
Cuento corto: Pol, Pablo Infante, ex Compiuters, se mete a grabar once canciones con muchos teclados y sintetizadores para armar un disco de synth pop, que destila lugares comunes de la música de hace dos décadas, sin apelar, según él, a la fórmula común del pop que conocemos. Pero lo especial, quizás lo único especial de este proyecto, es que decide armar un disco donde él es el único productor, sumando voces en siete cortes de “Efectos Espaciales”. Finalmente, la jugada suma un sabor realmente atractivo al ser publicada de manera gratuita en Internet.
¿Qué hay en este gesto? Primero la demostración de que una buena idea puede resultar una buena imagen de nuestra generación. O de cierto sector de nuestra generación. Pol es un joven que goza de acceso a la tecnología y cuenta con las bondades para armar un disco que suena genial, arrimado a voces como la de Pedro Piedra, Jorge González o Javiera Mena. Segundo, nada es inalcanzable: buenas ideas, buenos contactos, moverse, gestión y estamos con un disco en la mano. ¿Basta eso para aplaudir de pie? No.
En “Efectos Espaciales” treinta minutos nunca resultaron tan agotadores. Y después de soportarlo, surge la interrogante: en qué situación conviene darle play. ¿En un carrete? ¿Sirve como fondo para una conversación? ¿Ordenando la pieza? ¿En el auto? Probablemente sus creadores piensan que puede ser la compañía perfecta para caminar por Costanera. Pero ni eso. Creo que los chilenos tenemos que celebrar todo intento por hacer música pop y que ésta debe ser difundida a raudales por myspace, tocatas perdidas, desde los suburbios, en los shows masivos y por los grandes sellos. Nos falta baile, así que tienen que surgir instancias musicales que nos despabilen un poco. Llámenlo pop, hip hop, funk, electrónica, da igual. Pero si a esto nos invitaba Javiera Mena con “Al siguiente nivel”, lo que se viene en nuestras pistas de baile será tan snob y tan deslavado como “Efectos Espaciales”. Ejemplifico con Javiera Mena porque la cantante parece ser un faro para los músicos tras el experimento.
En este interminable disco Mena abre con “Amiga”, un tema con un estribillo alentador (“Busca las palabras que te hagan respirar…/Tienes que encontrar la manera/ de expresarme tus sentimientos/ míralos en mí y no lo pienses más…”), que cuenta con unos ecos lejanos, extremadamente lejanos, en donde uno tiene que sacar por conclusión que está sonando Jorge González. De hecho ese es el aporte del ex Prisioneros: unos coros lejanos e irreconocibles.
La canción a la tercera escucha se transforma en la mejor de todo el álbum, pero es demasiado eterna, sobran segundos y se echa de menos una miserable erupción en su desplazamiento. Eso que abunda en “Esquemas Juveniles” (Indice Virgen, 2006), acá no está. Y si ya no está en la musa del nuevo pop, no está en ninguna parte de lo que sigue.
Esto queda clarísimo en “Why”, el rimbombante single de “Efectos Espaciales”, en donde aparece la voz de Nea (CHC). El tema sepulta toda intención de movimiento, toda tentativa de sabor. Lo sepulta porque es tan pesado y soporífero que borra de un tirón los escasos buenos momentos del tema inicial. Basta devolverse a los antiguos discos de CHC y vagar por myspace en los proyectos paralelos de Nea, para entender que la cantante posee una capacidad vocal muy linda, colorida, sensual, ultra carismática. En “Why” eso no se siente, y sorprende a la vez, pues resultan evidentes las capacidades de Pol para generar una mejor canción a la hora de combinar Annie con The Knife a la chilena. Mejores resultados obtiene en “Countdown”, tema en que aparece la voz de Manu, otra Compiuters, también cantando en inglés. Pero el resultado es mejor porque termina salvando los últimos minutos del disco… También hay más gracia ya que al menos uno se acerca a algún tipo de sentimiento al escuchar una canción juvenil. Eso tiene que generar un disco, ganas de darle replay y no de invitar a escuchar otra cosa.
Hay dos momentos en que uno decide quedarse con “Efectos Espaciales”. El primero es “Sal”, canción con una letra que viene de perilla para este comentario: "haces comentarios de esta canción / te falta concentración /no estás al tanto de la situación / así que inútil es toda tu suposición… intentas aplicarme una definición / pero al diablo con eso; absurda tal cuestión. / Opinión tal es banal así que sal / no lo tomes a mal". En otros segundos se escuchan los festejos por la idea que motivo este disco, por eso de que a ellos se le ocurrió ¿antes?… Si van a invitar a un jolgorio, mejor preocuparse de acelerar el ritmo. Y aunque “Sal” cuenta con características similares a los otros temas mencionados, el estar compuesta en clave hip hop le da una cadencia superior. Lo mismo pasa con “Sin gravedad”, quizás la única pieza rescatable de todas las producciones. El tema está a cargo en Pedro Piedra, también CHC, y especie de salvavidas de este disco. La letra es romántica y divertida, el sonido por primera vez invita a la fiesta y por fin hay explosiones.
El resto del disco es olvidable. Los ejercicios en que Pol experimenta en la electrónica y la utilización de recursos ni siquiera lo ubican en un buen sitial. Sus canciones son flojas y desprovistas de imaginación. “Bombo y caja”, “Instrumento musical” y la somnolienta “Wanna get in” son piezas cuadradas, rebuscadas y de un sonido tan poco jugoso que recuerdan los momentos más insufribles de los discos de aquel dúo llamado Marciano.
Insisto que lo mejor que le puede pasar a “Efectos Espaciales” es ser entendido como un accidente generacional con un lindo envoltorio, y con eso no me refiero especialmente al arte de tapa. En su lento y bien vestido periplo este disco dibuja el mal camino que podrían recorrer los jóvenes músicos más dotados y arriesgados de nuestro país. Sin embargo, su invitación no es más que un espejismo desafortunado en el panorama criollo. Agrego que decir espejismo ya es mucho, porque a pesar de estar desprovistos de una tradición de buen pop, no hay necesidad en nuestras músicas como para tener que recurrir al ensueño que protagoniza Pol. Es este disco el primo bonito de la familia, el mino cool de la escena, pero dueño de un lenguaje tan poco desarrollado que le falta vocabulario para convencer a alguien de salir a bailar con él.
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