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viernes, abril 08, 2016

Hora de volver: el regreso de Suárez a Chile

Suárez.


El jueves 14 de abril la recordada agrupación argentina Suárez se presentará en Discoteque Blondie luego de casi dos décadas sin pisar tierras locales. Show de culto para fanáticos y una oportunidad para jugar a correr el tiempo hacia atrás y revivir un sonido que marcó los 90 en ambos lados de la cordillera. Aquí, la banda –los cinco amigos, los cinco músicos, los cinco protagonistas- nos cuentan cómo intentan recuperar el pasado sin alimentar nostalgias ni espejismos de un nuevo futuro juntos.

No hubo tiempo para conversar, saldar eventuales cuentas pendientes o sentarse a mirar antiguas fotos. Nada de eso. El reencuentro fue sin preámbulos; se juntaron en una sala de ensayo y se dedicaron a lo que más querían hacer: tocar, cantar y desempolvar el repertorio que habían dejado en pausa hace más de quince años. Así fue cómo Suárez, el combo bonaerense integrado por Rosario Bléfari (voz) Fabio Suárez (bajo), Marcelo Zanelli (guitarra), Gonzalo Córdoba (guitarra) y Diego Fosser (batería) se rearmó como si nada. La “excusa” fue el estreno de la primera parte del documental sobre la banda, “Entre dos luces” de Fernando Blanco, en noviembre pasado en Mar del Plata.

“Cuando presentaron la película me preguntaron si existía la posibilidad de reunir al grupo, a lo que dije que no, porque estábamos muy alejados”, cuenta Rosario Bléfari desde Argentina. “Además había poquísimo tiempo para hacerlo y no estaba en nuestros planes. Pero al comentarle la propuesta a los demás, todos querían o no les parecía imposible”, explica la cantante. Gonzalo Córdoba añade que pese a llevar tiempo sin verse, todos querían volver (al menos) a presentarse en vivo. “El documental trata sobre nuestra primera época, y eso despertó el recuerdo de cómo nos divertíamos. Y nos juntamos de manera impensada, sólo por el placer de lo imprevisto”, comenta el guitarrista.

El primer resultado del regreso de Suárez fue una energética presentación en Mar del Plata junto a los seguidores de siempre y nuevos fanáticos. Para nadie fue una sorpresa, entonces, que se programara un segundo concierto en Buenos Aires, en marzo de este año en el conocido Centro Cultural Konex.  “Ese show me sorprendió, fue mucho más de lo que esperaba”, comenta Diego Fosser. El baterista concuerda con el resto de sus compañeros en que este nuevo contacto con el público les permitió reconocer los cambios entre sus seguidores. Y no sólo por la diversidad de edad y generaciones. “El público se multiplicó y se “cancherizó”, como los fans de futbol. En los noventa esa experiencia la vivimos justamente en Santiago, fue algo muy lindo, con la gente cantando las canciones y todo eso. ¡Ahora espero que Santiago le gane al Konex!”, añade entre risas.

¿Por qué Suárez aún mantiene ese estado de alerta en sus fanáticos? ¿Simple efecto de memorabilia local o por la búsqueda de un sonido que no se ha vuelto a repetir en el contexto latinoamericano? Para los Suárez se trata de lo uno y delo otro. “Creo que está relacionado con esos estados emocionales atesorados, igual que nos pasa a nosotros; sensaciones, viajes intensos, dulces y ácidos que han quedado alojados en la memoria del que nos escuchó hace quince años o hace un año. Son canciones y timbres muy particulares también”, se explica Rosario Bléfari.

Su compañero en la guitarra, Marcelo Zanelli va un poco más allá: “Suárez tiene canciones sin tiempo y una forma de hacerlas sonar que es…no sé qué palabra usar…muy suárez. Hay algo de misterio ahí. Además, la banda forma parte de un inicio, que junto con otros grupos, puso algo en marcha. Había una saludable urgencia en todas nuestras acciones”.

Otro galope

Pese a que los cinco músicos insisten en que la reunión de  Suárez surgió casi de manera espontánea, todos comparten en mayor o menor medida una misma sensación: nunca lograron olvidarse de la banda que como amigos mantuvieron y con la que editaron discos tan memorables como “Horrible” (1995) o “Excursiones” (1999). “La verdad es que estaba justo empezando a no extrañar a Suárez”, ironiza Fabio Suárez desde la capital trasandina a la hora de pensar en los últimos conciertos. Lo mismo detalla Bléfari, quien resta importancia a la nostalgia: “¡No sabía que los extrañaba hasta que nos juntamos de nuevo! Trato de vivir el presente y estoy siempre con nuevos planes, pero ahora Suárez se transformó en parte del presente y me gusta mucho”. 

