda de honor del Santiago PopFest (sábado 25 de abril) e invitados
de Letal en Valparaíso (domingo 26 de abril), Hidrogenesse conocerán la
cara del público chileno en esos dos conciertos. Nosotros, en tanto,
podremos disfrutar de su repertorio por primera vez en vivo y también
conoceremos a una dupla central dentro de la creación española. Dos
conciertos que serán una clase de historia popular: un repaso de pasado,
presente y futuro del pop en nuestro idioma.
Carlos Ballesteros: voz. Genís Segarra: máquinas. Juntos son Hidrogenesse, dúo barcelonés que por primera vez visitará Sudamérica durante abril y mayo para promocionar su último y quinto largaduración: “Roma”. Gracias a este disco, Hidrogensse ha logrado madurar una estética única, marcada por un discurso lúdico y sonido de electrónica pop, ya desarrollado en piezas imprescindibles como “Un dígito binario dudoso” (2012) –el aplaudido homenaje a Alan Turing años antes del biopic “El Código Enigma”-, “Bestiola” (2008), “Animalitos” (2007) y “Gimnàstica Passiva” (2002). Como dupla, además, son responsables de mantener en pie una de las leyendas discográficas de la música en español: el sello Austrohúngaro, editorial detrás de bandas como Chico y Chica, Espanto o los primeros Astrud.
Según Carlos y Genís, fue la invitación que recibieron de Chile –a participar de la primera versión del Santiago Pop Fest- la que desencadenó una serie de fechas en Perú, Argentina y Uruguay, la mayoría autogestionadas. “Hemos aprendido que si queremos ir a América no hay que esperar. Tampoco basta con aceptar propuestas más realistas. Tienes que buscarte tú las oportunidades, provocarlas. O sea que nuestra gira es en parte por una invitación, y en parte por iniciativa propia, para provocar nuevas invitaciones y propuestas. Ahora estamos ya planeando una segunda parte de esta gira latinoamericana para otoño e invierno”, anuncian a horas de cruzar el Atlántico.
Sobre los shows en Chile y los países vecinos, la pareja adelanta que serán conciertos muy eclécticos. “Siempre incluimos canciones de todos nuestros discos en el repertorio. De las más viejas a las más nuevas, aunque estarán más centradas en “Roma”, porque nos hacen más ilusión estas canciones ahora. Hemos estado ensayando alguna que últimamente no estamos tocando en España, pero no sabemos si acertaremos. Ya hemos visto en redes sociales que algunos quieren “Hidroboy”, y esa no. Esa canción no está metida en el secuenciador, y el secuenciador está ya metido en la maleta, y la maleta cerrada” aclaran a los fanáticos.
¿Cómo ha sido la trastienda de esta gira en términos de financiamiento y desarrollo? Organizar un viaje de este tipo nunca debe ser muy sencillo…
Nuestra política ahora mismo, desde hace unos años, es decir que sí a todo. Hay que confiar en los promotores, ya que ellos se encargarán de financiar los transportes. Luego ya se organiza todo lo demás: alguien tiene que acoger a nuestro gato y procurarle los cuidados que su avanzada edad requiere; hay que comprar nuevos instrumentos, más pequeños, que nos permitan viajar a tantos lugares siendo solamente dos personas arrastrando maletas; también hay que dejar todo listo en Barcelona para no encontrarnos con un caos al volver.
Durante el viaje les tocará compartir escenario con bandas como Diosque, Dani Umpi o Fakuta, que toca el mismo día que ustedes en Santiago. ¿Conocían los solistas con los que compartirán fechas o han sido descubrimientos para ustedes?
Conocemos a Diosque desde el disco anterior a “Constante”, curiosamente por su edición peruana, y a Dani Umpi y a Fakuta también les hemos oído, y a los 107 Faunos, que tocarán en Buenos Aires con nosotros, los conocimos en persona en Barcelona hace un par de años. O sea que sí, les conocíamos a todos los que mencionas. De Chile conocemos a Gepe, Javiera Mena o a Alex Anwandter. “Hambre”, “La Joya” o “¿Cómo puedes vivir contigo mismo?” son canciones chilenas que nos encantan. Ah, y Dënver también tienen público y canciones conocidas en España, al menos a un nivel underground. En general, nos parece que los artistas chilenos tienen muy poca vergüenza. Eso es algo que nos da envidia a nosotros, artistas europeos llenos de manías.
Vienen a presentar “Roma”, un disco que han explicado como la obra en la que estaban trabajando antes del disco en homenaje a Alan Turing. Han dicho que es un disco que estaba casi terminado y que luego retomaron para finalizarlo. ¿Se les pasó por la cabeza la posibilidad de no publicar “Roma”?
Somos muy poco prolíficos. No nos podemos permitir tirar a la basura cosas que ya tenemos medio hechas. Además, todo lo que hacemos es muy importante para nosotros. Cada canción. No se nos pasaría por la cabeza nunca algo así. Ahora estamos “a cero” y te aseguramos que es mucho mejor tener cosas ya empezadas, ¡tener pasado es tener futuro!
Han descrito que el disco homenaje a Alan Turing contó con una “exagerada acogida”. ¿Tanto les sorprendió la ola de buenos comentarios? ¿Cómo vivieron esa etapa en la que al parecer mucha gente descubría “el potencial” de ustedes como banda y creadores?
Pues sin problemas psicológicos, porque nos pilló ya creciditos. Ya sabemos lo relativo que es todo esto, que ahora eres guay, pero ahora ya no, y luego te redescubren, o dicen que “has vuelto”…
No sólo en “Roma”, sino que de todos sus discos y los discos que edita Austrohúngaro, se desprende un tono muy distintivo, particular, que se puede interpretar muy lúdico. ¿Son conscientes de ese “sello austrohúngaro” (que a esta altura ya es un estilo y casi una escuela)?
