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lunes, julio 28, 2014

Rey Choclo – La dimensión desconocida del lenguaje


La tendencia de los medios informativos a calificar como hedonista a una parte de la producción musical aparecida en el país en los últimos cinco años no termina de ser correcta. Si bien es cierto que entre la mayoría de los nuevos rostros del pop y el rock nacional abunda una retórica superficial asociada a la búsqueda del éxtasis, a la hora de comprender de mejor manera el ánimo de algunas propuestas habría que considerar también el carácter escapista que las define.

Un buen ejemplo de esta relación entre hedonismo y escapismo es el debut de Rey Choclo, “La dimensión desconocida del lenguaje”. Las once canciones que reúne este trabajo intentan mostrar la otra cara de las sensaciones a través de relatos alucinógenos y efectos sonoros que apuntan a la psicodelia. El resultado final, sin embargo, es un espejismo, ya que la promesa inicial del álbum poco a poco se diluye en cortes deslavados, y peor aún, inofensivos.

En poco más de cuarenta minutos, la banda recurre a los ritmos caribeños y africanos que volvieran popular a El Guincho, y que recuerdan (muy de lejos) al histórico Fela Kuti, para cantar sobre playas, romances y otros mensajes positivos. La mezcla se condensa en “Gracias sol”-la mejor pieza del álbum-, un himno de aire jamaicano dedicado a la risa, al baile, y a los micro paraísos inventados por veraneantes. Bajo ese ánimo se  desarrollan historias pequeñas de estados alterados, en donde aparecen insectos, personajes y diversos paisajes naturales. No obstante, y aunque la banda trate de construir un caleidoscopio a partir de estas experiencias, el resultado es poco impresionante.

“Cayendo sobre mí”, “Orillando”, “Araña” o “Globos” son canciones atrapadas en una misma anécdota: el espiral de emociones que provoca el contacto con el cielo o la luna, las celebraciones o las alucinaciones fugaces. No se reconocen más matices en estos cortes, lo que termina por anclar a “La dimensión…” en la orilla más monótona de la diversión.  Tampoco la paleta de sonidos logra superar  las combinaciones vivaces de los primeros minutos del disco, entrampando el resto de la placa en una reiteración de atmósferas y efectos.

Así, lo que pudo ser una apuesta llena de lúcidas composiciones y reflexiones se pierde entre ritmos que a duras penas sostienen la jarana de Rey Choclo. Faltó desborde y locura, pero sobró frivolidad. En otras palabras, una muestra más de cómo la invitación al goce en el panorama local se termina traduciendo en evasión y nunca en revolución.

Publicado en El Ciudadano - Julio 2014

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miércoles, septiembre 18, 2013

La épica pobre de Corderolobo




No es un músico profesional, tampoco es un escritor, lo suyo no es la ilustración y dentro de sus planes no está alcanzar la popularidad.  Sin embargo, Carlos Vargas se da el tiempo de responder esta entrevista como una estrella del pop, escribe canciones hace años y ha editado dos discos que se disfrutan como un libro de cuentos e ilustraciones. Así es Corderolobo, su proyecto multiforme en el que combina literatura, música y un  incombustible afán por la creación.

Cuesta saber qué o quién se esconde detrás de Corderolobo, pero no porque se  nos oculte información. El entrevistado, sabemos, es Carlos Vargas, ingeniero civil industrial de profesión, ex Yupisatam, y autor de los discos de pop inclasificable “Desastres naturales y mañana en la mañana” (2013) y “Corderolobo” (2011).

Pero la historia no es tan simple.

Vargas no se siente cómodo con la figura de solista, ni sus discos responden al formato tradicional. Ambas producciones han contado con la participación de diversos invitados y se han publicado como libros ilustrados por Ricardo Villavicencio. Además, su última placa recoge  diez cuentos escritos, entre otros, por Gonzalo Planet (Matorral) o  Rodrigo Jarque (Inverness).

Es muy interesante que en tu último disco cada canción esté acompañada por un relato breve. Da la impresión que cada canción se puede leer también. ¿Cómo fue que llegaste a esa idea?

Alguien importante en esta historia es Ricardo Villavicencio, último baterista de Yupisatam e ilustrador del material que acompaña a los discos. Villavicencio es un integrante más de Corderolobo y junto a él me cuestioné qué hacer para “Desastres naturales…”.  En algún momento pensamos en hacer un vinilo y quizá incorporar una especie de afiche, pero igual llegamos al libro de nuevo, aunque siempre pensando en que no queríamos repetir la misma fórmula del primer álbum. Así tomé la decisión de sumar cuentos, básicamente porque me gustan los cuentos, y Ricardo enganchó al tiro sumando las imágenes.

“Desastres naturales…” podría ser un libro, pero no es autónomo, se completa con el disco. No podrían ser independientes lo uno de lo otro.

Teníamos la duda de cómo hacer que el libro no pareciera un adorno del disco, porque pensamos que libro y disco son un conjunto. A nuestro juicio no es una opción pensar las canciones solas.  Y la verdad es que mirándolo así hay una cuota de pretensión que en algún momento me hizo dudar, pero tampoco me puedo hacer cargo de que este trabajo sea mirado como algo pretencioso. Para bien o para mal, “Desastres naturales…”está pensado como un todo.

Es como leer una canción, escuchar una canción y mirar una canción.

De hecho, los cuentos están pensados a raíz de las canciones. A algunas de las personas que invité a escribir las conocía, a otras no tanto, y no les mandé las canciones terminadas, sino que sólo las letras, para que ellos eligieran la letra que les gustaran y luego escucharan las canciones. Coincidió que todos eligieron canciones diferentes para escribir los relatos. Y la relación entre los cuentos y la letra era responsabilidad de cada autor. Luego las ilustraciones se hicieron en base a la música.  Y el resultado fue bien impresionante. Algunos cuentos son casi antagonistas de las cancións. Por ejemplo, “Gente que se convierte en fuegos artificiales”, es una canción totalmente diferente al cuento.

Esa forma de experimentar el disco es bien compleja, incluso si se piensa en términos comerciales. ¿Nunca consideraste hacer algo más simple para que el público lo recibiera más fácilmente?

Es que no pretendo para nada desestabilizar la industria o algo parecido con este disco. Hay que pensar que estamos en el año 2013. Yo no tengo contratos por disco, no tengo obligaciones comerciales, así que hago uso de esa libertad. Ahora, hacer un trabajo así es mucha pega. Se podría decir que soy un experto en meterme en problemas, pero lo veo como una inversión. Vivo para esto, y no lo digo desde un punto de vista artístico, sino que creo que tengo una deformación: no sabría cómo hacer las cosas de otra manera. Organizar todo es un dilema, es verdad, siempre se está en el medio de un ensayo error, pero en comparación a mi primer disco, siento que esta vez  todo se logró de mejor manera.

¿Pero dónde queda la ambición de avanzar en niveles de producción y alcance de público?

