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viernes, abril 08, 2016

Hora de volver: el regreso de Suárez a Chile

Suárez.


El jueves 14 de abril la recordada agrupación argentina Suárez se presentará en Discoteque Blondie luego de casi dos décadas sin pisar tierras locales. Show de culto para fanáticos y una oportunidad para jugar a correr el tiempo hacia atrás y revivir un sonido que marcó los 90 en ambos lados de la cordillera. Aquí, la banda –los cinco amigos, los cinco músicos, los cinco protagonistas- nos cuentan cómo intentan recuperar el pasado sin alimentar nostalgias ni espejismos de un nuevo futuro juntos.

No hubo tiempo para conversar, saldar eventuales cuentas pendientes o sentarse a mirar antiguas fotos. Nada de eso. El reencuentro fue sin preámbulos; se juntaron en una sala de ensayo y se dedicaron a lo que más querían hacer: tocar, cantar y desempolvar el repertorio que habían dejado en pausa hace más de quince años. Así fue cómo Suárez, el combo bonaerense integrado por Rosario Bléfari (voz) Fabio Suárez (bajo), Marcelo Zanelli (guitarra), Gonzalo Córdoba (guitarra) y Diego Fosser (batería) se rearmó como si nada. La “excusa” fue el estreno de la primera parte del documental sobre la banda, “Entre dos luces” de Fernando Blanco, en noviembre pasado en Mar del Plata.

“Cuando presentaron la película me preguntaron si existía la posibilidad de reunir al grupo, a lo que dije que no, porque estábamos muy alejados”, cuenta Rosario Bléfari desde Argentina. “Además había poquísimo tiempo para hacerlo y no estaba en nuestros planes. Pero al comentarle la propuesta a los demás, todos querían o no les parecía imposible”, explica la cantante. Gonzalo Córdoba añade que pese a llevar tiempo sin verse, todos querían volver (al menos) a presentarse en vivo. “El documental trata sobre nuestra primera época, y eso despertó el recuerdo de cómo nos divertíamos. Y nos juntamos de manera impensada, sólo por el placer de lo imprevisto”, comenta el guitarrista.

El primer resultado del regreso de Suárez fue una energética presentación en Mar del Plata junto a los seguidores de siempre y nuevos fanáticos. Para nadie fue una sorpresa, entonces, que se programara un segundo concierto en Buenos Aires, en marzo de este año en el conocido Centro Cultural Konex.  “Ese show me sorprendió, fue mucho más de lo que esperaba”, comenta Diego Fosser. El baterista concuerda con el resto de sus compañeros en que este nuevo contacto con el público les permitió reconocer los cambios entre sus seguidores. Y no sólo por la diversidad de edad y generaciones. “El público se multiplicó y se “cancherizó”, como los fans de futbol. En los noventa esa experiencia la vivimos justamente en Santiago, fue algo muy lindo, con la gente cantando las canciones y todo eso. ¡Ahora espero que Santiago le gane al Konex!”, añade entre risas.

¿Por qué Suárez aún mantiene ese estado de alerta en sus fanáticos? ¿Simple efecto de memorabilia local o por la búsqueda de un sonido que no se ha vuelto a repetir en el contexto latinoamericano? Para los Suárez se trata de lo uno y delo otro. “Creo que está relacionado con esos estados emocionales atesorados, igual que nos pasa a nosotros; sensaciones, viajes intensos, dulces y ácidos que han quedado alojados en la memoria del que nos escuchó hace quince años o hace un año. Son canciones y timbres muy particulares también”, se explica Rosario Bléfari.

Su compañero en la guitarra, Marcelo Zanelli va un poco más allá: “Suárez tiene canciones sin tiempo y una forma de hacerlas sonar que es…no sé qué palabra usar…muy suárez. Hay algo de misterio ahí. Además, la banda forma parte de un inicio, que junto con otros grupos, puso algo en marcha. Había una saludable urgencia en todas nuestras acciones”.

Otro galope

Pese a que los cinco músicos insisten en que la reunión de  Suárez surgió casi de manera espontánea, todos comparten en mayor o menor medida una misma sensación: nunca lograron olvidarse de la banda que como amigos mantuvieron y con la que editaron discos tan memorables como “Horrible” (1995) o “Excursiones” (1999). “La verdad es que estaba justo empezando a no extrañar a Suárez”, ironiza Fabio Suárez desde la capital trasandina a la hora de pensar en los últimos conciertos. Lo mismo detalla Bléfari, quien resta importancia a la nostalgia: “¡No sabía que los extrañaba hasta que nos juntamos de nuevo! Trato de vivir el presente y estoy siempre con nuevos planes, pero ahora Suárez se transformó en parte del presente y me gusta mucho”. 

