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viernes, enero 18, 2013

Como asesinar a Felipes - Comenzará de nuevo




En tiempos donde lo que se conoció –e ingenuamente se sigue calificando- como “la nueva generación de músicos nacionales” ya está absorbida  por festivales y mercados, Como Asesinar a Felipes parece una excepción a la regla de esta estandarización. Son populares, editan con mayor regularidad que la mayoría de sus contemporáneos y gozan reconocimiento dentro y fuera de Chile por su particular entrega de oscuro hip hop; sin embargo, CAF ha logrado lo que casi ninguno de sus compañeros se propuso: madurar una narrativa propia, en donde abunda el rechazo y el  cuestionamiento. “Comenzará de nuevo”, la cuarta producción de la banda en cinco años, es una buena muestra de aquello.

Recurriendo a sólo seis canciones, CAF despliega en este disco poco más de treinta minutos marcados por la ira y la provocación. Cada corte ronda el lema del grupo –“matar a la música linda”- y también vuelven a aparecer los samples de películas, entrevistas o discursos que enriquecen esa atmósfera de cine negro que ya es un clásico del quinteto. No obstante, en esta oportunidad, la excelente mezcla de batería, bajo, piano y electrónica se sumerge en una búsqueda por romper su propio sonido. Canciones como “De doble filo”, “Siempre será lo mismo” o “El recurso popular más válido” entregan nuevos aires a una banda que es conducida  por un rapero –Koala Contreras-, pero que sigue demostrando su inclinación por la experimentación y los márgenes del rock al unir distorsiones con trompetas, bombo, platillos y arreglos digitales.

También el discurso de CAF presenta sutiles cambios. Por ejemplo, gran parte del álbum está dedicado a un debate interior. Así, las rimas de Contreras esta vez no sólo salpican a las instituciones, sino que también ensucian el reflejo de un sujeto que se reconoce desbordado. Resulta interesante este doble tiroteo, pues propone una necesaria reflexión sobre  el despliegue del poder, la lucha “del hombre contra el hombre” y el lugar que ocupamos frente a la norma.  

En consecuencia, “Comenzará de nuevo” es otra estupenda muestra del trabajo de una de las pocas agrupaciones locales que se olvida de la anécdota vacía  sobre los partidos políticos y el descontento. Aquí no aparecen escenas de marchas ni reclamos, ni adultos jugando a ser jóvenes eternos, ni ladridos, ni gritos en contra de los ricos empresarios gobernantes. Como Asesinar a Felipes sube un poco la mirada para jugar con el lenguaje y el sonido y así   inquietarnos sobre esa violencia dominante que escapa a nuestra percepción más cotidiana y que, bajo ninguna circunstancia, es tema de interés para los rostros musicales del último tiempo.

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martes, noviembre 06, 2012

Epicentro: “Si la tele miente, si el diario miente, uno no tiene que mentir. Nosotros somos nuestra prensa”.



Foto: Felipe Cantillana

Epicentro está de vuelta. Después de cinco años de trabajo, el integrante del trío de hip hop nacional Calambre, regresa con “31” (Potoco Discos), título que recuerda su edad y su barrio, pues el cantante también conocido como Juan Pablo Salazar siempre ha vivido en el paradero 31 de Gran Avenida.

Pero en este retorno Epicentro no está solo. A su lado están Tea Time, Cómo asesinar a Felipes, Solo Di Medina,  Zaturno o Foex -líder de Potoco Discos y productor de la placa-, entre otros colaboradores. Todos acompañan a este rapero que mientras no está escribiendo versos se dedica a vender artesanías en Santiago Centro, recorriendo calles y acumulando historias que después transforma en rimas. “Este disco es sobre mis experiencias en la calle, sobre mi día a día”, aclara.

En varios momentos del disco hablas de reaparecer. ¿En dónde estuviste el último tiempo?

