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lunes, junio 30, 2014

Fredi Michel – Fredi Michel



Pese a que la edición del primer disco de Fredi Michel nunca fue anunciada por ninguno de sus integrantes, ni contó con agobiantes campañas de difusión, la fecha de su debut siempre fue una intriga para los que conocían la trayectoria del grupo. Así pasó casi una década para que llegara el momento en que esta obra homónima se publicara y confirmara el carisma único del actual quinteto, un factor que distingue a las doce canciones con las que se presentan oficialmente ante el panorama nacional.

“Fredi Michel” es un disco abrazador, que durante casi una hora propone atmósferas candentes y repletas de constantes guiños a la cumbia, al house, la psicodelia, y a la música disco. “Capitán de negro”, “Marinero”, “El Blanco”, “La Serpiente” o  “Niñito” estrujan estos diversos estilos para invitar al baile, mientras Andrea Guerrero las dota de encanto gracias a su particular narración. Aguda, errática, a ratos somnolienta, la cantante comanda estas canciones desde una entonación lúdica e inquieta. En resumen, una mezcla destinada a hipnotizar.

Sin embargo, este trabajo no brilla sólo por la correcta unión de referentes musicales o por la lograda producción de las composiciones. Es el carácter híbrido de Fredi Michel lo que sella una propuesta difícil de comparar con otras de las firmadas por agrupaciones emergidas en el país durante los últimos diez años. Esa impronta mestiza se trasluce gracias a la convivencia no forzada de elementos foráneos con un tono local, particularmente chileno, como ocurre en la magnética “Como tagua”. El corte entrelaza electrónica y cumbia en una historia que habla de aquel que “llega como rey”, “de punta en blanco”, que termina destrozado por el exceso y que siempre promete un “nunca más”. Una escena típica de cualquier borracho, pero que somos capaces de entender mejor desde este lado de la geografía. Lo mismo ocurre con “No Hash Hash” o “Booty Shake”, dos piezas que podrían conquistar cualquier pista de baile, pero que se anclan en los pasajes y las villas de Santiago con esas sutiles menciones a Avenida Matta o al Paseo Ahumada.


Atractivo por su sonido y estilo, “Fredi Michel” está destinado a convertirse en un primer disco icónico, un ejemplo de producción que podría no repetirse como ocurrió con “El brillo que tiene es lo humano que queda” de Taller Dejao o “Ijniaaa!!!” de Colectivo Etéreo. Es de esperar que esa triste tendencia no se repita y la banda sorprenda con una segunda entrega. Pero no hay prisa, lo importante es que vuelvan. 

Publicado en la edición impresa de El Ciudadano - Junio 2014

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jueves, abril 25, 2013

Cadenasso - Un ejercicio


Después de sorprender con su primer registro al margen de Matorral, “El movimiento” (2009), Felipe Cadenasso vuelve a abrir una atractiva senda en su carrera en solitario con “Un ejercicio” (2013),  placa que lo confirma como una voz particular dentro de la precaria y desarticulada generación de cantautores nacionales que en los últimos cinco años ha intentado –con resultados menos afortunados en algunos casos- madurar un sonido personal. Una sólida calidad interpretativa, sus evidentes dotes como productor, además de una original poesía, hacen de él un ejemplo extraño, pues con una propuesta casi lúgubre es capaz de proponer un sutil modelo de acción y cambio en el entorno.

La nutrida carta de sonidos y las escenas que narra “Un ejercicio” dan cuenta de estas intensiones. Al acompañamiento de timbales se entrelaza un agudo violín, pero también de guitarras y cantos solemnes se cuelgan sintetizadores, cuerdas, vientos y registros de ambiente que unifican una atmósfera ensombrecida, que supera holgadamente la etiqueta rock. Asimismo, la densidad de estas diez canciones se reparte bien en los versos de Cadenasso, quien no se espanta ante las huellas del terreno nacional –ahí están las referencias al Metro, a Antofagasta, a la Alameda, a la Mistral- para transitar por la desilusión en la plegaria “La Trampa”;  jugar con el espanto en “De improviso” o buscar nuevos lenguajes en “La Puerta”, canción en donde parece pasmado ante la aceptada normalidad. “Ni una sola vez se les ocurrió dar un salto en la oscuridad”, entona.