Pienso que todo esto de las canciones, los cuentos, las ilustraciones, se podrían hacer en mi casa, para callado, subiéndolo a internet  y listo. Lo que viene después es lo que me complica, considerando los temas de promoción, difusión, etc.  No sé si fue Gepe u otro que dijo que  las bandas de ahora eran una mezcla de diseño o marketing. Eso es verdad. Y sobre la ambición… No lo sé, no estoy tan seguro de querer llegar a más gente, por ejemplo. Quizá soy un poco auto flagelante a la hora de hacer las cosas y siempre estoy con pudor sobre lo que estoy haciendo. Lo otro es muy relativo, porque además ya tengo 34 años y no sé si mis expectativas apuntan hacia esas cosas.  Si no llegara  a pasar el conseguir más popularidad o avanzar en esto, siento que no perdería nada, porque no tengo el ego puesto en eso. Y no se trata de pensar que lo mío es de élite, para nada;  sé que existe algo de vanidad en todo esto, por algo me subo a un escenario, y sin ser muy esotérico, lo que me gusta más es ese feedback de energía. Además yo tengo un trabajo de oficina, diario, que no sé si dejaría. A ver…tampoco se trata de tener un trabajo normal y además ser Corderolobo. No es que tenga dos personalidades o que esto sea un personaje. Ambas cosas son un trabajo y ambas cosas trato de hacerlas con gusto. 

Leyendo  canciones

¿En comparación a tu disco anterior, cómo crees que ha evolucionado tu perspectiva sobre el formato canción?

Creo que he tenido una evolución estilística respecto a la canción, sobre todo componiendo, que es lo que más me acerca a la música. Creo que antes no tenía mucha conciencia sobre las letras, todo era más emocional. Pero con “Desastres naturales…” llegué a canciones con las que consigo algo más gráfico, algo más de imágenes. Por eso creo que es un disco más épico. Aunque épico pobre, quizá, porque veía las canciones como pequeñas operas. “Volcanes y lagos”, por ejemplo, es una canción que me imaginaba gráficamente. Todo es más visual en este disco, de ahí la importancia de las ilustraciones.

¿Y en el caso de las temáticas que abordas en las canciones?

Durante este período entre un disco y otro también me han pasado cosas súper raras. Tuve una hija y me detectaron una enfermedad autoinmune, además de otros problemas de amigos. Pasé de ser un tipo normal a un hombre que se tienen que sacar sangre día por medio. De un minuto a otro mi sistema inmune se desconfiguró y cagué. Pero el disco no se trata de eso.  El disco no se trata de mí, no se trata de los problemas que me han pasado, sino que se trata de lo que provocan algunos hechos en la vida.

Pero la mayoría  de esas canciones hablan de escenas o de situaciones más bien personales, son bien fragmentadas. ¿En qué punto crees que tus canciones superaran esa anécdota personal para hablar de algo más general, social o político?

Es que pienso que “Desastres naturales…” no es un disco hecho viendo las noticias, como se decía hace un tiempo del disco de Ases Falsos. Por supuesto que me interesa hablar de la sociedad, pero no de lo que salió ayer en las noticias, porque evidentemente las noticias son parte de una mierda que es muy obvia. Lo peor de todo no es el Presidente, ni Longueira, ni Chilevisión. No es que vivamos en un modelo de consumismo, vivimos en una sociedad de consumismo, en la que la música está metida a full, tanto como la salud, la educación o todo.  En Chile la música está concebida como parte del entretenimiento y no como parte de la cultura. Y me parece que en general los músicos están tratando de conseguir una validación institucional que no me llama la atención.  Por eso prefiero dedicarme a publicar un disco que parece libro  o a componer las  canciones que compongo, porque ahí se refleja una forma particular de mirar la vida.

Parece que el músico al final siempre está en esa frontera a la hora de pensar en la canción y la política. Como si  tuviese una responsabilidad a la hora de publicar un disco: no hablar de nada o intentar hablar de todo.

Por mi parte me sitúo en un rincón más raro. No en el grupo de músicos que sólo habla de música, ni en otro que está mirando las noticias para escribir canciones. Creo que tengo más rollos en la cabeza, y siento que no tengo una responsabilidad. Me identifico más con la imagen del autor que tiene visiones particulares sobre las cosas y ese es mi aporte, porque inevitablemente se dicen cosas y se toman posturas.  Además, la obra siempre es diferente a la persona. También es cierto que es muy difícil no dejarte influenciar por el contexto o por la época que te tocó vivir. Pero en mi caso me llama la atención el tema del bien y el mal, las catástrofes y las vivencias o experiencias de cada individuo. No sé… Escribir, por ejemplo, una canción diciendo que los de la UDI están locos es tan obvio que no puedo sentarme y escribir algo así.  No sé, cuando me preguntan por qué la gente está enojada yo no puedo responder eso, porque yo mismo soy parte de la gente. No necesito hablar de los demás poniéndome en una posición distinta. No me interesa la demagogia. Y creo que las personas también están súper subestimadas.

Entrevista publicada en Paniko.cl



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martes, agosto 27, 2013

Dënver - Fuera de campo


Mantener una ficción que mezcle inocencia, ambigüedad, enamoramientos y melancolía es un desafío que Dënver reprueba en su tercer trabajo “Fuera de campo” (Independiente, 2013). Porque si anteriormente el dúo pop formado por Mariana Montenegro y Milton Mahan había demostrado con gracia que podía juguetear con  la perversión y el romanticismo, hoy la pareja se escucha perdida entre una producción musical irregular y un empobrecido anecdotario, baches que terminan por opacar casi la totalidad de un disco que debía superar a su brillante antecesor, “Música, gramática, gimnasia” (Cazador, 2010).    

Y es que la falta de un concepto que sostenga estas diez canciones es lo que más le pesa a la dupla, pues durante los casi cincuenta minutos de la placa las motivaciones de Montenegro y Mahan parecen apuntar en sentidos contrarios. Es Montenegro quien sobresale con madurez como protagoniza de  “Las Fuerzas”,  “Medio mal” y “Medio Loca (hasta el bikini me estorba)”, tres piezas impecables, adornadas por pertinentes orquestaciones, percusiones y sutiles decorados electrónicos, en donde se rondan temáticas amorosas desde una perspectiva simple y directa. Son estos momentos en los que Dënver consigue cuajar  un pop cautivador, a la altura de una banda que intenta demostrar el crecimiento de sus composiciones y de un estilo que trata de despegarse de la fachada edulcorada de sus primeros años.

Lamentablemente, el grueso del álbum es desaprovechado  por Mahan en canciones recargadísimas de cuerdas y vientos como “Tu peor rival”, “Revista de gimnasia”, “Torneo local” -recuperada del repertorio primigenio del dúo en una versión desencajada y desechable- o la arrebatada “El árbol magnético ataca por sorpresa”. No obstante, el cantante consigue alcanzar ciertos grados de lucidez en “Concentración de campos” junto a Cristóbal Briceño como invitado en un emotivo dueto que se sobrepone a la precaria base electrónica que lo sustenta y al agregado de electricidad que lo remata.


Al no encajar las piezas, “Fuera de campo” no sólo se escucha como un pastiche de la caricatura de Dënver –esa banda obsesionada con lo deportivo y erótico (“Revista de gimnasia”), que no tiene pudor  de sonar españolada (“Profundidad de campo”) y que se puede acercar a lo siniestro si se lo propone (“Mejor más allá)-, sino también como un disco sin grandes direcciones y sin ideas. Y el agotamiento prematuro de éstas,  en una banda tan joven, es un síntoma muy poco auspicioso. 

Esta crítica fue publicada en "El Ciudadano" impreso, agosto 2013.