A comienzos de 2007 paré con Calambre  para empezar a trabajar en mi proyecto. Me encerré, me aparté, me oculté, trabajé y busqué evolución. Empecé a probar nuevos tiempos, nuevos ritmos y eso empezó a funcionar; empezó a descubrirse Epicentro solo. Esto coincidió con que William C –de Calambre- se iba a Australia y yo iba a quedar sólo. Y yo lo único que sé hacer es rap, no tengo profesión, pero sé que en esto, el rap, soy profesional. Como la banda no iba a seguir  funcionando, porque si no somos los tres no somos Calambre, preferí trabajar en lo mío. Nunca antes pensé en la posibilidad de hacer algo solo, nunca me vi solo, porque siempre pensé que Calambre éramos los tres, pero un solo cuerpo. Éramos como los Beastie Boys en “Intergalactic”; los tres son un mismo robot.

¿Qué pasó entonces en ese proceso, en esa búsqueda? ¿Con qué te encontraste?

Encontré la dificultad y la necesidad de querer expresarme solo, de tocar temas personales o más familiares. Esa motivación me llevó a hacer canciones. Todo ese tiempo que estuve retirado me quedé en el barrio,  en el 31 de Gran Avenida, no salía a las fiestas, sólo venía a Potoco Discos y con Foex empezamos a descubrir sonidos. Además en esa época aún trabajaba de garzón en un Coppelia, no era independiente como ahora. Al principio  no sabíamos muy bien hacía adónde iba dirigido el disco, sólo sabíamos que se iba a llamar “A mi manera”. En esa época trabajábamos las canciones sin música, sólo con mi voz, no era necesaria la base, entonces esa era “mi manera”. Después fueron sumándose músicos a la melodía de mi voz.

¿No te imaginabas que el disco iba a tener tantos colaboradores?

Es que yo los iba citando, invitando a gente que tenía lo que yo quería. A algunos no los conocía, como a Solo di Medina, pero todo siempre salió bien. A cada uno de los colaboradores yo los busqué porque cumplían con los requisitos del disco: la exigencia, ser los mejores para “31”. Partiendo por el productor, Foex, yo lo busqué, y el disco está hecho entre los dos. Gente trató que no trabajara con él, pero yo quise seguir siempre con mi compañero.

¿Qué quiere decir eso? ¿Tuviste otras ofertas de sellos?

Sí, tuve ofertas para hacer el disco con otras personas y grabar en otras partes, pero opté por la lealtad. Además sabía que aquí estaba lo que necesitaba. Este sello sabe que tiene lo mejor y cree e invierte. Mucha gente cree que un sello por ser independiente está mal parado.  Pero no, Potoco Discos está sólido. Mucho se dice que lo independiente puede ser algo mal hecho. Y no, esto es a todo color. Esto es HD.

Te tomaste tu tiempo y te demoraste cinco años en hacer el disco. Después de tanto tiempo, ¿dejaste algo fuera del disco?

No, siempre fue el mismo trabajo, sólo que le fui dando vueltas. No deseché nada, quedó todo. Lo que hice fue buscar la perfección musical. Y viviendo también, porque no todos los temas los tenía, todo lo fui desarrollando durante estos cinco años. De hecho el último tema lo terminé un día antes de sacar el disco. Nunca nos apuramos, porque sabíamos que el disco no estaba listo. Es como el trabajo de un mago, que busca la magia: yo busqué mi brillo, mi autenticidad. Creo que el que busca encuentra, y el que no busca, hace lo que está hecho. De hecho hay un tema que se llama “Futura escuela”, que busca eso, avanzar, porque muchas veces la escena se estanca. Ya pasaron los noventa, estamos en el 2012. Nosotros pensamos en el mañana. Por eso fue todo paulatino, pero creo que nos demoramos lo que nos teníamos que demorar, unos seis meses por canción.

Pero eso es mucho.

Pero como dice la canción “más vale tarde que siempre”. Aunque no creo que vuelva a pasar, antes era más hippie y ahora estoy más autoexigente, tengo otros proyectos y  pienso ejecutar todo más rápido.


La idea de remecer las cosas aparece en todo el disco. De hecho, el primer single del disco “Más vale tarde que siempre” es bien crítico en ese verso “a falta de ideas ellos miran al lado para poder sonar como quiere la gente”.  ¿Es una crítica a tus pares?

