“Cantante, escritor, artista
visual y figura mediática en su país”, así comienza la biografía de
Dani Umpi
en uno de sus tantos perfiles en internet. Multifacético, el uruguayo invitado a la última versión de
la Feria del Libro de Santiago
(FILSA) también es conocido por su desvergonzada puesta en escena, en donde no
duda en combinar tacos altos y una
camiseta de
basquetbol para adornar una fachada andrógina
y recargada. Críticas y abucheos ha recibido en latinoamérica por su inclasificable
imagen, pero también aplausos gracias a
sus discos de pop “Perfecto”
(2005) y “Mormazo” (2011) y sus novelas “Aún soltera” (2003) o “Miss Tacuarembó” (2004), cuya versión
cinematográfica protagonizada por Natalia Oreiro se estrenó hace dos años.
En su recorrido por la capital,
Dani Umpi ejerció su doble militancia: como escritor y cantante, el autor promocionó su última novela “Un poquito
tarada” –que espera editar prontamente en Chile- y su nuevo EP, “Piano - Vol.I”, en donde
repasa alguno de sus clásicos e incluso cuenta con la colaboración del cantante
nacional Gepe.
Este nuevo disco
recuerda un poco la idea de “Piano” de Daniel Melero, que es un gran referente.
Sí, gracias, aunque la comparación me queda un
poco grande, jeje. La idea del disco
surgió el verano pasado, que fui a tocar a la playa la Pedrera en Uruguay, pero
viajé sin mi colaborador de siempre, el guitarrista Adrián Soiza con quien ya
había publicado un disco de versiones en guitarra, llamado “Dramática” (2009).
En fin, pasó que para hacer los shows me acompañó el novio de una amiga que
toca el piano, Álvaro Sánchez. Nos presentamos, y en seguida nos hicieron un
montón de fechas. Le pusimos “Dani Umpi Piano” a ese tipo de presentaciones y
después hicimos el disco, que grabamos en una sola toma, haciendo una especie
de falso en vivo. Después lo pusimos en bandcamp y se bajó un montón de veces. Creo que el
piano es re diferente a la guitarra, y aunque con los dos instrumentos me
siento muy intérprete, en este caso es distinto porque todas las canciones son
mías, salvo un cover de Carla Morrison. En el disco también está Gepe en la
canción “Patas para arriba”. Justo él fue
a cantar a Montevideo en la época en yo estaba grabando el disco, así que lo
invité a grabar y quedó.
En tu disco “Mormazo”
colaboraste con Wendy Sulca, ¿imposible invitarla a este nuevo proyecto de versiones?
Es que la grabación de este disco fue muy
espontánea, no fue tan planeado. Pero claro, de haber podido lo hacíamos.
Es interesante la
defensa que haces de Wendy Sulca como artista. Por ejemplo en Chile, cuando la
invitan a tocar, siempre la invitan a fiestas kitsch, y me parece que detrás de
esa etiqueta lo que hay es una gran
discriminación. Al final se la mira como un chiste y no como una figura con
talento. ¿Qué opinas de eso?
El fenómeno de Wendy Sulca desde un principio
me cautivó mucho, porque es muy complejo. Creo que es un detonador de
prejuicios musicales y raciales de la
sociedad. Si se quiere, por ejemplo, La Tigresa del Oriente parte
desde un lugar más humorístico, pero Wendy Sulca es una artista que proviene de
una tradición folclórica, y que responde a una historia antiquísima que va
evolucionando. Por eso me parece que el
fenómeno en torno a ella habla de todos los prejuicios que tiene la gente y
cómo se maneja lo exótico y la ignorancia que se tiene hacia otras culturas, pues
las burlas a Wendy son básicamente tres: su tono de voz, lo racial cuando la
llaman “monito”, y la última que es cultural, cuando se ríen de canciones como “La Tetita”, que habla de
amamantar. Y me parece que no se ha reflexionado mucho sobre esto, y lo más
curioso es que quienes tienen las
capacidades para hacerlo, como los periodistas que están formados para desarrollar
otras lecturas, no lo hacen. Se opta por la burla, y en mi caso, un personaje
como Wendy Sulca me interesa mucho, porque yo siempre estoy adoptando el
personaje del bufón.