Más melancólico, el guitarrista Marcelo Zanelli agrega: “Redescubrir a Suárez y volver a escuchar los discos con otra perspectiva me gustó tanto que ahí sí digo… esas canciones, esa forma de armarlas y buscar el sonido. Me digo qué lindo volver a tocar estas canciones que me gustan. En fin, me parece que es una forma un poco elíptica de reconocer que sí, que extrañaba a Suárez”. En tanto, Diego Fosser  no oculta que siempre añoró volver a la formación original. “La banda es el proyecto más importante en el que participé, el que hizo realidad todo lo que había soñado cuando empecé a tocar la batería a los catorce años”, admite.  

¿Pero ese recuerdo es suficiente para que Suárez siga con vida de manera indefinida? Ni ellos lo saben. Cada uno de los integrantes ha seguido caminos muy diversos como psicólogos, abogados, actores, cantantes (Bléfari siguió publicando en solitario o con Sué Mon Mont), trabajando en radio o docencia,  como para retomar las riendas de una banda. Además, el contexto discográfico y de difusión –entre la maraña de internet, productoras, marketing, redes sociales- es otro para un grupo icónico en lo que se pudo denominar como el under y el rock alternativo o independiente de hace dos décadas en Argentina. Corren otros tiempos y ellos lo saben. “Me parece que el oído cambió y también la tecnología. La difusión es otra y ahora no dependes de unas radios o de un suplemento o si advierte tu presencia una compañía discográfica”, dice Zanelli.

Así, los aparentes cambios en la industria, reconocen los Suárez, podrían ser tan provechosos como improductivos. Rosario Bléfari advierte que este nuevo contexto permite una relación más directa entre músicos y público, pero es escéptica a la hora de seguir esa ruta. “Hoy las grandes marcas o productoras no se juegan por nada, invierten poco y a veces frenan el camino de una banda. No lo conozco desde adentro, pero he visto casos de quienes por entrar en una cosa así perdieron lo que habían conseguido siendo independientes. De todas maneras siempre son arduos caminos, y todos son diferentes; aquellos que pueden hacer un camino con la presión y el apoyo de una discográfica, y les resulta, muy bien, pero es bien difícil porque debes responder a una expectativa. Tal vez podés hacer algo, conseguir que te paguen algo, un video por ejemplo, y salirte. Nunca fue mi opción ni mi camino, pero no soy quien para decir qué le conviene a cada uno. Personalmente me gusta cuando hay un camino hecho por la relación con el público que va creciendo o se va afianzando o va cambiando. Eso es muy valioso”, sostiene la cantante.

Los veo aparecer

El show de Suárez en Chile el 14 abril  en la Blondie será el tercer concierto de la banda luego de esta reunión fugaz. No tienen idea si se vienen más fechas. O al menos eso prefieren adelantar. Vendrán y puede que desaparezcan como ya lo hicieron una vez. Sin embargo, el regreso a Chile parecía una cita obligada, después de años de compartir escenario y colaboraciones con bandas como Pánico o Congelador.

“En Chile siempre fuimos muy bien tratados por la gente, que era muy cariñosa y amable. Además hicimos nuestro primer documental allí”, recuerda Fabio Suárez sobre su vínculo con tierras nacionales.  “Cuando estuvimos en Santiago y Concepción siempre nos trataron muy bien, y me sorprendió en ese momento el nivel de información que manejaban sobre la música independiente de todo el mundo en una era pre-internet. Recuerdo haberme vuelto con varios cassettes grabados que nos pasaron con novedades del momento”, añade Gonzalo Córdoba.

Para Rosario Bléfari este nuevo recital en Chile será como una primera vez, ya que algunos integrantes de la banda nunca habían cruzado la cordillera junto a Suárez. “Todo  va a ser nuevo y será como una presentación, vamos a “conocer” al público nuevo y al de antes”, dice entusiasmada.


¿Qué podemos esperar para después? ¿Se viene nuevo disco de Suárez? Son preguntas que es imposible no lanzar. “Estoy abierto a lo que venga y a lo pueda llegar y la verdad es que no lo sé. Si lo supiera  no lo ocultaría; si surgiera esa posibilidad, diría que sí”, afirma Marcelo Zanelli.

Por su lado, Bléfari no cierra la puerta: “No sabemos si se viene nuevo disco. Juro que no. Pero así como no sabíamos que íbamos a volver a tocar alguna vez, ahora ya tampoco me animo a decir como antes: no creo. Porque los hechos me desmintieron”.

Publicado en Paniko.cl 

TESTIGOS

A la hora de escribir sobre el regreso de Suárez a Chile, pensé en la oportunidad de sumar más voces de testigos o seguidores que pudieran aportar una imagen de lo que fue/es la banda en Argentina, específicamente en Buenos Aires. Siempre tuve en mente a dos personas: el crítico Pablo Schanton y el cantante y compositor Ignacio Herbojo. Después, cuando terminé de rearmar las preguntas y respuestas a los cinco Suárez, me di cuenta que la breve historia de su show en Santiago no soportaba más actores que los propios músicos. Sin embargo, Schanton y Herbojo contestaron a mis preguntas de manera tan directa y relevante que no valía la pena guardar sus testimonios. Acá van.