Más melancólico, el guitarrista Marcelo Zanelli agrega: “Redescubrir a Suárez y volver a escuchar los discos con otra perspectiva me gustó tanto que ahí sí digo… esas canciones, esa forma de armarlas y buscar el sonido. Me digo qué lindo volver a tocar estas canciones que me gustan. En fin, me parece que es una forma un poco elíptica de reconocer que sí, que extrañaba a Suárez”. En tanto, Diego Fosser  no oculta que siempre añoró volver a la formación original. “La banda es el proyecto más importante en el que participé, el que hizo realidad todo lo que había soñado cuando empecé a tocar la batería a los catorce años”, admite.  

¿Pero ese recuerdo es suficiente para que Suárez siga con vida de manera indefinida? Ni ellos lo saben. Cada uno de los integrantes ha seguido caminos muy diversos como psicólogos, abogados, actores, cantantes (Bléfari siguió publicando en solitario o con Sué Mon Mont), trabajando en radio o docencia,  como para retomar las riendas de una banda. Además, el contexto discográfico y de difusión –entre la maraña de internet, productoras, marketing, redes sociales- es otro para un grupo icónico en lo que se pudo denominar como el under y el rock alternativo o independiente de hace dos décadas en Argentina. Corren otros tiempos y ellos lo saben. “Me parece que el oído cambió y también la tecnología. La difusión es otra y ahora no dependes de unas radios o de un suplemento o si advierte tu presencia una compañía discográfica”, dice Zanelli.

Así, los aparentes cambios en la industria, reconocen los Suárez, podrían ser tan provechosos como improductivos. Rosario Bléfari advierte que este nuevo contexto permite una relación más directa entre músicos y público, pero es escéptica a la hora de seguir esa ruta. “Hoy las grandes marcas o productoras no se juegan por nada, invierten poco y a veces frenan el camino de una banda. No lo conozco desde adentro, pero he visto casos de quienes por entrar en una cosa así perdieron lo que habían conseguido siendo independientes. De todas maneras siempre son arduos caminos, y todos son diferentes; aquellos que pueden hacer un camino con la presión y el apoyo de una discográfica, y les resulta, muy bien, pero es bien difícil porque debes responder a una expectativa. Tal vez podés hacer algo, conseguir que te paguen algo, un video por ejemplo, y salirte. Nunca fue mi opción ni mi camino, pero no soy quien para decir qué le conviene a cada uno. Personalmente me gusta cuando hay un camino hecho por la relación con el público que va creciendo o se va afianzando o va cambiando. Eso es muy valioso”, sostiene la cantante.

Los veo aparecer

El show de Suárez en Chile el 14 abril  en la Blondie será el tercer concierto de la banda luego de esta reunión fugaz. No tienen idea si se vienen más fechas. O al menos eso prefieren adelantar. Vendrán y puede que desaparezcan como ya lo hicieron una vez. Sin embargo, el regreso a Chile parecía una cita obligada, después de años de compartir escenario y colaboraciones con bandas como Pánico o Congelador.

“En Chile siempre fuimos muy bien tratados por la gente, que era muy cariñosa y amable. Además hicimos nuestro primer documental allí”, recuerda Fabio Suárez sobre su vínculo con tierras nacionales.  “Cuando estuvimos en Santiago y Concepción siempre nos trataron muy bien, y me sorprendió en ese momento el nivel de información que manejaban sobre la música independiente de todo el mundo en una era pre-internet. Recuerdo haberme vuelto con varios cassettes grabados que nos pasaron con novedades del momento”, añade Gonzalo Córdoba.

Para Rosario Bléfari este nuevo recital en Chile será como una primera vez, ya que algunos integrantes de la banda nunca habían cruzado la cordillera junto a Suárez. “Todo  va a ser nuevo y será como una presentación, vamos a “conocer” al público nuevo y al de antes”, dice entusiasmada.


¿Qué podemos esperar para después? ¿Se viene nuevo disco de Suárez? Son preguntas que es imposible no lanzar. “Estoy abierto a lo que venga y a lo pueda llegar y la verdad es que no lo sé. Si lo supiera  no lo ocultaría; si surgiera esa posibilidad, diría que sí”, afirma Marcelo Zanelli.

Por su lado, Bléfari no cierra la puerta: “No sabemos si se viene nuevo disco. Juro que no. Pero así como no sabíamos que íbamos a volver a tocar alguna vez, ahora ya tampoco me animo a decir como antes: no creo. Porque los hechos me desmintieron”.