Cuando grabamos en 1997 las canciones del recopilatorio “Lujo y Miseria” ya había una intención de crear una familia, un algo común de varios grupos, varias personas. Hay quien piensa que el nexo común de lo austrohúngaro es un estilo, o un sonido, pero se equivocan. No nos importa lo más mínimo el estilo. Lo que tenemos en común es algo más de base, ideológico si quieres. Tomarse muy en serio lo lúdico, y todo lo demás muy a broma. No tomarle el pelo a la gente. No apuntarse a las modas, aunque te sienten bien o incluso aunque te gusten. Cosas así, básicas.
¿Qué tan importante es para ustedes el humor, el juego, o la ironía a la hora de continuar creando o haciendo canciones?
No entendemos lo que hacemos sin humor. Preferimos que haya humor en todo lo que nos gusta: cine, música, libros. Puede ser un humor muy fino o muy grueso, ser lo principal en la obra, o estar ahí de fondo. Da igual. Lo que no entendemos son las cosas 100% serias, de gente que se toma a sí mismo tan en serio, porque todos nos reímos en algún momento, siempre hay risa en algún lugar de nuestras vidas, y la gente que no deja que eso se vea en sus obras nos parece, como mínimo, sospechosa.
El tiempo, y en especial el futuro son temas centrales en “Roma” ¿Cómo se toman ustedes el paso del tiempo, el envejecer y al mismo ver que el mundo está cada vez más obsesionado con “lo último”?
Nos encanta el paso del tiempo, nos encanta que el tiempo pase, y el efecto que causa en las cosas. Es curioso que un objeto se torna más y más hermoso y valioso con el tiempo, siendo igual de feo e insignificante que el primer día, ¿verdad? La actualidad, la moda, a veces pueden divertirte, jajaja, pero la verdad, siempre hemos tenido una fuerte pasión por alejarnos de la actualidad, por estar fuera de la moda, por “salir del siglo”. Lo moderno es excitante e inspirador, pero la tendencia es algo que hay que evitar siempre. Madonna, Björk, Morrissey, Pet Shop Boys son artistas que por su edad pareciera que siempre tienen que justificar su derecho a publicar discos. ¿Cómo observan ese fenómeno?
Es cruel, pero suponemos que siempre lo ha sido. La música pop no estaba pensada para que la hiciera gente mayor. Parece un contrasentido. Pero la gente que hace música pop se hace mayor, como todo el mundo, así que no debería preocuparle a la gente. Es más triste que artistas como Madonna crean que, para hacer pop, tienen que ser o parecer eternamente jóvenes, ágiles y sexy. Nosotros no creemos que para hacer pop se necesite ser ni parecer ninguna de estas tres cosas.
En muchas entrevistas se refieren a trabajos por encargo que están preparando, producciones en las que están trabajando, nuevos instrumentos que van probando, o nuevos personajes que los tienen obsesionados. Se les nota muy inquietos. Por eso, además de las fechas en España y la gira por Sudamérica, ¿en qué proyecto están trabajando o en qué están investigando actualmente?
Ahora mismo estamos a cero, sin canciones nuevas comenzadas, ni un título para un nuevo disco. Solamente tenemos algunas ideas que se nos ocurrieron en México el año pasado. Quizás en esta gira sudamericana ampliemos y perfeccionemos esas ideas, y algún día tengamos unas cuantas canciones inspiradas por la América latina. Si no es así, si nada se nos ocurre, siempre podemos trabajar en unas canciones muy antiguas, el repertorio de nuestros primeros conciertos a finales de los 90, que nunca hemos grabado. Eran casi todo baladas.
En tiempos en los que la lista de publicaciones discográficas en el país no deja de crecer, y mientras una nueva generación de autores termina de instalarse como respuesta lógica al recambio del mercado, cuesta distinguir propuestas que avancen, desarrollen y mantengan cierta cordura estética. Uno de los pocos ejemplos a considerar sería el de Juan Pablo Abalo, crítico, músico y académico que desde su anterior trabajo –el imprescindible “Canciones de Misa” (2012)- viene coqueteando con el formato de canción popular uniendo personalidad, madurez y discurso. El reciente “Como un animal” así lo confirma.
Las nueve canciones del disco instalan a Abalo como un intérprete de pop solemne, aunque cada vez más liberado de la rigidez clásica de su formación. El cantante se escucha cómodo y bien producido al ritmo del sintetizador o del piano, sensual junto al pulso de la batería y protegido por violines o por las cuerdas de una guitarra eléctrica. Las atmósferas en las que se mueve, en tanto, son de una versatilidad convincente: a ratos simples y hasta pegadizas, en otros momentos tristes y opacas. Así, estas piezas bautizadas como “baladas de amor y misterio” convencen porque logran presentar a un autor que –al menos en esta etapa- se percibe claro y directo en su tarea por ahondar en las piedras angulares del pop: el amor y la muerte.
Sin embargo, en Abalo hay una evidente inclinación por ocupar la anécdota melodramática para hablar de otros asuntos, casi siempre ligados a la pérdida y las desesperanza. La canción que da nombre al disco, por ejemplo, es el canto de una voz oprimida que busca emerger; “Fracasos” y “Un lugar de paso” hablan de asilamientos y desilusiones, mientras “A cinco cuadras” o “Viuda negra”, con esos aires de crónica roja, refieren a personajes malditos y marginados. Entre esas reflexiones, el autor condensa en “Un lindo jardín” su evidente crítica a las falsas apariencias y el revés macabro de lo cotidiano: “Te casase por inercia, tuviste hijos por inercia, te enamoraste por inercia. Compraste casa por inercia, un auto también por inercia y un lindo jardín”, entona y sentencia al mismo tiempo.
Al aportar esas visiones al discurso amoroso local, “Como un animal” se distingue como una obra sólida y emotiva, capaz de cautivar sin recurrir a efectismos ni niñerías. Un disco inquietante que ayuda a remecer las somnolientas y edulcoradas aguas del pop local.
