sábado, mayo 17, 2008

babasónicos - mucho



Sacando cuentas, hace más de seis años que escucho a los Babasónicos. Y eso que comencé, como varios en este lado de la cordillera, gracias al magnífico trabajo de Jessico (2001). Esas doce canciones me dejaron pegado a mis 17 años y hoy me vuelven a enganchar fácilmente si es que llegó a poner el disco en mi casa. A esa edad tuve más de un año para volverme loco con el resto de la discografía de estos tipos, encantándome con una banda con más de diez discos a cuestas, todos con sonidos muy distintos, con canciones que podían hablar de mujeres, viajes, naturaleza, muerte y ya en la última etapa, de ese tema recurrente que parece girar en torno a los Babasónicos: el rock o la caricatura del rock. Tuve más de un año porque a finales del 2003 llegaba Infame desde Argentina, invadiendo mi casa, haciendo que mis hermanas y madre bailaran al son de unos viejos que a mí también me gustaban. Pero a mis hermanas no les gustaba Jessico, ni mucho menos Miami (1999), ni de cerca Babasónica (1997) y ni seguir hacía atrás con la discografía…Ya por esas fechas entendía que conocí a los Babasónicos en el momento justo, porque aunque me perdí de sus tiempos gloriosos, los venía a disfrutar cuando ya eran otros, cuando pasaban a ser la banda favorita de Paulina Rubio, MTV y de los matinales. Tenía que conformarme con ser testigo de lo que venía, no de lo que habían sido.

Y sólo puedo hablar desde ahí.

Yendo hacia atrás, nunca escribí sobre Infame. Y sin ese disco no puedo decir nada de lo que diré ahora. Hoy pienso que Infame es un disco tan bueno y quizás mejor que Jessico. ¿Por qué no? Claro que faltan historias de la calidad del disco del cactus, que parece no existir un hilo conductor, que huele a pop simplón por algunas partes, pero sería muy inocente asegurar que a falta de desfachatez la banda ahora servía para llenar espacio en las emisoras. ¡Todo menos eso! Si me quedo ahí no podría escribir ni una sola línea de Mucho (2008), el álbum que inspira todo esto. Por otro lado, y muy a mi pesar, Anoche (2005), el disco posterior a Infame y último antecedente que tenía de Babasónicos, dejó en mí un gusto demasiado amargo, fome, sin brillo. De hecho me cuesta recordar alguna canción de ese disco. Después de repasar sus temas sigo pensando igual. ¿Estos tipos estaban aburridos de lo que venían haciendo? Quizá. A mí entender sí, a los problemas al interior de la banda –principalmente producidos por la enfermedad que terminó con la vida de Gabriel Manelli, el bajista- se sumó el cansancio de pasar tanto tiempo viajando, disfrutando de una fama en casi todo el continente. No tendría por qué ser malo ese nuevo status, pero en sus nuevas canciones la etapa de ultra fama daba pocos frutos, pocos frutos buenos. Digo en términos de canciones…
Teniendo en cuenta estos antecedentes, la luz de Infame y la lata de Anoche, mis expectativas ante Mucho eran nulas. Cero. Ni sabía que habían sacado disco nuevo y después de escuchar a ciegas Pijamas, me atreví a pensar que las cosas no se venían muy buenas. Me sonaba que el disco sería más de lo mismo, más de esos temas que duran algunos meses sonando en la tele y después chao. Sepan ustedes que estaba muy equivocado.
Sin tener una copia original recurrí a la descarga ilegal y en quince minutos tuve Mucho sonando en mi Winamp. Ahí estaba, diez canciones nuevas que se me ofrecían, nuevitas. Me fije que juntas sumaban media hora, un disco corto, mejor. Apreté play, terminé de escucharlo: no me había gustado nada. Ninguna canción. Ahí me di cuenta que seguía con el prejuicio, con la barrera a aceptar un disco nuevo porque en realidad los que me gustaban eran los discos de antes. Porque en realidad ¿cómo iba andar perdiendo el tiempo escuchando a los Babasonicos 2008?