Este imaginario se concentra en dos momentos claves del disco: “Aprendiz” y “Un ejercicio”. En la primera canción, un piano revela a un sujeto que mira con distancia al maestro y que está dispuesto a viajar “a donde nadie quiere ir”; mientras, en la segunda, un silbido guía la búsqueda de esas nuevas prácticas  (siempre personales, microscópicas) que son capaces de modificar la intimidad. Esta perspectiva se sostiene a lo largo del disco, en una reflexión evidente sobre el peso de la racionalidad, el orden y los objetivos rutinarios del mercado.

En consecuencia, y por lograr activar el formato canción como un dispositivo de cuestionamiento, “Un ejercicio” es una pieza necesaria en el panorama musical actual. Un remezón que le viene como anillo al dedo a una generación sobre poblada de eternos adolescentes. 

Esta crítica fue publicada en El Ciudadano (impreso, abril 2013).

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viernes, enero 18, 2013

Como asesinar a Felipes - Comenzará de nuevo




En tiempos donde lo que se conoció –e ingenuamente se sigue calificando- como “la nueva generación de músicos nacionales” ya está absorbida  por festivales y mercados, Como Asesinar a Felipes parece una excepción a la regla de esta estandarización. Son populares, editan con mayor regularidad que la mayoría de sus contemporáneos y gozan reconocimiento dentro y fuera de Chile por su particular entrega de oscuro hip hop; sin embargo, CAF ha logrado lo que casi ninguno de sus compañeros se propuso: madurar una narrativa propia, en donde abunda el rechazo y el  cuestionamiento. “Comenzará de nuevo”, la cuarta producción de la banda en cinco años, es una buena muestra de aquello.

Recurriendo a sólo seis canciones, CAF despliega en este disco poco más de treinta minutos marcados por la ira y la provocación. Cada corte ronda el lema del grupo –“matar a la música linda”- y también vuelven a aparecer los samples de películas, entrevistas o discursos que enriquecen esa atmósfera de cine negro que ya es un clásico del quinteto. No obstante, en esta oportunidad, la excelente mezcla de batería, bajo, piano y electrónica se sumerge en una búsqueda por romper su propio sonido. Canciones como “De doble filo”, “Siempre será lo mismo” o “El recurso popular más válido” entregan nuevos aires a una banda que es conducida  por un rapero –Koala Contreras-, pero que sigue demostrando su inclinación por la experimentación y los márgenes del rock al unir distorsiones con trompetas, bombo, platillos y arreglos digitales.

También el discurso de CAF presenta sutiles cambios. Por ejemplo, gran parte del álbum está dedicado a un debate interior. Así, las rimas de Contreras esta vez no sólo salpican a las instituciones, sino que también ensucian el reflejo de un sujeto que se reconoce desbordado. Resulta interesante este doble tiroteo, pues propone una necesaria reflexión sobre  el despliegue del poder, la lucha “del hombre contra el hombre” y el lugar que ocupamos frente a la norma.  

En consecuencia, “Comenzará de nuevo” es otra estupenda muestra del trabajo de una de las pocas agrupaciones locales que se olvida de la anécdota vacía  sobre los partidos políticos y el descontento. Aquí no aparecen escenas de marchas ni reclamos, ni adultos jugando a ser jóvenes eternos, ni ladridos, ni gritos en contra de los ricos empresarios gobernantes. Como Asesinar a Felipes sube un poco la mirada para jugar con el lenguaje y el sonido y así   inquietarnos sobre esa violencia dominante que escapa a nuestra percepción más cotidiana y que, bajo ninguna circunstancia, es tema de interés para los rostros musicales del último tiempo.

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martes, octubre 16, 2012

Ignacio Torres - Ahora es cuando




Una estimulante lectura del soul propone Ignacio Torres en “Ahora es cuando”. Aunque no es su primer acercamiento a la canción –el chileno fue integrante de Óvolo y también participó en el desaparecido sello Neurotyka-, este  trabajo es su carta de presentación oficial, una postal que destaca por sus arreglos y por el carisma de Torres, voz que cuenta con las capacidades para incursionar en formatos serenos o en registros cadenciosos  que podrían alcanzar sin problemas la masividad.