Publicado en El Ciudadano - Octubre 2014 (impreso)
La tendencia de los medios informativos a calificar como hedonista a una parte de la producción musical aparecida en el país en los últimos cinco años no termina de ser correcta. Si bien es cierto que entre la mayoría de los nuevos rostros del pop y el rock nacional abunda una retórica superficial asociada a la búsqueda del éxtasis, a la hora de comprender de mejor manera el ánimo de algunas propuestas habría que considerar también el carácter escapista que las define.
Un buen ejemplo de esta relación entre hedonismo y escapismo es el debut de Rey Choclo, “La dimensión desconocida del lenguaje”. Las once canciones que reúne este trabajo intentan mostrar la otra cara de las sensaciones a través de relatos alucinógenos y efectos sonoros que apuntan a la psicodelia. El resultado final, sin embargo, es un espejismo, ya que la promesa inicial del álbum poco a poco se diluye en cortes deslavados, y peor aún, inofensivos.
En poco más de cuarenta minutos, la banda recurre a los ritmos caribeños y africanos que volvieran popular a El Guincho, y que recuerdan (muy de lejos) al histórico Fela Kuti, para cantar sobre playas, romances y otros mensajes positivos. La mezcla se condensa en “Gracias sol”-la mejor pieza del álbum-, un himno de aire jamaicano dedicado a la risa, al baile, y a los micro paraísos inventados por veraneantes. Bajo ese ánimo se desarrollan historias pequeñas de estados alterados, en donde aparecen insectos, personajes y diversos paisajes naturales. No obstante, y aunque la banda trate de construir un caleidoscopio a partir de estas experiencias, el resultado es poco impresionante.
“Cayendo sobre mí”, “Orillando”, “Araña” o “Globos” son canciones atrapadas en una misma anécdota: el espiral de emociones que provoca el contacto con el cielo o la luna, las celebraciones o las alucinaciones fugaces. No se reconocen más matices en estos cortes, lo que termina por anclar a “La dimensión…” en la orilla más monótona de la diversión. Tampoco la paleta de sonidos logra superar las combinaciones vivaces de los primeros minutos del disco, entrampando el resto de la placa en una reiteración de atmósferas y efectos.
Así, lo que pudo ser una apuesta llena de lúcidas composiciones y reflexiones se pierde entre ritmos que a duras penas sostienen la jarana de Rey Choclo. Faltó desborde y locura, pero sobró frivolidad. En otras palabras, una muestra más de cómo la invitación al goce en el panorama local se termina traduciendo en evasión y nunca en revolución.
Mantener una ficción que
mezcle inocencia, ambigüedad, enamoramientos y melancolía es un desafío que
Dënver reprueba en su tercer trabajo “Fuera de campo” (Independiente, 2013). Porque si anteriormente
el dúo pop formado por Mariana Montenegro y Milton Mahan había demostrado con
gracia que podía juguetear con la perversión y el romanticismo, hoy la
pareja se escucha perdida entre una producción musical irregular y un
empobrecido anecdotario, baches que terminan por opacar casi la totalidad de un
disco que debía superar a su brillante antecesor, “Música, gramática, gimnasia”
(Cazador, 2010).
Y es que la falta de un
concepto que sostenga estas diez canciones es lo que más le pesa a la dupla,
pues durante los casi cincuenta minutos de la placa las motivaciones de
Montenegro y Mahan parecen apuntar en sentidos contrarios. Es Montenegro quien
sobresale con madurez como protagoniza de “Las Fuerzas”, “Medio mal”
y “Medio Loca (hasta el bikini me estorba)”, tres piezas impecables, adornadas
por pertinentes orquestaciones, percusiones y sutiles decorados electrónicos,
en donde se rondan temáticas amorosas desde una perspectiva simple y directa.
Son estos momentos en los que Dënver consigue cuajar un pop cautivador, a
la altura de una banda que intenta demostrar el crecimiento de sus
composiciones y de un estilo que trata de despegarse de la fachada edulcorada
de sus primeros años.
Lamentablemente, el grueso del
álbum es desaprovechado por Mahan en canciones recargadísimas de cuerdas
y vientos como “Tu peor rival”, “Revista de gimnasia”, “Torneo local”
-recuperada del repertorio primigenio del dúo en una versión desencajada y
desechable- o la arrebatada “El árbol magnético ataca por sorpresa”. No obstante,
el cantante consigue alcanzar ciertos grados de lucidez en “Concentración de
campos” junto a Cristóbal Briceño como invitado en un emotivo dueto que se
sobrepone a la precaria base electrónica que lo sustenta y al agregado de
electricidad que lo remata.
Al no encajar las piezas,
“Fuera de campo” no sólo se escucha como un pastiche de la caricatura de Dënver
–esa banda obsesionada con lo deportivo y erótico (“Revista de gimnasia”), que
no tiene pudor de sonar españolada
(“Profundidad de campo”) y que se puede acercar a lo siniestro si se lo propone
(“Mejor más allá)-, sino también como un disco sin grandes direcciones y sin
ideas. Y el agotamiento prematuro de éstas, en una banda tan joven, es un
síntoma muy poco auspicioso.
Esta crítica fue publicada en "El Ciudadano" impreso, agosto 2013.
Después de sorprender con su primer registro al
margen de Matorral, “El movimiento” (2009), Felipe Cadenasso vuelve a abrir una
atractiva senda en su carrera en solitario con “Un ejercicio” (2013), placa que lo confirma como una voz particular
dentro de la precaria y desarticulada generación de cantautores nacionales que
en los últimos cinco años ha intentado –con resultados menos afortunados en
algunos casos- madurar un sonido personal. Una sólida calidad interpretativa,
sus evidentes dotes como productor, además de una original poesía, hacen de él
un ejemplo extraño, pues con una propuesta casi lúgubre es capaz de proponer un
sutil modelo de acción y cambio en el entorno.
