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viernes, abril 08, 2016

Hora de volver: el regreso de Suárez a Chile

Suárez.


El jueves 14 de abril la recordada agrupación argentina Suárez se presentará en Discoteque Blondie luego de casi dos décadas sin pisar tierras locales. Show de culto para fanáticos y una oportunidad para jugar a correr el tiempo hacia atrás y revivir un sonido que marcó los 90 en ambos lados de la cordillera. Aquí, la banda –los cinco amigos, los cinco músicos, los cinco protagonistas- nos cuentan cómo intentan recuperar el pasado sin alimentar nostalgias ni espejismos de un nuevo futuro juntos.

No hubo tiempo para conversar, saldar eventuales cuentas pendientes o sentarse a mirar antiguas fotos. Nada de eso. El reencuentro fue sin preámbulos; se juntaron en una sala de ensayo y se dedicaron a lo que más querían hacer: tocar, cantar y desempolvar el repertorio que habían dejado en pausa hace más de quince años. Así fue cómo Suárez, el combo bonaerense integrado por Rosario Bléfari (voz) Fabio Suárez (bajo), Marcelo Zanelli (guitarra), Gonzalo Córdoba (guitarra) y Diego Fosser (batería) se rearmó como si nada. La “excusa” fue el estreno de la primera parte del documental sobre la banda, “Entre dos luces” de Fernando Blanco, en noviembre pasado en Mar del Plata.

“Cuando presentaron la película me preguntaron si existía la posibilidad de reunir al grupo, a lo que dije que no, porque estábamos muy alejados”, cuenta Rosario Bléfari desde Argentina. “Además había poquísimo tiempo para hacerlo y no estaba en nuestros planes. Pero al comentarle la propuesta a los demás, todos querían o no les parecía imposible”, explica la cantante. Gonzalo Córdoba añade que pese a llevar tiempo sin verse, todos querían volver (al menos) a presentarse en vivo. “El documental trata sobre nuestra primera época, y eso despertó el recuerdo de cómo nos divertíamos. Y nos juntamos de manera impensada, sólo por el placer de lo imprevisto”, comenta el guitarrista.

El primer resultado del regreso de Suárez fue una energética presentación en Mar del Plata junto a los seguidores de siempre y nuevos fanáticos. Para nadie fue una sorpresa, entonces, que se programara un segundo concierto en Buenos Aires, en marzo de este año en el conocido Centro Cultural Konex.  “Ese show me sorprendió, fue mucho más de lo que esperaba”, comenta Diego Fosser. El baterista concuerda con el resto de sus compañeros en que este nuevo contacto con el público les permitió reconocer los cambios entre sus seguidores. Y no sólo por la diversidad de edad y generaciones. “El público se multiplicó y se “cancherizó”, como los fans de futbol. En los noventa esa experiencia la vivimos justamente en Santiago, fue algo muy lindo, con la gente cantando las canciones y todo eso. ¡Ahora espero que Santiago le gane al Konex!”, añade entre risas.

¿Por qué Suárez aún mantiene ese estado de alerta en sus fanáticos? ¿Simple efecto de memorabilia local o por la búsqueda de un sonido que no se ha vuelto a repetir en el contexto latinoamericano? Para los Suárez se trata de lo uno y delo otro. “Creo que está relacionado con esos estados emocionales atesorados, igual que nos pasa a nosotros; sensaciones, viajes intensos, dulces y ácidos que han quedado alojados en la memoria del que nos escuchó hace quince años o hace un año. Son canciones y timbres muy particulares también”, se explica Rosario Bléfari.

Su compañero en la guitarra, Marcelo Zanelli va un poco más allá: “Suárez tiene canciones sin tiempo y una forma de hacerlas sonar que es…no sé qué palabra usar…muy suárez. Hay algo de misterio ahí. Además, la banda forma parte de un inicio, que junto con otros grupos, puso algo en marcha. Había una saludable urgencia en todas nuestras acciones”.

Otro galope

Pese a que los cinco músicos insisten en que la reunión de  Suárez surgió casi de manera espontánea, todos comparten en mayor o menor medida una misma sensación: nunca lograron olvidarse de la banda que como amigos mantuvieron y con la que editaron discos tan memorables como “Horrible” (1995) o “Excursiones” (1999). “La verdad es que estaba justo empezando a no extrañar a Suárez”, ironiza Fabio Suárez desde la capital trasandina a la hora de pensar en los últimos conciertos. Lo mismo detalla Bléfari, quien resta importancia a la nostalgia: “¡No sabía que los extrañaba hasta que nos juntamos de nuevo! Trato de vivir el presente y estoy siempre con nuevos planes, pero ahora Suárez se transformó en parte del presente y me gusta mucho”. 

Más melancólico, el guitarrista Marcelo Zanelli agrega: “Redescubrir a Suárez y volver a escuchar los discos con otra perspectiva me gustó tanto que ahí sí digo… esas canciones, esa forma de armarlas y buscar el sonido. Me digo qué lindo volver a tocar estas canciones que me gustan. En fin, me parece que es una forma un poco elíptica de reconocer que sí, que extrañaba a Suárez”. En tanto, Diego Fosser  no oculta que siempre añoró volver a la formación original. “La banda es el proyecto más importante en el que participé, el que hizo realidad todo lo que había soñado cuando empecé a tocar la batería a los catorce años”, admite.  

¿Pero ese recuerdo es suficiente para que Suárez siga con vida de manera indefinida? Ni ellos lo saben. Cada uno de los integrantes ha seguido caminos muy diversos como psicólogos, abogados, actores, cantantes (Bléfari siguió publicando en solitario o con Sué Mon Mont), trabajando en radio o docencia,  como para retomar las riendas de una banda. Además, el contexto discográfico y de difusión –entre la maraña de internet, productoras, marketing, redes sociales- es otro para un grupo icónico en lo que se pudo denominar como el under y el rock alternativo o independiente de hace dos décadas en Argentina. Corren otros tiempos y ellos lo saben. “Me parece que el oído cambió y también la tecnología. La difusión es otra y ahora no dependes de unas radios o de un suplemento o si advierte tu presencia una compañía discográfica”, dice Zanelli.

Así, los aparentes cambios en la industria, reconocen los Suárez, podrían ser tan provechosos como improductivos. Rosario Bléfari advierte que este nuevo contexto permite una relación más directa entre músicos y público, pero es escéptica a la hora de seguir esa ruta. “Hoy las grandes marcas o productoras no se juegan por nada, invierten poco y a veces frenan el camino de una banda. No lo conozco desde adentro, pero he visto casos de quienes por entrar en una cosa así perdieron lo que habían conseguido siendo independientes. De todas maneras siempre son arduos caminos, y todos son diferentes; aquellos que pueden hacer un camino con la presión y el apoyo de una discográfica, y les resulta, muy bien, pero es bien difícil porque debes responder a una expectativa. Tal vez podés hacer algo, conseguir que te paguen algo, un video por ejemplo, y salirte. Nunca fue mi opción ni mi camino, pero no soy quien para decir qué le conviene a cada uno. Personalmente me gusta cuando hay un camino hecho por la relación con el público que va creciendo o se va afianzando o va cambiando. Eso es muy valioso”, sostiene la cantante.

Los veo aparecer

El show de Suárez en Chile el 14 abril  en la Blondie será el tercer concierto de la banda luego de esta reunión fugaz. No tienen idea si se vienen más fechas. O al menos eso prefieren adelantar. Vendrán y puede que desaparezcan como ya lo hicieron una vez. Sin embargo, el regreso a Chile parecía una cita obligada, después de años de compartir escenario y colaboraciones con bandas como Pánico o Congelador.

“En Chile siempre fuimos muy bien tratados por la gente, que era muy cariñosa y amable. Además hicimos nuestro primer documental allí”, recuerda Fabio Suárez sobre su vínculo con tierras nacionales.  “Cuando estuvimos en Santiago y Concepción siempre nos trataron muy bien, y me sorprendió en ese momento el nivel de información que manejaban sobre la música independiente de todo el mundo en una era pre-internet. Recuerdo haberme vuelto con varios cassettes grabados que nos pasaron con novedades del momento”, añade Gonzalo Córdoba.

Para Rosario Bléfari este nuevo recital en Chile será como una primera vez, ya que algunos integrantes de la banda nunca habían cruzado la cordillera junto a Suárez. “Todo  va a ser nuevo y será como una presentación, vamos a “conocer” al público nuevo y al de antes”, dice entusiasmada.


¿Qué podemos esperar para después? ¿Se viene nuevo disco de Suárez? Son preguntas que es imposible no lanzar. “Estoy abierto a lo que venga y a lo pueda llegar y la verdad es que no lo sé. Si lo supiera  no lo ocultaría; si surgiera esa posibilidad, diría que sí”, afirma Marcelo Zanelli.

Por su lado, Bléfari no cierra la puerta: “No sabemos si se viene nuevo disco. Juro que no. Pero así como no sabíamos que íbamos a volver a tocar alguna vez, ahora ya tampoco me animo a decir como antes: no creo. Porque los hechos me desmintieron”.

Publicado en Paniko.cl 

TESTIGOS

A la hora de escribir sobre el regreso de Suárez a Chile, pensé en la oportunidad de sumar más voces de testigos o seguidores que pudieran aportar una imagen de lo que fue/es la banda en Argentina, específicamente en Buenos Aires. Siempre tuve en mente a dos personas: el crítico Pablo Schanton y el cantante y compositor Ignacio Herbojo. Después, cuando terminé de rearmar las preguntas y respuestas a los cinco Suárez, me di cuenta que la breve historia de su show en Santiago no soportaba más actores que los propios músicos. Sin embargo, Schanton y Herbojo contestaron a mis preguntas de manera tan directa y relevante que no valía la pena guardar sus testimonios. Acá van.