De menos a más, el disco se inicia con el pulso lento de “El color del mar”, canción que se une a las programaciones de “Tu esencia”, una sofisticada pieza de R&B que se potencia con la colaboración de Muriel Naranjo en los coros. La serenidad continúa hasta “De fuego”, corte que vuelve a sacar partido a la electrónica. Sin embargo, en esta línea brillan “Otoño” y “Amores”, dos baladas que no ocultan el gusto de Torres por el romanticismo. Esta última es un buen ejemplo de la habilidad del  cantante por rondar los tópicos clásicos del corazón pero sin recurrir a los vicios del soul, estilo obsesionado con la piel, los olores y la sobreactuación de la sensualidad.

Como complemento, los ritmos también seden espacio a los bajos y las percusiones aceleradas en “Sin apuro” y “Ahora es cuando”; asimismo, “Cosas sencillas” y “Nodudes” son dos guiños al hip hop que cuentan con los aportes de Seerjú y Tiei en las rimas. En estos minutos aparece la faceta más alegre del cantante, quien nunca olvida versos esperanzadores y positivos en sus letras.

En consecuencia, gracias a la meticulosa producción de “Ahora es cuando” –que no se queda corta en arreglos de viento, cuerdas, programaciones, efectos y colaboradores- Ignacio Torres firma un disco de buenas ideas y abierto a nuevas interpretaciones sonoras y poéticas para el soul nacional. Un grato acierto.

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, octubre 2012) 

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viernes, junio 01, 2012

Mika Martini - Los Hanoish y otras subculturas extintas



Si hay algo que distingue a Mika Martini (Hugo Espinosa Chellew) en su nuevo trabajo es la capacidad del compositor para presentar la música electrónica como un espacio de tensión. Amparado en la idea ficticia de “Los Hanoish y otras subculturasextintas”, Martini se sumerge en la ambiciosa reconstrucción fragmentaria de imágenes y territorios de un mundo desconocido, tarea en la que fusiona elementos del ambient, la experimentación  y referencias a la estética del error para armar un complejo rompecabezas.

Es el enigma el motor principal de “Los Hanoish…”, un disco que recupera nueve cortes ya publicados en distintos compilados, pero que ahora instalan una atmosfera apocalíptica en títulos como “Golfo de penas”, “Las Minas de Sal de Zipaquirastepek” o “La Lluvia se llevo a los Hanoish”. En estas canciones, las programaciones sintetizan vestigios sonoros que remiten a escenas subterráneas, oscuras, pero también marcadas por huellas digitales –circuitos, alertas, archivos alterados- que indudablemente apelan al glitch. 

A su vez, estas señas se nutren del buen uso de susurros, ecos y voces entrecortas. “Canales de Piedra y Canoas de Piel”, “La Migración de los Pachacampanac” o “La Caída de la Subcultura Subacuatica Subcontinental” son piezas que utilizan esos efectos para anclar la idea de eslabón perdido. ¿A qué evocan esos gemidos? ¿Cuál podría ser el referente más cercano de esos balbuceos?

La respuesta no existe o carecemos de ella. Ese es el dilema que Mika Martini plantea en este disco, pues aquí no sólo se distingue un estupendo ejercicio de nostalgia, sino que también  un oportuno diálogo con los límites de la música electrónica como lenguaje. 

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, junio 2012) 

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Cholita Sound - Ponte Free



Electropop con retoques de folclor, tecno adornado con secuencias reguetoneras, electroclash tropical. Esas son algunas de las mezclas que Caterina Purdy trata de desarrollar en “Ponte free”, su nuevo disco bajo el alias Cholita Sound. El reto es grande, y como sucede con la mayoría de los subproductos asociados a la cumbia digital, el resultado final es poco menos que agraciado, frío y ultra conservador.

Cubierto con un frágil envoltorio conceptual, el disco presenta a Cholita Sound, un personaje que busca resignificar la figura de la cholita andina. En “Hermana bolivariana” o “Ghetto kumbia” la cantante toma la batuta por la cultura norteña, pero al hacerlo recurre a la sobreactuación y a la mantención de estigmas vinculados al misticismo, la transmutación u otras figuras “exóticas”. En esa jugada, Purdy encapsula su propia idea en lo kitsch, etiqueta que una vez más sirve para solapar evidentes ejemplos de discriminación.