¿Hasta qué punto tuviste que enfrentar ese tipo de
discriminaciones, considerando que la opinión más inmediata no es aceptarte
como una propuesta artística válida, sino como el tipo raro?
Desde el primer día que subí a cantar supe que
quería ser una entidad o una construcción icónica que tuviera en cuenta ese
factor: ser un freak, un bufón. Eso me permitió tomar distancia, observar y
detectar las críticas, y me siento muy orgulloso de contar con esas críticas,
como cuando dicen que no canto bien o cuando dicen que es todo sobreactuado.
Eso es obvio, porque es un producto camp. Lo más interesante es que lo dice
gente preparada, gente que sabe. De hecho tengo un archivo de críticas de
discos, muchas de ellas de diarios o medios re progres que se cuestionan por
qué enfatizo tanto lo marica, que por qué tengo esa necesidad. Finalmente creo
que es una postura política presentarme así, porque es una propuesta muy
fronteriza, y no es que eso sea un riesgo, sino que esos son los objetivos: lograr
que no se sepa donde ubicarme, si está bueno o si está malo. Además, qué sé yo,
pensá que hace poco abrí el show de
Junior Boys y también canto con grupos de cumbia, entonces bueno, cuesta
ubicarme…
Respecto a tu forma de
trabajar llama la atención que a la hora
de publicar tus discos no existe una continuidad temporal clara. ¿Qué hay con
los tiempos? ¿Cómo manejas ese factor?
Soy muy caprichoso y también hago muchas cosas
a la vez, porque también escribo y tengo que vivir y alimentarme. Pero con la
música pasó que “Perfecto” se editó en 2005 en Uruguay y al año siguiente en
Argentina, pero dos años después en México, entonces me demoré en publicar algo
nuevo porque tuve que hacer promoción. Igual con eso no me fue muy bien,
jejeje, porque en México habían varios sellos interesados en editarlo, y yo al
ser tan pueblerino opté por el más grande, EMI.
Y bueno, no me daba cuenta que estaba en el medio de cientos de artistas.
No era prioridad y si quería moverlo tenía que hacerlo yo mismo y estando en
Uruguay todo es más difícil. Igual en esa época fui descubriendo cómo era el
mundo de la música, porque yo nunca tuve un plan o un sueño de ser cantante. Yo
vengo del mundillo del arte, nunca se me había ocurrido hacer música. Con el
tiempo empecé a hacer mis propias canciones, y yo no toco instrumentos. Sólo
las hacía como una señora, mientras limpiaba, con mi voz. Todo era melodía de
mi voz y todo fue muy rápido. Y hasta ahora siempre siento que estoy empezando
de cero. A la vez, el producto que hago era re raro y bueno, hasta ahora no sé
cómo manejarlo.
Eso es con la forma en que encaro el tiempo. Aunque
bueno, también tengo que trabajar. De hecho recién ahora, desde hace poco más
de un año, vivo de lo que hago. Antes hacía mil cosas; tenía un programa de
radio, escribía en revistas con seudónimo o sin seudónimo, trabajé en una casa de cambio, repartía volantes,
también pasaba música cada tanto, qué sé yo, hice un montón de trabajos. Y por
eso, al no tener dinero dependo de un sello, o en el caso de los libros, de una
editorial que me publique. Yo no puedo solo,
siempre tiene que haber alguien que esté convencido de lo que yo hago.
Nunca me autofinancié y por eso defiendo la industria y me jacto de eso un
poco, porque me costó mucho. No puedo ser tan independiente, porque eso es el
doble de trabajo.
Esa defensa de la
industria es medio difícil de escuchar entre los artistas actuales. Parece un
poco anticuada.