Dice Pablo Schanton:


Por empezar, definamos: Suárez es al indie lo que los Redondos al rock independiente del ala La Renga en adelante. Sin mucha militancia explícita (recordemos que la estética "slacker" de los 90 no lo hubiera permitido), Suárez fue independiente a pesar de cómo evolucionó el mercado del rock "alternativo" de la época. Sin Suárez no existirían ni Rosal ni El mató a un policía motorizado, y sus actuales consecuencias. Es decir, es un grupo-bandera de una ética frente al mercado musical y una estética frente al conservador rock nacional hegemónico que ya quedó en la historia.

La Argentina es afecta a los homenajes, especialmente si son post mortem, al museo, al folclore. Por eso, no es casual que una documental haya sido el motor de la reunión de los Suárez, que han sido canonizados como leyenda indie nacional & pop forever. Su discreción a la hora de reunirse tras 15 años demuestra que a ellos tampoco les cabe mucho esto de la nostalgia y las leyendas vivas.

Conozco a Suárez desde el comienzo. Los vi en sótanos muy sótanos al borde del amanecer y hasta en terrazas muy altas de madrugada, y sigo a Rosario en todo lo que emprende. Yo estoy contento con los proyectos de ella, y con haber visto y vivido a Suárez mientras duró. No me gustan las reuniones ni el retro nostálgico en general. Pero no puedo negar que volver a escuchar "Falso ladrido" a pulso de Fosser y llevado por la guitarra de Gonzalo no dejó de emocionarme muy profundamente. Así de simple: hay cientos de bandas "indie" hoy, post-Suárez en todo sentido (hasta en la formación), pero ninguna canción pega con la carga poética (en sentido lírico y musical) como una de Suárez. Y dicho, lejos de lustrar la leyenda y el bal bla blá...

Ver en vivo a esa banda -cuatro hombres detrás de/junto a una mujer que canta, baila, toca instrumentos inverosímiles y actúa y tanto más- es una experiencia única por su carga rockera y dramática. Y como en Sudamérica siempre se necesitan las "versiones locales de", Suárez (el nombre remite un poco a Smiths, ¿no?) funcionó como un Sonic Youth con olor a ruta de provincia, a madrugada metropolitana. Justamente, las referencias líricas de una de las mejores letristas de este país, que es Rosario, connotan un tipo de vida urbana y de salida de la ciudad que tienen antecedentes en la lírica del primer Gieco o Los Pillos. Eso hace que no sea una banda homenaje a Sonic Youth, o Pavement, o Velvet Underground. Suárez es la banda que mejor entendió y asimiló a Velvet Underground en estos lares, lejos. Basta escuchar "Una tarde de cansancio".

Suárez es una banda argentina, no podría ser de otra manera.

Otro punto a tener en cuenta: Rosario Bléfari se convirtió en "role model" de muchas chicas que están en el rock, como público, artistas, o cantautoras. ¿Qué otra banda under con chica al frente (al frente eh) tuvo la misma trascendencia en esos años además de Suárez?

No sigan contando, vean a Erica García en la tele por estos días y la respuesta ya está dada. 



Dice Ignacio Herbojo:


Escucho Suárez desde que tengo 16 o 17 años. En esa época todavía estudiaba piano clásico, y al tener esa formación, los sentí como una ola de aire fresco y renovador que se salía de la norma, tanto lírica como compositiva. Su  imaginario cercano y cotidiano siempre me fascinó, y creo que influyó mucho a la hora de sentarme a escribir mis canciones. También me pasó que cuando los empecé a escuchar, la banda ya estaba disuelta, entonces los veía rodeados de cierta mística y mi único registro eran sus discos, las palabras de algún amigo que había tenido la suerte de verlos en vivo en los 90s y algún que otro video de Youtube.

El año pasado, Rosario Bléfari me escribió un mail, preguntándome si quería tocar el piano para ella en una fecha que se venía pronto y yo acepté sin dudarlo. En dos o tres semanas me tuve que aprender doce canciones que me iba pasando en cuentagotas por mail. Para los que me conocen, saben que mi memoria es pésima, entonces esto era todo un desafío para mí. De a poco, fuimos probando cuál funcionaba y cual necesitaba más instancias de ensayo. Finalmente, la lista se redujo a la mitad más o menos.

Nos juntamos día por medio con Rosario y Federico Orio para trabajar los temas entre los tres. Entre canción y canción charlábamos mucho de cualquier cosa, y todo era muy distendido y relajado, aunque por otro lado el tiempo nos apremiaba. Pero creo que todos confiábamos en que iba a salir perfecto.

Para mí tocar con Rosario fue una de las cosas más increíbles que me pasaron desde que empecé en esto, hace tan poquito. Ella fue primordial en mi formación como músico, y para mí es un orgullo y un honor que se haya fijado en mí existiendo tantos otros pianistas.

Cuando supe que Suárez se reunía pensé que no podía perdérmelo. Entonces, con un par de amigos organizamos una escapada a Mar del Plata sólo por el fin de semana del recital,  para ver el documental de Fernando blanco y para verlos a ellos en vivo. Lo más gracioso fue que nos encontramos con los Suárez en el bus rumbo a Mar del Plata, y viajamos juntos sin haberlo planificado.
Estaba muy ansioso por verlos en vivo, sobre todo después de ver el documental de Fernando Blanco. Al llegar, la carpa del show estaba repleta. Me ubiqué adelante de todos. Es difícil describir lo que sentí cuando entraron. Para mí Suárez nunca había existido, ¡y ahí estaban! El show fue muy movilizante para todos los asistentes. Parecía una banda que no se había separado jamás.  Todas esas canciones que había escuchado durante tanto tiempo en mi cuarto, en el trabajo, en la calle, en el colectivo, cobraban vida en ese momento.

Tiempo más tarde fue la fecha en el Konex. Otra vez: lleno de gente. Me costó más llegar adelante de todos. En este recital había más ansias que la otra vez, y la energía era increíble.

Con el sonar de las primeras canciones la gente empezó a saltar y a hacer pogo. Creo que no hacía pogo desde que tenía 15 años. Pero ahí apretado, siendo empujado, acalorado, me sentí feliz y me uní a la masa en movimiento y fuimos uno solo.

No había otro lugar en el que quisiera estar.

Rosario sonriente y hermosa como siempre. Los chicos, impecables.

Las emociones fueron muy fuertes y unánimes, creo. Por momentos estábamos todos casi por llorar, por otros con una sonrisa gigante.

Cuando salí del Konex me di cuenta que había tenido la suerte de presenciar algo muy importante para mi generación.


Los volvería a ver una y mil veces, y cada vez que saldría del recital sé que pensaría "fue uno de los mejores recitales de mi vida".

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domingo, abril 19, 2015

Hidrogenesse: “La música pop no está pensada para que la hiciera gente mayor”

Carlos Ballesteros / Genís Segarra: Hidrogenesse.

Carlos Ballesteros: voz. Genís Segarra: máquinas. Juntos son Hidrogenesse, dúo barcelonés que por primera vez visitará Sudamérica durante abril y mayo para promocionar su último y quinto largaduración: “Roma”. Gracias a este disco, Hidrogensse ha logrado madurar una estética única, marcada por un discurso lúdico y sonido de electrónica pop, ya desarrollado en piezas imprescindibles como “Un dígito binario dudoso” (2012) –el aplaudido homenaje a Alan Turing años antes del biopic “El Código Enigma”-, “Bestiola” (2008), “Animalitos” (2007) y “Gimnàstica Passiva” (2002). Como dupla, además, son responsables de mantener en pie una de las leyendas discográficas de la música en español: el sello Austrohúngaro, editorial detrás de bandas como Chico y Chica, Espanto o los primeros Astrud.

Según Carlos y Genís, fue la invitación que recibieron de Chile –a participar de la primera versión del Santiago Pop Fest- la que desencadenó una serie de fechas en Perú, Argentina y Uruguay, la mayoría autogestionadas. “Hemos aprendido que si queremos ir a América no hay que esperar. Tampoco basta con aceptar propuestas más realistas. Tienes que buscarte tú las oportunidades, provocarlas. O sea que nuestra gira es en parte por una invitación, y en parte por iniciativa propia, para provocar nuevas invitaciones y propuestas. Ahora estamos ya planeando una segunda parte de esta gira latinoamericana para otoño e invierno”, anuncian a horas de cruzar el Atlántico.

Sobre los shows en Chile y los países vecinos, la pareja adelanta que serán conciertos muy eclécticos. “Siempre incluimos canciones de todos nuestros discos en el repertorio. De las más viejas a las más nuevas, aunque estarán más centradas en “Roma”, porque nos hacen más ilusión estas canciones ahora. Hemos estado ensayando alguna que últimamente no estamos tocando en España, pero no sabemos si acertaremos. Ya hemos visto en redes sociales que algunos quieren “Hidroboy”, y esa no. Esa canción no está metida en el secuenciador, y el secuenciador está ya metido en la maleta, y la maleta cerrada” aclaran a los fanáticos.

¿Cómo ha sido la trastienda de esta gira en términos de financiamiento y desarrollo? Organizar un viaje de este tipo nunca debe ser muy sencillo…

Nuestra política ahora mismo, desde hace unos años, es decir que sí a todo. Hay que confiar en los promotores, ya que ellos se encargarán de financiar los transportes. Luego ya se organiza todo lo demás: alguien tiene que acoger a nuestro gato y procurarle los cuidados que su avanzada edad requiere; hay que comprar nuevos instrumentos, más pequeños, que nos permitan viajar a tantos lugares siendo solamente dos personas arrastrando maletas; también hay que dejar todo listo en Barcelona para no encontrarnos con un caos al volver.