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Ivo Vidal - Trabajos para combatir la dislalia


Catalogar este trabajo como un disco conceptual, o siquiera denominarlo disco, no sería preciso. Inclinarse por ubicarlo en el plano preformativo podría ser más útil, pero tampoco lograría definir con precisión lo realizado por el artista Ivo Vidal en esta híbrida producción. “Trabajos para combatir la dislalia” (Michita Rex, 2013) más bien se percibe en tanto pieza de intervención y registro, en la que el autor explora los límites de la manipulación de su voz, y  en la que palpita un abrumador cuestionamiento sobre la norma y el control.

Tomando como referente los ejercicios pedagógicos que intentan superar la errática pronunciación de fonemas (dislalia), Ivo Vidal recita fábulas y repite sonidos  del lenguaje hablado (/l/, /r/, /s/, entre otros) para ejemplificar la correcta pronunciación de las palabras. Al hacerlo, aparece la voz como único soporte para la expresión del mensaje; no hay aquí instrumentación ni acompañamientos que puedan nutrir la narración de Vidal, salvo la utilización de sonido ambiente y algún ajuste digital de ecos y efectos. Es el autor el que cubre todos los espacios de la obra en un ejercicio vocal hipnótico y que se sostiene por casi cuarenta minutos.

Correr el riesgo de presentar una grabación desnuda no tendría sentido si no se considera esta entrega como una relectura de las tradicionales herramientas correctivas en la enseñanza temprana, con Vidal interpretando al agente formativo en los ocho títulos que dar cuerpo al disco/libro. En ese rol, expresa una interesante alteración de un instructivo “pedagógico”, dispositivo que apunta al disciplinamiento del lenguaje, y por ende, de la identidad. Y al recitarlo, grabarlo y manipularlo, el artista da cuenta del reverso sádico de la instrucción.


Por todo lo anterior, “Trabajos…”  es un caso aislado en el panorama actual de publicaciones musicales o sonoras. Una expresión más que nos recuerda que la canción que enfrenta al poder, la que se podría calificar como canción política, actualmente está sucediendo en los márgenes y a través de la experimentación.

Esta crítica fue publicada en "El Ciudadano" impreso, agosto 2013

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viernes, junio 21, 2013

La Bella Violencia - Pedida


Dos piezas sonoras le bastan al músico y artista visual Iñaki Muñoz para volver a remecer al oyente. El autor, que ya había demostrado sus capacidades bajo el seudónimo  Universo Error de Ahorcarte y el estremecedor trabajo de 2011 para el sello nacional Jacobino Discos, “Observatorio/Colmillos/Garras/Caparazones/Pelaje/Manchas/Trinchera y Melancolía”,  regresa con un nuevo seudónimo, La Bella Violencia, y el disco “Pedida” (Pueblo Nuevo, 2013), obra que sigue la línea de la experimentación electrónica del anterior trabajo de Muñoz, pero que desde un ángulo aún más cerrado  logra detonar un intenso vórtice sonoro.

“El Jardín de las bicicletas incorregibles” y “Error existen varias copias del efecto” son las canciones que sostienen a esta producción en poco menos de media hora. Ambas parecen registros opuestos; mientras la primera se nutre de la grabación de los sonidos que genera una bicicleta en mal estado, la segunda ahonda en las alarmas de errores de Windows. Sin embargo, la reproducción de escenas mundanas –el mal estado de un vehículo cualquiera y las fallas de un sistema operativo tradicional- adquieren un carácter nuevo bajo la lupa de La Bella Violencia. Como si se tratara de una disección, Muñoz desenreda sampleos de cadenas, pedales y alertas computacionales, pero también añade improvisación y secuencias en un ejercicio de composición particular de ambient.

Pero el impacto auditivo de “Pedida” escapa a las evocaciones que pueda generar la manipulación de efectos electrónicos. El potencial de un disco como éste radica en la construcción de un mensaje indirecto sobre la realidad, un espejeo siempre fracturado sobre el entorno. Así, “El jardín…” destaca desde su inicio por el dramatismo que cargan los silencios y ruidos que se van mezclando con los samples de un objeto que en algún segundo podemos reconocer –¿es de verdad un bicicleta?- y por la atmósfera lúgubre que Muñoz entrega a un instante finito, irrelevante, pero que puede poseer la carga de una abrumadora pesadilla diaria, palpitante, omnipresente. Y por su parte,  “Error existen…” supera la anécdota  glitch para jugar con la idea de la falla como defecto y también como única oportunidad de subversión.


Perturbador, el final del disco invita al oyente a seguir esperando más interpretaciones sobre lo cotidiano. Pero las pistas no llegan y la experiencia musical se completa con la falta. Y esa es la mayor gracia de la nueva aventura de Muñoz.

Esta crítica fue publicada en El Ciudadano (impreso, junio 2013)

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viernes, enero 18, 2013

Como asesinar a Felipes - Comenzará de nuevo




En tiempos donde lo que se conoció –e ingenuamente se sigue calificando- como “la nueva generación de músicos nacionales” ya está absorbida  por festivales y mercados, Como Asesinar a Felipes parece una excepción a la regla de esta estandarización. Son populares, editan con mayor regularidad que la mayoría de sus contemporáneos y gozan reconocimiento dentro y fuera de Chile por su particular entrega de oscuro hip hop; sin embargo, CAF ha logrado lo que casi ninguno de sus compañeros se propuso: madurar una narrativa propia, en donde abunda el rechazo y el  cuestionamiento. “Comenzará de nuevo”, la cuarta producción de la banda en cinco años, es una buena muestra de aquello.

Recurriendo a sólo seis canciones, CAF despliega en este disco poco más de treinta minutos marcados por la ira y la provocación. Cada corte ronda el lema del grupo –“matar a la música linda”- y también vuelven a aparecer los samples de películas, entrevistas o discursos que enriquecen esa atmósfera de cine negro que ya es un clásico del quinteto. No obstante, en esta oportunidad, la excelente mezcla de batería, bajo, piano y electrónica se sumerge en una búsqueda por romper su propio sonido. Canciones como “De doble filo”, “Siempre será lo mismo” o “El recurso popular más válido” entregan nuevos aires a una banda que es conducida  por un rapero –Koala Contreras-, pero que sigue demostrando su inclinación por la experimentación y los márgenes del rock al unir distorsiones con trompetas, bombo, platillos y arreglos digitales.

También el discurso de CAF presenta sutiles cambios. Por ejemplo, gran parte del álbum está dedicado a un debate interior. Así, las rimas de Contreras esta vez no sólo salpican a las instituciones, sino que también ensucian el reflejo de un sujeto que se reconoce desbordado. Resulta interesante este doble tiroteo, pues propone una necesaria reflexión sobre  el despliegue del poder, la lucha “del hombre contra el hombre” y el lugar que ocupamos frente a la norma.  

En consecuencia, “Comenzará de nuevo” es otra estupenda muestra del trabajo de una de las pocas agrupaciones locales que se olvida de la anécdota vacía  sobre los partidos políticos y el descontento. Aquí no aparecen escenas de marchas ni reclamos, ni adultos jugando a ser jóvenes eternos, ni ladridos, ni gritos en contra de los ricos empresarios gobernantes. Como Asesinar a Felipes sube un poco la mirada para jugar con el lenguaje y el sonido y así   inquietarnos sobre esa violencia dominante que escapa a nuestra percepción más cotidiana y que, bajo ninguna circunstancia, es tema de interés para los rostros musicales del último tiempo.

