Mostrando las entradas con la etiqueta crítica. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta crítica. Mostrar todas las entradas

miércoles, octubre 22, 2014

Juan Pablo Abalo - Como un animal



En tiempos en los que la lista de publicaciones discográficas en el país no deja de crecer, y mientras una nueva generación de autores termina de instalarse como respuesta lógica al recambio del mercado, cuesta distinguir propuestas que avancen, desarrollen y mantengan cierta cordura estética. Uno de los pocos ejemplos a considerar sería el de Juan Pablo Abalo, crítico, músico y académico que desde su anterior trabajo –el imprescindible “Canciones de Misa” (2012)- viene coqueteando con el formato de canción popular uniendo personalidad, madurez y discurso. El reciente “Como un animal” así lo confirma.

Las nueve canciones del disco instalan a Abalo como  un intérprete de pop solemne, aunque cada vez más liberado de la rigidez clásica de su formación.  El cantante se escucha cómodo y bien producido al ritmo del sintetizador o del piano, sensual junto al pulso de la batería y protegido por violines o  por las cuerdas de una guitarra eléctrica. Las atmósferas en las que se mueve, en tanto, son de una versatilidad convincente: a ratos simples y hasta pegadizas, en otros momentos tristes y opacas.  Así, estas piezas bautizadas como “baladas de amor y misterio” convencen porque logran presentar a un autor que –al menos en esta etapa- se percibe claro y directo en su tarea por ahondar en las piedras angulares del pop: el amor y la muerte.

Sin embargo, en Abalo hay una evidente inclinación por ocupar la anécdota melodramática para hablar de otros asuntos, casi siempre ligados a la pérdida y las desesperanza. La canción que da nombre al disco, por ejemplo, es el canto de una voz oprimida que busca emerger;  “Fracasos” y “Un lugar de paso” hablan de asilamientos y desilusiones, mientras “A cinco cuadras” o “Viuda negra”, con esos aires de crónica roja, refieren a personajes malditos y marginados. Entre esas reflexiones, el autor condensa en “Un lindo jardín” su evidente crítica a las falsas apariencias y el revés macabro de lo cotidiano: “Te casase por inercia, tuviste hijos por inercia, te enamoraste por inercia. Compraste casa por inercia, un auto también por inercia y un lindo jardín”, entona y sentencia al mismo tiempo. 

Al aportar esas visiones al discurso amoroso local, “Como un animal” se distingue como una obra sólida y emotiva, capaz de cautivar sin recurrir a efectismos ni niñerías. Un disco inquietante que ayuda a remecer las somnolientas y edulcoradas aguas del pop local. 

Publicado en El Ciudadano - Octubre 2014 (impreso)

SIGA LEYENDO

martes, agosto 27, 2013

Dënver - Fuera de campo


Mantener una ficción que mezcle inocencia, ambigüedad, enamoramientos y melancolía es un desafío que Dënver reprueba en su tercer trabajo “Fuera de campo” (Independiente, 2013). Porque si anteriormente el dúo pop formado por Mariana Montenegro y Milton Mahan había demostrado con gracia que podía juguetear con  la perversión y el romanticismo, hoy la pareja se escucha perdida entre una producción musical irregular y un empobrecido anecdotario, baches que terminan por opacar casi la totalidad de un disco que debía superar a su brillante antecesor, “Música, gramática, gimnasia” (Cazador, 2010).    

Y es que la falta de un concepto que sostenga estas diez canciones es lo que más le pesa a la dupla, pues durante los casi cincuenta minutos de la placa las motivaciones de Montenegro y Mahan parecen apuntar en sentidos contrarios. Es Montenegro quien sobresale con madurez como protagoniza de  “Las Fuerzas”,  “Medio mal” y “Medio Loca (hasta el bikini me estorba)”, tres piezas impecables, adornadas por pertinentes orquestaciones, percusiones y sutiles decorados electrónicos, en donde se rondan temáticas amorosas desde una perspectiva simple y directa. Son estos momentos en los que Dënver consigue cuajar  un pop cautivador, a la altura de una banda que intenta demostrar el crecimiento de sus composiciones y de un estilo que trata de despegarse de la fachada edulcorada de sus primeros años.