Durante el viaje les tocará compartir escenario con bandas como Diosque, Dani Umpi o Fakuta, que toca el mismo día que ustedes en Santiago. ¿Conocían los solistas con los que compartirán fechas o han sido descubrimientos para ustedes?

Conocemos a Diosque desde el disco anterior a “Constante”, curiosamente por su edición peruana, y a Dani Umpi y a Fakuta también les hemos oído, y a los 107 Faunos, que tocarán en Buenos Aires con nosotros, los conocimos en persona en Barcelona hace un par de años. O sea que sí, les conocíamos a todos los que mencionas. De Chile conocemos a Gepe, Javiera Mena o a Alex Anwandter. “Hambre”, “La Joya” o “¿Cómo puedes vivir contigo mismo?” son canciones chilenas que nos encantan. Ah, y Dënver también tienen público y canciones conocidas en España, al menos a un nivel underground. En general, nos parece que los artistas chilenos tienen muy poca vergüenza. Eso es algo que nos da envidia a nosotros, artistas europeos llenos de manías.

Vienen a presentar “Roma”, un disco que han explicado como la obra en la que estaban trabajando antes del disco en homenaje a Alan Turing. Han dicho que es un disco que estaba casi terminado y que luego retomaron para finalizarlo. ¿Se les pasó por la cabeza la posibilidad de no publicar “Roma”?

Somos muy poco prolíficos. No nos podemos permitir tirar a la basura cosas que ya tenemos medio hechas. Además, todo lo que hacemos es muy importante para nosotros. Cada canción. No se nos pasaría por la cabeza nunca algo así. Ahora estamos “a cero” y te aseguramos que es mucho mejor tener cosas ya empezadas, ¡tener pasado es tener futuro!

Han descrito que el disco homenaje a Alan Turing contó con una “exagerada acogida”. ¿Tanto les sorprendió la ola de buenos comentarios? ¿Cómo vivieron esa etapa en la que al parecer mucha gente descubría “el potencial” de ustedes como banda y creadores?

Pues sin problemas psicológicos, porque nos pilló ya creciditos. Ya sabemos lo relativo que es todo esto, que ahora eres guay, pero ahora ya no, y luego te redescubren, o dicen que “has vuelto”…

No sólo en “Roma”, sino que de todos sus discos y los discos que edita Austrohúngaro, se desprende un tono muy distintivo, particular, que se puede interpretar muy lúdico. ¿Son conscientes de ese “sello austrohúngaro” (que a esta altura ya es un estilo y casi una escuela)?

Cuando grabamos en 1997 las canciones del recopilatorio “Lujo y Miseria” ya había una intención de crear una familia, un algo común de varios grupos, varias personas. Hay quien piensa que el nexo común de lo austrohúngaro es un estilo, o un sonido, pero se equivocan. No nos importa lo más mínimo el estilo. Lo que tenemos en común es algo más de base, ideológico si quieres. Tomarse muy en serio lo lúdico, y todo lo demás muy a broma. No tomarle el pelo a la gente. No apuntarse a las modas, aunque te sienten bien o incluso aunque te gusten. Cosas así, básicas.

¿Qué tan importante es para ustedes el humor, el juego, o la ironía a la hora de continuar creando o haciendo canciones?

No entendemos lo que hacemos sin humor. Preferimos que haya humor en todo lo que nos gusta: cine, música, libros. Puede ser un humor muy fino o muy grueso, ser lo principal en la obra, o estar ahí de fondo. Da igual. Lo que no entendemos son las cosas 100% serias, de gente que se toma a sí mismo tan en serio, porque todos nos reímos en algún momento, siempre hay risa en algún lugar de nuestras vidas, y la gente que no deja que eso se vea en sus obras nos parece, como mínimo, sospechosa.

El tiempo, y en especial el futuro son temas centrales en “Roma” ¿Cómo se toman ustedes el paso del tiempo, el envejecer y al mismo ver que el mundo está cada vez más obsesionado con “lo último”?
Nos encanta el paso del tiempo, nos encanta que el tiempo pase, y el efecto que causa en las cosas. Es curioso que un objeto se torna más y más hermoso y valioso con el tiempo, siendo igual de feo e insignificante que el primer día, ¿verdad? La actualidad, la moda, a veces pueden divertirte, jajaja, pero la verdad, siempre hemos tenido una fuerte pasión por alejarnos de la actualidad, por estar fuera de la moda, por “salir del siglo”. Lo moderno es excitante e inspirador, pero la tendencia es algo que hay que evitar siempre.

Madonna, Björk, Morrissey, Pet Shop Boys son artistas que por su edad pareciera que siempre tienen que justificar su derecho a publicar discos. ¿Cómo observan ese fenómeno?


Es cruel, pero suponemos que siempre lo ha sido. La música pop no estaba pensada para que la hiciera gente mayor. Parece un contrasentido. Pero la gente que hace música pop se hace mayor, como todo el mundo, así que no debería preocuparle a la gente. Es más triste que artistas como Madonna crean que, para hacer pop, tienen que ser o parecer eternamente jóvenes, ágiles y sexy. Nosotros no creemos que para hacer pop se necesite ser ni parecer ninguna de estas tres cosas.

En muchas entrevistas se refieren a trabajos por encargo que están preparando, producciones en las que están trabajando, nuevos instrumentos que van probando, o nuevos personajes que los tienen obsesionados. Se les nota muy inquietos. Por eso, además de las fechas en España y la gira por Sudamérica, ¿en qué proyecto están trabajando o en qué están investigando actualmente?
Ahora mismo estamos a cero, sin canciones nuevas comenzadas, ni un título para un nuevo disco. Solamente tenemos algunas ideas que se nos ocurrieron en México el año pasado. Quizás en esta gira sudamericana ampliemos y perfeccionemos esas ideas, y algún día tengamos unas cuantas canciones inspiradas por la América latina. Si no es así, si nada se nos ocurre, siempre podemos trabajar en unas canciones muy antiguas, el repertorio de nuestros primeros conciertos a finales de los 90, que nunca hemos grabado. Eran casi todo baladas.

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miércoles, marzo 06, 2013

Entrevista a Gustavo Álvarez Núñez, biógrafo de Daniel Melero



“A Melero lo buscamos porque sabemos que nada será igual después”


Preguntar a quien hizo las preguntas. Así se podría resumir cualquier intento por acercarnos al autor de una biografía. Seguir las huellas que otro ya recorrió. Así se podría resumir también esta entrevista a Gustavo Álvarez Núñez, periodista detrás de “Ahora, antes y después” (Derivas, 2012), libro que recoge la historia del músico trasandino  Daniel Melero (1958) desde su infancia, adolescencia y diferentes etapas de su carrera como compositor, productor y solista hasta el año 2001. Una biografía que ocupa la primera persona para que sea Melero quien reflexiones respecto al porno, la ciencia, se detenga en la trastienda de su obra y se divida en comentarios sobre clásicos como Charly García o Luis Alberto Spinetta.

Es también una biografía en donde Melero se reconoce a sí mismo como un creador atípico.  “Mucho más que un músico en el sentido clásico, soy un oyente que llegó a manejar instrumentos musicales. El tiempo que otros pasaron estudiando música, yo lo pasé oyendo discos. Más que formación diría que tengo información”, declara el autor de “Trátame suavemente” en el retrato firmado por Álvarez Núñez.

Ex director editorial  de  Los Inrockuptibles, integrante de la desaparecida banda Spleen, poeta y autor del volumen de relatos “Vidas epifánicas” (Mansalva), Álvarez Núñez es seguidor de Melero desde la época en que el trasandino acaparaba las miradas como líder de Los Encargados, y gracias a una relación que se remonta a más de  dos décadas es un conocedor de la historia oficial de Melero, pero también de la cara menos popular de una figura mil veces mitificada.
 
“Una de las primeras entrevistas que hice en Los Inrockuptibles fue a Daniel. La realizamos con otro colaborador de la revista, Hernán Ferreirós. Los tres la pasamos muy bien charlando de discos, mujeres, ciencia, pornografía, televisión y un largo etc. Así se fue dando un vínculo. Hernán le iba a armar el sitio web a Melero -que nunca se terminó de plasmar- y ahí es donde yo encontré el vórtice para el libro, porque Daniel quería que le escriba el texto biográfico del sitio”, recuerda Álvarez Núñez sobre el origen de “Ahora, antes y después”.

“Melero es el entrevistado que todo periodista novato desea. Te puede construir un gran reportaje sin que vos emitas muchas palabras. Fue muy sencillo trabajar con Daniel”, admite sobre una biografía que no llegó a las tiendas hasta el año pasado. “El libro se editó después de casi diez años en que fue concebido. Pasó por miles de avatares, como la misma realidad argentina”, resume sobre el retraso en la publicación del texto.

¿Qué tan complejo fue decidir que las conversaciones  con Daniel Melero se podían transformar en una biografía?

No tengo en claro si es una biografía o una autobiografía, como sugirió Rafael Cippolini en la presentación del libro. Sabemos que habla la voz de un Daniel Melero que rememora y a veces sentencia. En todo caso, no tuve la intención de escribir una biografía, sino trazar las puntas del iceberg que es el pensamiento de Melero. Bucear lo más que se podía en el modo en cómo piensa, ese fue mi objetivo. En cuanto al género como lector, soy poco asiduo. En verdad me gusta más la ficción biográfica, la posibilidad que tiene un escritor de usar su vida como experiencia biográfica. Por eso escribí Vidas epifánicas, un libro de relatos a partir de epifanías de músicos (desde Brian Eno y Keith Richards a Miles Davis, y Lee “Scratch” Perry), escritores (Paulo Leminski, José Hernández, Lucio V. Mansilla, Clarice Lispector) o actores, para sondear en esos momentos cruciales donde alguien elige su lugar en la vida.