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martes, octubre 16, 2012

Namm - Geografía



Levantar puentes entre la intimidad y el entorno es el tema central de “Geografía”,  debut del cuarteto local Namm.  Y fiel a su título, este trabajo es un paisaje dibujado  por diferentes hitos que van marcando la voz de Loreto Molina, la trompeta de Ana Gallardo y los arreglos de teclados y programaciones a cargo de Pablo Flores y Pablo Fuentes. También es un críptico mapeo de revelaciones personales que buscan un eco en el espacio que ocupan y de estimulantes insinuaciones pop de una electrónica siempre al filo de la experimentación. 

En poco más de media hora, los nueve cortes de este trabajo dan cuenta de la versatilidad melódica de Namm. En “Con razón y sin sazón”, los recursos electrónicos aparecen con evidente énfasis, lo  que marca la cara más atrevida de los nacionales y en donde se evoca a las primeras creaciones de Flores, un autor que ha trabajado distintas corrientes digitales. Mientras,  en “Paso” las estructuras de bases y teclados invitan sin rodeos al baile y en “Costa Azul”, “Bailando en la oscuridad” o “En frente de mí” los arreglos de bases y sampleos intrincados dirigen el sonido de la banda hacia un pop oscuro y de carácter, en donde voz, vientos y recursos electrónicos arman una destacada cohesión. 

Gracias a esta nutrida plataforma sonora Namm  da una sutil vuelta de tuerca al pop criollo, pero el riesgo no se termina en la incorporación de efectos más o menos novedosos. Aquí también pesa la búsqueda por temáticas nuevas; una intromisión en recovecos poco explorados por los nuevos y más jóvenes creadores locales. Así aparecen referencias a la soledad y la angustia por la pertenencia inconclusa a un tiempo y un espacio (“Chamusca y arena), la desolación y el peso de un proyecto inacabado (“Geografía) y el hastío ante las nuevas y miserables formas de comunidad o relación que se van moldeando entre nosotros (“Stellar”). Al acariciar esas ideas en diferentes fragmentos del disco, la banda forja un discurso poderoso y crítico que se va concadenando canción a canción.

Aunque pertenecen a la nueva camada de poperos criollos, Namm estampa con “Geografía” un estimulante accidente en medio del monótono plano del pop nacional. Su sello es un cuidado uso de las fórmulas de la electrónica, una cautivadora voz principal y la sutil subversión de una poesía que emerge desde una enunciación particular, pero que da cuenta de un desasosiego  general. 

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, octubre 2012) 

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Ignacio Torres - Ahora es cuando




Una estimulante lectura del soul propone Ignacio Torres en “Ahora es cuando”. Aunque no es su primer acercamiento a la canción –el chileno fue integrante de Óvolo y también participó en el desaparecido sello Neurotyka-, este  trabajo es su carta de presentación oficial, una postal que destaca por sus arreglos y por el carisma de Torres, voz que cuenta con las capacidades para incursionar en formatos serenos o en registros cadenciosos  que podrían alcanzar sin problemas la masividad.

De menos a más, el disco se inicia con el pulso lento de “El color del mar”, canción que se une a las programaciones de “Tu esencia”, una sofisticada pieza de R&B que se potencia con la colaboración de Muriel Naranjo en los coros. La serenidad continúa hasta “De fuego”, corte que vuelve a sacar partido a la electrónica. Sin embargo, en esta línea brillan “Otoño” y “Amores”, dos baladas que no ocultan el gusto de Torres por el romanticismo. Esta última es un buen ejemplo de la habilidad del  cantante por rondar los tópicos clásicos del corazón pero sin recurrir a los vicios del soul, estilo obsesionado con la piel, los olores y la sobreactuación de la sensualidad.

Como complemento, los ritmos también seden espacio a los bajos y las percusiones aceleradas en “Sin apuro” y “Ahora es cuando”; asimismo, “Cosas sencillas” y “Nodudes” son dos guiños al hip hop que cuentan con los aportes de Seerjú y Tiei en las rimas. En estos minutos aparece la faceta más alegre del cantante, quien nunca olvida versos esperanzadores y positivos en sus letras.

En consecuencia, gracias a la meticulosa producción de “Ahora es cuando” –que no se queda corta en arreglos de viento, cuerdas, programaciones, efectos y colaboradores- Ignacio Torres firma un disco de buenas ideas y abierto a nuevas interpretaciones sonoras y poéticas para el soul nacional. Un grato acierto.

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, octubre 2012) 

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jueves, mayo 03, 2012

Juan Pablo Abalo - Canciones de Misa



Durante la Semana Santa recién pasada, el compositor nacional Juan Pablo Abalo liberó "Canciones de misa", su nuevo disco. La fecha elegida para estrenar su tercer trabajo  no pudo ser otra. Por esos días, la portada del álbum en donde se ve a dos niños junto a un hombre disfrazado de conejo de Pascua cobraba un sentido especial; ingenuidad, creencia y perversión se fundían en la imagen central de este esfuerzo por encarar a través de la canción breve las sórdidas historias protagonizadas por representantes de la Iglesia.

Demostrando su inclinación por el minimalismo, el autor escribe ocho canciones comandadas por el sonido de la guitarra tradicional, textura que poco a poco, y a medida que avanzan los segundos en cada corte, se va ensanchando gracias a arreglos de cuerdas y vientos. Así, “El pastor” –canción inspirada en Fernando Karadima-, se estructura según el sonido de las seis cuerdas, mientras que en “El suicidio”, “Procesiones” o “Ausente”, la guitarra cede espacio a percusiones, bajos o sonidos de órgano y piano.  El resultado de esta instrumentación simple, pero a la vez detallista, entrega solemnidad a relatos que hablan de dominación y angustia.

En tanto, la voz ceremoniosa  del cantante, consigue traspasar cierto rigor a estas historias, hasta impactar en “La confesión”, cuando interpreta a víctima y victimario  en los tres minutos más dramáticos de la obra.

Aunque Abalo no eligió una temática desconocida, su gesto  es inédito en el panorama musical actual, pues elabora un disco conceptual  sobre una temática naturalizada como información de prensa, pero que esconde un revés putrefacto, en donde pesa la fe y los vínculos de poder económico. En ese nivel, “Canciones de misa” golpea dos veces: por un lado nos restriega lo más oscuro de un sector de la sociedad, y por otro, nos recuerda que la canción popular sí puede superar la palabrería ególatra y superficial a la que estamos acostumbrados. 

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, mayo 2012)

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Los Embajadores - Faisanes



Cuando Los Embajadores publicaron la canción “Su merced” en el primer compilado del sello Michita Rex del año 2010, las expectativas en torno al grupo surgieron por la mezcla de lamento y romanticismo que firmaban, la presencia de una pareja de vocalistas –algo nada usual en el país- y la tendencia a la oscuridad de su sonido. Sin embargo, con la reciente edición de “Faisanes”, el debut oficial de la banda, la calidad de la propuesta a cargo de Danae Morales, Cristóbal Gajardo, Sebastián Sampieri, Felipe Lagos y Walter Roblero comienza a tomar forma concreta.