Lamentablemente, el grueso del álbum es desaprovechado  por Mahan en canciones recargadísimas de cuerdas y vientos como “Tu peor rival”, “Revista de gimnasia”, “Torneo local” -recuperada del repertorio primigenio del dúo en una versión desencajada y desechable- o la arrebatada “El árbol magnético ataca por sorpresa”. No obstante, el cantante consigue alcanzar ciertos grados de lucidez en “Concentración de campos” junto a Cristóbal Briceño como invitado en un emotivo dueto que se sobrepone a la precaria base electrónica que lo sustenta y al agregado de electricidad que lo remata.


Al no encajar las piezas, “Fuera de campo” no sólo se escucha como un pastiche de la caricatura de Dënver –esa banda obsesionada con lo deportivo y erótico (“Revista de gimnasia”), que no tiene pudor  de sonar españolada (“Profundidad de campo”) y que se puede acercar a lo siniestro si se lo propone (“Mejor más allá)-, sino también como un disco sin grandes direcciones y sin ideas. Y el agotamiento prematuro de éstas,  en una banda tan joven, es un síntoma muy poco auspicioso. 

Esta crítica fue publicada en "El Ciudadano" impreso, agosto 2013.

SIGA LEYENDO

Ivo Vidal - Trabajos para combatir la dislalia


Catalogar este trabajo como un disco conceptual, o siquiera denominarlo disco, no sería preciso. Inclinarse por ubicarlo en el plano preformativo podría ser más útil, pero tampoco lograría definir con precisión lo realizado por el artista Ivo Vidal en esta híbrida producción. “Trabajos para combatir la dislalia” (Michita Rex, 2013) más bien se percibe en tanto pieza de intervención y registro, en la que el autor explora los límites de la manipulación de su voz, y  en la que palpita un abrumador cuestionamiento sobre la norma y el control.

Tomando como referente los ejercicios pedagógicos que intentan superar la errática pronunciación de fonemas (dislalia), Ivo Vidal recita fábulas y repite sonidos  del lenguaje hablado (/l/, /r/, /s/, entre otros) para ejemplificar la correcta pronunciación de las palabras. Al hacerlo, aparece la voz como único soporte para la expresión del mensaje; no hay aquí instrumentación ni acompañamientos que puedan nutrir la narración de Vidal, salvo la utilización de sonido ambiente y algún ajuste digital de ecos y efectos. Es el autor el que cubre todos los espacios de la obra en un ejercicio vocal hipnótico y que se sostiene por casi cuarenta minutos.

Correr el riesgo de presentar una grabación desnuda no tendría sentido si no se considera esta entrega como una relectura de las tradicionales herramientas correctivas en la enseñanza temprana, con Vidal interpretando al agente formativo en los ocho títulos que dar cuerpo al disco/libro. En ese rol, expresa una interesante alteración de un instructivo “pedagógico”, dispositivo que apunta al disciplinamiento del lenguaje, y por ende, de la identidad. Y al recitarlo, grabarlo y manipularlo, el artista da cuenta del reverso sádico de la instrucción.


Por todo lo anterior, “Trabajos…”  es un caso aislado en el panorama actual de publicaciones musicales o sonoras. Una expresión más que nos recuerda que la canción que enfrenta al poder, la que se podría calificar como canción política, actualmente está sucediendo en los márgenes y a través de la experimentación.

Esta crítica fue publicada en "El Ciudadano" impreso, agosto 2013

SIGA LEYENDO

viernes, junio 21, 2013

La Bella Violencia - Pedida


Dos piezas sonoras le bastan al músico y artista visual Iñaki Muñoz para volver a remecer al oyente. El autor, que ya había demostrado sus capacidades bajo el seudónimo  Universo Error de Ahorcarte y el estremecedor trabajo de 2011 para el sello nacional Jacobino Discos, “Observatorio/Colmillos/Garras/Caparazones/Pelaje/Manchas/Trinchera y Melancolía”,  regresa con un nuevo seudónimo, La Bella Violencia, y el disco “Pedida” (Pueblo Nuevo, 2013), obra que sigue la línea de la experimentación electrónica del anterior trabajo de Muñoz, pero que desde un ángulo aún más cerrado  logra detonar un intenso vórtice sonoro.

“El Jardín de las bicicletas incorregibles” y “Error existen varias copias del efecto” son las canciones que sostienen a esta producción en poco menos de media hora. Ambas parecen registros opuestos; mientras la primera se nutre de la grabación de los sonidos que genera una bicicleta en mal estado, la segunda ahonda en las alarmas de errores de Windows. Sin embargo, la reproducción de escenas mundanas –el mal estado de un vehículo cualquiera y las fallas de un sistema operativo tradicional- adquieren un carácter nuevo bajo la lupa de La Bella Violencia. Como si se tratara de una disección, Muñoz desenreda sampleos de cadenas, pedales y alertas computacionales, pero también añade improvisación y secuencias en un ejercicio de composición particular de ambient.