La nutrida carta de sonidos y las escenas que
narra “Un ejercicio” dan cuenta de estas intensiones. Al acompañamiento de
timbales se entrelaza un agudo violín, pero también de guitarras y cantos
solemnes se cuelgan sintetizadores, cuerdas, vientos y registros de ambiente
que unifican una atmósfera ensombrecida, que supera holgadamente la etiqueta
rock. Asimismo, la densidad de estas diez canciones se reparte bien en los
versos de Cadenasso, quien no se espanta ante las huellas del terreno nacional
–ahí están las referencias al Metro, a Antofagasta, a la Alameda, a la Mistral- para transitar
por la desilusión en la plegaria “La
Trampa”; jugar con el
espanto en “De improviso” o buscar nuevos lenguajes en “La Puerta”, canción en donde parece
pasmado ante la aceptada normalidad. “Ni una sola vez se les ocurrió dar un
salto en la oscuridad”, entona.
Este imaginario se concentra en dos momentos
claves del disco: “Aprendiz” y “Un ejercicio”. En la primera canción, un piano
revela a un sujeto que mira con distancia al maestro y que está dispuesto a
viajar “a donde nadie quiere ir”; mientras, en la segunda, un silbido guía la
búsqueda de esas nuevas prácticas
(siempre personales, microscópicas) que son capaces de modificar la
intimidad. Esta perspectiva se sostiene a lo largo del disco, en una reflexión
evidente sobre el peso de la racionalidad, el orden y los objetivos rutinarios
del mercado.
En consecuencia, y por lograr activar el
formato canción como un dispositivo de cuestionamiento, “Un ejercicio” es una
pieza necesaria en el panorama musical actual. Un remezón que le viene como
anillo al dedo a una generación sobre poblada de eternos adolescentes.
Esta crítica fue publicada en El Ciudadano (impreso, abril 2013).
En tiempos donde lo que se conoció –e
ingenuamente se sigue calificando- como “la nueva generación de músicos
nacionales” ya está absorbida por
festivales y mercados, Como Asesinar a Felipes parece una excepción a la regla
de esta estandarización. Son populares, editan con mayor regularidad que la
mayoría de sus contemporáneos y gozan reconocimiento dentro y fuera de Chile
por su particular entrega de oscuro hip hop; sin embargo, CAF ha logrado lo que
casi ninguno de sus compañeros se propuso: madurar una narrativa propia, en
donde abunda el rechazo y el
cuestionamiento. “Comenzará de nuevo”, la cuarta producción de la banda
en cinco años, es una buena muestra de aquello.
Recurriendo a sólo seis canciones, CAF
despliega en este disco poco más de treinta minutos marcados por la ira y la
provocación. Cada corte ronda el lema del grupo –“matar a la música linda”- y
también vuelven a aparecer los samples de películas, entrevistas o discursos
que enriquecen esa atmósfera de cine negro que ya es un clásico del quinteto.
No obstante, en esta oportunidad, la excelente mezcla de batería, bajo, piano y
electrónica se sumerge en una búsqueda por romper su propio sonido. Canciones
como “De doble filo”, “Siempre será lo mismo” o “El recurso popular más válido”
entregan nuevos aires a una banda que es conducida por un rapero –Koala Contreras-, pero que
sigue demostrando su inclinación por la experimentación y los márgenes del rock
al unir distorsiones con trompetas, bombo, platillos y arreglos digitales.
También el discurso de CAF presenta sutiles
cambios. Por ejemplo, gran parte del álbum está dedicado a un debate interior. Así, las rimas de Contreras esta vez no sólo salpican a las
instituciones, sino que también ensucian el reflejo de un sujeto que se
reconoce desbordado. Resulta interesante este doble tiroteo, pues propone una necesaria
reflexión sobre el despliegue del poder,
la lucha “del hombre contra el hombre” y el lugar que ocupamos frente a la
norma.
En consecuencia, “Comenzará de nuevo” es otra
estupenda muestra del trabajo de una de las pocas agrupaciones locales que se
olvida de la anécdota vacía sobre los
partidos políticos y el descontento. Aquí no aparecen escenas de marchas ni
reclamos, ni adultos jugando a ser jóvenes eternos, ni ladridos, ni gritos en
contra de los ricos empresarios gobernantes. Como Asesinar a Felipes sube un
poco la mirada para jugar con el lenguaje y el sonido y así inquietarnos sobre esa violencia dominante que
escapa a nuestra percepción más cotidiana y que, bajo ninguna circunstancia, es
tema de interés para los rostros musicales del último tiempo.
“Cantante, escritor, artista
visual y figura mediática en su país”, así comienza la biografía de Dani Umpi
en uno de sus tantos perfiles en internet. Multifacético, el uruguayo invitado a la última versión de la Feria del Libro de Santiago
(FILSA) también es conocido por su desvergonzada puesta en escena, en donde no
duda en combinar tacos altos y una
camiseta de basquetbol para adornar una fachada andrógina
y recargada. Críticas y abucheos ha recibido en latinoamérica por su inclasificable
imagen, pero también aplausos gracias a
sus discos de pop “Perfecto”
(2005) y “Mormazo” (2011) y sus novelas “Aún soltera” (2003) o “Miss Tacuarembó” (2004), cuya versión
cinematográfica protagonizada por Natalia Oreiro se estrenó hace dos años.
En su recorrido por la capital,
Dani Umpi ejerció su doble militancia: como escritor y cantante, el autor promocionó su última novela “Un poquito
tarada” –que espera editar prontamente en Chile- y su nuevo EP, “Piano - Vol.I”, en donde
repasa alguno de sus clásicos e incluso cuenta con la colaboración del cantante
nacional Gepe.
Este nuevo disco
recuerda un poco la idea de “Piano” de Daniel Melero, que es un gran referente.