En poco más de media hora, las diez canciones de esta producción arman una interesante versión de dream pop; gran parte del disco está dominado por melodías cansinas, que combinan percusiones no tradicionales (metales, ruidos de ambiente y de animales) y programaciones electrónicas que elevan el pulso, tal como ocurre en “Peso” o en “Compañía del novio”, dos cortes en donde Morales sobresale gracias a una voz pálida e hipnótica. También “Faisanes” y “MDV” refuerzan esa versatilidad sonora y completan un marco de relatos tormentosos.

La emoción contenida de Los Embajadores alcanza niveles estremecedores en  las épicas “La doble vida” y “Mucha fe”, piezas en las que Gajardo (también conocido por su proyecto Voz de Hombre) destaca por su capacidad para transformar lo dramático en heroico. Asimismo, “Amigo realidad” y “El sueño de una muñeca malvada” exponen una personalidad que cavila entre el fracaso y los anhelos de un sujeto que dice no querer “volver a trabajar en lo que me mata” y que sufre por la asociación entre el comercio y su billetera.  

Con sutileza, esas insinuaciones hacen del relato de Los Embajadores un espacio en donde los sentimientos no se miden por la carga melodramática de las insinuaciones amorosas. Por tanto, el primer trabajo del quinteto convence por sus matices sonoros y también por un discurso que los aleja –afortunadamente- de sus coterráneos.    

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, mayo 2012)

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lunes, abril 09, 2012

Alamedas – Romeo




Un ambicioso esquema es el que trata de completar Alamedas en Romeo (2011), su cuarto disco oficial. A la realización de un rock cada vez más prolijo, el grupo liderado por Alejandro Gómez suma la intención de hacer de sus creaciones un punto de inflexión, un espacio de reflexiones contundentes capaces de proponer problemas o, al menos, algún tipo de cuestionamiento sobre estado de las cosas. Pero el resultado es disparejo si se consideran las historias que aparecen en estas nueve canciones.

Como abunda en la música popular, gran parte de Romeo está al servicio de experiencias individuales o  anécdotas sin mayor sentido que pueden hablar al mismo tiempo del amor, de las relaciones, de la existencia o de un futuro esperanzador. “Ya sabes” o “Puesto” expresan ese estilo errante que divaga entre diversas ideas paralelas. “Monumentos” es otro ejemplo, y el más sorprendente de todos, pues en esta canción el trío nacional es capaz de ensamblar una crítica al colonialismo con la diversión y unos “mijita rica” como broche final. ¿Qué es eso? ¿Una simple muestra de absurdo? No es tanto eso, sino que más bien se trata de una evidencia clara del rock nacional bizco, capaz de visualizar con un ojo algunas intenciones más o menos profundas, mientras que con el otro se mantiene atento a los lugares comunes del formato. 

Mejores resultados logran en “Sin que te lo pida” y “Sigue”, dos cortes románticos que además convencen con una estructura simple y efectiva, tanto como “Otro mundo” y “Alturas”, este último con el llamativo aporte de un saxo.

No obstante, Alamedas cae en otro vicio: utilizar su repertorio para deslizar un breve reproche a las audiencias. “Deja de lado sólo por un momento esas canciones que ponen en la radio y presta atención hacia nuestro lado. Maduramos tres años para hacerte un regalo”, dicen en “Solo entonces”, en una jugada inexplicable  si se considera la relación actual entre autores y públicos. Esta recriminación, tan innecesaria como pretenciosa, aparece justamente en los minutos finales, cerrando una producción zigzagueante y que no esconde su naturaleza infantil.

Si bien es cierto que Alamedas logra firmar su trabajo más conciso, no es falso añadir que Romeo deja pendiente una muestra más concreta de su crecimiento, pues hasta ahora sólo se reconoce a una  agrupación sólida, fiel al rock más popular, pero que no es capaz de sostener un discurso acorde al paso de sus años. 

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, abril 2012)

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Jano – Ay, bonita!



Jano Soto (Alejandro Kemp), figura que hace más de quince años hizo lo suyo en el rock nacional con canciones como “La luz del cuerpo” o “Ella siempre”, vuelve a ser noticia como Jano y Ay, bonita! (2011), un disco en donde no sólo hay un retorno, sino que también una regresión. Aquí el cantante adopta una estética de hace casi medio siglo atrás para escribir diez piezas híbridas, que suenan entre el rock y la balada surf, que no temen mezclar rockabilly con pasión cebolla, o dicho de forma más elemental, se mueven de igual a igual entre los Beach Boys más tradicionales y el Zalo Reyes más lacrimógeno. 

Jano no oculta este tipo de influencias y en el despliegue de esta media hora las asume y las reinterpreta con humor. El resultado cautiva y cada corte logra su objetivo: sonar como los antiguos éxitos del corazón, esos relatos de amores adolescentes con  estribillos memorables y melodías instantáneas. “Cerquita mío” –el estupendo promocional del álbum-, “Nadie como tú” o “Otra vez me equivoqué” son composiciones entretenidas, llenas de segundas voces que acompañan el tono de Soto y en las que se reiteran los más célebres tópicos radiales: el amor que enloquece, el sentimiento avasallador, el papel del amante borracho, el bobo suicida y medio machista, el loco desdichado, etc. 

Pero al asumir un rol de impecable crooner (que no recurre a ningún exceso vocal, pues prefiere la serenidad y la calma, y que cuenta con el soporte de una contundente banda tras de sí), Jano no se limita a copiar a los clásicos. Así, en “Toma el tren” escribe una balada rock con impronta actual; de “Vive tu vida aquí conmigo” hace una fiesta latina o en “Desdichado” y “Sólo te pido que, al menos, me dejes tu corazón” entrega nuevos aires al romanticismo local. Con eso demuestra que este evidente homenaje a un pasado ingenuo y bonachón también es una oportunidad bien aprovechada para volver a las pistas con algo más que nostalgia.

El aporte de Ay, bonita!, en consecuencia, está en convencer con una idea que no pierde lógica a medida que se desarrolla y que opta por un sonido simple y un lenguaje coloquial para reinterpretar las raíces de la canción romántica. Sin duda, una grata sorpresa. 

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, abril 2012)

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miércoles, abril 04, 2012

Natisú - Deshabitar



Un recorrido por distintos estados de ánimo es el que propone Natalia Suazo en Deshabitar (Independiente, 2012), su primer trabajo oficial como Natisú. En este proyecto, la cantante hila escenas de corte personal para referirse a las frustraciones, los anhelos y las proyecciones de una intimidad ambivalente, siempre cargada de luces y sombras. Ese contraste se afirma en una producción que saca partido a la atractiva voz de Suazo y que sobresale por la variedad de arreglos que aparecen en estas diez canciones.  

Aprovechando los recursos clásicos del pop más oscuro –la fuerte presencia de guitarras y distorsiones, pesados ritmos de bajo y batería, sutiles arreglos electrónicos-, Natisú disfraza su impotencia en “En esta parte del deseo”, “Rituales” o “Al encuentro”, cortes en los que su voz se retuerce entre tonos cándidos y gritos que se escuchan liberadores. Sin embargo, la evidente carga dramática de estas piezas siempre oculta un dejo de optimismo, tal como lo demuestra “Polillas de la tarde” y la sentencia “hay nuevos modos, nuevos medios, nuevos aires. Siente los dientes y masquemos esta realidad”, una de las líneas que define la naturaleza conciliadora de esta entrega.