Pero el impacto auditivo de “Pedida” escapa a las evocaciones que pueda generar la manipulación de efectos electrónicos. El potencial de un disco como éste radica en la construcción de un mensaje indirecto sobre la realidad, un espejeo siempre fracturado sobre el entorno. Así, “El jardín…” destaca desde su inicio por el dramatismo que cargan los silencios y ruidos que se van mezclando con los samples de un objeto que en algún segundo podemos reconocer –¿es de verdad un bicicleta?- y por la atmósfera lúgubre que Muñoz entrega a un instante finito, irrelevante, pero que puede poseer la carga de una abrumadora pesadilla diaria, palpitante, omnipresente. Y por su parte,  “Error existen…” supera la anécdota  glitch para jugar con la idea de la falla como defecto y también como única oportunidad de subversión.


Perturbador, el final del disco invita al oyente a seguir esperando más interpretaciones sobre lo cotidiano. Pero las pistas no llegan y la experiencia musical se completa con la falta. Y esa es la mayor gracia de la nueva aventura de Muñoz.

Esta crítica fue publicada en El Ciudadano (impreso, junio 2013)

SIGA LEYENDO

jueves, abril 25, 2013

Cadenasso - Un ejercicio


Después de sorprender con su primer registro al margen de Matorral, “El movimiento” (2009), Felipe Cadenasso vuelve a abrir una atractiva senda en su carrera en solitario con “Un ejercicio” (2013),  placa que lo confirma como una voz particular dentro de la precaria y desarticulada generación de cantautores nacionales que en los últimos cinco años ha intentado –con resultados menos afortunados en algunos casos- madurar un sonido personal. Una sólida calidad interpretativa, sus evidentes dotes como productor, además de una original poesía, hacen de él un ejemplo extraño, pues con una propuesta casi lúgubre es capaz de proponer un sutil modelo de acción y cambio en el entorno.

La nutrida carta de sonidos y las escenas que narra “Un ejercicio” dan cuenta de estas intensiones. Al acompañamiento de timbales se entrelaza un agudo violín, pero también de guitarras y cantos solemnes se cuelgan sintetizadores, cuerdas, vientos y registros de ambiente que unifican una atmósfera ensombrecida, que supera holgadamente la etiqueta rock. Asimismo, la densidad de estas diez canciones se reparte bien en los versos de Cadenasso, quien no se espanta ante las huellas del terreno nacional –ahí están las referencias al Metro, a Antofagasta, a la Alameda, a la Mistral- para transitar por la desilusión en la plegaria “La Trampa”;  jugar con el espanto en “De improviso” o buscar nuevos lenguajes en “La Puerta”, canción en donde parece pasmado ante la aceptada normalidad. “Ni una sola vez se les ocurrió dar un salto en la oscuridad”, entona.

Este imaginario se concentra en dos momentos claves del disco: “Aprendiz” y “Un ejercicio”. En la primera canción, un piano revela a un sujeto que mira con distancia al maestro y que está dispuesto a viajar “a donde nadie quiere ir”; mientras, en la segunda, un silbido guía la búsqueda de esas nuevas prácticas  (siempre personales, microscópicas) que son capaces de modificar la intimidad. Esta perspectiva se sostiene a lo largo del disco, en una reflexión evidente sobre el peso de la racionalidad, el orden y los objetivos rutinarios del mercado.

En consecuencia, y por lograr activar el formato canción como un dispositivo de cuestionamiento, “Un ejercicio” es una pieza necesaria en el panorama musical actual. Un remezón que le viene como anillo al dedo a una generación sobre poblada de eternos adolescentes. 

Esta crítica fue publicada en El Ciudadano (impreso, abril 2013).

SIGA LEYENDO

jueves, mayo 03, 2012

Juan Pablo Abalo - Canciones de Misa



Durante la Semana Santa recién pasada, el compositor nacional Juan Pablo Abalo liberó "Canciones de misa", su nuevo disco. La fecha elegida para estrenar su tercer trabajo  no pudo ser otra. Por esos días, la portada del álbum en donde se ve a dos niños junto a un hombre disfrazado de conejo de Pascua cobraba un sentido especial; ingenuidad, creencia y perversión se fundían en la imagen central de este esfuerzo por encarar a través de la canción breve las sórdidas historias protagonizadas por representantes de la Iglesia.