La canción tiene que ver con la gente que trabaja bajo presión y que termina haciendo productos que son desechables. Yo creo que hay demorarse. Es como cuando comprai algo; lo quieres más cuando te lo comprai tú y no cuando te lo regalan. Lo cuadai más, lo valorai más. Esa la intención, pero el que quiere se puede poner el poncho.

Pero sin duda hay harta denuncia en el disco, contra los políticos, la policía, el gobierno.

Sí, esa línea de denuncia que tenía Calambre se mantiene en este disco. Es la misma escuela. Hablar de eso me interesa porque es la realidad, es lo que yo vivo y me incomoda: la opresión y la injusticia sobre todo. ¿En qué veo esa opresión? En los poderes sociales, en la gente que tiene más dinero. Ellos tienen más libertad, pueden hacer más cosas. Hay mucho abuso.  Por ejemplo, en un barrio un paco llega y te revisa, pero arriba no lo hace porque no sabe si el papá de alguien es abogado. Eso me ha pasado  a mí también, por mi pega, por mi apariencia de rapero, por mi cara, por todo. Y nosotros como voceros tenemos que representar ese en contra. Somos pocos, pero hay que estar ahí, con fuerza.

¿Te ves como un vocero?

No, me veo como un amigo, un compañero, no un portavoz. Como un camarada. No, tampoco  como un camarada, porque camarada es muy facho. Sólo soy un compañero de rap y no el que la lleva. Todo lo que veo está en mis letras, por eso hago rap. Te podría decir que escucho poca música, escucho poco rap. El tiempo lo ocupo observando y me pasan cosas. Sólo hablo de lo que sé. Eso me motiva a escribir y ahora tengo cualquier letra, se me ocurren muchas ideas.

En muchas letras aparece la idea de hacerle frente a los poderosos. En tu caso, como rapero, cómo crees que se les puede hacer frente.

Con nuestra música, llegando a varias personas, incluso a los que apoyan a los poderosos, atrayéndolos hacia nosotros para que vean que están equivocados.

¿Pero crees que se puede hacer de otra forma? ¿Por ejemplo, votaste en las últimas elecciones? ¿Te interesa hacerlo para enfrentar a los políticos en este caso?

Me interesa votar, pero esta vez no lo hice, porque la que me importa es la presidencial. Sé que es contradictorio lo que estoy diciendo, pero en el caso de los concejales y alcaldes no sé cuán importante es. Ahora hay atados con los votos en varios lados. Ese sistema me genera inseguridad. Es como la tarjeta bip!, que es fácil  evadirla.

En el disco,  además de denunciar la figura del opresor, hablas del explotado con letras como “ordéñame la piel, estruja mis pulmones, almuerza con mi carne” de “Aún sigo a pie”, que es algo que no muchas veces se escucha en el rap, en donde es más fácil hablar de la caricatura del explotador.

Claro, es que yo estoy en el lado del explotado, siempre soy yo en contra del que explota. Mi juego es distinto porque lo vivo en carne propia. Por eso digo: lo que escribo es lo que vivo. También es importante que no sea sólo mi experiencia, sino la de varios. Hay muchos afectados. Son letras que tienen que ver con el que resiste, el que tiene que luchar hasta las últimas. En ese lado estoy, y me interesa que la gente que está en la misma no se pierda porque igual están adormecidos en asuntos que otros controlan. Siempre hay uno que se da cuenta antes y a veces ése he sido yo, o antes fue otro que me dijo a mí y así. Eso es importante, que avance así el mensaje. Por eso te decía que es más importante ser amigo que un líder, para ayudar a despabilar. Si la tele miente, si el diario miente, uno no tiene que mentir. Nosotros  somos nuestra prensa.

Esa crítica no está siempre presente en el hip hop nacional. Muchas veces el ego de los propios raperos ocultan los temas de los que has hablado. ¿Qué opinas de eso?

Creo que mientras se haga bien, tiene que haber diversidad. Si todos fueran como yo sería fome. Cada uno sabe lo que le afecta. Mortal que haya de todo, pero lo mío no es así. Mi rap es a mi manera. No todos pueden hacer la misma pega y yo tampoco soy Roberto Carlos para tener un millón de amigos. Cada uno hace su pega.