Por eso, son  otras las canciones que abren nuevas posibilidades al debut de Natisú. Y justamente son las que menos abusan de esa fachada sombría y las que más se acercan a la simpleza de lo acústico. En entre ellas, “Miles de ciudades” y “Deshabitar”, dos baladas al servicio de la incertidumbre. Aquí, la cantante da un giro para sostener un interesante cuestionamiento sobre la seguridad y el buen vivir, aspirando a cambiar las formas y a abandonar los roles que asumimos como dignos o beneficiosos. Con eso, logra que su narración supere –al menos en parte- el lugar común de las divagaciones personales, casi siempre amorosas.

Es evidente que Natisú busca acercar la música popular a terrenos menos convencionales o al menos proponer una dosis de penumbra al formato pop. Aunque le resulta, la forma en este caso resalta tanto como las ideas que desarrolla en cada canción. Esa es la mayor fortaleza de Deshabitar: transformar un estilo, un sonido, en un mensaje que debería sorprender en próximas publicaciones.
 

Esta crítica fue publicada en Nacion.cl

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domingo, febrero 05, 2012

Geosónica - El influjo



En pleno apogeo de los solistas nacionales hace un par de años, Ricardo Santibáñez debutó en 2010 con el apodo de Geosónica y el disco Extrapolar (Independiente), un trabajo de pop discreto y que mezclaba programaciones electrónicas con la tendencia acústica de la época. Después de dos años, el autor oriundo de Osorno vuelve con El influjo (Independiente), una demostración de su gusto por la producción de estribillos memorables, aunque con marcados vicios en su relato.

Algo que caracteriza a las doce canciones de este álbum es la variedad de instrumentos que las sostienen; a la tradicional guitarra se suman baterías, percusiones, saxo, y otros arreglos que prueban la evolución del cantante a la hora de estructurar sus composiciones, logro que abre una notoria brecha en comparación a su debut. Buenos ejemplos son “Vidas paralelas”, “Mil horas”, “Panamá” y “París”, cortes ricos en sonidos y en los que el chileno escarba con destreza en sus historias íntimas.

Pese a estos momentos, en el disco también abundan narraciones zigzagueantes  que no consiguen dar coherencia a la poesía de Geosónica. Así sobran las ensoñaciones y los versos románticos conectados mediante rimas toscas, tal como se escucha en “Fuego, casas y recuerdos”, “Parque” o “Nuestra luna”. Por tanto, la poca claridad de los motivos del cantante –evidentemente amorosos, pero hilados a la fuerza- hacen que gran parte de este repertorio insista en menciones obvias sobre las relaciones, la melancolía o la alegría.

En conclusión, las referencias sentimentales que aparecen una y otra vez en el disco impiden que las buenas melodías de El influjo salgan bien paradas. Esos tropiezos hacen del osornino un creador en crecimiento, pero aún atorado en un estilo que –al  menos en Chile- ya está sobrepoblado. 

Crítica publicada en Nacion.cl

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sábado, enero 21, 2012

Gustavo "Lulo" Arias - Poesías Proletarias (Volumen I)



Si hay algo que identifica a los autores nacionales es la capacidad que tienen para transformar el formato breve de la canción en una vitrina individualista y autocomplaciente.  Por eso, cuando aparecen ejemplos que quiebran esa costumbre, la respuesta inmediata es asociar la creación musical al panfleto o al cliché del autor comprometido.

En el caso de Gustavo Lulo Arias y su recién estrenado Poesías proletarias (Volumen I) (Jota Jota, 2012), esa sería una salida fácil, pero no la más acertada. En este nuevo trabajo, el conocido rapero del trío local Legua York propone trece canciones que tratan de superar la anécdota íntima para alzar la voz, reclamar por los vicios de la sociedad y de paso enjuiciar a los rimadores locales. Para lograrlo, el autor se escuda en una producción que no esconde la falta de recursos y que cuenta entre sus invitados a Cabro Homer, Lautaro Rodríguez o LB1 (de Panteras Negras).

Así surgen “Cruzando”, “Tiempos que cambian” o “Punguismo”, piezas que demuestran cierta fragilidad sonora, pero cuyas letras dan un gran salto al ubicar al rapero en el medio de la calle, en avenidas que son las de La Legua y que, al mismo tiempo, son otros territorios; esos espacios en donde abunda el sujeto (chileno, latinoamericano) marginado y que se enfrenta ante un feroz sistema económico.

En tanto –y pese a la serie de referencias a una sociedad violenta y clasista-, el tono de Lulo Arias no cae en lamentos barriales, ni en la caricaturización de guetos; al contrario, el chileno aspira a transformar la decadencia a través de la acción y no  mediante la queja pasajera.

Este mensaje se transparenta en “Revolucionarios”, “Vendiendo mentiras” o “Puño en alto”, tres cortes que cuestionan el rol del los músicos y que reflexionan sobre la capacidad de estos autores por comprender, asimilar y dar espacio en sus obras a las demandas colectivas, sociales o nacionales.

Por tanto,  Arias logra sostener una idea sobre qué papel juega la música chilena –y en especial el hip hop- en el panorama político actual, escenario que de tanto ser calificado como crítico requiere de propuestas que superen la estética híper cuidada y las narraciones ególatras.

Al deslizar estas preguntas, Poesías proletarias... también deja abierta la pregunta por cuál ha sido el aporte de los autores nacional en las discusiones que durante los últimos veinte años han permanecido más o menos ocultas. Y en ese caso, la respuesta que asoma no es más que una enorme tarea pendiente.

Crítica publicada en Nacion.cl




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sábado, enero 07, 2012

Sensorama 19-81 - Animales sofisticados en grandes problemas



Dar cuenta del descontento por el modelo de vida que conocemos y utilizar voces que parecen sacadas de noticiarios del primer mundo es un recurso demasiado obvio como para extenderse por una hora.Estructurar un disco sobre la asfixia que provoca el orden económico y combinar lamentos romanticones reduce la efectividad de toda subversión. Ironizar sobre las formas que adquiere el poder y abusar de arreglos dramáticos hace que la queja se transforme en un lamento primitivo. 

Contradicciones de esa naturaleza abundan en Animales sofisticados en grandes problemas (Independiente, 2011), el reciente trabajo de Sensorama 19-81, apodo del compositor nacional Rafael Casanova. La pieza marca la consolidación del chileno a la hora de transformar su electrónica (ya editada en Retrato de un desconocido de 2008 y otros EPs) en un estilo que remite a sonidos de la IDM, el glitch, el postrock y que ahora apunta directo hacia al pop. Sin embargo, aunque estos estilos se mezclan con más o menos prolijidad, el disco hace dudar sobre las capacidades del autor para proponer conceptos y desarrollar ideas. 

En más de sesenta minutos, Animales… se divide en diez cortes que oscilan  entre la declaración de principios y la manifestación de uno que otro esfuerzo por encarar las violencias del día a día. Así por ejemplo, la primera parte del álbum consigue anudar un pulso de sampleos informativos, recortes de distintos idiomas y alarmas que evocan los dilemas de  la sobreinformación, los abusos de poder y  la categorización mental y física a la que a diario nos sometemos por nuestro ritmo de vida. Además, las imágenes que acompañan al disco confirman la atención que Sensorama 19-81 le dedica a las estrategias de disciplinamiento que asumimos como naturales.