Publicado en Paniko.cl 

TESTIGOS

A la hora de escribir sobre el regreso de Suárez a Chile, pensé en la oportunidad de sumar más voces de testigos o seguidores que pudieran aportar una imagen de lo que fue/es la banda en Argentina, específicamente en Buenos Aires. Siempre tuve en mente a dos personas: el crítico Pablo Schanton y el cantante y compositor Ignacio Herbojo. Después, cuando terminé de rearmar las preguntas y respuestas a los cinco Suárez, me di cuenta que la breve historia de su show en Santiago no soportaba más actores que los propios músicos. Sin embargo, Schanton y Herbojo contestaron a mis preguntas de manera tan directa y relevante que no valía la pena guardar sus testimonios. Acá van.

Dice Pablo Schanton:


Por empezar, definamos: Suárez es al indie lo que los Redondos al rock independiente del ala La Renga en adelante. Sin mucha militancia explícita (recordemos que la estética "slacker" de los 90 no lo hubiera permitido), Suárez fue independiente a pesar de cómo evolucionó el mercado del rock "alternativo" de la época. Sin Suárez no existirían ni Rosal ni El mató a un policía motorizado, y sus actuales consecuencias. Es decir, es un grupo-bandera de una ética frente al mercado musical y una estética frente al conservador rock nacional hegemónico que ya quedó en la historia.

La Argentina es afecta a los homenajes, especialmente si son post mortem, al museo, al folclore. Por eso, no es casual que una documental haya sido el motor de la reunión de los Suárez, que han sido canonizados como leyenda indie nacional & pop forever. Su discreción a la hora de reunirse tras 15 años demuestra que a ellos tampoco les cabe mucho esto de la nostalgia y las leyendas vivas.

Conozco a Suárez desde el comienzo. Los vi en sótanos muy sótanos al borde del amanecer y hasta en terrazas muy altas de madrugada, y sigo a Rosario en todo lo que emprende. Yo estoy contento con los proyectos de ella, y con haber visto y vivido a Suárez mientras duró. No me gustan las reuniones ni el retro nostálgico en general. Pero no puedo negar que volver a escuchar "Falso ladrido" a pulso de Fosser y llevado por la guitarra de Gonzalo no dejó de emocionarme muy profundamente. Así de simple: hay cientos de bandas "indie" hoy, post-Suárez en todo sentido (hasta en la formación), pero ninguna canción pega con la carga poética (en sentido lírico y musical) como una de Suárez. Y dicho, lejos de lustrar la leyenda y el bal bla blá...

Ver en vivo a esa banda -cuatro hombres detrás de/junto a una mujer que canta, baila, toca instrumentos inverosímiles y actúa y tanto más- es una experiencia única por su carga rockera y dramática. Y como en Sudamérica siempre se necesitan las "versiones locales de", Suárez (el nombre remite un poco a Smiths, ¿no?) funcionó como un Sonic Youth con olor a ruta de provincia, a madrugada metropolitana. Justamente, las referencias líricas de una de las mejores letristas de este país, que es Rosario, connotan un tipo de vida urbana y de salida de la ciudad que tienen antecedentes en la lírica del primer Gieco o Los Pillos. Eso hace que no sea una banda homenaje a Sonic Youth, o Pavement, o Velvet Underground. Suárez es la banda que mejor entendió y asimiló a Velvet Underground en estos lares, lejos. Basta escuchar "Una tarde de cansancio".

Suárez es una banda argentina, no podría ser de otra manera.

Otro punto a tener en cuenta: Rosario Bléfari se convirtió en "role model" de muchas chicas que están en el rock, como público, artistas, o cantautoras. ¿Qué otra banda under con chica al frente (al frente eh) tuvo la misma trascendencia en esos años además de Suárez?

No sigan contando, vean a Erica García en la tele por estos días y la respuesta ya está dada. 



Dice Ignacio Herbojo:


Escucho Suárez desde que tengo 16 o 17 años. En esa época todavía estudiaba piano clásico, y al tener esa formación, los sentí como una ola de aire fresco y renovador que se salía de la norma, tanto lírica como compositiva. Su  imaginario cercano y cotidiano siempre me fascinó, y creo que influyó mucho a la hora de sentarme a escribir mis canciones. También me pasó que cuando los empecé a escuchar, la banda ya estaba disuelta, entonces los veía rodeados de cierta mística y mi único registro eran sus discos, las palabras de algún amigo que había tenido la suerte de verlos en vivo en los 90s y algún que otro video de Youtube.

El año pasado, Rosario Bléfari me escribió un mail, preguntándome si quería tocar el piano para ella en una fecha que se venía pronto y yo acepté sin dudarlo. En dos o tres semanas me tuve que aprender doce canciones que me iba pasando en cuentagotas por mail. Para los que me conocen, saben que mi memoria es pésima, entonces esto era todo un desafío para mí. De a poco, fuimos probando cuál funcionaba y cual necesitaba más instancias de ensayo. Finalmente, la lista se redujo a la mitad más o menos.