La realización de un texto biográfico implica crear una mitología de la identidad. Con esta biografía, hasta qué punto te interesaba –o te interesa- mantener mitos,  destruir o crear nuevos mitos asociados a la figura de Melero.

Daniel dice que yo mostré la bestia que hay en él. Que el Melero conocido estaba inequívocamente asociado a una persona con un discurso ilustrado. Y que “Ahora, Antes y Después” vino a subvertir esa imagen. Mi intención era mostrar un Melero más cotidiano, o por lo menos, el que yo conocía detrás de bambalinas.

En ese sentido, cómo observas el efecto que puede tener un texto de esta naturaleza en el público, si pensamos que veces es mejor nunca conocer tanto a los ídolos.

Algo que siempre es paradójico en cuanto a la recepción de la obra y a la influencia de Melero, es que mucha gente es más permeable a su discurso que a su producción musical. Y si toda biografía muestra lugares escatológicos o peligrosamente custodiados del sujeto en cuestión, en “Ahora, Antes y Después” casi todo está puesto en la superficie. Paul Valery decía que “lo más profundo del hombre es la piel”… No busqué ni me esmeré en husmear los típicos aspectos biográficos, sino que me zambullí en todo lo relativo a la formación, desarrollo y concreción de una estructura de pensamiento muy particular y valiosa.

En el texto aparece el pensamiento de Melero fragmentado y mezclado con sus propios recuerdos biográficos. Hasta se podría mirar como una autobiografía teórica, pero se trata de un recurso que tú elegiste, al restarte como entrevistador.  ¿Por qué decidiste apostar por desaparecer como el biógrafo de Melero?

Tenía en la cabeza textos como El libro del desasosiego del poeta Fernando Pessoa o Minima moralia del filósofo Theodor Adorno. Me gustaba la idea de que el lector entre por cualquier lugar y encuentre algo que lo colme. Que no haya raíz, ni un abajo ni un arriba. Esto acompañaba mi visión del lugar de Melero en el rock argentino: parece venir de ningún lugar. O es un extraterrestre, como creyeron sus amiguitos del club cuando tenía 12 años*.

Melero + Álvarez Núñez


Es muy interesante la aclaración que haces al inicio el texto, cuando explicas que la época que retrata el libro es pre “Vaquero”(Melero, 2001), pre “Jessico” (Babasonicos, 2001) pre  tragedia Cromañón, es decir, antes de la última crisis argentina, pero también antes de myspace y el auge de Internet como lo conocemos. ¿Crees que estos sucesos políticos y culturales han definido un nuevo pensamiento en Melero? Hablo de uno distinto; de haber cambiado, ¿existiría una suerte de “segundo Melero” que quedaría por conocer?

En varias oportunidades él ha insistido con que hace falta una versión 2.0 de esta biografía. Conociéndolo, más que cambiar, ha ahondado en sus percepciones e intuiciones. Melero es siempre de la observación de lo mínimo; rescata cómo procede lo máximo. Ese movimiento es capital en su abordaje de la realidad. Lo importante es su matriz que le proporciona una sutileza única a la hora de inmiscuirse en problemáticas nuevas. En zonas donde otros se encuentran con un lodazal, él sólo se topa con diamantes en bruto. No creo que Melero haya cambiado en lo estructural desde que tuvimos aquellas conversaciones a fines de los años 90, sino que ha profundizado en conocimientos que siempre le han atraído. Antes podía ser la bioética, hoy el mundo de los insectos. Y me parece interesante que en esas búsquedas, hay detrás una transpolación interesante al mundo del rock. A cómo nos movemos, cómo generamos o no cambios…

En el prólogo del libro, Diego Tuñón –tecladista de Babasónicos- refuerza la imagen del Melero líder y acogedor cuando dice: “En la actualidad sabe exactamente los discos que salen, qué bandas escuchar (…) por eso los grupos nuevos todo el tiempo recurren a él”. Sin embargo, es Melero el que admite en el texto que es él quien busca a los nuevos  para interactuar con ideas frescas. ¿Cómo observas tú estas figuras, la del Melero tótem y la del Melero siempre deseoso de aprender del presente?

A Melero lo buscamos porque sabemos que nada será igual después. El tipo tiene la lámpara de Aladino. Pero no esperamos que broten nuevos objetos, sino vérnoslas con nuestros propios miedos a cambiar; o cómo hacer de nuestras inseguridades un campo fértil para potenciar lo desconocido. La mejor lección de Melero es como la del maestro zen: el cambio sólo se da yendo hacia el cambio.

En el inicio del libro tú declaras sobre Melero: “su música, su presencia y su discurso potenciaron más debates y escándalos que muchos de sus colegas, proponiéndoselo, no lograron ni por asomo”. Con eso te refieres a la dimensión política de su obra. ¿Podrías precisar más en qué sentido Melero encara el poder? ¿Según tú, en dónde aparecen esos debates y esas manifestaciones?

Pienso en el Melero del (Festival) BARock 82, poniendo en conflicto la idea de qué era ser rockero en ese comienzo de década: si aceptar el paso del tiempo y las transformaciones que se habían llevado a cabo -por eso su grupo, Los Encargados, tocaba con máquinas-, o seguir insistiendo con la fotocopia anacrónica del rockero hippón. Después, acompañando a grupos que apostaban por sonidos menos establecidos, transformándose en “vocero” de las nuevas tendencias, desde su incursión en la producción en los años 80 y luego en los 90 a su cuidada trayectoria solista. Y llevando a Soda Stereo -en su estadía como cuarto integrante- a redefinir su paleta sonora, rescatando influencias de los años 70 del rock argentino con “Canción animal” (1990), o inmiscuyéndose en texturas y capas de sonido novedosas como fue “Dynamo” (1992); corriendo así el límite de lo que se espera de Soda.

Además, desaprovechar oportunidades comerciales ha sido una constante en su trayectoria. No hay nada más político que desoír a las sirenas del vil metal. Discos como “Operación escuchar” (1995), claramente entroncan con una mirada crítica sobre el mercado, sobre cómo operar en el mercado. Su lucha con el poder está más vinculada a la microfísica del poder foucaultiano: inmiscuirse en luchas pequeñas y puntuales, para leer desde allí algo mayor. En pleno auge de la música electrónica, lanza un disco como “Piano” (1999), donde caben nada más su voz y el acompañamiento de Diego Vainer en el piano. Esa indagación en el conflicto es propio de su lugar político en un universo como el rock, más atento a los eslóganes y los discursos básicos.

El capítulo del libro “Las piezas del museo” es muy interesante, porque es Melero refiriéndose a los grandes nombres del rock argentino, criticando a unos y declarándose seguidor de otros. ¿En donde ubicas a Melero dentro de este panorama? ¿Si no es parte del museo, en dónde está Melero?

Melero sería la galería de arte chiquita, donde descubrís los artistas del mañana. Nunca será un museo de cera ni pretenderá ser una retrospectiva masiva, sino el incunable que espera su lector.

Hacia las últimas páginas del libro aparece un Melero muy interesado en la ciencia y algo decepcionado del arte. “El arte, como mecanismo de cambio, está agotado”, sostiene. ¿En qué medida esa sentencia se puede vincular a su propia obra? ¿Crees que aún se sostiene Melero como creador o su fuerza provocadora y revolucionaria de fines de la década pasada ya desapareció?

Lo que me interesa del último Melero es su desparpajo por incluirse y transmutarse en otros: el trabajo que lleva a cabo con su grupo de los últimos tiempos, en el vínculo que tiene con Yuliano Acri, Félix Cristiani y Tomás Barry, por ejemplo,  es la de un hombre que desea seguir investigando y poniendo en conflicto sus certezas. Además, ha logrado convertirse en un clásico sin necesidad de ser un mármol viviente. Digo, puede vivir y hacer del error un paso más en el insondable camino hacia la belleza.


Esta entrevista fue publicada en LuchaLibro

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jueves, enero 05, 2012

Mowat: Pop y protestas entre San Bernardo y Berlín


Estudió música en Alemania, pero nació y vivió en Santiago. Desde el año 2005 que viene colaborando con músicos como Javier Barría, Felipe Cadenasso, Leo Quinteros o Chinoy. De hecho, trabajó como productor en “Los accidentes del futuro” de Quinteros y se encargó de los arreglos del comentado debut del sanantonino. Sin embargo, Mowat (alias de Fernando Mujica) ha mantenido una carrera como solista que se puede rastrear en su debut “EP#1” (2008), un disco breve y sencillo que precedió a “Anglia” (2011), su reciente producción.

Promocionado con el single ‘Librando a la mañana’ –canción que cuenta con video grabado entre las protestas ambientalistas contra HidroAysén y las marchas estudiantiles-, el nuevo disco de Mowat es un trabajo de pop oscuro, marcado por arreglos de cuerdas y en donde se fusionan programaciones, trompeta, piano, flauta, y otros instrumentos grabados en su mayoría por el chileno.

- Tocaste y grabaste la mayoría de los instrumentos que aparecen en el disco. ¿Cómo es trabajar en un disco estando a cargo de casi todo?

- Para mí es natural, porque empecé como músico siendo productor, con Leo Quinteros. La escuela de él es a lo John Lennon: grabar todo tú, hasta lo que podai. Es complicado ciertas veces, porque no sabes cómo seguir y no tienes una segunda opinión. A veces lo que grabas te gusta y en otros momentos no te convence nada. Es difícil, pero estoy acostumbrado.