¡Qué aturdido!

La segunda escucha se dio sola, la tercera igual. A la cuarta ya tenía otra idea y a la quinta estaba convencido: por fin una de mis bandas favoritas editaba un disco en donde volvía a encontrarme con ellos, a querer escucharlos una y otra vez, a aprenderme las canciones y a querer verlos en vivo. Lamento que después del Festival de Viña viajarán a Chile a goteras, dejándose caer en show privados, a los que tuve la suerte de asistir, pero sólo a cambio de un par de canciones. Hoy quiero a Babasonicos de vuelta en este lado del mundo, porque los tipos han vuelto y han vuelto para demostrar tantas cosas.
Adrián “Dargelos” Rodríguez se pone el parche antes de la herida y explica todo en las líneas de Yo anuncio, el tema que abre el disco:


“No tengo interior para mostrar
tampoco soy espontáneo
y por más que me bañe en humildad
se evapora al rato.
Por eso no quiero que me conozcan,
prefiero que inventen…”


Volvemos a ver, entonces, que la banda habla de sí misma, desde la vereda de esos que se muestran tal cual son, básicamente porque ya no les queda más. Oye, si ya lo han mostrado todo y han ganado tanto que son el blanco perfecto de la crítica. Pero este temita ya no lo plantean desde el Camarín. Tampoco podrían. Ahora invitan a entenderlo desde una esquina donde todo es soledad. Asimilando eso, a mí las cosas me quedan súper claras. Y en cuanto a sonido es más interesante aún, pues parten con una canción lenta, con guitarra y batería calmada. Es pop, pero el pop que nos quedaron debiendo en Infame. Si queda alguna duda, tranquilos, se viene el segundo tema que a la primera espanta, pero luego se corona como uno de los mejores del disco: Pijamas. De hecho no me impresiona que sea el promocional, es más, me alegra. En la canción también aparecen los motivos propios de la etapa que me inspira: caliente invitación al amor, pero dejando en claro que pasan demasiadas cosas en el espíritu del protagonista. Ya no es ese amante que está tan drogado, tan puesto, que no sabe si se acordará de tu nombre al otro día. Ahora es uno que invita casi suplicando, porque duerme mal de noche y necesita alguien al lado. En el sonido, la canción no explota como explotaba Irresponsables, ni Carismático (ya, si igual se parece), ni menos Los Calientes. Seguimos escuchando piezas relativamente lentas, mínimas, pero tan iluminadas que quiero seguir escuchando el tercer tema. Ahí aparece Escamas y todo queda sellado. La guitarra no tiene por donde despuntar y en el estribillo parece que quiere sonar desde ahí, desde lo mínimo, jugando desde lo que les queda.
Estas tres canciones tan sencillas, cortas y poco violentas muestran a los nuevos Babasonicos, porque si las pensamos suenan frescas y arriesgadas. Así es el sonido 2008, en donde con poco demuestran que siguen experimentando los límites de su propio juego: está claro que estos tipos ya no necesitan subir el volumen a la guitarra y destrozar la batería, ni llenar espacios con retoques electrónicos para seguir luciendo ganadores.
Hay en el disco otros tres intentos por revisitar ese look guitarrero y feroz que hacía saltar al vocalista en sus shows. Uno es Cuello Rojo, minicuento ya común en Dárgelos, en donde se presenta culpable y despelotado. Así, a lo Pendejo. Otro es Estoy Rabioso, canción en que aparece de frentón el rock prolijo que quieren vender, ese que igual parece que me quiere decir algo:

…Quiero que mi delirio sea bien aceptado
tengo planes y persigo una visión
Que cualquiera que me llame improvisado
yo lo reto a estar parado en mis zapatos sin temblar…”