Sí, gracias, aunque la comparación me queda un
poco grande, jeje. La idea del disco
surgió el verano pasado, que fui a tocar a la playa la Pedrera en Uruguay, pero
viajé sin mi colaborador de siempre, el guitarrista Adrián Soiza con quien ya
había publicado un disco de versiones en guitarra, llamado “Dramática” (2009).
En fin, pasó que para hacer los shows me acompañó el novio de una amiga que
toca el piano, Álvaro Sánchez. Nos presentamos, y en seguida nos hicieron un
montón de fechas. Le pusimos “Dani Umpi Piano” a ese tipo de presentaciones y
después hicimos el disco, que grabamos en una sola toma, haciendo una especie
de falso en vivo. Después lo pusimos en bandcamp y se bajó un montón de veces. Creo que el
piano es re diferente a la guitarra, y aunque con los dos instrumentos me
siento muy intérprete, en este caso es distinto porque todas las canciones son
mías, salvo un cover de Carla Morrison. En el disco también está Gepe en la
canción “Patas para arriba”. Justo él fue
a cantar a Montevideo en la época en yo estaba grabando el disco, así que lo
invité a grabar y quedó.
En tu disco “Mormazo”
colaboraste con Wendy Sulca, ¿imposible invitarla a este nuevo proyecto de versiones?
Es que la grabación de este disco fue muy
espontánea, no fue tan planeado. Pero claro, de haber podido lo hacíamos.
Es interesante la
defensa que haces de Wendy Sulca como artista. Por ejemplo en Chile, cuando la
invitan a tocar, siempre la invitan a fiestas kitsch, y me parece que detrás de
esa etiqueta lo que hay es una gran
discriminación. Al final se la mira como un chiste y no como una figura con
talento. ¿Qué opinas de eso?
El fenómeno de Wendy Sulca desde un principio
me cautivó mucho, porque es muy complejo. Creo que es un detonador de
prejuicios musicales y raciales de la
sociedad. Si se quiere, por ejemplo, La Tigresa del Oriente parte
desde un lugar más humorístico, pero Wendy Sulca es una artista que proviene de
una tradición folclórica, y que responde a una historia antiquísima que va
evolucionando. Por eso me parece que el
fenómeno en torno a ella habla de todos los prejuicios que tiene la gente y
cómo se maneja lo exótico y la ignorancia que se tiene hacia otras culturas, pues
las burlas a Wendy son básicamente tres: su tono de voz, lo racial cuando la
llaman “monito”, y la última que es cultural, cuando se ríen de canciones como “La Tetita”, que habla de
amamantar. Y me parece que no se ha reflexionado mucho sobre esto, y lo más
curioso es que quienes tienen las
capacidades para hacerlo, como los periodistas que están formados para desarrollar
otras lecturas, no lo hacen. Se opta por la burla, y en mi caso, un personaje
como Wendy Sulca me interesa mucho, porque yo siempre estoy adoptando el
personaje del bufón.
¿Hasta qué punto tuviste que enfrentar ese tipo de
discriminaciones, considerando que la opinión más inmediata no es aceptarte
como una propuesta artística válida, sino como el tipo raro?
Desde el primer día que subí a cantar supe que
quería ser una entidad o una construcción icónica que tuviera en cuenta ese
factor: ser un freak, un bufón. Eso me permitió tomar distancia, observar y
detectar las críticas, y me siento muy orgulloso de contar con esas críticas,
como cuando dicen que no canto bien o cuando dicen que es todo sobreactuado.
Eso es obvio, porque es un producto camp. Lo más interesante es que lo dice
gente preparada, gente que sabe. De hecho tengo un archivo de críticas de
discos, muchas de ellas de diarios o medios re progres que se cuestionan por
qué enfatizo tanto lo marica, que por qué tengo esa necesidad. Finalmente creo
que es una postura política presentarme así, porque es una propuesta muy
fronteriza, y no es que eso sea un riesgo, sino que esos son los objetivos: lograr
que no se sepa donde ubicarme, si está bueno o si está malo. Además, qué sé yo,
pensá que hace poco abrí el show de
Junior Boys y también canto con grupos de cumbia, entonces bueno, cuesta
ubicarme…
Respecto a tu forma de
trabajar llama la atención que a la hora
de publicar tus discos no existe una continuidad temporal clara. ¿Qué hay con
los tiempos? ¿Cómo manejas ese factor?
Soy muy caprichoso y también hago muchas cosas
a la vez, porque también escribo y tengo que vivir y alimentarme. Pero con la
música pasó que “Perfecto” se editó en 2005 en Uruguay y al año siguiente en
Argentina, pero dos años después en México, entonces me demoré en publicar algo
nuevo porque tuve que hacer promoción. Igual con eso no me fue muy bien,
jejeje, porque en México habían varios sellos interesados en editarlo, y yo al
ser tan pueblerino opté por el más grande, EMI.
Y bueno, no me daba cuenta que estaba en el medio de cientos de artistas.
No era prioridad y si quería moverlo tenía que hacerlo yo mismo y estando en
Uruguay todo es más difícil. Igual en esa época fui descubriendo cómo era el
mundo de la música, porque yo nunca tuve un plan o un sueño de ser cantante. Yo
vengo del mundillo del arte, nunca se me había ocurrido hacer música. Con el
tiempo empecé a hacer mis propias canciones, y yo no toco instrumentos. Sólo
las hacía como una señora, mientras limpiaba, con mi voz. Todo era melodía de
mi voz y todo fue muy rápido. Y hasta ahora siempre siento que estoy empezando
de cero. A la vez, el producto que hago era re raro y bueno, hasta ahora no sé
cómo manejarlo.
Eso es con la forma en que encaro el tiempo. Aunque
bueno, también tengo que trabajar. De hecho recién ahora, desde hace poco más
de un año, vivo de lo que hago. Antes hacía mil cosas; tenía un programa de
radio, escribía en revistas con seudónimo o sin seudónimo, trabajé en una casa de cambio, repartía volantes,
también pasaba música cada tanto, qué sé yo, hice un montón de trabajos. Y por
eso, al no tener dinero dependo de un sello, o en el caso de los libros, de una
editorial que me publique. Yo no puedo solo,
siempre tiene que haber alguien que esté convencido de lo que yo hago.