- A diferencia de tu primer disco, acá se notan muchos instrumentos. ¿Por qué decidiste pasar de lo sencillo a lo orquestado?

- Tuvo que ver con algo natural. Creo que se dio porque cierta escena, o grupo de gente más cercana, como Chinoy, Manuel García o Gepe en un principio, estaban bien interesados en ir a lo mínimo y eso cansa. En mi caso soy muy musical, muy de instrumentos, de expresar ideas a través de la música y no sólo con las letras.

- En cierto sentido, “Anglia” es muy oscuro. ¿Qué cosas estaban pasando en tu cabeza o qué querías transmitir con un disco tan denso?

- En mi caso, el año en que hice el disco, el 2010, fue un período bien complicado, personalmente pasaron hartas cosas en mi familia. No sé si el disco es oscuro, quizás es mucho decir, pero tenía bastante sentimientos de angustia, que a la par tenían que ver con cosas más externas, como pensar la relación con el Gobierno, que es muy cliché, pero que es algo que está en el aire…Traté de expresar todo eso en canciones sutiles, de forma más indirecta, sin recurrir a mostrar todo tan abiertamente.

- Pese a que ahora estás viviendo en Alemania, el disco lo terminaste en Chile. ¿Qué cosas hay de tu regreso a Chile en el disco?

- El disco es súper chileno. Hablo completamente de cómo me siento yo en tanto chileno y cómo fue volver a Chile, que volví a San Bernardo a la casa donde me crié. Eso fue un flash en muchos sentidos, entonces de ahí salieron un montón de cosas. También Piñera había sido elegido como Presidente… Creo que por eso es un disco muy chileno. Es folclor de hoy, del día a día, que es lo que va a ser folclor en cincuenta años más. Un folclor que no es una mezcla de instrumentos como la de Gepe, que la respeto mucho, sino otra, que es más el espíritu chileno, de lo que somos actualmente.

- ¿Qué cosas te chocaron de Chile al volver de Berlín?

- Lo primero: allá no te sientes amenazado, ¿cachai? Andai en la calle y no pensai que te van a asaltar. En San Bernando uno vive pensando que lo van a colgar y uno se acostumbra a eso. Después llegai a Alemania y te acostumbras a otra cosa, que la gente vive más relajada. Esa es la forma de vida que todos deberíamos tener. Y cuando vuelves a Chile te da pena, porque es tu gente y te das cuenta que las cosas están mal. A mí me dio rabia, pero también un poco de miedo. Y a eso súmale que era el primer año de Piñera como Presidente…Todo es chocante. Mira por ejemplo la relación que tiene la derecha con la dictadura, mira a Labbé o mira en YouTube cómo Piñera apoya a Pinochet. Todo da susto, pero también dan ganas de trabajar para que la cosa mejore.


“Librando a la mañana” es el primer promocional de “Anglia”. ¿Por qué elegiste esa canción para adelantar el disco?

- De las canciones que salieron al principio, “Librando la mañana” era de la que más me gustaba, pero también fue una cosa como de focus group, muchos amigos me la mencionaban como la que podía ser la más asequible, la que mostraba muchas cosas del disco en una sola canción.

- ¿De dónde viene el juego de palabras entre celda y propiedad que se escucha en la mitad de la canción?

- Esa letra salió como un pequeño poema que lo anexé a la canción. Tiene que ver con lo político que te nombraba antes, que es bien general, pero que se puede aplicar mucho. Quería que se entendiera de forma más poética y no cantado, y no quería salir recitándolo yo. Después salió la idea de computarizarlo, pero es un poema que nació de toda la crisis personal y que al mismo tiempo me hizo sentido con lo que estaba pasando en Chile. Ahora, con el tiempo, me hace sentido en todas partes.

- ¿Y el video? Tú no estás en el video, pero estás a través de los textos que aparecen. ¿Cuál es tu opinión sobre el formato visual que tomó la canción?

- No salgo en el video porque no quería aparecer, como tampoco quería aparecer en el arte del disco. Eso de aparecer es algo extramusical que no me interesa, así que cuando hablamos con Eduardo (Pavéz Goye, director del video), que es un seco, un dramaturgo groso muy amigo, siempre quisimos hacer algo con las protestas de HidroAysén, porque estábamos súper enojados con eso. Justo yo me tuve que venir a Alemania en 2011, y ahí le dije que usara la canción por la causa. Después surgió la idea de grabar a personas que estuvieran en la calle y justo cuando se empezó a rodar el video comenzaron las movilizaciones grandes de los estudiantes. A nosotros nos sorprendió mucho y salió así y me encanta.

- Entiendo la intención, entiendo que no fue buscado, pero coincidió con que otros artistas comenzaron a sacar canciones o videos con las marchas o los estudiantes. El último más popular fue ‘Shock’ de Ana Tijoux. ¿Qué te parece que justo ahora, un sector de la música chilena se comenzara a vincular con lo que estaba pasando en las calles?

- Es raro, sin duda, porque hay un par de personas del hip-hop, por ejemplo, que siempre han hecho cosas más sociales como la Ana Tijoux, pero no deja de parecerme raro que las personas que yo esperaba que estuvieran más arriba de la pelota con este tema no estaban. Muchos de ellos son amigos, cantautores importantes que eran bien banderas de protesta, pero que no estaban. Entonces uno nota cierto…no sé, no sé si llamarlo oportunismo, pero ojalá la misma actitud siga no sólo con videos, sino en tocar con la gente, comprometerse como lo han hecho muchos de ir a tocar a las tomas. Porque esta cuestión no se va a acabar nunca, no basta sólo con arreglar la educación.

- Considerando que estuviste todo el 2011 en Berlín, ¿cuál es tu opinión sobre lo que esta pasando acá en Chile, con el imaginado “paraíso del pop”?
- Es difícil opinar de eso. No sé…me parece que está súper inflado. Personalmente, por ejemplo, me encantó Odisea de Alex Anwandter, que lo escuché y pensé que se había demorado siete años en hacerlo…Pero no sé, lo que hace Javiera Mena no es música que me gusta escuchar. Siempre es choro hablar de alguien que es una revelación, pero cuando leo críticas de Club Fonograma, me pregunto dónde está ese valor de “lo impecable”, me gustaría saber en qué cara se basan. Musicalmente yo no lo veo, no hay riesgo

- ¿Hay una gran falta de riesgo en las cosas que se hacen ahora en Chile?


- Sí y eso que estamos hablando de un sector indie del pop, no de lo que se vende en la televisión. Quizás ellos quieren lograr otras cosas, y las logran, como salir, tocar afuera, y hacen prensa y tienen seguidores, y todo bacán, pero para mí son aburridos. Tampoco se trata de pensar que la música tiene que ser complicada, en otras métricas o algo así, pero sí me parece que la música tiene que cuestionarse.

- También estuviste en la otra cara, en el laboratorio, trabajando como productor. Por eso no puedo dejar de preguntarte: ¿Para ti Chile es el paraíso del pop?

- No, estás loco –sonrie. No, ni loco, eso fue un peo que se tiró un español para hacer la nota más hype. Lo que pasa es que acá en Europa andan buscando lo que no está establecido y miran a Sudamérica porque hablan el mismo idioma y como ya no se puede hablar de Buenos Aires porque se sabe hace mucho tiempo que es cool, quedaba Chile. De ahí sale esa idea del paraíso, porque salen un par de discos que suenan súper europeos, súper al nivel, pero nada más… Para hablar de un paraíso del pop tienen que venir diez años más de discos así. Todo tiene que crecer, no se puede hablar de algo así con dos discos llamativos. A mí me parece que hay un paraíso de otra cosa en Chile, que aunque suene cliché, tiene que ver con Chinoy, Kaskivano, Demian Rodríguez, Lautaro Rodríguez. Ellos son músicos que no están ni ahí con nadie y hablan de lo que está mal. Ellos sí que tienen un grupo de gente súper masivo que los sigue y que no tienen que enterarse de los conciertos de Chinoy por la tele. Esa escena me parece más representativa de Chile.

Esta entrevista fue publicada en POTQ.cl

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martes, octubre 25, 2011

Entrevista a Félix y Los Clavos

Fotos: Nacho Parodi

El cantante y compositor argentino Félix Cristiani publicó su debut “La vida secreta” en 2007. El disco fue una muestra de pop sencillo y letras memorables que pasó casi inadvertida entre el público local, pese a conseguir el apoyo del sello nacional Quemasucabeza, discográfica que lo editó en Chile. En 2008, Félix se presentó por primera vez en nuestro país como invitado del 1er Festival Solistas en Solitario. Siendo un desconocido entre la mayoría de los asistentes, el argentino defendió sus canciones sólo con una guitarra. Y quebrar el hielo no fue fácil. 

—¡Ese concierto fue horrible! –recuerda Félix. Yo no soy un cantautor que sale con guitarra y voz, siempre toqué con banda, que es el formato que me interesa. Me sentí muy en desventaja, porque los otros músicos  del festival (Gepe, Chinoy, Nano Stern, Coiffeur) hacían vivos y discos con esa formación. Sin embargo, debo decir que en un sentido fue esclarecedor: me prometí nunca más tocar solo.

Después de casi cuatro años, Félix regresa a Santiago esta semana junto a Los Clavos, su nueva banda compuesta por seis músicos con los que grabó su reciente trabajo: “Continuará” (2011). Producido por Daniel Melero, el disco contiene dos placas: una compuesta por once nuevos cortes y otra de seis canciones que samplean el material del primero. Según el argentino esta es una apuesta más ligada al ruidismo y la experimentación; un pop  explosivo y que explora la idea de la obra infinita.