Dice Pablo Schanton:


Por empezar, definamos: Suárez es al indie lo que los Redondos al rock independiente del ala La Renga en adelante. Sin mucha militancia explícita (recordemos que la estética "slacker" de los 90 no lo hubiera permitido), Suárez fue independiente a pesar de cómo evolucionó el mercado del rock "alternativo" de la época. Sin Suárez no existirían ni Rosal ni El mató a un policía motorizado, y sus actuales consecuencias. Es decir, es un grupo-bandera de una ética frente al mercado musical y una estética frente al conservador rock nacional hegemónico que ya quedó en la historia.

La Argentina es afecta a los homenajes, especialmente si son post mortem, al museo, al folclore. Por eso, no es casual que una documental haya sido el motor de la reunión de los Suárez, que han sido canonizados como leyenda indie nacional & pop forever. Su discreción a la hora de reunirse tras 15 años demuestra que a ellos tampoco les cabe mucho esto de la nostalgia y las leyendas vivas.

Conozco a Suárez desde el comienzo. Los vi en sótanos muy sótanos al borde del amanecer y hasta en terrazas muy altas de madrugada, y sigo a Rosario en todo lo que emprende. Yo estoy contento con los proyectos de ella, y con haber visto y vivido a Suárez mientras duró. No me gustan las reuniones ni el retro nostálgico en general. Pero no puedo negar que volver a escuchar "Falso ladrido" a pulso de Fosser y llevado por la guitarra de Gonzalo no dejó de emocionarme muy profundamente. Así de simple: hay cientos de bandas "indie" hoy, post-Suárez en todo sentido (hasta en la formación), pero ninguna canción pega con la carga poética (en sentido lírico y musical) como una de Suárez. Y dicho, lejos de lustrar la leyenda y el bal bla blá...

Ver en vivo a esa banda -cuatro hombres detrás de/junto a una mujer que canta, baila, toca instrumentos inverosímiles y actúa y tanto más- es una experiencia única por su carga rockera y dramática. Y como en Sudamérica siempre se necesitan las "versiones locales de", Suárez (el nombre remite un poco a Smiths, ¿no?) funcionó como un Sonic Youth con olor a ruta de provincia, a madrugada metropolitana. Justamente, las referencias líricas de una de las mejores letristas de este país, que es Rosario, connotan un tipo de vida urbana y de salida de la ciudad que tienen antecedentes en la lírica del primer Gieco o Los Pillos. Eso hace que no sea una banda homenaje a Sonic Youth, o Pavement, o Velvet Underground. Suárez es la banda que mejor entendió y asimiló a Velvet Underground en estos lares, lejos. Basta escuchar "Una tarde de cansancio".

Suárez es una banda argentina, no podría ser de otra manera.

Otro punto a tener en cuenta: Rosario Bléfari se convirtió en "role model" de muchas chicas que están en el rock, como público, artistas, o cantautoras. ¿Qué otra banda under con chica al frente (al frente eh) tuvo la misma trascendencia en esos años además de Suárez?

No sigan contando, vean a Erica García en la tele por estos días y la respuesta ya está dada. 



Dice Ignacio Herbojo:


Escucho Suárez desde que tengo 16 o 17 años. En esa época todavía estudiaba piano clásico, y al tener esa formación, los sentí como una ola de aire fresco y renovador que se salía de la norma, tanto lírica como compositiva. Su  imaginario cercano y cotidiano siempre me fascinó, y creo que influyó mucho a la hora de sentarme a escribir mis canciones. También me pasó que cuando los empecé a escuchar, la banda ya estaba disuelta, entonces los veía rodeados de cierta mística y mi único registro eran sus discos, las palabras de algún amigo que había tenido la suerte de verlos en vivo en los 90s y algún que otro video de Youtube.

El año pasado, Rosario Bléfari me escribió un mail, preguntándome si quería tocar el piano para ella en una fecha que se venía pronto y yo acepté sin dudarlo. En dos o tres semanas me tuve que aprender doce canciones que me iba pasando en cuentagotas por mail. Para los que me conocen, saben que mi memoria es pésima, entonces esto era todo un desafío para mí. De a poco, fuimos probando cuál funcionaba y cual necesitaba más instancias de ensayo. Finalmente, la lista se redujo a la mitad más o menos.

Nos juntamos día por medio con Rosario y Federico Orio para trabajar los temas entre los tres. Entre canción y canción charlábamos mucho de cualquier cosa, y todo era muy distendido y relajado, aunque por otro lado el tiempo nos apremiaba. Pero creo que todos confiábamos en que iba a salir perfecto.