Nos juntamos día por medio con Rosario y Federico Orio para trabajar los temas entre los tres. Entre canción y canción charlábamos mucho de cualquier cosa, y todo era muy distendido y relajado, aunque por otro lado el tiempo nos apremiaba. Pero creo que todos confiábamos en que iba a salir perfecto.

Para mí tocar con Rosario fue una de las cosas más increíbles que me pasaron desde que empecé en esto, hace tan poquito. Ella fue primordial en mi formación como músico, y para mí es un orgullo y un honor que se haya fijado en mí existiendo tantos otros pianistas.

Cuando supe que Suárez se reunía pensé que no podía perdérmelo. Entonces, con un par de amigos organizamos una escapada a Mar del Plata sólo por el fin de semana del recital,  para ver el documental de Fernando blanco y para verlos a ellos en vivo. Lo más gracioso fue que nos encontramos con los Suárez en el bus rumbo a Mar del Plata, y viajamos juntos sin haberlo planificado.
Estaba muy ansioso por verlos en vivo, sobre todo después de ver el documental de Fernando Blanco. Al llegar, la carpa del show estaba repleta. Me ubiqué adelante de todos. Es difícil describir lo que sentí cuando entraron. Para mí Suárez nunca había existido, ¡y ahí estaban! El show fue muy movilizante para todos los asistentes. Parecía una banda que no se había separado jamás.  Todas esas canciones que había escuchado durante tanto tiempo en mi cuarto, en el trabajo, en la calle, en el colectivo, cobraban vida en ese momento.

Tiempo más tarde fue la fecha en el Konex. Otra vez: lleno de gente. Me costó más llegar adelante de todos. En este recital había más ansias que la otra vez, y la energía era increíble.

Con el sonar de las primeras canciones la gente empezó a saltar y a hacer pogo. Creo que no hacía pogo desde que tenía 15 años. Pero ahí apretado, siendo empujado, acalorado, me sentí feliz y me uní a la masa en movimiento y fuimos uno solo.

No había otro lugar en el que quisiera estar.

Rosario sonriente y hermosa como siempre. Los chicos, impecables.

Las emociones fueron muy fuertes y unánimes, creo. Por momentos estábamos todos casi por llorar, por otros con una sonrisa gigante.

Cuando salí del Konex me di cuenta que había tenido la suerte de presenciar algo muy importante para mi generación.


Los volvería a ver una y mil veces, y cada vez que saldría del recital sé que pensaría "fue uno de los mejores recitales de mi vida".

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miércoles, septiembre 18, 2013

La épica pobre de Corderolobo




No es un músico profesional, tampoco es un escritor, lo suyo no es la ilustración y dentro de sus planes no está alcanzar la popularidad.  Sin embargo, Carlos Vargas se da el tiempo de responder esta entrevista como una estrella del pop, escribe canciones hace años y ha editado dos discos que se disfrutan como un libro de cuentos e ilustraciones. Así es Corderolobo, su proyecto multiforme en el que combina literatura, música y un  incombustible afán por la creación.

Cuesta saber qué o quién se esconde detrás de Corderolobo, pero no porque se  nos oculte información. El entrevistado, sabemos, es Carlos Vargas, ingeniero civil industrial de profesión, ex Yupisatam, y autor de los discos de pop inclasificable “Desastres naturales y mañana en la mañana” (2013) y “Corderolobo” (2011).

Pero la historia no es tan simple.

Vargas no se siente cómodo con la figura de solista, ni sus discos responden al formato tradicional. Ambas producciones han contado con la participación de diversos invitados y se han publicado como libros ilustrados por Ricardo Villavicencio. Además, su última placa recoge  diez cuentos escritos, entre otros, por Gonzalo Planet (Matorral) o  Rodrigo Jarque (Inverness).

Es muy interesante que en tu último disco cada canción esté acompañada por un relato breve. Da la impresión que cada canción se puede leer también. ¿Cómo fue que llegaste a esa idea?

Alguien importante en esta historia es Ricardo Villavicencio, último baterista de Yupisatam e ilustrador del material que acompaña a los discos. Villavicencio es un integrante más de Corderolobo y junto a él me cuestioné qué hacer para “Desastres naturales…”.  En algún momento pensamos en hacer un vinilo y quizá incorporar una especie de afiche, pero igual llegamos al libro de nuevo, aunque siempre pensando en que no queríamos repetir la misma fórmula del primer álbum. Así tomé la decisión de sumar cuentos, básicamente porque me gustan los cuentos, y Ricardo enganchó al tiro sumando las imágenes.

“Desastres naturales…” podría ser un libro, pero no es autónomo, se completa con el disco. No podrían ser independientes lo uno de lo otro.