Sí, pero yo no puedo autogestionarme. Es decir,
claro que lo hago, pero tengo varias carencias, y la primera es económica,
porque no puedo hacer nada por mi cuenta; ni grabarme, ni publicar, no tengo
los medios para hacerlo. Y después tengo
otra traba, que es que no sé relacionarme mucho, siempre dependo de un manager
o de alguien. No soy tan experto en mis relaciones públicas y mucho menos en
conseguirme los shows. ¿Y armarme los discos? ¡No tengo ni idea! Por eso
dependo de una infraestructura que me pueda potenciar, porque a la vez también
quiero crecer.
Viniste a FILSA
justamente a hablar de la relación entre música y literatura. ¿Cuál es tu
opinión sobre el posible vínculo entre ambas expresiones?
La verdad es que durante estos últimos días lo
estuve pensando, porque nunca antes había reflexionado lo suficiente sobre esto. Siempre
para mí fueron cosas diferentes, pese a que una canción se puede pensar como un
relato. No le encontraba mucho el link, pero si me pongo a pensar hay algo en
la estructura de una novela que puede ser parecida a la de una canción en el
sentido del ritmo. También siempre estoy leyendo en voz alta, me fijo mucho en
el sonido de lo que escribo, y ahí hay algo musical, porque de acuerdo a cómo
suena lo voy modificando. Y ni que hablar de cuando hago una novela: lo que más
me fascina es el tono de los personajes. Pero ahora, estos días en Santiago,
pensé lo siguiente: a mí me gusta la numerología y ahora estoy muy interesado
en la cábala, en donde las letras están muy asociadas a los números y a los
sonidos. Y como me gusta la numerología me fijo mucho en los números y me guío
mucho por los principios herméticos, y en el caso de mis novelas, ocupo algunos
criterios numerológicos.
Por ejemplo, mi última novela, “Un poquito tarada”, tiene
33 capítulos, y el 33 es un número maestro igual que el 22 y el 11. Entonces en
mi cabeza, los capítulos 33, 22 y 11 son los fundamentales. Y de alguna manera,
pensar en números es pensar en ritmos, porque la música es matemáticas, y yo amo
a Pitágoras, siempre lo estoy leyendo, y Pitágoras fue el primero que asoció
los números con la música y la proporción de los movimientos de los planetas,
que a su vez, equivalían a notas musicales…Y así, a la hora de escribir pienso mucho en la
estructura, no es que me baje una musa inspiradora, sino que pienso de qué voy
a hablar de cada capítulo y esa estructura es como una música, y cuando hago
canciones, sigo una estructura que es pop y la estructura del pop es bastante
rígida. Justamente, esa rigidez me da mucha libertad y por eso mis canciones
son muy de historias y quizá es por eso me seduce tanto el formato pop.
También me gusta mucho lo simbólico y creo que
lo simbólico siempre atraviesa lo estético, entonces, por más que yo haga un
trabajo muy estético y muy a nivel de superficie, en realidad siempre estoy
mucho más preocupado por lo simbólico y por eso me interesan tanto las
tradiciones como la cábala. No sé, me gustan y trabajo mucho desde ahí. Por
ejemplo siempre ocupo mucho la figura de la androginia, y la despolarización,
aunque recién ahora estoy saliendo de ese closet y lo puedo decir más
abiertamente. Antes me daba pudor porque ya era demasiado para mi propuesta que
es muy exagerada, jeje, y además creo que uno puede hablar de estas cosas sólo cuando
sabe mucho y en mi caso ni siquiera soy un aprendiz.
Siguiendo con la
relación entre música y literatura, en 2009 hiciste un musical, “Nena no robarás”.
¿Cómo fue esa experiencia?
Me encantan los musicales y creo que hacer
musicales es en donde más cerca he estado de trabajar música y literatura al
mismo tiempo. Primero hice “Nena no robaras” en 2009, que fue una comedia muy
clásica, toda cantada y con todo los clichés. Después, este año hice “Marta, la
musical” que fue un proyecto re extraño, medio musical, medio performance,
medio reality, muy raro, pero fue el que
más me gustó porque quedó en algo muy inclasificable. Creo que es una de las
cosas más interesantes que hice y también
la más personal. Estuve trabajando como tres meses en ese proyecto y durante
ese tiempo cambié mucho mi proceso de creación. Además me cuesta mucho trabajar
con otras personas, y también logré pasar esa barrera con este musical.