Para mí tocar con Rosario fue una de las cosas más increíbles que me pasaron desde que empecé en esto, hace tan poquito. Ella fue primordial en mi formación como músico, y para mí es un orgullo y un honor que se haya fijado en mí existiendo tantos otros pianistas.

Cuando supe que Suárez se reunía pensé que no podía perdérmelo. Entonces, con un par de amigos organizamos una escapada a Mar del Plata sólo por el fin de semana del recital,  para ver el documental de Fernando blanco y para verlos a ellos en vivo. Lo más gracioso fue que nos encontramos con los Suárez en el bus rumbo a Mar del Plata, y viajamos juntos sin haberlo planificado.
Estaba muy ansioso por verlos en vivo, sobre todo después de ver el documental de Fernando Blanco. Al llegar, la carpa del show estaba repleta. Me ubiqué adelante de todos. Es difícil describir lo que sentí cuando entraron. Para mí Suárez nunca había existido, ¡y ahí estaban! El show fue muy movilizante para todos los asistentes. Parecía una banda que no se había separado jamás.  Todas esas canciones que había escuchado durante tanto tiempo en mi cuarto, en el trabajo, en la calle, en el colectivo, cobraban vida en ese momento.

Tiempo más tarde fue la fecha en el Konex. Otra vez: lleno de gente. Me costó más llegar adelante de todos. En este recital había más ansias que la otra vez, y la energía era increíble.

Con el sonar de las primeras canciones la gente empezó a saltar y a hacer pogo. Creo que no hacía pogo desde que tenía 15 años. Pero ahí apretado, siendo empujado, acalorado, me sentí feliz y me uní a la masa en movimiento y fuimos uno solo.

No había otro lugar en el que quisiera estar.

Rosario sonriente y hermosa como siempre. Los chicos, impecables.

Las emociones fueron muy fuertes y unánimes, creo. Por momentos estábamos todos casi por llorar, por otros con una sonrisa gigante.

Cuando salí del Konex me di cuenta que había tenido la suerte de presenciar algo muy importante para mi generación.


Los volvería a ver una y mil veces, y cada vez que saldría del recital sé que pensaría "fue uno de los mejores recitales de mi vida".

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miércoles, marzo 06, 2013

Entrevista a Gustavo Álvarez Núñez, biógrafo de Daniel Melero



“A Melero lo buscamos porque sabemos que nada será igual después”


Preguntar a quien hizo las preguntas. Así se podría resumir cualquier intento por acercarnos al autor de una biografía. Seguir las huellas que otro ya recorrió. Así se podría resumir también esta entrevista a Gustavo Álvarez Núñez, periodista detrás de “Ahora, antes y después” (Derivas, 2012), libro que recoge la historia del músico trasandino  Daniel Melero (1958) desde su infancia, adolescencia y diferentes etapas de su carrera como compositor, productor y solista hasta el año 2001. Una biografía que ocupa la primera persona para que sea Melero quien reflexiones respecto al porno, la ciencia, se detenga en la trastienda de su obra y se divida en comentarios sobre clásicos como Charly García o Luis Alberto Spinetta.

Es también una biografía en donde Melero se reconoce a sí mismo como un creador atípico.  “Mucho más que un músico en el sentido clásico, soy un oyente que llegó a manejar instrumentos musicales. El tiempo que otros pasaron estudiando música, yo lo pasé oyendo discos. Más que formación diría que tengo información”, declara el autor de “Trátame suavemente” en el retrato firmado por Álvarez Núñez.

Ex director editorial  de  Los Inrockuptibles, integrante de la desaparecida banda Spleen, poeta y autor del volumen de relatos “Vidas epifánicas” (Mansalva), Álvarez Núñez es seguidor de Melero desde la época en que el trasandino acaparaba las miradas como líder de Los Encargados, y gracias a una relación que se remonta a más de  dos décadas es un conocedor de la historia oficial de Melero, pero también de la cara menos popular de una figura mil veces mitificada.
 
Una de las primeras entrevistas que hice en Los Inrockuptibles fue a Daniel. La realizamos con otro colaborador de la revista, Hernán Ferreirós. Los tres la pasamos muy bien charlando de discos, mujeres, ciencia, pornografía, televisión y un largo etc. Así se fue dando un vínculo. Hernán le iba a armar el sitio web a Melero -que nunca se terminó de plasmar- y ahí es donde yo encontré el vórtice para el libro, porque Daniel quería que le escriba el texto biográfico del sitio”, recuerda Álvarez Núñez sobre el origen de “Ahora, antes y después”.

Melero es el entrevistado que todo periodista novato desea. Te puede construir un gran reportaje sin que vos emitas muchas palabras. Fue muy sencillo trabajar con Daniel”, admite sobre una biografía que no llegó a las tiendas hasta el año pasado. “El libro se editó después de casi diez años en que fue concebido. Pasó por miles de avatares, como la misma realidad argentina”, resume sobre el retraso en la publicación del texto.