En este caso llama la atención el discurso de la ex Purdy Rocks en torno a lo popular, esa baja cultura que para sus ojos es un tesoro. “Cumbia sahumerio”, “Radio cuma” o “Perreo místico” hablan de sus problemas para encajar en el sistema económico y social, y al mismo tiempo, del encanto que producen en ella los ritmos barriobajeros. En consecuencia, el tono que adopta la cantante y la reiteración de esa idea en donde la liviandad se asocia a una clase en particular hacen del disco un ejemplo sorprendente de abajismo.

No es casual tampoco que el soporte electrónico sostenga las trece canciones de “Ponte free”, pues bajo este paraguas de bases programadas y voces  manipuladas (en donde se escucha a lejos, muy a lo lejos, una que otra percusión) se esconde una nueva ilusión de vanguardia, esa falsa sofisticación que como ocurre en otros proyectos nacionales (Astro, Valentina Fel o Adrianigual) sólo sirve para demostrar la carencia de marcas sonoras convincentes e ideales políticos concretos.

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, junio 2012)

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lunes, abril 09, 2012

Alamedas – Romeo




Un ambicioso esquema es el que trata de completar Alamedas en Romeo (2011), su cuarto disco oficial. A la realización de un rock cada vez más prolijo, el grupo liderado por Alejandro Gómez suma la intención de hacer de sus creaciones un punto de inflexión, un espacio de reflexiones contundentes capaces de proponer problemas o, al menos, algún tipo de cuestionamiento sobre estado de las cosas. Pero el resultado es disparejo si se consideran las historias que aparecen en estas nueve canciones.

Como abunda en la música popular, gran parte de Romeo está al servicio de experiencias individuales o  anécdotas sin mayor sentido que pueden hablar al mismo tiempo del amor, de las relaciones, de la existencia o de un futuro esperanzador. “Ya sabes” o “Puesto” expresan ese estilo errante que divaga entre diversas ideas paralelas. “Monumentos” es otro ejemplo, y el más sorprendente de todos, pues en esta canción el trío nacional es capaz de ensamblar una crítica al colonialismo con la diversión y unos “mijita rica” como broche final. ¿Qué es eso? ¿Una simple muestra de absurdo? No es tanto eso, sino que más bien se trata de una evidencia clara del rock nacional bizco, capaz de visualizar con un ojo algunas intenciones más o menos profundas, mientras que con el otro se mantiene atento a los lugares comunes del formato. 

Mejores resultados logran en “Sin que te lo pida” y “Sigue”, dos cortes románticos que además convencen con una estructura simple y efectiva, tanto como “Otro mundo” y “Alturas”, este último con el llamativo aporte de un saxo.

No obstante, Alamedas cae en otro vicio: utilizar su repertorio para deslizar un breve reproche a las audiencias. “Deja de lado sólo por un momento esas canciones que ponen en la radio y presta atención hacia nuestro lado. Maduramos tres años para hacerte un regalo”, dicen en “Solo entonces”, en una jugada inexplicable  si se considera la relación actual entre autores y públicos. Esta recriminación, tan innecesaria como pretenciosa, aparece justamente en los minutos finales, cerrando una producción zigzagueante y que no esconde su naturaleza infantil.

Si bien es cierto que Alamedas logra firmar su trabajo más conciso, no es falso añadir que Romeo deja pendiente una muestra más concreta de su crecimiento, pues hasta ahora sólo se reconoce a una  agrupación sólida, fiel al rock más popular, pero que no es capaz de sostener un discurso acorde al paso de sus años. 

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, abril 2012)

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Jano – Ay, bonita!



Jano Soto (Alejandro Kemp), figura que hace más de quince años hizo lo suyo en el rock nacional con canciones como “La luz del cuerpo” o “Ella siempre”, vuelve a ser noticia como Jano y Ay, bonita! (2011), un disco en donde no sólo hay un retorno, sino que también una regresión. Aquí el cantante adopta una estética de hace casi medio siglo atrás para escribir diez piezas híbridas, que suenan entre el rock y la balada surf, que no temen mezclar rockabilly con pasión cebolla, o dicho de forma más elemental, se mueven de igual a igual entre los Beach Boys más tradicionales y el Zalo Reyes más lacrimógeno. 