En todos estos casos,
tanto en los libros como en tus discos,
el tema del amor está muy presente. ¿Por qué siempre hablas de esto y no de
otros motivos?
Más que el amor me interesa el discurso
amoroso, como Roland Barthes en su libro “Fragmentos de un discurso amoroso”,
que es lo más, es mi libro favorito. Pero personalmente, mis historias de amor
no son interesantes. De hecho ahora no
es algo que me mueva porque siempre voy a tener otros problemas que resolver,
jejeje. Sin embargo, cuando escribo me interesa el amor, porque lo veo como
discurso y estructura artificiosa, y a veces lo tengo demasiado idealizado,
pero a nivel artístico. En mi vida personal, no tanto. No sé, a veces mis
amigas se enojan porque les copio todo lo que ellas dicen, jejeje y después
hago libros o canciones, pero no son cosas que me pasen mucho. Qué sé yo, me
encantan los teleteatros y los cuentos de mis amigas con sus novios, entonces
claro, es el imaginario del que me nutro. Después con mi psicólogo no hablo
nunca del amor, jajaja, hablo de que no me da la plata u otros temas; siempre
estoy más obsesionado con el trabajo o en otras cosas.
¿No sería errado
catalogar eso como algo frívolo? ¿Qué hay con la posibilidad de ampliar las
temáticas en tu obra?
Me gustan los clichés, los estereotipos y la
frivolidad como un lenguaje. Es raro, pero de alguna manera transformo eso en un
fetiche que me permite reflexionar sobre otras cosas. Y en realidad no sé si lo
amplío mucho, pero siempre acumulo mucho los clichés del amor. Por ejemplo
cuando canto, el personaje que interpreto además de ser un bufón, también cumple
con la lógica romántica. Igual creo que todo esto es re político. Ser un bufón
es algo político, manejar la figura de la androginia también es re político.
Por ejemplo, estar siempre con elementos masculinos y femeninos es evidenciar
los dos polos y eso es una cuestión hermética. Me interesa ser ambiguo, porque
ser contradictorio con uno mismo o ser difuso con la propuesta es un lujo que poca gente se puede dar. Y yo
trabajo mucho para conseguir ese lujo. Siempre quiero estar en la frontera, y
me gusta que lo que hago para algunos sea muy raro, para otros algo muy visto o que incluso para
otros no sea lo suficientemente hipster y para otros sea lo más. Eso hace que
vibre la propuesta. ¿Hablar de otros temas? Qué sé yo, me parece bien que se
haga y puedo admirar a los artistas que lo hacen, pero creo que todos esos
temas –como la pobreza, la discriminación, u otros-, ya están en mí. No lo
hablo directamente, pero hice una canción con Wendy Sulca y Fito Páez. Eso es
re político. Y no te voy a decir yo lo que tenés que interpretar, pero hacer
una canción así habla de cómo se divide la sociedad y los distintos lugares que
hay. Creo que soy redundante en otras cosas y no con los discursos políticos.
No hago una canción a los pobres, porque yo ya soy pobre, jajaja.
Ocupas bastante
Facebook, Twitter, y antes también Fotolog. ¿Cómo influyen esos formatos en tu
creación, tanto literaria como musical?
Influyen mucho, porque a veces mi contacto con
el mundo pasa por ahí, pero a la vez siento que no los aprovecho lo suficiente
porque me quedo muy a nivel de usuario. No sé, en twitter no promociono tanto
mis shows, sino que lo ocupo como un chat con mis amigos. Y eso me fascina,
porque surgen formas de escribir o frases que me gustan mucho, y como paso
mucho tiempo ahí, las voy ocupando. En mi última novela justamente el personaje
principal es una chica que se inventa a sí misma en internet y va haciendo su
vida en base a las redes sociales. Y eso es un poco lo que hago yo, jejeje. No
sé, también les debo mucho, porque si no fuera por estas plataformas no se
distribuiría mi música.