¿Qué tan complejo fue decidir que las conversaciones  con Daniel Melero se podían transformar en una biografía?

No tengo en claro si es una biografía o una autobiografía, como sugirió Rafael Cippolini en la presentación del libro. Sabemos que habla la voz de un Daniel Melero que rememora y a veces sentencia. En todo caso, no tuve la intención de escribir una biografía, sino trazar las puntas del iceberg que es el pensamiento de Melero. Bucear lo más que se podía en el modo en cómo piensa, ese fue mi objetivo. En cuanto al género como lector, soy poco asiduo. En verdad me gusta más la ficción biográfica, la posibilidad que tiene un escritor de usar su vida como experiencia biográfica. Por eso escribí Vidas epifánicas, un libro de relatos a partir de epifanías de músicos (desde Brian Eno y Keith Richards a Miles Davis, y Lee “Scratch” Perry), escritores (Paulo Leminski, José Hernández, Lucio V. Mansilla, Clarice Lispector) o actores, para sondear en esos momentos cruciales donde alguien elige su lugar en la vida.

La realización de un texto biográfico implica crear una mitología de la identidad. Con esta biografía, hasta qué punto te interesaba –o te interesa- mantener mitos,  destruir o crear nuevos mitos asociados a la figura de Melero.

Daniel dice que yo mostré la bestia que hay en él. Que el Melero conocido estaba inequívocamente asociado a una persona con un discurso ilustrado. Y que “Ahora, Antes y Después” vino a subvertir esa imagen. Mi intención era mostrar un Melero más cotidiano, o por lo menos, el que yo conocía detrás de bambalinas.

En ese sentido, cómo observas el efecto que puede tener un texto de esta naturaleza en el público, si pensamos que veces es mejor nunca conocer tanto a los ídolos.

Algo que siempre es paradójico en cuanto a la recepción de la obra y a la influencia de Melero, es que mucha gente es más permeable a su discurso que a su producción musical. Y si toda biografía muestra lugares escatológicos o peligrosamente custodiados del sujeto en cuestión, en “Ahora, Antes y Después” casi todo está puesto en la superficie. Paul Valery decía que “lo más profundo del hombre es la piel”… No busqué ni me esmeré en husmear los típicos aspectos biográficos, sino que me zambullí en todo lo relativo a la formación, desarrollo y concreción de una estructura de pensamiento muy particular y valiosa.

En el texto aparece el pensamiento de Melero fragmentado y mezclado con sus propios recuerdos biográficos. Hasta se podría mirar como una autobiografía teórica, pero se trata de un recurso que tú elegiste, al restarte como entrevistador.  ¿Por qué decidiste apostar por desaparecer como el biógrafo de Melero?

Tenía en la cabeza textos como El libro del desasosiego del poeta Fernando Pessoa o Minima moralia del filósofo Theodor Adorno. Me gustaba la idea de que el lector entre por cualquier lugar y encuentre algo que lo colme. Que no haya raíz, ni un abajo ni un arriba. Esto acompañaba mi visión del lugar de Melero en el rock argentino: parece venir de ningún lugar. O es un extraterrestre, como creyeron sus amiguitos del club cuando tenía 12 años*.

Melero + Álvarez Núñez


Es muy interesante la aclaración que haces al inicio el texto, cuando explicas que la época que retrata el libro es pre “Vaquero”(Melero, 2001), pre “Jessico” (Babasonicos, 2001) pre  tragedia Cromañón, es decir, antes de la última crisis argentina, pero también antes de myspace y el auge de Internet como lo conocemos. ¿Crees que estos sucesos políticos y culturales han definido un nuevo pensamiento en Melero? Hablo de uno distinto; de haber cambiado, ¿existiría una suerte de “segundo Melero” que quedaría por conocer?

En varias oportunidades él ha insistido con que hace falta una versión 2.0 de esta biografía. Conociéndolo, más que cambiar, ha ahondado en sus percepciones e intuiciones. Melero es siempre de la observación de lo mínimo; rescata cómo procede lo máximo. Ese movimiento es capital en su abordaje de la realidad. Lo importante es su matriz que le proporciona una sutileza única a la hora de inmiscuirse en problemáticas nuevas. En zonas donde otros se encuentran con un lodazal, él sólo se topa con diamantes en bruto. No creo que Melero haya cambiado en lo estructural desde que tuvimos aquellas conversaciones a fines de los años 90, sino que ha profundizado en conocimientos que siempre le han atraído. Antes podía ser la bioética, hoy el mundo de los insectos. Y me parece interesante que en esas búsquedas, hay detrás una transpolación interesante al mundo del rock. A cómo nos movemos, cómo generamos o no cambios…

En el prólogo del libro, Diego Tuñón –tecladista de Babasónicos- refuerza la imagen del Melero líder y acogedor cuando dice: “En la actualidad sabe exactamente los discos que salen, qué bandas escuchar (…) por eso los grupos nuevos todo el tiempo recurren a él”. Sin embargo, es Melero el que admite en el texto que es él quien busca a los nuevos  para interactuar con ideas frescas. ¿Cómo observas tú estas figuras, la del Melero tótem y la del Melero siempre deseoso de aprender del presente?