Teníamos la duda de cómo hacer que el libro no pareciera un adorno del disco, porque pensamos que libro y disco son un conjunto. A nuestro juicio no es una opción pensar las canciones solas.  Y la verdad es que mirándolo así hay una cuota de pretensión que en algún momento me hizo dudar, pero tampoco me puedo hacer cargo de que este trabajo sea mirado como algo pretencioso. Para bien o para mal, “Desastres naturales…”está pensado como un todo.

Es como leer una canción, escuchar una canción y mirar una canción.

De hecho, los cuentos están pensados a raíz de las canciones. A algunas de las personas que invité a escribir las conocía, a otras no tanto, y no les mandé las canciones terminadas, sino que sólo las letras, para que ellos eligieran la letra que les gustaran y luego escucharan las canciones. Coincidió que todos eligieron canciones diferentes para escribir los relatos. Y la relación entre los cuentos y la letra era responsabilidad de cada autor. Luego las ilustraciones se hicieron en base a la música.  Y el resultado fue bien impresionante. Algunos cuentos son casi antagonistas de las cancións. Por ejemplo, “Gente que se convierte en fuegos artificiales”, es una canción totalmente diferente al cuento.

Esa forma de experimentar el disco es bien compleja, incluso si se piensa en términos comerciales. ¿Nunca consideraste hacer algo más simple para que el público lo recibiera más fácilmente?

Es que no pretendo para nada desestabilizar la industria o algo parecido con este disco. Hay que pensar que estamos en el año 2013. Yo no tengo contratos por disco, no tengo obligaciones comerciales, así que hago uso de esa libertad. Ahora, hacer un trabajo así es mucha pega. Se podría decir que soy un experto en meterme en problemas, pero lo veo como una inversión. Vivo para esto, y no lo digo desde un punto de vista artístico, sino que creo que tengo una deformación: no sabría cómo hacer las cosas de otra manera. Organizar todo es un dilema, es verdad, siempre se está en el medio de un ensayo error, pero en comparación a mi primer disco, siento que esta vez  todo se logró de mejor manera.

¿Pero dónde queda la ambición de avanzar en niveles de producción y alcance de público?

Pienso que todo esto de las canciones, los cuentos, las ilustraciones, se podrían hacer en mi casa, para callado, subiéndolo a internet  y listo. Lo que viene después es lo que me complica, considerando los temas de promoción, difusión, etc.  No sé si fue Gepe u otro que dijo que  las bandas de ahora eran una mezcla de diseño o marketing. Eso es verdad. Y sobre la ambición… No lo sé, no estoy tan seguro de querer llegar a más gente, por ejemplo. Quizá soy un poco auto flagelante a la hora de hacer las cosas y siempre estoy con pudor sobre lo que estoy haciendo. Lo otro es muy relativo, porque además ya tengo 34 años y no sé si mis expectativas apuntan hacia esas cosas.  Si no llegara  a pasar el conseguir más popularidad o avanzar en esto, siento que no perdería nada, porque no tengo el ego puesto en eso. Y no se trata de pensar que lo mío es de élite, para nada;  sé que existe algo de vanidad en todo esto, por algo me subo a un escenario, y sin ser muy esotérico, lo que me gusta más es ese feedback de energía. Además yo tengo un trabajo de oficina, diario, que no sé si dejaría. A ver…tampoco se trata de tener un trabajo normal y además ser Corderolobo. No es que tenga dos personalidades o que esto sea un personaje. Ambas cosas son un trabajo y ambas cosas trato de hacerlas con gusto. 

Leyendo  canciones

¿En comparación a tu disco anterior, cómo crees que ha evolucionado tu perspectiva sobre el formato canción?

Creo que he tenido una evolución estilística respecto a la canción, sobre todo componiendo, que es lo que más me acerca a la música. Creo que antes no tenía mucha conciencia sobre las letras, todo era más emocional. Pero con “Desastres naturales…” llegué a canciones con las que consigo algo más gráfico, algo más de imágenes. Por eso creo que es un disco más épico. Aunque épico pobre, quizá, porque veía las canciones como pequeñas operas. “Volcanes y lagos”, por ejemplo, es una canción que me imaginaba gráficamente. Todo es más visual en este disco, de ahí la importancia de las ilustraciones.

¿Y en el caso de las temáticas que abordas en las canciones?

Durante este período entre un disco y otro también me han pasado cosas súper raras. Tuve una hija y me detectaron una enfermedad autoinmune, además de otros problemas de amigos. Pasé de ser un tipo normal a un hombre que se tienen que sacar sangre día por medio. De un minuto a otro mi sistema inmune se desconfiguró y cagué. Pero el disco no se trata de eso.  El disco no se trata de mí, no se trata de los problemas que me han pasado, sino que se trata de lo que provocan algunos hechos en la vida.