Nunca me autofinancié y por eso defiendo la industria y me jacto de eso un
poco, porque me costó mucho. No puedo ser tan independiente, porque eso es el
doble de trabajo.
Esa defensa de la
industria es medio difícil de escuchar entre los artistas actuales. Parece un
poco anticuada.
Sí, pero yo no puedo autogestionarme. Es decir,
claro que lo hago, pero tengo varias carencias, y la primera es económica,
porque no puedo hacer nada por mi cuenta; ni grabarme, ni publicar, no tengo
los medios para hacerlo. Y después tengo
otra traba, que es que no sé relacionarme mucho, siempre dependo de un manager
o de alguien. No soy tan experto en mis relaciones públicas y mucho menos en
conseguirme los shows. ¿Y armarme los discos? ¡No tengo ni idea! Por eso
dependo de una infraestructura que me pueda potenciar, porque a la vez también
quiero crecer.
Viniste a FILSA
justamente a hablar de la relación entre música y literatura. ¿Cuál es tu
opinión sobre el posible vínculo entre ambas expresiones?
La verdad es que durante estos últimos días lo
estuve pensando, porque nunca antes había reflexionado lo suficiente sobre esto. Siempre
para mí fueron cosas diferentes, pese a que una canción se puede pensar como un
relato. No le encontraba mucho el link, pero si me pongo a pensar hay algo en
la estructura de una novela que puede ser parecida a la de una canción en el
sentido del ritmo. También siempre estoy leyendo en voz alta, me fijo mucho en
el sonido de lo que escribo, y ahí hay algo musical, porque de acuerdo a cómo
suena lo voy modificando. Y ni que hablar de cuando hago una novela: lo que más
me fascina es el tono de los personajes. Pero ahora, estos días en Santiago,
pensé lo siguiente: a mí me gusta la numerología y ahora estoy muy interesado
en la cábala, en donde las letras están muy asociadas a los números y a los
sonidos. Y como me gusta la numerología me fijo mucho en los números y me guío
mucho por los principios herméticos, y en el caso de mis novelas, ocupo algunos
criterios numerológicos.
Por ejemplo, mi última novela, “Un poquito tarada”, tiene
33 capítulos, y el 33 es un número maestro igual que el 22 y el 11. Entonces en
mi cabeza, los capítulos 33, 22 y 11 son los fundamentales. Y de alguna manera,
pensar en números es pensar en ritmos, porque la música es matemáticas, y yo amo
a Pitágoras, siempre lo estoy leyendo, y Pitágoras fue el primero que asoció
los números con la música y la proporción de los movimientos de los planetas,
que a su vez, equivalían a notas musicales…Y así, a la hora de escribir pienso mucho en la
estructura, no es que me baje una musa inspiradora, sino que pienso de qué voy
a hablar de cada capítulo y esa estructura es como una música, y cuando hago
canciones, sigo una estructura que es pop y la estructura del pop es bastante
rígida. Justamente, esa rigidez me da mucha libertad y por eso mis canciones
son muy de historias y quizá es por eso me seduce tanto el formato pop.
También me gusta mucho lo simbólico y creo que
lo simbólico siempre atraviesa lo estético, entonces, por más que yo haga un
trabajo muy estético y muy a nivel de superficie, en realidad siempre estoy
mucho más preocupado por lo simbólico y por eso me interesan tanto las
tradiciones como la cábala. No sé, me gustan y trabajo mucho desde ahí. Por
ejemplo siempre ocupo mucho la figura de la androginia, y la despolarización,
aunque recién ahora estoy saliendo de ese closet y lo puedo decir más
abiertamente. Antes me daba pudor porque ya era demasiado para mi propuesta que
es muy exagerada, jeje, y además creo que uno puede hablar de estas cosas sólo cuando
sabe mucho y en mi caso ni siquiera soy un aprendiz.
Siguiendo con la
relación entre música y literatura, en 2009 hiciste un musical, “Nena no robarás”.
¿Cómo fue esa experiencia?
Me encantan los musicales y creo que hacer
musicales es en donde más cerca he estado de trabajar música y literatura al
mismo tiempo. Primero hice “Nena no robaras” en 2009, que fue una comedia muy
clásica, toda cantada y con todo los clichés. Después, este año hice “Marta, la
musical” que fue un proyecto re extraño, medio musical, medio performance,
medio reality, muy raro, pero fue el que
más me gustó porque quedó en algo muy inclasificable. Creo que es una de las
cosas más interesantes que hice y también
la más personal. Estuve trabajando como tres meses en ese proyecto y durante
ese tiempo cambié mucho mi proceso de creación. Además me cuesta mucho trabajar
con otras personas, y también logré pasar esa barrera con este musical.
En todos estos casos,
tanto en los libros como en tus discos,
el tema del amor está muy presente. ¿Por qué siempre hablas de esto y no de
otros motivos?
Más que el amor me interesa el discurso
amoroso, como Roland Barthes en su libro “Fragmentos de un discurso amoroso”,
que es lo más, es mi libro favorito. Pero personalmente, mis historias de amor
no son interesantes. De hecho ahora no
es algo que me mueva porque siempre voy a tener otros problemas que resolver,
jejeje. Sin embargo, cuando escribo me interesa el amor, porque lo veo como
discurso y estructura artificiosa, y a veces lo tengo demasiado idealizado,
pero a nivel artístico. En mi vida personal, no tanto. No sé, a veces mis
amigas se enojan porque les copio todo lo que ellas dicen, jejeje y después
hago libros o canciones, pero no son cosas que me pasen mucho. Qué sé yo, me
encantan los teleteatros y los cuentos de mis amigas con sus novios, entonces
claro, es el imaginario del que me nutro. Después con mi psicólogo no hablo
nunca del amor, jajaja, hablo de que no me da la plata u otros temas; siempre
estoy más obsesionado con el trabajo o en otras cosas.