A Melero lo buscamos porque sabemos que nada será igual después. El tipo tiene la lámpara de Aladino. Pero no esperamos que broten nuevos objetos, sino vérnoslas con nuestros propios miedos a cambiar; o cómo hacer de nuestras inseguridades un campo fértil para potenciar lo desconocido. La mejor lección de Melero es como la del maestro zen: el cambio sólo se da yendo hacia el cambio.

En el inicio del libro tú declaras sobre Melero: “su música, su presencia y su discurso potenciaron más debates y escándalos que muchos de sus colegas, proponiéndoselo, no lograron ni por asomo”. Con eso te refieres a la dimensión política de su obra. ¿Podrías precisar más en qué sentido Melero encara el poder? ¿Según tú, en dónde aparecen esos debates y esas manifestaciones?

Pienso en el Melero del (Festival) BARock 82, poniendo en conflicto la idea de qué era ser rockero en ese comienzo de década: si aceptar el paso del tiempo y las transformaciones que se habían llevado a cabo -por eso su grupo, Los Encargados, tocaba con máquinas-, o seguir insistiendo con la fotocopia anacrónica del rockero hippón. Después, acompañando a grupos que apostaban por sonidos menos establecidos, transformándose en “vocero” de las nuevas tendencias, desde su incursión en la producción en los años 80 y luego en los 90 a su cuidada trayectoria solista. Y llevando a Soda Stereo -en su estadía como cuarto integrante- a redefinir su paleta sonora, rescatando influencias de los años 70 del rock argentino con “Canción animal” (1990), o inmiscuyéndose en texturas y capas de sonido novedosas como fue “Dynamo” (1992); corriendo así el límite de lo que se espera de Soda.

Además, desaprovechar oportunidades comerciales ha sido una constante en su trayectoria. No hay nada más político que desoír a las sirenas del vil metal. Discos como “Operación escuchar” (1995), claramente entroncan con una mirada crítica sobre el mercado, sobre cómo operar en el mercado. Su lucha con el poder está más vinculada a la microfísica del poder foucaultiano: inmiscuirse en luchas pequeñas y puntuales, para leer desde allí algo mayor. En pleno auge de la música electrónica, lanza un disco como “Piano” (1999), donde caben nada más su voz y el acompañamiento de Diego Vainer en el piano. Esa indagación en el conflicto es propio de su lugar político en un universo como el rock, más atento a los eslóganes y los discursos básicos.

El capítulo del libro “Las piezas del museo” es muy interesante, porque es Melero refiriéndose a los grandes nombres del rock argentino, criticando a unos y declarándose seguidor de otros. ¿En donde ubicas a Melero dentro de este panorama? ¿Si no es parte del museo, en dónde está Melero?

Melero sería la galería de arte chiquita, donde descubrís los artistas del mañana. Nunca será un museo de cera ni pretenderá ser una retrospectiva masiva, sino el incunable que espera su lector.

Hacia las últimas páginas del libro aparece un Melero muy interesado en la ciencia y algo decepcionado del arte. “El arte, como mecanismo de cambio, está agotado”, sostiene. ¿En qué medida esa sentencia se puede vincular a su propia obra? ¿Crees que aún se sostiene Melero como creador o su fuerza provocadora y revolucionaria de fines de la década pasada ya desapareció?

Lo que me interesa del último Melero es su desparpajo por incluirse y transmutarse en otros: el trabajo que lleva a cabo con su grupo de los últimos tiempos, en el vínculo que tiene con Yuliano Acri, Félix Cristiani y Tomás Barry, por ejemplo,  es la de un hombre que desea seguir investigando y poniendo en conflicto sus certezas. Además, ha logrado convertirse en un clásico sin necesidad de ser un mármol viviente. Digo, puede vivir y hacer del error un paso más en el insondable camino hacia la belleza.


Esta entrevista fue publicada en LuchaLibro

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martes, octubre 25, 2011

Entrevista a Félix y Los Clavos

Fotos: Nacho Parodi

El cantante y compositor argentino Félix Cristiani publicó su debut “La vida secreta” en 2007. El disco fue una muestra de pop sencillo y letras memorables que pasó casi inadvertida entre el público local, pese a conseguir el apoyo del sello nacional Quemasucabeza, discográfica que lo editó en Chile. En 2008, Félix se presentó por primera vez en nuestro país como invitado del 1er Festival Solistas en Solitario. Siendo un desconocido entre la mayoría de los asistentes, el argentino defendió sus canciones sólo con una guitarra. Y quebrar el hielo no fue fácil. 