Entrevista también publicada en Paniko.cl

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martes, enero 31, 2012

Gen - Simulacro EP


Cinco canciones le bastan al rapero nacional Gen –apodo  de Freddy Olguín (1979)- para elaborar un trabajo  a la vez atractivo y propositivo,  capaz de unir un estimulante sonido con una idea sobre la cotidianidad casi imposible de rastrear entre los autores de su generación. Se trata de Simulacro (Dilema Industria, 2012), EP que no supera el cuarto de hora y que se puede conseguir a través de descargas gratuitas.

Desde la acelerada y oscura “Introch”, hasta la experimental “Fugaz”, Gen se une a DLA, Antioch, Foex y Kronos JetYawat –todos músicos y compositores- para enriquecer sus rimas gracias a una impecable producción. Con esta compañía, el chileno articula un pequeño tratado sobre la idea del simulacro, esa forma de generar la realidad utilizando el espectáculo y cuyos sustentos no son más que ficciones que se entrelazan para definir lo que entendemos como real.

A la hora de aterrizar estos conceptos, el cantante desarrolla dos momentos claves: “Simulacro Pt.I” y “Simulacro Pt. II”. En estas canciones, Olguín se detiene a pensar en la maraña de señales, signos y montajes (políticos, culturales, económicos) que definen nuestra forma de entender el día a día. Basándose en estribillos memorables y en un correcto uso de ritmos y efectos, Gen consigue que las piezas sorprendan por sus hipnóticas estructuras y por una intensa poesía.

Asimismo, el autor exhibe en “Lugares incorrectos” y en la mencionada “Fugaz” una sensibilidad devastada ante la serie de imposiciones sobre lo cierto y lo falso –muchas de ellas vacías, sin fundamentos- que son aceptadas como naturales. Esa es la mayor fortaleza de Simulacro: reconocer la vaguedad que afecta a toda acción  y el efecto que esto genera en la relación entre los sujetos y el entorno, incluidas, claro está, las relaciones afectivas.

En consecuencia, y considerando que la saturación de información nos sorprende una y otra vez con casos de manipulación e historias oficiales reinventadas, el nuevo disco del líder de Dilema Industria sirve para condimentar con una buena dosis de electrónica y hip hop el gusto amargo que recubre la aparente sencillez de lo habitual.

Crítica publicada en Nacion.cl

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sábado, enero 21, 2012

Gustavo "Lulo" Arias - Poesías Proletarias (Volumen I)



Si hay algo que identifica a los autores nacionales es la capacidad que tienen para transformar el formato breve de la canción en una vitrina individualista y autocomplaciente.  Por eso, cuando aparecen ejemplos que quiebran esa costumbre, la respuesta inmediata es asociar la creación musical al panfleto o al cliché del autor comprometido.

En el caso de Gustavo Lulo Arias y su recién estrenado Poesías proletarias (Volumen I) (Jota Jota, 2012), esa sería una salida fácil, pero no la más acertada. En este nuevo trabajo, el conocido rapero del trío local Legua York propone trece canciones que tratan de superar la anécdota íntima para alzar la voz, reclamar por los vicios de la sociedad y de paso enjuiciar a los rimadores locales. Para lograrlo, el autor se escuda en una producción que no esconde la falta de recursos y que cuenta entre sus invitados a Cabro Homer, Lautaro Rodríguez o LB1 (de Panteras Negras).

Así surgen “Cruzando”, “Tiempos que cambian” o “Punguismo”, piezas que demuestran cierta fragilidad sonora, pero cuyas letras dan un gran salto al ubicar al rapero en el medio de la calle, en avenidas que son las de La Legua y que, al mismo tiempo, son otros territorios; esos espacios en donde abunda el sujeto (chileno, latinoamericano) marginado y que se enfrenta ante un feroz sistema económico.

En tanto –y pese a la serie de referencias a una sociedad violenta y clasista-, el tono de Lulo Arias no cae en lamentos barriales, ni en la caricaturización de guetos; al contrario, el chileno aspira a transformar la decadencia a través de la acción y no  mediante la queja pasajera.

Este mensaje se transparenta en “Revolucionarios”, “Vendiendo mentiras” o “Puño en alto”, tres cortes que cuestionan el rol del los músicos y que reflexionan sobre la capacidad de estos autores por comprender, asimilar y dar espacio en sus obras a las demandas colectivas, sociales o nacionales.