“El informante”, “Simón dice” o “El cliente” son canciones inspiradas en estas ideas. Asimismo, éstas representan los mejores momentos del trabajo de Casanova gracias a la buena combinación de de programaciones,  guitarras, baterías o violines. 

No obstante, a medida que el disco avanza, las debilidades comienzan a ganar espacios con “Hoy fue ese día”, “Will fail”, “Sujeto a control” o la interminable “Grandes animales en problemas sofisticados parte II”. En estos pasajes el chileno dispara ideas que desarman lo que a simple vista parecía una producción unívoca, pero que tiende a decepcionar, convertida en un puñado de melodías que no consiguen dar sentido a las historias abiertas en los primeros minutos de la obra.

Por otro lado, este trabajo termina de perder el norte con “Terroristas” o “Quiero ayudar”, las canciones en donde Casanova suma las letras y la voz de Cristóbal Briceño.  En la primera, el piano guía un drama orquestado que no supera la barrera de un pop con ideas inconexas y que no hace más que llorarle al amor, mientras que la segunda parte con una interesante burla, pero finaliza como un rock de visiones apocalípticas (incluido el infaltable guiño a las manifestaciones y los cacerolazos) que desliza un dudoso mensaje esperanzador a partir del caos. 

En consecuencia, Animales sofisticados en grandes problemas sólo sirve para calificar a Rafael Casanova como un productor -ya no un músico electrónico tradicional- que peca de grandilocuente. El problema está en que ocupando diversos instrumentos, el chileno acciona distintos recursos, y al hacerlo, se confunde y transforma su protesta en un berrinche lleno de baches. Considerando los nefastos tiempos que corren, una obra así no es más que un producto inofensivo e insuficiente.

Publicado en Nacion.cl

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sábado, diciembre 31, 2011

Horregias - Pasarela Fracaso


Breve, rudo y precario. Así es Pasarela Fracaso (Coraje Records, 2011), el debut del trío local Horregias, banda que le saca partido a la inmediatez de sus canciones, a sus letras calentonas y a la simple producción de las piezas firmadas por Horridia (Carolina Díaz, guitarra), Feocia (Daniela Schälchli, bajo y voz) y Nefasta (Yumbel Góngora, batería en la grabación del disco) para levantar un homenaje a la cara más sucia del amor y las relaciones personales. Al hacerlo, las chilenas se escudan en el humor negro y en la combinación más clásica del punk  para reírse del sexo, la fidelidad y cómo no, la femineidad.
 
En casi veinticinco minutos, el disco presenta diez cortes –un interludio inicial, ocho originales y un remix- comandados por Feocia, voz que en “Sopa de amor” introduce el gusto por su amante borracha, mojada y que la estimula con su arranques de furcia. Versos como “llega un mensaje que dice ‘vente’, parto rancia a verte/ Y en tu casa la cortina cerrada, una invitación a la cochinada”, describen las aventuras de estos personajes que también lucen en sus cuerpos los estragos de algún roce furtivo (así lo insinúa la cómica “Herpes”). A su vez, las distorsionadas “Ojitos azules” o “Un número de mala suerte” también funcionan como mofas sobre el romance ideal. 

Sin embargo, los mejores momentos del trío llegan con “Mujer” y “Amor vertedero”. En la primera, las chilenas juegan a escribir un panfleto anti misoginia  que puede sonar tan banal como irónico (incluida la referencia a Pilar Sordo, por ejemplo), enumerando características que tienden a encasillar a la mujer: ser rudas y frágiles, el dar vida y comida o que gracias a ella existe el agua mineral de colores.  Mientras, en la segunda, Horregias asumen el placer del engaño y la sumisión, dos condiciones que para ellas definen la única forma de enamoramiento.
 
A través de un ritmo acelerado, estas canciones  componen la sensibilidad de un grupo que logra sonar punk sin caer en gritos ni en pataletas innecesarias, y que además no se inventa un espacio neutro  –como abunda en el imaginario nacional-, sino que opta por ubicar sus canciones en Santiago, con referencias a Renca, Pedro Aguirre Cerda o San Bernardo. A eso se suma la poca precisión formal y técnica de Pasarela Fracaso, rasgo que sella un estilo que aún requiere de mayor prolijidad en su presentación, pero que cuenta con narraciones y motivaciones que superan la media de los estrenos chilenos.
 
En tiempos donde la frivolidad y el hedonismo son ensalzados como valores que aseguran el éxito de los músicos nacionales, el primer trabajo oficial de Horregias destaca por encarar la sexualidad y las historias románticas sin ambigüedades ni metáforas al voleo. Sin duda, una pequeña y oportuna muestra de activismo.
 
Esta crítica fue publicada en Nacion.cl

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lunes, octubre 24, 2011

DJ Fracaso: "El boom de la música chilena no da ni para petardo"



Recortes de la serie animada “Transformers” o “El Gladiador”, segundos de la película “Terminator” y varios planos de pornografía aparecen en los videos de Juan Chaparro, profesor de arte que comenzó a experimentar con la creación audiovisual hace más de diez años. La electrónica llegó después: cansado de escuchar death metal y ver envejecer su colección de discos, decidió tomar lo mejor de bandas como Carcass, Portishead o Slayer para unirlas a canciones como la reggaetonera “Baila Morena” de Héctor y Tito. Así nació DJ Fracaso, un hibrido entre programaciones, samples y videos.

Después de algunas presentaciones en vivo, DJ Fracaso publicó “Fracaso incendia el mundo” en 2001 (disponible aquí) y el EP “Fracaso asesina su familia” en 2003, discos con los que comenzó un tránsito por la música nacional que recién en 2011 volvió a dar frutos. A principios de este año, estrenó “Cadáver de perro al sol”, obra en la que reúne sus mejores canciones y videos y que se puede descargar libremente a través de Pueblo Nuevo, sello chileno especializado en música electrónica y no en death metal.

¿Por qué decidiste publicar “Cadáver de Perro al sol” en Pueblo Nuevo?

Llegar a Pueblo Nuevo era lo lógico, porque a los metaleros no les gusta lo que yo hago. Una vez toqué en un bar metalero y cuando terminé, el dueño del local me dijo ‘esto no es metal’. Quizá no le gustó porque algunas canciones tienen reggaeton. Lo que yo hago le gusta a la gente más rara, a los que están más pendientes de la música electrónica, porque cuando vas a un recital de death metal vas a puro escuchar un ruido que no tiene ningún sentido.

La figura del DJ generalmente se asocia al que está en las fiestas para satisfacer al público. Sin embargo, tus canciones y videos no tienen nada de complaciente.

Al principio yo veía a los DJs como una pérdida de tiempo: un tipo que ponía canciones una después de otra. Eso no tiene ninguna gracia. En ese tiempo yo pensaba ‘qué basura más grande la música electrónica, hay que hacer algo con ella’, pensaba que debería ser distinta.

¿Así llegaste a la idea de comenzar como DJ Fracaso?

Más o menos. Me acuerdo de que estaba ebrio y le conté a unos amigos que iba a hacer música y que me había comprado un computador. Un amigo me dijo ‘ponte DJ Fracaso’. Ahí no tenía idea de música electrónica, de hecho, hasta el día de hoy no me gusta la música electrónica, pero me gustó el nombre porque creo que el fracaso es la mejor manera de avanzar. Mientras más la cagues, más vas a poder saber todo lo que no funciona.