—¡Ese concierto fue horrible! –recuerda Félix. Yo no soy un cantautor que sale con guitarra y voz, siempre toqué con banda, que es el formato que me interesa. Me sentí muy en desventaja, porque los otros músicos  del festival (Gepe, Chinoy, Nano Stern, Coiffeur) hacían vivos y discos con esa formación. Sin embargo, debo decir que en un sentido fue esclarecedor: me prometí nunca más tocar solo.

Después de casi cuatro años, Félix regresa a Santiago esta semana junto a Los Clavos, su nueva banda compuesta por seis músicos con los que grabó su reciente trabajo: “Continuará” (2011). Producido por Daniel Melero, el disco contiene dos placas: una compuesta por once nuevos cortes y otra de seis canciones que samplean el material del primero. Según el argentino esta es una apuesta más ligada al ruidismo y la experimentación; un pop  explosivo y que explora la idea de la obra infinita.

Lo que sorprende de “Continuará” es el sonido. Suena no distinto, sino que opuesto a “La vida secreta”. ¿Qué pasó en estos años que pasaste de un pop sencillo a un disco complejísimo?
- Si hay algo en lo que somos afortunados los artistas es en poder transformar la basura en arte. En los años entre “La Vida Secreta” y “Continuará” tuve una seguidilla de colapsos emocionales que me llevaron a estados de pánico y terror. Recuerdo estar muy fumado tocando la guitarra y sentir que el ventilador se iba a caer y me iba a rebanar la cabeza. Cosas horribles como esa terminaron siendo una gran inspiración. Al final todo tenía que ver con el derrumbe de un estado mental en el que creía poder tener control sobre todo. Y la realidad es una bestia que se impone más allá de tu voluntad. En todo ese ruido vislumbré que había formas de bellezas no hedonistas o gratificantes, como el terror o la violencia, y que eran espacios muy fértiles y no muy usualmente abordados, desde la música sobre todo. Ese fue mi aporte, la composición y todas estas ideas. El resto lo hicieron Los Clavos -combo compuesto por Benjamín Ochoa en el bajo y sintetizador; Damián Cubilla en guitarra acústica; Siro Bercetche en guitarra eléctrica; Chango Serantes y Antü Filardi Sabín en sintetizadores y Luis Herrera en la batería-.

En “Continuará” yo sólo canté. Con Benjamín Ochoa, un socio histórico, nos dimos cuenta que para poder bajar a música estos “conceptos” teníamos que desarrollar un sistema anárquico de producción. Por eso arrancamos a grabar sin que ninguno de los Clavos hubiera escuchado los temas, ni preparado arreglos. Era darle play un par de veces a unas maquetas de guitarra acústica y voz, y que grabaran lo primero que se les ocurriera, sin conocer los acordes ni encargarse de cumplir las funciones que suelen tener los instrumentos. “Quedar expuesto” fue una de las premisas. 

Otra de las cosas que sorprende es que tus letras siguen siendo más o menos similares: historias, narraciones sentimentales… En eso se nota cierta continuidad entre ambos trabajos. ¿A la hora de escribir una canción, entonces, es más complicado salirse del lugar común temático (amor, relaciones personales) que cambiar de sonido? Te lo pregunto porque se podría pensar que, finalmente, la canción pop está destinada a cambiar de sonido, pero nunca de temáticas o de usos del lenguaje.
- Creo que la lírica de “Continuará” es distinta a la de “La Vida Secreta”, es más confusa, mística por momentos, pero definitivamente tiene en común esa primera persona que habla de lo que ve. En ese sentido hay una continuación, y es que no es ficcional. Respecto de la canción pop, creo que su cuello de botella, y la gran revolución que tiene que hacer, es justamente el cambio de los usos del leguaje. Es un desafío complejísimo y el motivo por el que muchas veces el pop se queda corto. Creo que el origen del arte fue pop, que es la forma primigenia de manifestación de los hombres -¡la caverna de Lascaux!-, la más importante, y la forma en que se va a extinguir el arte cuando se extinga el hombre. Aclaro que hablo de pop como forma de comunicación, no como género musical o como se lo asocia a formas y usos mediocres o demagógicos. Sin embargo, el lugar en el que se ha trabado es en seguir replicando el uso “testimonial” de esa primera persona. Recomiendo ver en YouTube las entrevistas a John Maus. Muy interesante lo que dice sobre este tema.