Lo que sorprende de “Continuará” es el sonido. Suena no distinto, sino que opuesto a “La vida secreta”. ¿Qué pasó en estos años que pasaste de un pop sencillo a un disco complejísimo?
- Si hay algo en lo que somos afortunados los artistas es en poder transformar la basura en arte. En los años entre “La Vida Secreta” y “Continuará” tuve una seguidilla de colapsos emocionales que me llevaron a estados de pánico y terror. Recuerdo estar muy fumado tocando la guitarra y sentir que el ventilador se iba a caer y me iba a rebanar la cabeza. Cosas horribles como esa terminaron siendo una gran inspiración. Al final todo tenía que ver con el derrumbe de un estado mental en el que creía poder tener control sobre todo. Y la realidad es una bestia que se impone más allá de tu voluntad. En todo ese ruido vislumbré que había formas de bellezas no hedonistas o gratificantes, como el terror o la violencia, y que eran espacios muy fértiles y no muy usualmente abordados, desde la música sobre todo. Ese fue mi aporte, la composición y todas estas ideas. El resto lo hicieron Los Clavos -combo compuesto por Benjamín Ochoa en el bajo y sintetizador; Damián Cubilla en guitarra acústica; Siro Bercetche en guitarra eléctrica; Chango Serantes y Antü Filardi Sabín en sintetizadores y Luis Herrera en la batería-.

En “Continuará” yo sólo canté. Con Benjamín Ochoa, un socio histórico, nos dimos cuenta que para poder bajar a música estos “conceptos” teníamos que desarrollar un sistema anárquico de producción. Por eso arrancamos a grabar sin que ninguno de los Clavos hubiera escuchado los temas, ni preparado arreglos. Era darle play un par de veces a unas maquetas de guitarra acústica y voz, y que grabaran lo primero que se les ocurriera, sin conocer los acordes ni encargarse de cumplir las funciones que suelen tener los instrumentos. “Quedar expuesto” fue una de las premisas. 

Otra de las cosas que sorprende es que tus letras siguen siendo más o menos similares: historias, narraciones sentimentales… En eso se nota cierta continuidad entre ambos trabajos. ¿A la hora de escribir una canción, entonces, es más complicado salirse del lugar común temático (amor, relaciones personales) que cambiar de sonido? Te lo pregunto porque se podría pensar que, finalmente, la canción pop está destinada a cambiar de sonido, pero nunca de temáticas o de usos del lenguaje.
- Creo que la lírica de “Continuará” es distinta a la de “La Vida Secreta”, es más confusa, mística por momentos, pero definitivamente tiene en común esa primera persona que habla de lo que ve. En ese sentido hay una continuación, y es que no es ficcional. Respecto de la canción pop, creo que su cuello de botella, y la gran revolución que tiene que hacer, es justamente el cambio de los usos del leguaje. Es un desafío complejísimo y el motivo por el que muchas veces el pop se queda corto. Creo que el origen del arte fue pop, que es la forma primigenia de manifestación de los hombres -¡la caverna de Lascaux!-, la más importante, y la forma en que se va a extinguir el arte cuando se extinga el hombre. Aclaro que hablo de pop como forma de comunicación, no como género musical o como se lo asocia a formas y usos mediocres o demagógicos. Sin embargo, el lugar en el que se ha trabado es en seguir replicando el uso “testimonial” de esa primera persona. Recomiendo ver en YouTube las entrevistas a John Maus. Muy interesante lo que dice sobre este tema.

¿Las canciones instrumentales del segundo disco de “Continuará”, ya que nacen de las canciones del primero, son ese intento por superar lo que se queda atrapado en la mezcla entre letra y música?
- No son un intento, sino más bien el resultado de la mente disociativa de (Daniel) Melero. No fue algo planeado, sucedió cuando abordó la postproducción de los temas: de cada uno hizo muchísimas versiones, desde más clásicas hasta instrumentales casi irreconocibles. Uno de los tantos tópicos de los que hablábamos era el de la obra infinita, o la obra inconclusa, que es lo mismo. Las grabaciones y el espíritu del disco invitaban a imprimirle esa forma de desarrollo, y por otra parte, hacía rato nos planteábamos las limitaciones de los discursos asertivos. Por otro lado, en ese momento yo estaba bajando de Internet distintas versiones del inédito “Smile” de los Beach Boys. La idea de que cada versión que encontrabas tenía distintos órdenes, distintas mezclas o directamente temas que en otras compilaciones no figuraban, me pareció el logro artístico más alto de su carrera. A Brian Wilson le costó la cordura, pero el supuesto fracaso que significó que “Smile” no se editara lo considero la única manera de concreción que tenía esa obra.

¿Pero las canciones del segundo disco de “Continuará” las compuso Daniel Melero? No me queda claro ese detalle; si es que las compuso o sólo participó en la producción de los dos discos.
- Con Daniel (Melero) nos divertíamos mucho hablando de eso, ni para nosotros era claro si el segundo disco era suyo o de Los Clavos. El material sonoro desde el que se generaron esas piezas son los temas del primer disco, pero como el resultado es tan distinto, es nueva música. Hoy que lo escucho, definitivamente creo que el primer disco es de los Clavos y el segundo de Melero.

Sensacional by felixylosclavos

Te refieres a “Continuará” como un proyecto que supera al disco tradicional, porque tal como su nombre lo indica, siempre está desarrollándose. ¿Podrías ahondar en eso y explicar cuáles son los diferentes formatos que van dándole extensión a esta obra?
- “Continuará” terminó siendo un disco doble, pero de hecho hay material extra que no está incluido en esta edición porque la hacía demasiado extensa. Hay material como para por lo menos un disco más. Entre las ideas que estamos barajando está la de hacer una suerte de corto, obra audiovisual, no lo sabemos aún. Siro, Chango y Benja son videastas, así que la idea es hacer nosotros mismos la parte visual. Todavía estamos evaluándolo, no es algo que ya esté definido.

También te refieres a “Continuará” como un trabajo más agresivo, no condescendiente. ¿Es esa la finalidad de tu música o crees que es fruto de la circunstancia de este disco en particular?
- Creo que se hace camino al andar, y que el siguiente paso que vayas a dar va a estar determinado por el anterior. En ese sentido no creo en una finalidad puntual, sino en el desarrollo de una carrera o una obra que tenga que ver con la diversidad.

¿Identificas esa misma característica de tu disco en otras propuestas actuales de Argentina?
-En los últimos cinco años la Argentina se plagó de cantautores que van detrás de un sonido acústico, bello, armonioso y la verdad lo encuentro muy limitado y poco inspirador. ¡En realidad fue una inspiración para hacer todo lo contrario! Yo me considero un compositor que canta sus temas, en ese sentido podría entrar en la categoría de cantautor, pero no me interesa en lo más mínimo la escena porteña de los cantautores. En lo concreto, estoy más en comunión con bandas como Nairobi, Las Kellies, Victoria Mil, Azur, Diosque, Betty Confetti, Maniac Mantu. Hay un artista tucumano, Bruno Masino, que le ha encontrado una buena vuelta a la canción. De todas maneras, no creo que lo agresivo o poco condescendiente sea una línea “política”, por llamarlo de alguna manera, sino el paso que sentí que tenía que dar en este contexto musical y en relación con “La Vida Secreta”. Hace poco vi una entrevista de R. Stevie Moore en la que decía que la única guerra que luchaba era la guerra contra la mediocridad. Suscribo 100% a esta idea, creo que esa es la única política que me interesa.


¿Cómo fue trabajar con Los Clavos en este disco? ¿Prefieres ese proceso más colectivo o te es más sencillo trabajar solo?
- Los Clavos funcionan de una manera radicalmente opuesta a la mía. Mis procesos de creación son de decantación muy lenta, básicamente tardan el tiempo en que mis ideas se trasladan a mi cuerpo para poder materializarlas. La parte de composición siempre la vivo en solitario, y a la hora de hacer los temas de “Continuará”, me encontré con que mi manera de bajar ese material era bastante rústico y desordenado. En definitiva ese resultado me indicaba que el proceder tenía que ser opuesto a mi sistema anterior de control y minuciosidad. Las grabaciones se hicieron en lo de Benjamín (Ochoa), con este sistema en el que la batería era lo último que se iba a grabar. Yo produje unos cuantos discos y siempre encontré que el sistema clásico de grabar primero la base demoraba la urgencia instintiva de descargar en el acto lo primero que venía a la mente.

Por eso el procedimiento fue que el que primero quisiera grabar, lo hacía. En ese contexto descontracturado, lo que cada uno depositaba en los tracks era mucho más el resultado de una inspiración lúdica y divertida que detenerse a pensar que era lo que “convenía” o servía para que la música se pudiera sostener. Como si la música debiera sostenerse; ¡también es buenísimo que se desbarranque! Los Clavos son básicamente el grupo más cercano de amigos, y en realidad son más artistas que músicos. Su hábitat natural es el desorden y claramente como banda lo que correspondía era seguir el flow de la tropa. Cuando todos estábamos suficientemente borrachos, fumados o excitados, se prendía el botón rec. Definitivamente la creación colectiva supera a la del solista.

¿Cómo trabajas junto a Los Clavos las canciones de “Continuará” en vivo?
- Los Clavos somos más una orquesta eléctrica que una banda de rock. Nuestros shows tienen algo de conjura mística, de milagro y de catástrofe. Somos físicos y arbitrarios a la hora de tocar, en ese sentido estamos mucho más próximos a los modos del noise que a los de la canción. Ese fue nuestro desafío y en eso estamos avanzando, hacemos canciones pero no las interpretamos como tales. Así, muchas veces llegamos a la deformidad. Eso sí, siempre bajo el aura universal del pop.