Luego nos manda a la mierda, a lo Soy Rock, pero pensando en que la canción también la tiene que bailar mi abuelita, la vecina, el taxista. El tercer intento viene con El ídolo, en donde juegan con las guitarras y los pasitos tipo western que tan bien saben aprovechar. La letra es un cuento aparte que no me atrevo a enlazar con la partida de uno de sus integrantes, pero si no tiene relación con la muerte de Gabriel Manelli, si tiene que ver con la manía de la banda por pensar el rock desde el rock:

…Cuando yo me muera,
haré una fiesta en donde nunca salga el sol
donde amigos y enemigos brindaran
porque regrese en la piel de una canción…

Tres versiones del nuevo rock que les sale, tan acotado como justo. ¿Alguien busca más ruido en un disco de Babasonicos a estas alturas? No creo, hay otros lugares en su discografía (reciente) para buscar.
Ya en mitad del disco, justo en la mitad, aparece la canción que a mí entender define este álbum. Lo corta por la mitad. Canción-inflexión y punto. Es Microdancing. Como nunca dos estrofas repitiéndose les salió tan bien. No como en Y qué, acá hay un poco más. Acá la canción juega distintos papeles. Es la única en donde los retoques electrónicos adquieren real peso, en donde la guitarra y el bajo suenan a onda disco, y en donde aparecen los antecedentes de Paraguayana, Delectrico, Suturno, Pistero, todas esas canciones más fiesteras de los Babasonicos. Si bien es sabido que es imposible que falte un tema como este en sus producciones, todo el envoltorio da un resultado donde la historia y el sonido se unen en un baile menor. En otras palabras: estos tipos ya no quieren reventar a nadie con una canción. Por eso juega distintos papeles este track, porque es onda y contención, mucho para una banda que en realidad prefiere el formato de lo minúsculo.
Finalmente, en Mucho no olvidaron que son una banda que sabe hablar (o jugar a hablar) muy bien del amor, o muy bien de las relaciones amorosas. Ahí es donde otra de las gracias de este disco llega con las baladas. Todos sabemos que cuando estos muchachos se quieren poner románticos lo hacen armados de los más dulces versos y arreglos musicales. Acá hay de eso, pero dejando el lastre de las canciones lentas de Anoche y sacudiéndose de sus propios lugares comunes, heredados de años de cantarle a las muchachas más lindas del universo. Y otra vez lo que logran no es nada nuevo, nada que se escape a ningún molde. Como eran las cosas, Las demás y Nosotros conquistarán sin una cuota de esfuerzo los rankings de FM2 o cualquier otra emisora del corazón. Así, las chicas deberían amar este disco por las canciones que nombro. Bueno, los chicos también.
Y ahí se acaba el disco. Son diez temas nada más. Y por ahora es todo lo que pienso de Mucho. Típico que las bandas tiran declaraciones sabrosas a la salida de un nuevo trabajo, pero yo no me tomaría a la ligera lo que el vocalista de Babasónicos declaró hace poco: “A mí me pone bastante feliz el disco, es bueno como sucesor de los tres anteriores que eran discos con mucho carisma. Había que dar un paso más. Después de este disco, nos retiramos de este formato porque ya no se puede superar más”. Puede ser palabras sin una pizca de verdad, pero quién sabe…
Sin imaginar que puedan crear una receta que quiebre con lo que creo les queda fácil, esta vez seguiré de cerca el futuro de Babasónicos, porque después de Anoche no los pesqué más. Eso es lo bueno de Mucho: es un disco que deja pensando en más, con ganas de más. Porque a pesar de presentar en diez canciones una fórmula prístina, sin retoques, totalmente copiada y copiable, Babasónicos sigue siendo una banda que suena como nadie.

2 comentariosComments:

Roberto Arias dijo...

encontré muy bueno tu comentario, o tus comentarios respecto al disco y a babasonicos, me senti muy identificado, senti muchas cosas similares con "anoche" y con "mucho" que son similares a lo quye escribiste y creo que eres una de las pocas personas que he leido, o escuchado que entiende tan bien lo que quiere decir dargelos en sus canciones,
saludos! buen trabajo.

Felipe M. dijo...

hey, gracias por pasar y leer!