Demostrando su inclinación por el minimalismo, el autor escribe ocho canciones comandadas por el sonido de la guitarra tradicional, textura que poco a poco, y a medida que avanzan los segundos en cada corte, se va ensanchando gracias a arreglos de cuerdas y vientos. Así, “El pastor” –canción inspirada en Fernando Karadima-, se estructura según el sonido de las seis cuerdas, mientras que en “El suicidio”, “Procesiones” o “Ausente”, la guitarra cede espacio a percusiones, bajos o sonidos de órgano y piano.  El resultado de esta instrumentación simple, pero a la vez detallista, entrega solemnidad a relatos que hablan de dominación y angustia.

En tanto, la voz ceremoniosa  del cantante, consigue traspasar cierto rigor a estas historias, hasta impactar en “La confesión”, cuando interpreta a víctima y victimario  en los tres minutos más dramáticos de la obra.

Aunque Abalo no eligió una temática desconocida, su gesto  es inédito en el panorama musical actual, pues elabora un disco conceptual  sobre una temática naturalizada como información de prensa, pero que esconde un revés putrefacto, en donde pesa la fe y los vínculos de poder económico. En ese nivel, “Canciones de misa” golpea dos veces: por un lado nos restriega lo más oscuro de un sector de la sociedad, y por otro, nos recuerda que la canción popular sí puede superar la palabrería ególatra y superficial a la que estamos acostumbrados. 

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, mayo 2012)

SIGA LEYENDO

Los Embajadores - Faisanes



Cuando Los Embajadores publicaron la canción “Su merced” en el primer compilado del sello Michita Rex del año 2010, las expectativas en torno al grupo surgieron por la mezcla de lamento y romanticismo que firmaban, la presencia de una pareja de vocalistas –algo nada usual en el país- y la tendencia a la oscuridad de su sonido. Sin embargo, con la reciente edición de “Faisanes”, el debut oficial de la banda, la calidad de la propuesta a cargo de Danae Morales, Cristóbal Gajardo, Sebastián Sampieri, Felipe Lagos y Walter Roblero comienza a tomar forma concreta.

En poco más de media hora, las diez canciones de esta producción arman una interesante versión de dream pop; gran parte del disco está dominado por melodías cansinas, que combinan percusiones no tradicionales (metales, ruidos de ambiente y de animales) y programaciones electrónicas que elevan el pulso, tal como ocurre en “Peso” o en “Compañía del novio”, dos cortes en donde Morales sobresale gracias a una voz pálida e hipnótica. También “Faisanes” y “MDV” refuerzan esa versatilidad sonora y completan un marco de relatos tormentosos.

La emoción contenida de Los Embajadores alcanza niveles estremecedores en  las épicas “La doble vida” y “Mucha fe”, piezas en las que Gajardo (también conocido por su proyecto Voz de Hombre) destaca por su capacidad para transformar lo dramático en heroico. Asimismo, “Amigo realidad” y “El sueño de una muñeca malvada” exponen una personalidad que cavila entre el fracaso y los anhelos de un sujeto que dice no querer “volver a trabajar en lo que me mata” y que sufre por la asociación entre el comercio y su billetera.  

Con sutileza, esas insinuaciones hacen del relato de Los Embajadores un espacio en donde los sentimientos no se miden por la carga melodramática de las insinuaciones amorosas. Por tanto, el primer trabajo del quinteto convence por sus matices sonoros y también por un discurso que los aleja –afortunadamente- de sus coterráneos.    

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, mayo 2012)

SIGA LEYENDO

jueves, marzo 01, 2012

Universo Error de Ahorcarte - Observatorio / Colmillos / Garras / Caparazones / Pelaje / Manchas / Trincheras y Melancolía




Tenebroso, contenido, a punto de estallar. Así se escucha Observatorio / Colmillos / Garras / Caparazones / Pelaje / Manchas / Trincheras y Melancolía (Jacobino Discos), trabajo del músico y artista visual Iñaki Muñoz bajo el seudónimo Universo Error de Ahorcarte. Detrás de este sugerente título y apodo, el autor se atreve a proponer una electrónica muda, dominada por la superposición de trayectos sonoros que parecen apuntar en direcciones opuestas, pero que dan sentido a un lenguaje oscuro, perturbador y siempre vinculado a la falla y la carencia.