Jano no oculta este tipo de influencias y en el despliegue de esta media hora las asume y las reinterpreta con humor. El resultado cautiva y cada corte logra su objetivo: sonar como los antiguos éxitos del corazón, esos relatos de amores adolescentes con  estribillos memorables y melodías instantáneas. “Cerquita mío” –el estupendo promocional del álbum-, “Nadie como tú” o “Otra vez me equivoqué” son composiciones entretenidas, llenas de segundas voces que acompañan el tono de Soto y en las que se reiteran los más célebres tópicos radiales: el amor que enloquece, el sentimiento avasallador, el papel del amante borracho, el bobo suicida y medio machista, el loco desdichado, etc. 

Pero al asumir un rol de impecable crooner (que no recurre a ningún exceso vocal, pues prefiere la serenidad y la calma, y que cuenta con el soporte de una contundente banda tras de sí), Jano no se limita a copiar a los clásicos. Así, en “Toma el tren” escribe una balada rock con impronta actual; de “Vive tu vida aquí conmigo” hace una fiesta latina o en “Desdichado” y “Sólo te pido que, al menos, me dejes tu corazón” entrega nuevos aires al romanticismo local. Con eso demuestra que este evidente homenaje a un pasado ingenuo y bonachón también es una oportunidad bien aprovechada para volver a las pistas con algo más que nostalgia.

El aporte de Ay, bonita!, en consecuencia, está en convencer con una idea que no pierde lógica a medida que se desarrolla y que opta por un sonido simple y un lenguaje coloquial para reinterpretar las raíces de la canción romántica. Sin duda, una grata sorpresa. 

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, abril 2012)

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miércoles, abril 04, 2012

Natisú - Deshabitar



Un recorrido por distintos estados de ánimo es el que propone Natalia Suazo en Deshabitar (Independiente, 2012), su primer trabajo oficial como Natisú. En este proyecto, la cantante hila escenas de corte personal para referirse a las frustraciones, los anhelos y las proyecciones de una intimidad ambivalente, siempre cargada de luces y sombras. Ese contraste se afirma en una producción que saca partido a la atractiva voz de Suazo y que sobresale por la variedad de arreglos que aparecen en estas diez canciones.  

Aprovechando los recursos clásicos del pop más oscuro –la fuerte presencia de guitarras y distorsiones, pesados ritmos de bajo y batería, sutiles arreglos electrónicos-, Natisú disfraza su impotencia en “En esta parte del deseo”, “Rituales” o “Al encuentro”, cortes en los que su voz se retuerce entre tonos cándidos y gritos que se escuchan liberadores. Sin embargo, la evidente carga dramática de estas piezas siempre oculta un dejo de optimismo, tal como lo demuestra “Polillas de la tarde” y la sentencia “hay nuevos modos, nuevos medios, nuevos aires. Siente los dientes y masquemos esta realidad”, una de las líneas que define la naturaleza conciliadora de esta entrega.

Por eso, son  otras las canciones que abren nuevas posibilidades al debut de Natisú. Y justamente son las que menos abusan de esa fachada sombría y las que más se acercan a la simpleza de lo acústico. En entre ellas, “Miles de ciudades” y “Deshabitar”, dos baladas al servicio de la incertidumbre. Aquí, la cantante da un giro para sostener un interesante cuestionamiento sobre la seguridad y el buen vivir, aspirando a cambiar las formas y a abandonar los roles que asumimos como dignos o beneficiosos. Con eso, logra que su narración supere –al menos en parte- el lugar común de las divagaciones personales, casi siempre amorosas.

Es evidente que Natisú busca acercar la música popular a terrenos menos convencionales o al menos proponer una dosis de penumbra al formato pop. Aunque le resulta, la forma en este caso resalta tanto como las ideas que desarrolla en cada canción. Esa es la mayor fortaleza de Deshabitar: transformar un estilo, un sonido, en un mensaje que debería sorprender en próximas publicaciones.
 