¿No sería errado
catalogar eso como algo frívolo? ¿Qué hay con la posibilidad de ampliar las
temáticas en tu obra?
Me gustan los clichés, los estereotipos y la
frivolidad como un lenguaje. Es raro, pero de alguna manera transformo eso en un
fetiche que me permite reflexionar sobre otras cosas. Y en realidad no sé si lo
amplío mucho, pero siempre acumulo mucho los clichés del amor. Por ejemplo
cuando canto, el personaje que interpreto además de ser un bufón, también cumple
con la lógica romántica. Igual creo que todo esto es re político. Ser un bufón
es algo político, manejar la figura de la androginia también es re político.
Por ejemplo, estar siempre con elementos masculinos y femeninos es evidenciar
los dos polos y eso es una cuestión hermética. Me interesa ser ambiguo, porque
ser contradictorio con uno mismo o ser difuso con la propuesta es un lujo que poca gente se puede dar. Y yo
trabajo mucho para conseguir ese lujo. Siempre quiero estar en la frontera, y
me gusta que lo que hago para algunos sea muy raro, para otros algo muy visto o que incluso para
otros no sea lo suficientemente hipster y para otros sea lo más. Eso hace que
vibre la propuesta. ¿Hablar de otros temas? Qué sé yo, me parece bien que se
haga y puedo admirar a los artistas que lo hacen, pero creo que todos esos
temas –como la pobreza, la discriminación, u otros-, ya están en mí. No lo
hablo directamente, pero hice una canción con Wendy Sulca y Fito Páez. Eso es
re político. Y no te voy a decir yo lo que tenés que interpretar, pero hacer
una canción así habla de cómo se divide la sociedad y los distintos lugares que
hay. Creo que soy redundante en otras cosas y no con los discursos políticos.
No hago una canción a los pobres, porque yo ya soy pobre, jajaja.
Ocupas bastante
Facebook, Twitter, y antes también Fotolog. ¿Cómo influyen esos formatos en tu
creación, tanto literaria como musical?
Influyen mucho, porque a veces mi contacto con
el mundo pasa por ahí, pero a la vez siento que no los aprovecho lo suficiente
porque me quedo muy a nivel de usuario. No sé, en twitter no promociono tanto
mis shows, sino que lo ocupo como un chat con mis amigos. Y eso me fascina,
porque surgen formas de escribir o frases que me gustan mucho, y como paso
mucho tiempo ahí, las voy ocupando. En mi última novela justamente el personaje
principal es una chica que se inventa a sí misma en internet y va haciendo su
vida en base a las redes sociales. Y eso es un poco lo que hago yo, jejeje. No
sé, también les debo mucho, porque si no fuera por estas plataformas no se
distribuiría mi música.
Justamente en Facebook escribiste algo tras la muerte de Leonardo Favio, un clásico que logró vincular música, literatura, cine, todo al mismo tiempo.
Me enteré de la muerte de Leonardo Favio en Chile y me choqueó porque siempre me gustó, sobre todo su tono. A mí me encanta el melodrama y él era un maestro. Por ejemplo, la película “Nazareno Cruz y el lobo” siempre la amé, siempre me pareció lo más, lo más sublime de todo, creo que es una película muy perfecta, con todos sus discursos. Leonardo Favio respetaba los géneros populares, que a mí me encantan, y su tono era perfecto, sus imágenes también lo eran. Siempre hacía lo que se le daba la gana y yo quiero hacer lo que se me da la gana, entonces es más que un referente. Además, creo que las primeras canciones que recuerdo en mi vida, son las de él, entonces es muy fuerte su figura. Me marcó muchísimo, fue un grande. Enterarme ahora de su muerte fue…No sé…Recuerdo que siempre antes escribía en Twitter “Fuerza Leonardo!” y tal, pero ahora…Qué sé yo, otros como Sandro nunca me interesaron tanto.
"Mi opinión sobre Chile es re fantasiosa, y por
lo mismo poco puede ver con la realidad. Por ejemplo en el caso de la música
actual, y pese a no conocer mucho el panorama chileno, en mi cabeza pienso en
un montón de músicos discutiendo. Creo que están muy preocupados de esa idea
del paraíso del pop. La imagen que tengo es esa: músicos chilenos discutiendo
sobre el paraíso del pop. Igual no sé mucho, pero ahora me impresionó un afiche
-que no sé el nombre de la banda ni nada- que era un dibujo de una loba que tenía la cara de
Violeta Parra y que en las tetas estaba mamando Chinoy. Es muy fuerte. Y para
mí eso es Chile, todos pendientes de lo que hacen otros. En Uruguay también es
así, qué sé yo, pero aquí me parece que son más pasionales; cuando son emo son
súper emo o los pokemones eran más pokemones que en Japón. Dicen que los
chilenos son fríos, pero no me parece que sean así. En términos literarios no
tengo idea, voy a la feria (FILSA), me presentan gente y no tengo ni idea
quiénes son. También supe mucho del
movimiento político del año pasado, ubico al Presidente que es de derecha y
también a Camila Vallejo. Aunque tengo más información de ella que de él".
Uruguay
"Me ha pasado que en los últimos meses que he
viajado todos me hablan de los mismos puntos sobre Uruguay; un Presidente (José
Mujica) que vive en una chacra con un
perro y planta flores, la legalización de la marihuana -que en realidad es una
estatización de la marihuana- y la ley del aborto, que en la práctica no está
muy implementada. Son los tres temas que llaman la atención. Pero cuando vivís
en Uruguay, claro, es muy simpático y anecdótico el Presidente, pero el que
gobierna no es solamente él. Los discursos pueden ser muy buenos y simpáticos,
pero después está la realidad que la gente tiene que vivir y comer, y no es
todo tan bueno. Qué sé yo, lo de la marihuana por un momento puede ser una
solución muy buena o simple marketing, porque el plan de que el Estado produzca
los porros es tan disparatado que parece que lo hacen a propósito para que no se
haga, como para decir “lo intentamos,
pero no se pudo”. Es una idea muy difícil de conseguir, mucho más en un contexto
de política internacional. Hay que recordar que estamos en América Latina. ¿Qué
quiere decir esto, que el Estado va a plantar la marihuana, que te la va a dar?