En poco más de media hora, Observatorio…ofrece doce cortes que circulan por variadas etiquetas. Hay ambient en “El alzamiento”, glitch en “La magnificación”, contrastes melódicos en “As de luz” e incluso roces al trip hop en “Ardiendo”. Aunque diversos, estos estilos están unidos al mismo tallo: una atmosfera densa, colmada de capas, efectos y programaciones; un rasgo común en donde los ruidos y los esporádicos susurros (o balbuceos) abren y cierran puertas para el desarrollo de canciones que tratan de quebrar la lógica tradicional del formato.

Ya que cada pieza carece de una progresión clásica, el disco en su totalidad se  entiende como un tránsito digital que comienza con la jocosa “Institutriz”, continúa con la fantasmagórica “Extracción de resina” y finaliza con los minutos chispeantes de “La nueva madriguera”. Así, el arco que atraviesan las composiciones de Universo Error de Ahorcarte dibuja una ruta que avanza y que nunca encuentra un punto definitivo, pues busca decir, pero esconde la palabra.

Sombrío, agónico, sin respiro, algo reiterativo, lúgubre y sorprendente a la vez, este disco destaca por la capacidad para transmitir un malestar que se está incubando y que no abusa del ruido para denotar desazón o furia. Como la banda sonora de un colapso inminente, Observatorio convence por adornar los minutos previos al horror. 

Crítica publicada en Nación.cl

SIGA LEYENDO

domingo, febrero 05, 2012

Geosónica - El influjo



En pleno apogeo de los solistas nacionales hace un par de años, Ricardo Santibáñez debutó en 2010 con el apodo de Geosónica y el disco Extrapolar (Independiente), un trabajo de pop discreto y que mezclaba programaciones electrónicas con la tendencia acústica de la época. Después de dos años, el autor oriundo de Osorno vuelve con El influjo (Independiente), una demostración de su gusto por la producción de estribillos memorables, aunque con marcados vicios en su relato.

Algo que caracteriza a las doce canciones de este álbum es la variedad de instrumentos que las sostienen; a la tradicional guitarra se suman baterías, percusiones, saxo, y otros arreglos que prueban la evolución del cantante a la hora de estructurar sus composiciones, logro que abre una notoria brecha en comparación a su debut. Buenos ejemplos son “Vidas paralelas”, “Mil horas”, “Panamá” y “París”, cortes ricos en sonidos y en los que el chileno escarba con destreza en sus historias íntimas.

Pese a estos momentos, en el disco también abundan narraciones zigzagueantes  que no consiguen dar coherencia a la poesía de Geosónica. Así sobran las ensoñaciones y los versos románticos conectados mediante rimas toscas, tal como se escucha en “Fuego, casas y recuerdos”, “Parque” o “Nuestra luna”. Por tanto, la poca claridad de los motivos del cantante –evidentemente amorosos, pero hilados a la fuerza- hacen que gran parte de este repertorio insista en menciones obvias sobre las relaciones, la melancolía o la alegría.

En conclusión, las referencias sentimentales que aparecen una y otra vez en el disco impiden que las buenas melodías de El influjo salgan bien paradas. Esos tropiezos hacen del osornino un creador en crecimiento, pero aún atorado en un estilo que –al  menos en Chile- ya está sobrepoblado. 

Crítica publicada en Nacion.cl

SIGA LEYENDO

martes, enero 31, 2012

Gen - Simulacro EP


Cinco canciones le bastan al rapero nacional Gen –apodo  de Freddy Olguín (1979)- para elaborar un trabajo  a la vez atractivo y propositivo,  capaz de unir un estimulante sonido con una idea sobre la cotidianidad casi imposible de rastrear entre los autores de su generación. Se trata de Simulacro (Dilema Industria, 2012), EP que no supera el cuarto de hora y que se puede conseguir a través de descargas gratuitas.

Desde la acelerada y oscura “Introch”, hasta la experimental “Fugaz”, Gen se une a DLA, Antioch, Foex y Kronos JetYawat –todos músicos y compositores- para enriquecer sus rimas gracias a una impecable producción. Con esta compañía, el chileno articula un pequeño tratado sobre la idea del simulacro, esa forma de generar la realidad utilizando el espectáculo y cuyos sustentos no son más que ficciones que se entrelazan para definir lo que entendemos como real.