Justamente en Facebook escribiste algo tras la muerte de Leonardo Favio, un clásico que logró vincular música, literatura, cine, todo al mismo tiempo.
Me enteré de la muerte de Leonardo Favio en Chile y me choqueó porque siempre me gustó, sobre todo su tono. A mí me encanta el melodrama y él era un maestro. Por ejemplo, la película “Nazareno Cruz y el lobo” siempre la amé, siempre me pareció lo más, lo más sublime de todo, creo que es una película muy perfecta, con todos sus discursos. Leonardo Favio respetaba los géneros populares, que a mí me encantan, y su tono era perfecto, sus imágenes también lo eran. Siempre hacía lo que se le daba la gana y yo quiero hacer lo que se me da la gana, entonces es más que un referente. Además, creo que las primeras canciones que recuerdo en mi vida, son las de él, entonces es muy fuerte su figura. Me marcó muchísimo, fue un grande. Enterarme ahora de su muerte fue…No sé…Recuerdo que siempre antes escribía en Twitter “Fuerza Leonardo!” y tal, pero ahora…Qué sé yo, otros como Sandro nunca me interesaron tanto.
BONUS:
Chile
"Mi opinión sobre Chile es re fantasiosa, y por
lo mismo poco puede ver con la realidad. Por ejemplo en el caso de la música
actual, y pese a no conocer mucho el panorama chileno, en mi cabeza pienso en
un montón de músicos discutiendo. Creo que están muy preocupados de esa idea
del paraíso del pop. La imagen que tengo es esa: músicos chilenos discutiendo
sobre el paraíso del pop. Igual no sé mucho, pero ahora me impresionó un afiche
-que no sé el nombre de la banda ni nada- que era un dibujo de una loba que tenía la cara de
Violeta Parra y que en las tetas estaba mamando Chinoy. Es muy fuerte. Y para
mí eso es Chile, todos pendientes de lo que hacen otros. En Uruguay también es
así, qué sé yo, pero aquí me parece que son más pasionales; cuando son emo son
súper emo o los pokemones eran más pokemones que en Japón. Dicen que los
chilenos son fríos, pero no me parece que sean así. En términos literarios no
tengo idea, voy a la feria (FILSA), me presentan gente y no tengo ni idea
quiénes son. También supe mucho del
movimiento político del año pasado, ubico al Presidente que es de derecha y
también a Camila Vallejo. Aunque tengo más información de ella que de él".
Uruguay
"Me ha pasado que en los últimos meses que he
viajado todos me hablan de los mismos puntos sobre Uruguay; un Presidente (José
Mujica) que vive en una chacra con un
perro y planta flores, la legalización de la marihuana -que en realidad es una
estatización de la marihuana- y la ley del aborto, que en la práctica no está
muy implementada. Son los tres temas que llaman la atención. Pero cuando vivís
en Uruguay, claro, es muy simpático y anecdótico el Presidente, pero el que
gobierna no es solamente él. Los discursos pueden ser muy buenos y simpáticos,
pero después está la realidad que la gente tiene que vivir y comer, y no es
todo tan bueno. Qué sé yo, lo de la marihuana por un momento puede ser una
solución muy buena o simple marketing, porque el plan de que el Estado produzca
los porros es tan disparatado que parece que lo hacen a propósito para que no se
haga, como para decir “lo intentamos,
pero no se pudo”. Es una idea muy difícil de conseguir, mucho más en un contexto
de política internacional. Hay que recordar que estamos en América Latina. ¿Qué
quiere decir esto, que el Estado va a plantar la marihuana, que te la va a dar?
Es un control siniestro y mucha gente que está luchando para la liberación de
la marihuana, entre los que me incluyo, no piensan muy parecido al Gobierno.
Sobre el aborto, bueno, la actitud de Mujica es mejor, pero el Presidente anterior
(Tabaré Vázquez) vetó la Ley,
y eso que era de izquierda. Eso fue una de las grandes desilusiones que tuve.
Al final, todo suena muy lindo, pero es muy complicado".
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