Esta crítica fue publicada en Nacion.cl

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jueves, marzo 01, 2012

Universo Error de Ahorcarte - Observatorio / Colmillos / Garras / Caparazones / Pelaje / Manchas / Trincheras y Melancolía




Tenebroso, contenido, a punto de estallar. Así se escucha Observatorio / Colmillos / Garras / Caparazones / Pelaje / Manchas / Trincheras y Melancolía (Jacobino Discos), trabajo del músico y artista visual Iñaki Muñoz bajo el seudónimo Universo Error de Ahorcarte. Detrás de este sugerente título y apodo, el autor se atreve a proponer una electrónica muda, dominada por la superposición de trayectos sonoros que parecen apuntar en direcciones opuestas, pero que dan sentido a un lenguaje oscuro, perturbador y siempre vinculado a la falla y la carencia.

En poco más de media hora, Observatorio…ofrece doce cortes que circulan por variadas etiquetas. Hay ambient en “El alzamiento”, glitch en “La magnificación”, contrastes melódicos en “As de luz” e incluso roces al trip hop en “Ardiendo”. Aunque diversos, estos estilos están unidos al mismo tallo: una atmosfera densa, colmada de capas, efectos y programaciones; un rasgo común en donde los ruidos y los esporádicos susurros (o balbuceos) abren y cierran puertas para el desarrollo de canciones que tratan de quebrar la lógica tradicional del formato.

Ya que cada pieza carece de una progresión clásica, el disco en su totalidad se  entiende como un tránsito digital que comienza con la jocosa “Institutriz”, continúa con la fantasmagórica “Extracción de resina” y finaliza con los minutos chispeantes de “La nueva madriguera”. Así, el arco que atraviesan las composiciones de Universo Error de Ahorcarte dibuja una ruta que avanza y que nunca encuentra un punto definitivo, pues busca decir, pero esconde la palabra.

Sombrío, agónico, sin respiro, algo reiterativo, lúgubre y sorprendente a la vez, este disco destaca por la capacidad para transmitir un malestar que se está incubando y que no abusa del ruido para denotar desazón o furia. Como la banda sonora de un colapso inminente, Observatorio convence por adornar los minutos previos al horror. 

Crítica publicada en Nación.cl

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martes, febrero 14, 2012

Newton Rocks - Quasar





Componer, editar y publicar un disco gracias al formato casero no es novedad, pero lo curioso es el tipo de propuestas que surgen a partir de este método de creación. Un caso reciente es el de Julio Quiroz, conocido como Newton Rocks y su debut Quasar. En este trabajo de libre descarga –otro  detalle que potencia esa atmosfera de autogestión-  el DJ devenido en solista expone una electrónica que intenta trepar hasta la cresta del hit y una sensibilidad ensimismada, hija de este sistema a puerta cerrada.

Dividido en once cortes, el álbum es una oda al house y al dance más comercial, un estilo que el autor reinterpreta a partir de referentes populares actuales (Daft Punk)  para firmar un grupo de programaciones uniformes que no ceden espacio a tácticas más osadas (salvo en la atractiva y envolvente “Armonías felinas”). Así aparecen “sqrt(1723969);” o “Partículas elementales”, momentos que demuestran el apego del músico por las estructuras simples e inmediatas. 

En tanto, a la hora de manipular su voz mediante el uso del talkbox, Newton Rocks agota el recurso y satura sus canciones con un truco que estira durante el grueso de esta media hora. De paso, al mantener su gusto por intervenir las voces, también opaca a Deplasticoverde y Fakuta,  invitadas que pierden los matices que las caracterizan al sonar idénticas y robóticas en los coros de “Energía oscura” o “Me gustas”.

Por otro lado, y a cambio de la escasez de riesgos sonoros que expone, el cantante trata de incorporar algunas ideas en sus letras, aunque con ese gesto aflora el carácter autocomplaciente de su narración. Y es que al margen de algunas menciones a los vicios de catalogar nuestro entorno (“Especto de colores”) o la transmisión de un mensaje positivo (“Flip-Flop”), su poesía termina por describir una personalidad encapsulada y que reivindica la experiencia individualista. “Singularidad” es el ejemplo más radical de esa tendencia. Asimismo, la milimétrica densidad del disco se hace notar en “Despega”, canción en la que Dadalú aporta reproches insostenibles sobre la difusión mediática de obras musicales en el país.

Ya que no es una prometedora carta de presentación, Quasar se entiende mejor como una breve carta de navegación para Newton Rocks, principiante que se escucha sumido en las fronteras de  sus cuatro paredes. Bastaría levantar un poco la mirada para conseguir inyectar más dinamismo a una electrónica que en esta pasada no supera el ejercicio de aficionado.