A la hora de aterrizar estos conceptos, el cantante desarrolla dos momentos claves: “Simulacro Pt.I” y “Simulacro Pt. II”. En estas canciones, Olguín se detiene a pensar en la maraña de señales, signos y montajes (políticos, culturales, económicos) que definen nuestra forma de entender el día a día. Basándose en estribillos memorables y en un correcto uso de ritmos y efectos, Gen consigue que las piezas sorprendan por sus hipnóticas estructuras y por una intensa poesía.

Asimismo, el autor exhibe en “Lugares incorrectos” y en la mencionada “Fugaz” una sensibilidad devastada ante la serie de imposiciones sobre lo cierto y lo falso –muchas de ellas vacías, sin fundamentos- que son aceptadas como naturales. Esa es la mayor fortaleza de Simulacro: reconocer la vaguedad que afecta a toda acción  y el efecto que esto genera en la relación entre los sujetos y el entorno, incluidas, claro está, las relaciones afectivas.

En consecuencia, y considerando que la saturación de información nos sorprende una y otra vez con casos de manipulación e historias oficiales reinventadas, el nuevo disco del líder de Dilema Industria sirve para condimentar con una buena dosis de electrónica y hip hop el gusto amargo que recubre la aparente sencillez de lo habitual.

Crítica publicada en Nacion.cl

SIGA LEYENDO

sábado, enero 21, 2012

Gustavo "Lulo" Arias - Poesías Proletarias (Volumen I)



Si hay algo que identifica a los autores nacionales es la capacidad que tienen para transformar el formato breve de la canción en una vitrina individualista y autocomplaciente.  Por eso, cuando aparecen ejemplos que quiebran esa costumbre, la respuesta inmediata es asociar la creación musical al panfleto o al cliché del autor comprometido.

En el caso de Gustavo Lulo Arias y su recién estrenado Poesías proletarias (Volumen I) (Jota Jota, 2012), esa sería una salida fácil, pero no la más acertada. En este nuevo trabajo, el conocido rapero del trío local Legua York propone trece canciones que tratan de superar la anécdota íntima para alzar la voz, reclamar por los vicios de la sociedad y de paso enjuiciar a los rimadores locales. Para lograrlo, el autor se escuda en una producción que no esconde la falta de recursos y que cuenta entre sus invitados a Cabro Homer, Lautaro Rodríguez o LB1 (de Panteras Negras).

Así surgen “Cruzando”, “Tiempos que cambian” o “Punguismo”, piezas que demuestran cierta fragilidad sonora, pero cuyas letras dan un gran salto al ubicar al rapero en el medio de la calle, en avenidas que son las de La Legua y que, al mismo tiempo, son otros territorios; esos espacios en donde abunda el sujeto (chileno, latinoamericano) marginado y que se enfrenta ante un feroz sistema económico.

En tanto –y pese a la serie de referencias a una sociedad violenta y clasista-, el tono de Lulo Arias no cae en lamentos barriales, ni en la caricaturización de guetos; al contrario, el chileno aspira a transformar la decadencia a través de la acción y no  mediante la queja pasajera.

Este mensaje se transparenta en “Revolucionarios”, “Vendiendo mentiras” o “Puño en alto”, tres cortes que cuestionan el rol del los músicos y que reflexionan sobre la capacidad de estos autores por comprender, asimilar y dar espacio en sus obras a las demandas colectivas, sociales o nacionales.

Por tanto,  Arias logra sostener una idea sobre qué papel juega la música chilena –y en especial el hip hop- en el panorama político actual, escenario que de tanto ser calificado como crítico requiere de propuestas que superen la estética híper cuidada y las narraciones ególatras.

Al deslizar estas preguntas, Poesías proletarias... también deja abierta la pregunta por cuál ha sido el aporte de los autores nacional en las discusiones que durante los últimos veinte años han permanecido más o menos ocultas. Y en ese caso, la respuesta que asoma no es más que una enorme tarea pendiente.

Crítica publicada en Nacion.cl




SIGA LEYENDO

sábado, enero 14, 2012

Sofía Oportot - Enciérrame / Vacía




Jugar con la ironía puede ser un ejercicio peligroso si no se cuentan con los recursos apropiados. Sofía Oportot –actriz, cantante y modelo que ha deambulado por proyectos tan distintos como Lulú Jam o QuieroStar- recurre a la parodia y a la burla para escribir un capítulo más dentro del electropop nacional en su debut en solitario, Enciérrame / Vacía (Independiente, 2011) disco doble no supera la mala broma adornada con jadeos,  lamentos e insinuaciones eróticas de adolescente.