¿Cómo reacciona la gente con tus canciones y videos cuando tocas en vivo?

Lo más bacán ha sido un caballero mayor, un tata, que me abrazó y me dijo ‘me encanta lo que haces, pero tenís que hacer algo más melódico porque no se entiende nada’. También me acuerdo una vez en un FOBIA (festival de música experimental organizado por Jacobino Discos y Productora Mutante), cuando a un loco le dio un ataque de epilepsia y yo me sentí súper responsable, porque las imágenes que ocupo pueden inducir un ataque así. No sé si le dio por eso, pero le pasó después de verme tocar. Fue triste esa cuestión. Después fui a darle la mano al loco y no se acordaba de mí.

¿Qué lugar ocupa, entonces, el espectador en tu música? ¿Piensas en la gente que te va a escuchar y ver cuando haces las canciones o pasas por alto ese detalle?

Siempre pienso en el público, sobre todo en las partes en las que quiero que reaccionen. Por ejemplo, en las tocatas uno puede ir mirando en el estado que queda la gente. Ahí pienso que si hago algo se genera tal cosa. Me pasó cuando vi a la primera persona que gritó ‘oooh’ conmigo; ahí dije sí, esto está funcionando. Porque me di cuenta de que se generaba una euforia que, muchas veces, a la persona que hace las canciones no le pasa porque ya se las sabe de memoria. He aprendido y quiero que a la gente le sucedan las cosas que yo quiero. Es algo en lo que pienso porque al final cualquier cosa que haga se la termino presentando a la gente. Puedes ser súper experimental, súper abstracto y súper cabezón, pero igual eres un espectáculo, eres parte de un circo. Un payaso más.
Cuándo haces música, ¿la proyectas visualmente o primero vienen las canciones y después los videos?

Cuando hago las canciones, primero me las aprendo de memoria y después las hago. Los videos también: sé cómo empiezan, cómo terminan y qué va al medio. En mi caso no me gustan muchos los videos experimentales, pero sí me gustan los relatos, de hecho me gustaría hacer cine… Ahora que lo pienso, el otro día estaba enfermo, con fiebre, y el día anterior había visto una cinta que tenía de los “Transformers”. Después tuve unas pesadillas y me di cuenta que eran las mismas imágenes que aparecían en los videos. Mis pesadillas son lo que ves en mis videos: me gusta el porno, me gustan los “Transformers”, me gusta “Terminator”. Son cuestiones que están en mi cabeza y necesito sacarlas. Me persiguen.

Pero esas narraciones de tus videos igual están diciendo algo que va más allá de tus pesadillas.

Claro, además de la canción, siempre se está poniendo un juicio sobre la mesa respecto a lo que significa la música y eso es lo que ve la gente. Pero la verdad no es algo que piense tanto. Siempre estoy pensando en mujeres desnudas. Es un problema que tengo. ¿Cachai Korn? ¿La canción ‘A.D.I.D.A.S.’? Es como esa onda… Son cuestiones incontrolables que al final terminan diciendo mucho. Mucha gente se siente representada, pese a que otros no le encuentran ningún sentido. La gente le da el sentido. Por eso prefiero que sea la gente la que me diga qué es lo que piensa cuando ve los videos. Es un trabajo que está hecho para que la gente diga algo, no es el show de un músico tradicional.

  Dj Fracaso: "Destruir el imperio" (2011) - disco: "Cadáver de Perro al Sol" [vg006] by pueblonuevo 

Publicaste tu disco en un sello dedicado a la música electrónica, pero lo tuyo viene del metal. ¿Te relacionas con músicos electrónicos de acá?

Ahora he conocido más músicos electrónicos. Pero me he dado cuenta de que hay una frase que cuando aparece es porque es verdad: cada vez hay más poseros, y todos están haciendo puras basuras, y en todos los sentidos, pero se nota más en la electrónica, con gente que lo único que quiere es darle el palo al gato. Por eso mismo yo prefiero mantenerme alejado.

Pero igual al publicar un disco, y más encima de descarga gratuita, empiezas a formar parte de un grupo de gente, de un sector, aunque sea pequeño, de la música nacional. No es que estés tan alejado de lo que pasa con las otras bandas.

A mí lo que me interesa harto es lo que pasa cuando las personas toman lo que tú haces y hacen algo más. Me ha pasado que me han escrito un par de locos que han hecho videos con mis canciones. Hay como tres videos por ahí. Esa es la única relación que uno puede tener con la gente. Me acuerdo que cuando hice unas canciones con partes de Slayer, yo le escribí a los locos, les mandé un correo, pero jamás me contestaron. Para eso uno hace música yo creo, para que pase algo así.

¿Y qué opinas del auge de la música chilena actual? Parece que todo el mundo está haciendo cosas increíbles y que el mundo recién se está enterando que existe Chile.

Eso es lo mínimo. Me acuerdo de un periodista de Canal 13, que usa lentes – Andrés Caniulef- que se llena la boca con los músicos chilenos, pero nunca los nombra. Y cuando los nombra, nombra a cuántos, no sé, al 10% de los músicos. Es poca la difusión. En verdad, el boom de la música chilena no da ni para petardo. Hay miles de personas haciendo canciones, pero nadie sabe. Creo que a la música chilena, y sobretodo al underground, se le está dando más importancia de la que tiene. En verdad, esta cuestión no le importa a mucha gente. Que yo saque un disco no le importa a mucha gente. De hecho la mayor cantidad de descargas que tiene Pueblo Nuevo son 100.000… ¿Cuántos es eso? Uno puede pensar que es caleta, pero en verdad no es nada. Vivimos en una ilusión que a nadie le importa, porque la gente está preocupada de puras hueas. Ahora por ejemplo, hay miles de personas protestando en la calle, pero la gente está preocupada de otras cosas. Ante esa indolencia uno hace lo que puede.

¿Qué cosas te llamen la atención de acá? Porque en tus videos y canciones los referentes son bien lejanos.

Me gusta Congelador, me gustaría tocar con ellos. ¿Algo que me guste de ahora? Fakuta, también Fredi Michel. Me acuerdo de la fonda Michael Jackson del año pasado y me gustó la actitud de Fredi Michel, como despreciando a la gente. No creo que sea cierto, no creo que la loca –la cantante Andrea Guerrero- odie a la gente, pero es una actitud que toma en el escenario. En el caso de los videos tengo algunos de Michael Jackson que me gustaría ocupar y ponerle la cara de Felipe Camiroaga, pero ahora alguien podría llegar a violentarme y eso es complicado, porque tampoco tengo que andar pasando peligros.

¿En qué estás trabajando actualmente?

Estoy terminando una canción para un disco que están armando los músicos de Lluvia Ácida para la novela gráfica “Policía del Karma” de Jorge Baradit. Es algo muy parecido a lo que hicimos con Synco. Pero el estilo es distinto, parece más una banda. De hecho, cuando lo escuché pensé que no era música electrónica, sino que una banda. Es chistoso eso, porque justo hace unos días vi unos videos de Marciano y pensaba en lo que terminó Sergio Lagos y pensé que era horrible y que me iba a pasar lo mismo, que me iba a transformar en una basura.

Esta entrevista fue publicada en POTQ.cl

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