Pero la mayoría  de esas canciones hablan de escenas o de situaciones más bien personales, son bien fragmentadas. ¿En qué punto crees que tus canciones superaran esa anécdota personal para hablar de algo más general, social o político?

Es que pienso que “Desastres naturales…” no es un disco hecho viendo las noticias, como se decía hace un tiempo del disco de Ases Falsos. Por supuesto que me interesa hablar de la sociedad, pero no de lo que salió ayer en las noticias, porque evidentemente las noticias son parte de una mierda que es muy obvia. Lo peor de todo no es el Presidente, ni Longueira, ni Chilevisión. No es que vivamos en un modelo de consumismo, vivimos en una sociedad de consumismo, en la que la música está metida a full, tanto como la salud, la educación o todo.  En Chile la música está concebida como parte del entretenimiento y no como parte de la cultura. Y me parece que en general los músicos están tratando de conseguir una validación institucional que no me llama la atención.  Por eso prefiero dedicarme a publicar un disco que parece libro  o a componer las  canciones que compongo, porque ahí se refleja una forma particular de mirar la vida.

Parece que el músico al final siempre está en esa frontera a la hora de pensar en la canción y la política. Como si  tuviese una responsabilidad a la hora de publicar un disco: no hablar de nada o intentar hablar de todo.

Por mi parte me sitúo en un rincón más raro. No en el grupo de músicos que sólo habla de música, ni en otro que está mirando las noticias para escribir canciones. Creo que tengo más rollos en la cabeza, y siento que no tengo una responsabilidad. Me identifico más con la imagen del autor que tiene visiones particulares sobre las cosas y ese es mi aporte, porque inevitablemente se dicen cosas y se toman posturas.  Además, la obra siempre es diferente a la persona. También es cierto que es muy difícil no dejarte influenciar por el contexto o por la época que te tocó vivir. Pero en mi caso me llama la atención el tema del bien y el mal, las catástrofes y las vivencias o experiencias de cada individuo. No sé… Escribir, por ejemplo, una canción diciendo que los de la UDI están locos es tan obvio que no puedo sentarme y escribir algo así.  No sé, cuando me preguntan por qué la gente está enojada yo no puedo responder eso, porque yo mismo soy parte de la gente. No necesito hablar de los demás poniéndome en una posición distinta. No me interesa la demagogia. Y creo que las personas también están súper subestimadas.

Entrevista publicada en Paniko.cl



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miércoles, marzo 06, 2013

Entrevista a Gustavo Álvarez Núñez, biógrafo de Daniel Melero



“A Melero lo buscamos porque sabemos que nada será igual después”


Preguntar a quien hizo las preguntas. Así se podría resumir cualquier intento por acercarnos al autor de una biografía. Seguir las huellas que otro ya recorrió. Así se podría resumir también esta entrevista a Gustavo Álvarez Núñez, periodista detrás de “Ahora, antes y después” (Derivas, 2012), libro que recoge la historia del músico trasandino  Daniel Melero (1958) desde su infancia, adolescencia y diferentes etapas de su carrera como compositor, productor y solista hasta el año 2001. Una biografía que ocupa la primera persona para que sea Melero quien reflexiones respecto al porno, la ciencia, se detenga en la trastienda de su obra y se divida en comentarios sobre clásicos como Charly García o Luis Alberto Spinetta.

Es también una biografía en donde Melero se reconoce a sí mismo como un creador atípico.  “Mucho más que un músico en el sentido clásico, soy un oyente que llegó a manejar instrumentos musicales. El tiempo que otros pasaron estudiando música, yo lo pasé oyendo discos. Más que formación diría que tengo información”, declara el autor de “Trátame suavemente” en el retrato firmado por Álvarez Núñez.

Ex director editorial  de  Los Inrockuptibles, integrante de la desaparecida banda Spleen, poeta y autor del volumen de relatos “Vidas epifánicas” (Mansalva), Álvarez Núñez es seguidor de Melero desde la época en que el trasandino acaparaba las miradas como líder de Los Encargados, y gracias a una relación que se remonta a más de  dos décadas es un conocedor de la historia oficial de Melero, pero también de la cara menos popular de una figura mil veces mitificada.
 
Una de las primeras entrevistas que hice en Los Inrockuptibles fue a Daniel. La realizamos con otro colaborador de la revista, Hernán Ferreirós. Los tres la pasamos muy bien charlando de discos, mujeres, ciencia, pornografía, televisión y un largo etc. Así se fue dando un vínculo. Hernán le iba a armar el sitio web a Melero -que nunca se terminó de plasmar- y ahí es donde yo encontré el vórtice para el libro, porque Daniel quería que le escriba el texto biográfico del sitio”, recuerda Álvarez Núñez sobre el origen de “Ahora, antes y después”.