¿Y cómo es trabajar con Daniel Melero, considerando que además tú eres músico en su banda?
- Hacer música con Daniel es un súper lujo, siempre espera del arte lo mejor de lo mejor, como si fuera una conquista que siempre se puede ganar, y que se tiene que ganar para satisfacción personal. Eso es crucial. El centro de un artista siempre debe ser él mismo, nunca el afuera. Respecto de sus procedimientos, podría decir que su fuerte es sembrar la confusión, eso estaba muy en sintonía con el modus operandi de Los Clavos y por eso todo terminó en un disco doble compartido. Sin dudas Melero es mi influencia más fuerte, pero no en un sentido musical. Si bien los dos hacemos canciones, nuestra música no tiene mucho que ver. La marca que dejó en mí es mucho más global, como ser, los “principios” para construir una obra y una carrera.
Esta entrevista fue publicada en Paniko.cl

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lunes, octubre 24, 2011

DJ Fracaso: "El boom de la música chilena no da ni para petardo"



Recortes de la serie animada “Transformers” o “El Gladiador”, segundos de la película “Terminator” y varios planos de pornografía aparecen en los videos de Juan Chaparro, profesor de arte que comenzó a experimentar con la creación audiovisual hace más de diez años. La electrónica llegó después: cansado de escuchar death metal y ver envejecer su colección de discos, decidió tomar lo mejor de bandas como Carcass, Portishead o Slayer para unirlas a canciones como la reggaetonera “Baila Morena” de Héctor y Tito. Así nació DJ Fracaso, un hibrido entre programaciones, samples y videos.

Después de algunas presentaciones en vivo, DJ Fracaso publicó “Fracaso incendia el mundo” en 2001 (disponible aquí) y el EP “Fracaso asesina su familia” en 2003, discos con los que comenzó un tránsito por la música nacional que recién en 2011 volvió a dar frutos. A principios de este año, estrenó “Cadáver de perro al sol”, obra en la que reúne sus mejores canciones y videos y que se puede descargar libremente a través de Pueblo Nuevo, sello chileno especializado en música electrónica y no en death metal.

¿Por qué decidiste publicar “Cadáver de Perro al sol” en Pueblo Nuevo?

Llegar a Pueblo Nuevo era lo lógico, porque a los metaleros no les gusta lo que yo hago. Una vez toqué en un bar metalero y cuando terminé, el dueño del local me dijo ‘esto no es metal’. Quizá no le gustó porque algunas canciones tienen reggaeton. Lo que yo hago le gusta a la gente más rara, a los que están más pendientes de la música electrónica, porque cuando vas a un recital de death metal vas a puro escuchar un ruido que no tiene ningún sentido.

La figura del DJ generalmente se asocia al que está en las fiestas para satisfacer al público. Sin embargo, tus canciones y videos no tienen nada de complaciente.

Al principio yo veía a los DJs como una pérdida de tiempo: un tipo que ponía canciones una después de otra. Eso no tiene ninguna gracia. En ese tiempo yo pensaba ‘qué basura más grande la música electrónica, hay que hacer algo con ella’, pensaba que debería ser distinta.

¿Así llegaste a la idea de comenzar como DJ Fracaso?

Más o menos. Me acuerdo de que estaba ebrio y le conté a unos amigos que iba a hacer música y que me había comprado un computador. Un amigo me dijo ‘ponte DJ Fracaso’. Ahí no tenía idea de música electrónica, de hecho, hasta el día de hoy no me gusta la música electrónica, pero me gustó el nombre porque creo que el fracaso es la mejor manera de avanzar. Mientras más la cagues, más vas a poder saber todo lo que no funciona.

¿Cómo reacciona la gente con tus canciones y videos cuando tocas en vivo?

Lo más bacán ha sido un caballero mayor, un tata, que me abrazó y me dijo ‘me encanta lo que haces, pero tenís que hacer algo más melódico porque no se entiende nada’. También me acuerdo una vez en un FOBIA (festival de música experimental organizado por Jacobino Discos y Productora Mutante), cuando a un loco le dio un ataque de epilepsia y yo me sentí súper responsable, porque las imágenes que ocupo pueden inducir un ataque así. No sé si le dio por eso, pero le pasó después de verme tocar. Fue triste esa cuestión. Después fui a darle la mano al loco y no se acordaba de mí.

¿Qué lugar ocupa, entonces, el espectador en tu música? ¿Piensas en la gente que te va a escuchar y ver cuando haces las canciones o pasas por alto ese detalle?

Siempre pienso en el público, sobre todo en las partes en las que quiero que reaccionen. Por ejemplo, en las tocatas uno puede ir mirando en el estado que queda la gente. Ahí pienso que si hago algo se genera tal cosa. Me pasó cuando vi a la primera persona que gritó ‘oooh’ conmigo; ahí dije sí, esto está funcionando. Porque me di cuenta de que se generaba una euforia que, muchas veces, a la persona que hace las canciones no le pasa porque ya se las sabe de memoria. He aprendido y quiero que a la gente le sucedan las cosas que yo quiero. Es algo en lo que pienso porque al final cualquier cosa que haga se la termino presentando a la gente. Puedes ser súper experimental, súper abstracto y súper cabezón, pero igual eres un espectáculo, eres parte de un circo. Un payaso más.
Cuándo haces música, ¿la proyectas visualmente o primero vienen las canciones y después los videos?

Cuando hago las canciones, primero me las aprendo de memoria y después las hago. Los videos también: sé cómo empiezan, cómo terminan y qué va al medio. En mi caso no me gustan muchos los videos experimentales, pero sí me gustan los relatos, de hecho me gustaría hacer cine… Ahora que lo pienso, el otro día estaba enfermo, con fiebre, y el día anterior había visto una cinta que tenía de los “Transformers”. Después tuve unas pesadillas y me di cuenta que eran las mismas imágenes que aparecían en los videos. Mis pesadillas son lo que ves en mis videos: me gusta el porno, me gustan los “Transformers”, me gusta “Terminator”. Son cuestiones que están en mi cabeza y necesito sacarlas. Me persiguen.

Pero esas narraciones de tus videos igual están diciendo algo que va más allá de tus pesadillas.

Claro, además de la canción, siempre se está poniendo un juicio sobre la mesa respecto a lo que significa la música y eso es lo que ve la gente. Pero la verdad no es algo que piense tanto. Siempre estoy pensando en mujeres desnudas. Es un problema que tengo. ¿Cachai Korn? ¿La canción ‘A.D.I.D.A.S.’? Es como esa onda… Son cuestiones incontrolables que al final terminan diciendo mucho. Mucha gente se siente representada, pese a que otros no le encuentran ningún sentido. La gente le da el sentido. Por eso prefiero que sea la gente la que me diga qué es lo que piensa cuando ve los videos. Es un trabajo que está hecho para que la gente diga algo, no es el show de un músico tradicional.

  Dj Fracaso: "Destruir el imperio" (2011) - disco: "Cadáver de Perro al Sol" [vg006] by pueblonuevo 

Publicaste tu disco en un sello dedicado a la música electrónica, pero lo tuyo viene del metal. ¿Te relacionas con músicos electrónicos de acá?

Ahora he conocido más músicos electrónicos. Pero me he dado cuenta de que hay una frase que cuando aparece es porque es verdad: cada vez hay más poseros, y todos están haciendo puras basuras, y en todos los sentidos, pero se nota más en la electrónica, con gente que lo único que quiere es darle el palo al gato. Por eso mismo yo prefiero mantenerme alejado.

Pero igual al publicar un disco, y más encima de descarga gratuita, empiezas a formar parte de un grupo de gente, de un sector, aunque sea pequeño, de la música nacional. No es que estés tan alejado de lo que pasa con las otras bandas.

A mí lo que me interesa harto es lo que pasa cuando las personas toman lo que tú haces y hacen algo más. Me ha pasado que me han escrito un par de locos que han hecho videos con mis canciones. Hay como tres videos por ahí. Esa es la única relación que uno puede tener con la gente. Me acuerdo que cuando hice unas canciones con partes de Slayer, yo le escribí a los locos, les mandé un correo, pero jamás me contestaron. Para eso uno hace música yo creo, para que pase algo así.

¿Y qué opinas del auge de la música chilena actual? Parece que todo el mundo está haciendo cosas increíbles y que el mundo recién se está enterando que existe Chile.

Eso es lo mínimo. Me acuerdo de un periodista de Canal 13, que usa lentes – Andrés Caniulef- que se llena la boca con los músicos chilenos, pero nunca los nombra. Y cuando los nombra, nombra a cuántos, no sé, al 10% de los músicos. Es poca la difusión. En verdad, el boom de la música chilena no da ni para petardo. Hay miles de personas haciendo canciones, pero nadie sabe. Creo que a la música chilena, y sobretodo al underground, se le está dando más importancia de la que tiene. En verdad, esta cuestión no le importa a mucha gente. Que yo saque un disco no le importa a mucha gente. De hecho la mayor cantidad de descargas que tiene Pueblo Nuevo son 100.000… ¿Cuántos es eso? Uno puede pensar que es caleta, pero en verdad no es nada. Vivimos en una ilusión que a nadie le importa, porque la gente está preocupada de puras hueas. Ahora por ejemplo, hay miles de personas protestando en la calle, pero la gente está preocupada de otras cosas. Ante esa indolencia uno hace lo que puede.

¿Qué cosas te llamen la atención de acá? Porque en tus videos y canciones los referentes son bien lejanos.