Por tanto,  Arias logra sostener una idea sobre qué papel juega la música chilena –y en especial el hip hop- en el panorama político actual, escenario que de tanto ser calificado como crítico requiere de propuestas que superen la estética híper cuidada y las narraciones ególatras.

Al deslizar estas preguntas, Poesías proletarias... también deja abierta la pregunta por cuál ha sido el aporte de los autores nacional en las discusiones que durante los últimos veinte años han permanecido más o menos ocultas. Y en ese caso, la respuesta que asoma no es más que una enorme tarea pendiente.

Crítica publicada en Nacion.cl




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viernes, diciembre 23, 2011

Ana Tijoux - La Bala




La expresión de un discurso íntimo y a la vez social a través del hip hop era una tarea pendiente para Ana Tijoux. Después de debutar en solitario con un deficiente Kaos (2007) y tras caer en innecesarias autobiografías en 1977 (2009), la cantante nacional parecía atrapada entre las historias amorosas más comunes del pop y los clichés de un rap prefabricado e individualista. Así, la sorpresa de su más reciente trabajo, La Bala (2011), está en superar esos límites para proponer un estilo que altera y reorganiza  los referentes del hip hop para  transmitir un estado de ánimo rabioso y que destaca por un sonido lleno de contrastes.

Desde las marchas fúnebres que abren el disco con la brillante tríada de “La bala”, “Shock” y “Desclasificado”, pasando por el humor  y las programaciones de “Las cosas por su nombre”, hasta el soul de “Mi mitad” y “Volver”, lo nuevo de la ex Makiza sorprende por una producción que logra fusionar de buena manera la presencia de vientos, cuerdas, baterías y guitarras eléctricas. En vez de despistar, esta diversidad de arreglos otorga coherencia y equilibrio a los once cortes de este trabajo, disco que en cuarenta y cinco minutos refleja la actual preferencia de Ana Tijoux por  los violines, las trompetas, el piano y el violoncello.

A su vez, estas atractivas composiciones son respaldadas por rimas que amplían la visión de la autora y que la hacen dar un paso fuera del ego inmenso que abunda en el rap nacional.  Y es que en La Bala se distinguen evidentes ejercicios líricos que apelan a recoger cierta desilusión en el ambiente, aire impregnado por el fin de la fantasía que por años encegueció (y sigue cegando) a gran parte de la música popular chilena: la  promesa de equidad e igualdad social que hoy padece en estado crítico.

Canciones como “Desclasificado” confirman esta tendencia cuando se escuchan los versos “Todo me delata, mi pelo mi facha / ¿Cuál es la justicia cuando siempre se te tacha?” o  en “Las cosas por su nombre”, momento en que Tijoux parece aturdida al entender que las puertas del progreso nunca estuvieron abiertas para todos. Ese despertar  se resume en “Shock” –el  mejor promocional de la chilena en años-, un corte que consigue traspasar la  coyuntura estudiantil (aprovechada con cierta obscenidad en su respectivo video) para describir el laboratorio económico y político del Chile de las últimas cuatro décadas. 

Es cierto que en el álbum también hay puntos bajos –las románticas “Quizás”  y “Las horas”, además de la caricatura urbana tipo Calle 13 de “Si te preguntan” -, pero la serie de menciones a la violencia del mercado, la fuerza de los anónimos y el repudio a la autoridad dan cuenta de un intento por levantar historias, sumar metáforas, crear personajes y abandonar, al menos por una vez, el relato deslavado de la canción en primera persona. La rockera  “El rey solo” o la épica “Sacar la voz” lo demuestran.

Al margen de la etiqueta mediática de la indignación y sus productos derivados, el último trabajo de Ana Tijoux es un ejemplo indispensable para entender  cómo la decadencia de las instituciones por fin se empieza a colar entre autores nacionales de amplio alcance. De paso, La Bala también consolida la evolución de un sector del hip hop nacional que busca refrescar su sonido, abriendo la ventana a nuevos estilos y recursos instrumentales.

Esta crítica fue publicada en Nacion.cl

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