Las dieciséis canciones que componen Enciérrame / Vacía se dividen en partes iguales. Las ocho primeras dibujan una trama cándida,  en donde Oportot acepta las cadenas del amor (“Enciérrame”), se debate entre sus distintas personalidades (“Dos chicas”) o llora la soledad con un tono infantil (“No me trates mal”). Estas piezas  se sostienen  en programaciones electrónicas simples y monótonas, las que se extienden más de lo necesario y que no ocultan la obviedad de sus referentes (desde Pet Shop Boys hasta Britney Spears).

Un buen ejemplo de la incapacidad de la ex chica Panoramix para transformar su combinación de electrónica y voces intervenidas en una construcción seductora es la libre versión de “The sign”, original de Ace of Base. Con “Señal”, la chilena se  inspira en el hit noventero de los suecos y firma el momento menos agraciado de esta producción, revelando lo forzada que puede su voz ante una letra que busca a toda costa encajar con la melodía. Este sinsentido (que puede parecer más o menos cómico),  se vuelve una constante en lo que queda del disco.

Ya en Vacía, la autora da un giro en sus letras y se presenta perversa y sexualmente desatada. Más que hedonista –rasgo imprescindible en cualquier descripción actual sobre música popular chilena-, Oportot se escucha onanista y vulgar; así lo demuestran “Abajo” y “Cuarto oscuro”, momentos en donde la interprete se pega porrazos  de principiante al confundir lo erótico con lo genital.

Finalmente, sería sencillo calificar este trabajo como un intento por reírse de los lugares comunes del pop –la eterna juventud, los deseos de un futuro y el amor idealizado- y sobre todo como una reinterpretación del papel de la diva, esa caricatura atrapada entre las gesticulaciones sexuales y las baladas románticas. No obstante, suponer que esas son las motivaciones de Oportot obliga a exigir un producto de mayor consistencia y no estos sesenta minutos desangelados y mal maquillados. 

Publicado en Nacion.cl

SIGA LEYENDO

sábado, enero 07, 2012

Sensorama 19-81 - Animales sofisticados en grandes problemas



Dar cuenta del descontento por el modelo de vida que conocemos y utilizar voces que parecen sacadas de noticiarios del primer mundo es un recurso demasiado obvio como para extenderse por una hora.Estructurar un disco sobre la asfixia que provoca el orden económico y combinar lamentos romanticones reduce la efectividad de toda subversión. Ironizar sobre las formas que adquiere el poder y abusar de arreglos dramáticos hace que la queja se transforme en un lamento primitivo. 

Contradicciones de esa naturaleza abundan en Animales sofisticados en grandes problemas (Independiente, 2011), el reciente trabajo de Sensorama 19-81, apodo del compositor nacional Rafael Casanova. La pieza marca la consolidación del chileno a la hora de transformar su electrónica (ya editada en Retrato de un desconocido de 2008 y otros EPs) en un estilo que remite a sonidos de la IDM, el glitch, el postrock y que ahora apunta directo hacia al pop. Sin embargo, aunque estos estilos se mezclan con más o menos prolijidad, el disco hace dudar sobre las capacidades del autor para proponer conceptos y desarrollar ideas. 

En más de sesenta minutos, Animales… se divide en diez cortes que oscilan  entre la declaración de principios y la manifestación de uno que otro esfuerzo por encarar las violencias del día a día. Así por ejemplo, la primera parte del álbum consigue anudar un pulso de sampleos informativos, recortes de distintos idiomas y alarmas que evocan los dilemas de  la sobreinformación, los abusos de poder y  la categorización mental y física a la que a diario nos sometemos por nuestro ritmo de vida. Además, las imágenes que acompañan al disco confirman la atención que Sensorama 19-81 le dedica a las estrategias de disciplinamiento que asumimos como naturales.

“El informante”, “Simón dice” o “El cliente” son canciones inspiradas en estas ideas. Asimismo, éstas representan los mejores momentos del trabajo de Casanova gracias a la buena combinación de de programaciones,  guitarras, baterías o violines. 