Melero es el entrevistado que todo periodista novato desea. Te puede construir un gran reportaje sin que vos emitas muchas palabras. Fue muy sencillo trabajar con Daniel”, admite sobre una biografía que no llegó a las tiendas hasta el año pasado. “El libro se editó después de casi diez años en que fue concebido. Pasó por miles de avatares, como la misma realidad argentina”, resume sobre el retraso en la publicación del texto.

¿Qué tan complejo fue decidir que las conversaciones  con Daniel Melero se podían transformar en una biografía?

No tengo en claro si es una biografía o una autobiografía, como sugirió Rafael Cippolini en la presentación del libro. Sabemos que habla la voz de un Daniel Melero que rememora y a veces sentencia. En todo caso, no tuve la intención de escribir una biografía, sino trazar las puntas del iceberg que es el pensamiento de Melero. Bucear lo más que se podía en el modo en cómo piensa, ese fue mi objetivo. En cuanto al género como lector, soy poco asiduo. En verdad me gusta más la ficción biográfica, la posibilidad que tiene un escritor de usar su vida como experiencia biográfica. Por eso escribí Vidas epifánicas, un libro de relatos a partir de epifanías de músicos (desde Brian Eno y Keith Richards a Miles Davis, y Lee “Scratch” Perry), escritores (Paulo Leminski, José Hernández, Lucio V. Mansilla, Clarice Lispector) o actores, para sondear en esos momentos cruciales donde alguien elige su lugar en la vida.

La realización de un texto biográfico implica crear una mitología de la identidad. Con esta biografía, hasta qué punto te interesaba –o te interesa- mantener mitos,  destruir o crear nuevos mitos asociados a la figura de Melero.

Daniel dice que yo mostré la bestia que hay en él. Que el Melero conocido estaba inequívocamente asociado a una persona con un discurso ilustrado. Y que “Ahora, Antes y Después” vino a subvertir esa imagen. Mi intención era mostrar un Melero más cotidiano, o por lo menos, el que yo conocía detrás de bambalinas.

En ese sentido, cómo observas el efecto que puede tener un texto de esta naturaleza en el público, si pensamos que veces es mejor nunca conocer tanto a los ídolos.

Algo que siempre es paradójico en cuanto a la recepción de la obra y a la influencia de Melero, es que mucha gente es más permeable a su discurso que a su producción musical. Y si toda biografía muestra lugares escatológicos o peligrosamente custodiados del sujeto en cuestión, en “Ahora, Antes y Después” casi todo está puesto en la superficie. Paul Valery decía que “lo más profundo del hombre es la piel”… No busqué ni me esmeré en husmear los típicos aspectos biográficos, sino que me zambullí en todo lo relativo a la formación, desarrollo y concreción de una estructura de pensamiento muy particular y valiosa.

En el texto aparece el pensamiento de Melero fragmentado y mezclado con sus propios recuerdos biográficos. Hasta se podría mirar como una autobiografía teórica, pero se trata de un recurso que tú elegiste, al restarte como entrevistador.  ¿Por qué decidiste apostar por desaparecer como el biógrafo de Melero?

Tenía en la cabeza textos como El libro del desasosiego del poeta Fernando Pessoa o Minima moralia del filósofo Theodor Adorno. Me gustaba la idea de que el lector entre por cualquier lugar y encuentre algo que lo colme. Que no haya raíz, ni un abajo ni un arriba. Esto acompañaba mi visión del lugar de Melero en el rock argentino: parece venir de ningún lugar. O es un extraterrestre, como creyeron sus amiguitos del club cuando tenía 12 años*.

Melero + Álvarez Núñez


Es muy interesante la aclaración que haces al inicio el texto, cuando explicas que la época que retrata el libro es pre “Vaquero”(Melero, 2001), pre “Jessico” (Babasonicos, 2001) pre  tragedia Cromañón, es decir, antes de la última crisis argentina, pero también antes de myspace y el auge de Internet como lo conocemos. ¿Crees que estos sucesos políticos y culturales han definido un nuevo pensamiento en Melero? Hablo de uno distinto; de haber cambiado, ¿existiría una suerte de “segundo Melero” que quedaría por conocer?