Crítica publicada en Nacion.cl

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domingo, febrero 05, 2012

Geosónica - El influjo



En pleno apogeo de los solistas nacionales hace un par de años, Ricardo Santibáñez debutó en 2010 con el apodo de Geosónica y el disco Extrapolar (Independiente), un trabajo de pop discreto y que mezclaba programaciones electrónicas con la tendencia acústica de la época. Después de dos años, el autor oriundo de Osorno vuelve con El influjo (Independiente), una demostración de su gusto por la producción de estribillos memorables, aunque con marcados vicios en su relato.

Algo que caracteriza a las doce canciones de este álbum es la variedad de instrumentos que las sostienen; a la tradicional guitarra se suman baterías, percusiones, saxo, y otros arreglos que prueban la evolución del cantante a la hora de estructurar sus composiciones, logro que abre una notoria brecha en comparación a su debut. Buenos ejemplos son “Vidas paralelas”, “Mil horas”, “Panamá” y “París”, cortes ricos en sonidos y en los que el chileno escarba con destreza en sus historias íntimas.

Pese a estos momentos, en el disco también abundan narraciones zigzagueantes  que no consiguen dar coherencia a la poesía de Geosónica. Así sobran las ensoñaciones y los versos románticos conectados mediante rimas toscas, tal como se escucha en “Fuego, casas y recuerdos”, “Parque” o “Nuestra luna”. Por tanto, la poca claridad de los motivos del cantante –evidentemente amorosos, pero hilados a la fuerza- hacen que gran parte de este repertorio insista en menciones obvias sobre las relaciones, la melancolía o la alegría.

En conclusión, las referencias sentimentales que aparecen una y otra vez en el disco impiden que las buenas melodías de El influjo salgan bien paradas. Esos tropiezos hacen del osornino un creador en crecimiento, pero aún atorado en un estilo que –al  menos en Chile- ya está sobrepoblado. 

Crítica publicada en Nacion.cl

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martes, enero 31, 2012

Gen - Simulacro EP


Cinco canciones le bastan al rapero nacional Gen –apodo  de Freddy Olguín (1979)- para elaborar un trabajo  a la vez atractivo y propositivo,  capaz de unir un estimulante sonido con una idea sobre la cotidianidad casi imposible de rastrear entre los autores de su generación. Se trata de Simulacro (Dilema Industria, 2012), EP que no supera el cuarto de hora y que se puede conseguir a través de descargas gratuitas.

Desde la acelerada y oscura “Introch”, hasta la experimental “Fugaz”, Gen se une a DLA, Antioch, Foex y Kronos JetYawat –todos músicos y compositores- para enriquecer sus rimas gracias a una impecable producción. Con esta compañía, el chileno articula un pequeño tratado sobre la idea del simulacro, esa forma de generar la realidad utilizando el espectáculo y cuyos sustentos no son más que ficciones que se entrelazan para definir lo que entendemos como real.

A la hora de aterrizar estos conceptos, el cantante desarrolla dos momentos claves: “Simulacro Pt.I” y “Simulacro Pt. II”. En estas canciones, Olguín se detiene a pensar en la maraña de señales, signos y montajes (políticos, culturales, económicos) que definen nuestra forma de entender el día a día. Basándose en estribillos memorables y en un correcto uso de ritmos y efectos, Gen consigue que las piezas sorprendan por sus hipnóticas estructuras y por una intensa poesía.

Asimismo, el autor exhibe en “Lugares incorrectos” y en la mencionada “Fugaz” una sensibilidad devastada ante la serie de imposiciones sobre lo cierto y lo falso –muchas de ellas vacías, sin fundamentos- que son aceptadas como naturales. Esa es la mayor fortaleza de Simulacro: reconocer la vaguedad que afecta a toda acción  y el efecto que esto genera en la relación entre los sujetos y el entorno, incluidas, claro está, las relaciones afectivas.

En consecuencia, y considerando que la saturación de información nos sorprende una y otra vez con casos de manipulación e historias oficiales reinventadas, el nuevo disco del líder de Dilema Industria sirve para condimentar con una buena dosis de electrónica y hip hop el gusto amargo que recubre la aparente sencillez de lo habitual.

Crítica publicada en Nacion.cl

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