No obstante, a medida que el disco avanza, las debilidades comienzan a ganar espacios con “Hoy fue ese día”, “Will fail”, “Sujeto a control” o la interminable “Grandes animales en problemas sofisticados parte II”. En estos pasajes el chileno dispara ideas que desarman lo que a simple vista parecía una producción unívoca, pero que tiende a decepcionar, convertida en un puñado de melodías que no consiguen dar sentido a las historias abiertas en los primeros minutos de la obra.

Por otro lado, este trabajo termina de perder el norte con “Terroristas” o “Quiero ayudar”, las canciones en donde Casanova suma las letras y la voz de Cristóbal Briceño.  En la primera, el piano guía un drama orquestado que no supera la barrera de un pop con ideas inconexas y que no hace más que llorarle al amor, mientras que la segunda parte con una interesante burla, pero finaliza como un rock de visiones apocalípticas (incluido el infaltable guiño a las manifestaciones y los cacerolazos) que desliza un dudoso mensaje esperanzador a partir del caos. 

En consecuencia, Animales sofisticados en grandes problemas sólo sirve para calificar a Rafael Casanova como un productor -ya no un músico electrónico tradicional- que peca de grandilocuente. El problema está en que ocupando diversos instrumentos, el chileno acciona distintos recursos, y al hacerlo, se confunde y transforma su protesta en un berrinche lleno de baches. Considerando los nefastos tiempos que corren, una obra así no es más que un producto inofensivo e insuficiente.

Publicado en Nacion.cl

SIGA LEYENDO

sábado, diciembre 31, 2011

Horregias - Pasarela Fracaso


Breve, rudo y precario. Así es Pasarela Fracaso (Coraje Records, 2011), el debut del trío local Horregias, banda que le saca partido a la inmediatez de sus canciones, a sus letras calentonas y a la simple producción de las piezas firmadas por Horridia (Carolina Díaz, guitarra), Feocia (Daniela Schälchli, bajo y voz) y Nefasta (Yumbel Góngora, batería en la grabación del disco) para levantar un homenaje a la cara más sucia del amor y las relaciones personales. Al hacerlo, las chilenas se escudan en el humor negro y en la combinación más clásica del punk  para reírse del sexo, la fidelidad y cómo no, la femineidad.
 
En casi veinticinco minutos, el disco presenta diez cortes –un interludio inicial, ocho originales y un remix- comandados por Feocia, voz que en “Sopa de amor” introduce el gusto por su amante borracha, mojada y que la estimula con su arranques de furcia. Versos como “llega un mensaje que dice ‘vente’, parto rancia a verte/ Y en tu casa la cortina cerrada, una invitación a la cochinada”, describen las aventuras de estos personajes que también lucen en sus cuerpos los estragos de algún roce furtivo (así lo insinúa la cómica “Herpes”). A su vez, las distorsionadas “Ojitos azules” o “Un número de mala suerte” también funcionan como mofas sobre el romance ideal. 

Sin embargo, los mejores momentos del trío llegan con “Mujer” y “Amor vertedero”. En la primera, las chilenas juegan a escribir un panfleto anti misoginia  que puede sonar tan banal como irónico (incluida la referencia a Pilar Sordo, por ejemplo), enumerando características que tienden a encasillar a la mujer: ser rudas y frágiles, el dar vida y comida o que gracias a ella existe el agua mineral de colores.  Mientras, en la segunda, Horregias asumen el placer del engaño y la sumisión, dos condiciones que para ellas definen la única forma de enamoramiento.
 
A través de un ritmo acelerado, estas canciones  componen la sensibilidad de un grupo que logra sonar punk sin caer en gritos ni en pataletas innecesarias, y que además no se inventa un espacio neutro  –como abunda en el imaginario nacional-, sino que opta por ubicar sus canciones en Santiago, con referencias a Renca, Pedro Aguirre Cerda o San Bernardo. A eso se suma la poca precisión formal y técnica de Pasarela Fracaso, rasgo que sella un estilo que aún requiere de mayor prolijidad en su presentación, pero que cuenta con narraciones y motivaciones que superan la media de los estrenos chilenos.
 
En tiempos donde la frivolidad y el hedonismo son ensalzados como valores que aseguran el éxito de los músicos nacionales, el primer trabajo oficial de Horregias destaca por encarar la sexualidad y las historias románticas sin ambigüedades ni metáforas al voleo. Sin duda, una pequeña y oportuna muestra de activismo.
 
Esta crítica fue publicada en Nacion.cl

SIGA LEYENDO