En varias oportunidades él ha insistido con que hace falta una versión 2.0 de esta biografía. Conociéndolo, más que cambiar, ha ahondado en sus percepciones e intuiciones. Melero es siempre de la observación de lo mínimo; rescata cómo procede lo máximo. Ese movimiento es capital en su abordaje de la realidad. Lo importante es su matriz que le proporciona una sutileza única a la hora de inmiscuirse en problemáticas nuevas. En zonas donde otros se encuentran con un lodazal, él sólo se topa con diamantes en bruto. No creo que Melero haya cambiado en lo estructural desde que tuvimos aquellas conversaciones a fines de los años 90, sino que ha profundizado en conocimientos que siempre le han atraído. Antes podía ser la bioética, hoy el mundo de los insectos. Y me parece interesante que en esas búsquedas, hay detrás una transpolación interesante al mundo del rock. A cómo nos movemos, cómo generamos o no cambios…

En el prólogo del libro, Diego Tuñón –tecladista de Babasónicos- refuerza la imagen del Melero líder y acogedor cuando dice: “En la actualidad sabe exactamente los discos que salen, qué bandas escuchar (…) por eso los grupos nuevos todo el tiempo recurren a él”. Sin embargo, es Melero el que admite en el texto que es él quien busca a los nuevos  para interactuar con ideas frescas. ¿Cómo observas tú estas figuras, la del Melero tótem y la del Melero siempre deseoso de aprender del presente?

A Melero lo buscamos porque sabemos que nada será igual después. El tipo tiene la lámpara de Aladino. Pero no esperamos que broten nuevos objetos, sino vérnoslas con nuestros propios miedos a cambiar; o cómo hacer de nuestras inseguridades un campo fértil para potenciar lo desconocido. La mejor lección de Melero es como la del maestro zen: el cambio sólo se da yendo hacia el cambio.

En el inicio del libro tú declaras sobre Melero: “su música, su presencia y su discurso potenciaron más debates y escándalos que muchos de sus colegas, proponiéndoselo, no lograron ni por asomo”. Con eso te refieres a la dimensión política de su obra. ¿Podrías precisar más en qué sentido Melero encara el poder? ¿Según tú, en dónde aparecen esos debates y esas manifestaciones?

Pienso en el Melero del (Festival) BARock 82, poniendo en conflicto la idea de qué era ser rockero en ese comienzo de década: si aceptar el paso del tiempo y las transformaciones que se habían llevado a cabo -por eso su grupo, Los Encargados, tocaba con máquinas-, o seguir insistiendo con la fotocopia anacrónica del rockero hippón. Después, acompañando a grupos que apostaban por sonidos menos establecidos, transformándose en “vocero” de las nuevas tendencias, desde su incursión en la producción en los años 80 y luego en los 90 a su cuidada trayectoria solista. Y llevando a Soda Stereo -en su estadía como cuarto integrante- a redefinir su paleta sonora, rescatando influencias de los años 70 del rock argentino con “Canción animal” (1990), o inmiscuyéndose en texturas y capas de sonido novedosas como fue “Dynamo” (1992); corriendo así el límite de lo que se espera de Soda.

Además, desaprovechar oportunidades comerciales ha sido una constante en su trayectoria. No hay nada más político que desoír a las sirenas del vil metal. Discos como “Operación escuchar” (1995), claramente entroncan con una mirada crítica sobre el mercado, sobre cómo operar en el mercado. Su lucha con el poder está más vinculada a la microfísica del poder foucaultiano: inmiscuirse en luchas pequeñas y puntuales, para leer desde allí algo mayor. En pleno auge de la música electrónica, lanza un disco como “Piano” (1999), donde caben nada más su voz y el acompañamiento de Diego Vainer en el piano. Esa indagación en el conflicto es propio de su lugar político en un universo como el rock, más atento a los eslóganes y los discursos básicos.

El capítulo del libro “Las piezas del museo” es muy interesante, porque es Melero refiriéndose a los grandes nombres del rock argentino, criticando a unos y declarándose seguidor de otros. ¿En donde ubicas a Melero dentro de este panorama? ¿Si no es parte del museo, en dónde está Melero?

Melero sería la galería de arte chiquita, donde descubrís los artistas del mañana. Nunca será un museo de cera ni pretenderá ser una retrospectiva masiva, sino el incunable que espera su lector.

Hacia las últimas páginas del libro aparece un Melero muy interesado en la ciencia y algo decepcionado del arte. “El arte, como mecanismo de cambio, está agotado”, sostiene. ¿En qué medida esa sentencia se puede vincular a su propia obra? ¿Crees que aún se sostiene Melero como creador o su fuerza provocadora y revolucionaria de fines de la década pasada ya desapareció?

Lo que me interesa del último Melero es su desparpajo por incluirse y transmutarse en otros: el trabajo que lleva a cabo con su grupo de los últimos tiempos, en el vínculo que tiene con Yuliano Acri, Félix Cristiani y Tomás Barry, por ejemplo,  es la de un hombre que desea seguir investigando y poniendo en conflicto sus certezas. Además, ha logrado convertirse en un clásico sin necesidad de ser un mármol viviente. Digo, puede vivir y hacer del error un paso más en el insondable camino hacia la belleza.


Esta entrevista fue publicada en LuchaLibro

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