Es un control siniestro y mucha gente que está luchando para la liberación de
la marihuana, entre los que me incluyo, no piensan muy parecido al Gobierno.
Sobre el aborto, bueno, la actitud de Mujica es mejor, pero el Presidente anterior
(Tabaré Vázquez) vetó la Ley,
y eso que era de izquierda. Eso fue una de las grandes desilusiones que tuve.
Al final, todo suena muy lindo, pero es muy complicado".
Un ambicioso esquema es el que trata de completar Alamedas en Romeo (2011), su cuarto disco oficial. A la realización de un rock cada vez más prolijo, el grupo liderado por Alejandro Gómez suma la intención de hacer de sus creaciones un punto de inflexión, un espacio de reflexiones contundentes capaces de proponer problemas o, al menos, algún tipo de cuestionamiento sobre estado de las cosas. Pero el resultado es disparejo si se consideran las historias que aparecen en estas nueve canciones.
Como abunda en la música popular, gran parte de Romeo está al servicio de experiencias individuales o anécdotas sin mayor sentido que pueden hablar al mismo tiempo del amor, de las relaciones, de la existencia o de un futuro esperanzador. “Ya sabes” o “Puesto” expresan ese estilo errante que divaga entre diversas ideas paralelas. “Monumentos” es otro ejemplo, y el más sorprendente de todos, pues en esta canción el trío nacional es capaz de ensamblar una crítica al colonialismo con la diversión y unos “mijita rica” como broche final. ¿Qué es eso? ¿Una simple muestra de absurdo? No es tanto eso, sino que más bien se trata de una evidencia clara del rock nacional bizco, capaz de visualizar con un ojo algunas intenciones más o menos profundas, mientras que con el otro se mantiene atento a los lugares comunes del formato.
Mejores resultados logran en “Sin que te lo pida” y “Sigue”, dos cortes románticos que además convencen con una estructura simple y efectiva, tanto como “Otro mundo” y “Alturas”, este último con el llamativo aporte de un saxo.
No obstante, Alamedas cae en otro vicio: utilizar su repertorio para deslizar un breve reproche a las audiencias. “Deja de lado sólo por un momento esas canciones que ponen en la radio y presta atención hacia nuestro lado. Maduramos tres años para hacerte un regalo”, dicen en “Solo entonces”, en una jugada inexplicable si se considera la relación actual entre autores y públicos. Esta recriminación, tan innecesaria como pretenciosa, aparece justamente en los minutos finales, cerrando una producción zigzagueante y que no esconde su naturaleza infantil.
Si bien es cierto que Alamedas logra firmar su trabajo más conciso, no es falso añadir que Romeo deja pendiente una muestra más concreta de su crecimiento, pues hasta ahora sólo se reconoce a una agrupación sólida, fiel al rock más popular, pero que no es capaz de sostener un discurso acorde al paso de sus años.
Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, abril 2012)
Jano Soto (Alejandro Kemp), figura que hace más de quince años hizo lo suyo en el rock nacional con canciones como “La luz del cuerpo” o “Ella siempre”, vuelve a ser noticia como Jano y Ay, bonita! (2011), un disco en donde no sólo hay un retorno, sino que también una regresión. Aquí el cantante adopta una estética de hace casi medio siglo atrás para escribir diez piezas híbridas, que suenan entre el rock y la balada surf, que no temen mezclar rockabilly con pasión cebolla, o dicho de forma más elemental, se mueven de igual a igual entre los Beach Boys más tradicionales y el Zalo Reyes más lacrimógeno.
Jano no oculta este tipo de influencias y en el despliegue de esta media hora las asume y las reinterpreta con humor. El resultado cautiva y cada corte logra su objetivo: sonar como los antiguos éxitos del corazón, esos relatos de amores adolescentes con estribillos memorables y melodías instantáneas. “Cerquita mío” –el estupendo promocional del álbum-, “Nadie como tú” o “Otra vez me equivoqué” son composiciones entretenidas, llenas de segundas voces que acompañan el tono de Soto y en las que se reiteran los más célebres tópicos radiales: el amor que enloquece, el sentimiento avasallador, el papel del amante borracho, el bobo suicida y medio machista, el loco desdichado, etc.
Pero al asumir un rol de impecable crooner (que no recurre a ningún exceso vocal, pues prefiere la serenidad y la calma, y que cuenta con el soporte de una contundente banda tras de sí), Jano no se limita a copiar a los clásicos. Así, en “Toma el tren” escribe una balada rock con impronta actual; de “Vive tu vida aquí conmigo” hace una fiesta latina o en “Desdichado” y “Sólo te pido que, al menos, me dejes tu corazón” entrega nuevos aires al romanticismo local. Con eso demuestra que este evidente homenaje a un pasado ingenuo y bonachón también es una oportunidad bien aprovechada para volver a las pistas con algo más que nostalgia.
El aporte de Ay, bonita!, en consecuencia, está en convencer con una idea que no pierde lógica a medida que se desarrolla y que opta por un sonido simple y un lenguaje coloquial para reinterpretar las raíces de la canción romántica. Sin duda, una grata sorpresa.
Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, abril 2012)
El Mapa fue un programa radial universitario entre 2006 y 2009. Actualmente, en este humilde blog se publican críticas de música popular chilena y algunas entrevistas. Contacto: elmaparadio (a) gmail.com Twitter: el_mapa