Me gusta Congelador, me gustaría tocar con ellos. ¿Algo que me guste de ahora? Fakuta, también Fredi Michel. Me acuerdo de la fonda Michael Jackson del año pasado y me gustó la actitud de Fredi Michel, como despreciando a la gente. No creo que sea cierto, no creo que la loca –la cantante Andrea Guerrero- odie a la gente, pero es una actitud que toma en el escenario. En el caso de los videos tengo algunos de Michael Jackson que me gustaría ocupar y ponerle la cara de Felipe Camiroaga, pero ahora alguien podría llegar a violentarme y eso es complicado, porque tampoco tengo que andar pasando peligros.

¿En qué estás trabajando actualmente?

Estoy terminando una canción para un disco que están armando los músicos de Lluvia Ácida para la novela gráfica “Policía del Karma” de Jorge Baradit. Es algo muy parecido a lo que hicimos con Synco. Pero el estilo es distinto, parece más una banda. De hecho, cuando lo escuché pensé que no era música electrónica, sino que una banda. Es chistoso eso, porque justo hace unos días vi unos videos de Marciano y pensaba en lo que terminó Sergio Lagos y pensé que era horrible y que me iba a pasar lo mismo, que me iba a transformar en una basura.

Esta entrevista fue publicada en POTQ.cl

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jueves, octubre 13, 2011

El cuestionario para Rosario Bléfari

 Foto: Javier Chorbadjian

Música y cine se mezclaron en el regreso de la cantante y actriz argentina Rosario Bléfari (1965) a tierras chilenas. Después de años sin cruzar la cordillera, fue gracias a la actuación que viajó a Chile, en enero de este año, para trabajar junto al director nacional José Luis Torres Leiva en la película “Verano”, cinta en la que Bléfari ocupa un significativo papel secundario. Por esas fechas, la vocalista de la recordada banda Suárez también pudo ofrecer un íntimo concierto en el desaparecido subsuelo del Estudio Elefante, para repasar sus discos “Cara” (2002), “Estaciones” (2004), “Misterio relámpago” (2006) y “Calendario” (2008). 

Han pasado los meses y ahora vuelve a Santiago para estrenar, en formato acústico, canciones de nuevo trabajo: “Privilegio”.

—Me moría de ganas de volver a Chile con cada disco que sacaba pero, o no podía encontrar la persona indicada para organizar algo, o si parecía que ya estaba todo listo y se concretaba el viaje, pasaba algo. La última vez fallida, pasó ni más ni menos que el terremoto. Cuando me invitaron a filmar “Verano” pudimos vencer la cuestión, y como yo viajaba junto a mi guitarrista Javier Marta, que también iba de invitado a tocar con Boom Boom Kid, pudimos “engañar” al destino.

Cuáles han sido tus impresiones sobre Chile en términos de público, de los lugares que has visitado después de tanto tiempo sin venir. ¿Te ha llamado la atención algo de acá a partir de tu último viaje?

—Durante la última vez que estuve en Chile todas mis impresiones fueron absorbidas por este contacto con el cine chileno; ver a ese equipo de personas trabajando, todos a la vez embarcados en otros proyectos de los que venían o a los que iban: cortos, guiones, montajes, fotografía, sonido, desde su lugar o de otro, rotando los roles en otro proyecto. La actividad es enorme por lo que pude apreciar. Y el trabajo en equipo fue tremendamente fluido. Yo preguntaba si era siempre así o era un caso especial. Me dijeron que no era siempre así, por lo cual doblemente agradecí haber sido invitada a esta película en particular, que tenía estas características tan notables.

¿Cómo se dio la oportunidad de participar en esta película?
—Esta película llegó en un momento muy especial, mi madre estaba muy enferma y en medio de esa pena me escribió un mail José Luis Torres Leiva. En unas líneas explicaba la intención de la película de una forma muy sincera, directa, simple y pude, a través de esas palabras, ver de qué se trataba todo, confiar y aceptar. La noticia fue una alegría porque ir a filmar a Chile no estaba en mis planes, y aunque hubiera podido soñarlo, jamás lo hubiera creído posible. Luego hice un primer viaje para conocer al director y la locación: un hotel en la cordillera, en las Termas de Cauquenes. Fue muy gracioso y representativo cuando llegué al aeropuerto, porque José Luis y una asistente, Cata Vergara, me fueron a buscar,  y cuando íbamos en el auto yo les pregunté: “¿Y qué tal el director? ¿Trabajaron en otra película con él?” y ahí José Luis largó una carcajada, y la Cata me dice que él es el director. Yo no me esperaba que el director viniera al aeropuerto, pero así es José Luis, una persona encantadora y sencilla, sumamente sensible e inteligente. Me parece algo más que un director de cine moderno, lo suyo es una obra fotográfica en movimiento, trasciende la concepción actual del cine.

Es probable que tu faceta como actriz más nombrada entre el público chileno sea tu protagónico como Silvia Prieto en la película del mismo nombre de Martín Rejtman, de 1998.
—En el caso de Martín Rejtman, por ejemplo, su cuestión pasa por otro lado, más por algo de las palabras y las situaciones que crean un mundo propio, extraño, paralelo, pero al mismo tiempo familiar de tal manera que resulta un humor de todo eso. No creo que ni uno ni otro sean ‘el cine argentino’ y ‘el cine chileno’, para nada. Ambos son directores con una personalidad y en general me cuesta determinar qué es lo que corresponde a cada país. Además, no es lo que más me interesa ver cuando veo una película, siempre me sintonizo en lo universal, igual que con las canciones o cualquier otra cosa. Después, puede estar el interés que despierta ver alguna costumbre o lugar, la gente de un lugar, pero es un extra que el cine nos regala: el dato geográfico, étnico, cultural, escondido en la obra. Me gusta ver, en todo caso, como con distintos elementos y con distintos lenguajes se habla de las mismas cosas que nos involucran a todos.


Haciendo un poco de memoria: colaboraste con Congelador para la canción “Centro del sol” que salió en el disco ‘Cuatro’ (2002) de la banda chilena. ¿Cómo fue esa experiencia?
—Recuerdo ese lindo momento en el que fui al estudio de los chicos y grabamos, fue natural y sencillo hacerlo, compartíamos un código musical y entrar en sintonía no me costó nada. Sé que volvieron al ruedo, y me alegro, los tengo como algo valioso para el panorama musical de cualquier lugar, una pieza que no debe faltar.

Siempre me llamó la atención tu canción “Vidriera chilena”, que sale en un compilado ‘4 woman no cry’ de 2005.
—Es una pieza instrumental que surgió de grabaciones que había hecho caminando por las calles de Santiago o en improvisaciones que hicimos en un viaje con Suárez, y como tenía ese origen, esa inspiración, la titulé vidriera, por ser un lugar donde se muestra algo. No intenta ser un concepto tipo “parece una vidriera chilena”, como si las vidrieras chilenas, escaparates o como les llamen, tengan ciertas características identificables en cualquier lugar. Es más bien como si yo armara sonoramente una vitrina donde se exhibieran mis impresiones chilenas.

En el concierto en Sala Master vas a estar presentando canciones de tu nuevo disco, “Privilegio”. ¿Qué puedes adelantar de este trabajo?
—Voy a llevar el disco, que salió recién. Tiene doce temas, bien rockeros, rápidos, eléctricos, pero vamos a tocar algunos de ellos en clave guitarras y voz, y cuando vayamos más adelante con la banda, verán su dimensión en vivo. Oírlos así, en acústico, tiene sus ventajas porque se entiende bien de qué van, casi es como espiar su estructura, su origen, sus emociones primeras. Algo nuevo de este disco es que comparto la autoría de algunas canciones con mi guitarrista, Javier Marta. El ceder terreno en la autoría no tiene que ver con necesidad compositiva, al contrario, tengo varias docenas de temas esperando, sino con la necesidad de agruparlos conceptualmente en lo que se dio entre nosotros en un momento que fue un diálogo de canciones. Este disco es así, con grabación de banda otra vez, y la exigencia que me auto-impuse de hacerla sonar, eso de querer que quede registrado el espíritu que se respira en medio de una tocata rocker, ese frenesí.

Justamente hace unos días estuvo tocando en Chile Violeta Castillo, cantante que participó en uno de tus talleres de escritura para canciones. Aldo Benítez, otro cantante que ha visitado Chile también formó parte. ¿Cómo surgió la idea de dictar esos talleres?
—Hubo una época de un taller en particular al que vinieron Violeta y Aldo y otros músicos más que empezaron a escribir, escribir y ampliaron el registro literario de sus canciones. Yo aprendí mucho y compuse muchas canciones en ese entonces, porque me ponía a la par de todos. Ahora doy algunos similares, pero intensivos, que duran dos días, como por ejemplo uno que hice la semana pasada para cantautores en Tilcara, Jujuy, que está al norte de Argentina. Al principio, antes de hacerlos, renegaba de la idea de poder ayudar a alguien con algo así, pero me fui dando cuenta que podía compartir cosas y al mismo tiempo aprender o refinar lo mío y la transmisión de ideas acerca de la canción. Al darme cuenta que era un intercambio me pareció posible, y hace años que los llevo de alguna forma. También voy cambiando, renovando y se va transformando en algo sobre la escritura para artistas en general, ya no para músicos ni exclusivo para la canción.

¿La canción –como formato, como producto, como creación- es algo en lo que te gusta reflexionar?
—La canción es para mí una extensión del decir, una manera de decir las cosas, muy apropiada, y a veces hasta indirecta, donde el que escucha saca sus conclusiones. La canción es una respuesta que se arma y rearma ante la pregunta particular de cada persona y momento en que se escucha. La misma canción puede responder distintas preguntas o dar diferente respuesta según los momentos. 

Esta entrevista fue publicada en Pániko.cl

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