¿Las canciones instrumentales del segundo disco de “Continuará”, ya que nacen de las canciones del primero, son ese intento por superar lo que se queda atrapado en la mezcla entre letra y música?
- No son un intento, sino más bien el resultado de la mente disociativa de (Daniel) Melero. No fue algo planeado, sucedió cuando abordó la postproducción de los temas: de cada uno hizo muchísimas versiones, desde más clásicas hasta instrumentales casi irreconocibles. Uno de los tantos tópicos de los que hablábamos era el de la obra infinita, o la obra inconclusa, que es lo mismo. Las grabaciones y el espíritu del disco invitaban a imprimirle esa forma de desarrollo, y por otra parte, hacía rato nos planteábamos las limitaciones de los discursos asertivos. Por otro lado, en ese momento yo estaba bajando de Internet distintas versiones del inédito “Smile” de los Beach Boys. La idea de que cada versión que encontrabas tenía distintos órdenes, distintas mezclas o directamente temas que en otras compilaciones no figuraban, me pareció el logro artístico más alto de su carrera. A Brian Wilson le costó la cordura, pero el supuesto fracaso que significó que “Smile” no se editara lo considero la única manera de concreción que tenía esa obra.

¿Pero las canciones del segundo disco de “Continuará” las compuso Daniel Melero? No me queda claro ese detalle; si es que las compuso o sólo participó en la producción de los dos discos.
- Con Daniel (Melero) nos divertíamos mucho hablando de eso, ni para nosotros era claro si el segundo disco era suyo o de Los Clavos. El material sonoro desde el que se generaron esas piezas son los temas del primer disco, pero como el resultado es tan distinto, es nueva música. Hoy que lo escucho, definitivamente creo que el primer disco es de los Clavos y el segundo de Melero.

Sensacional by felixylosclavos

Te refieres a “Continuará” como un proyecto que supera al disco tradicional, porque tal como su nombre lo indica, siempre está desarrollándose. ¿Podrías ahondar en eso y explicar cuáles son los diferentes formatos que van dándole extensión a esta obra?
- “Continuará” terminó siendo un disco doble, pero de hecho hay material extra que no está incluido en esta edición porque la hacía demasiado extensa. Hay material como para por lo menos un disco más. Entre las ideas que estamos barajando está la de hacer una suerte de corto, obra audiovisual, no lo sabemos aún. Siro, Chango y Benja son videastas, así que la idea es hacer nosotros mismos la parte visual. Todavía estamos evaluándolo, no es algo que ya esté definido.

También te refieres a “Continuará” como un trabajo más agresivo, no condescendiente. ¿Es esa la finalidad de tu música o crees que es fruto de la circunstancia de este disco en particular?
- Creo que se hace camino al andar, y que el siguiente paso que vayas a dar va a estar determinado por el anterior. En ese sentido no creo en una finalidad puntual, sino en el desarrollo de una carrera o una obra que tenga que ver con la diversidad.

¿Identificas esa misma característica de tu disco en otras propuestas actuales de Argentina?
-En los últimos cinco años la Argentina se plagó de cantautores que van detrás de un sonido acústico, bello, armonioso y la verdad lo encuentro muy limitado y poco inspirador. ¡En realidad fue una inspiración para hacer todo lo contrario! Yo me considero un compositor que canta sus temas, en ese sentido podría entrar en la categoría de cantautor, pero no me interesa en lo más mínimo la escena porteña de los cantautores. En lo concreto, estoy más en comunión con bandas como Nairobi, Las Kellies, Victoria Mil, Azur, Diosque, Betty Confetti, Maniac Mantu. Hay un artista tucumano, Bruno Masino, que le ha encontrado una buena vuelta a la canción. De todas maneras, no creo que lo agresivo o poco condescendiente sea una línea “política”, por llamarlo de alguna manera, sino el paso que sentí que tenía que dar en este contexto musical y en relación con “La Vida Secreta”. Hace poco vi una entrevista de R. Stevie Moore en la que decía que la única guerra que luchaba era la guerra contra la mediocridad. Suscribo 100% a esta idea, creo que esa es la única política que me interesa.


¿Cómo fue trabajar con Los Clavos en este disco? ¿Prefieres ese proceso más colectivo o te es más sencillo trabajar solo?
- Los Clavos funcionan de una manera radicalmente opuesta a la mía. Mis procesos de creación son de decantación muy lenta, básicamente tardan el tiempo en que mis ideas se trasladan a mi cuerpo para poder materializarlas. La parte de composición siempre la vivo en solitario, y a la hora de hacer los temas de “Continuará”, me encontré con que mi manera de bajar ese material era bastante rústico y desordenado. En definitiva ese resultado me indicaba que el proceder tenía que ser opuesto a mi sistema anterior de control y minuciosidad. Las grabaciones se hicieron en lo de Benjamín (Ochoa), con este sistema en el que la batería era lo último que se iba a grabar. Yo produje unos cuantos discos y siempre encontré que el sistema clásico de grabar primero la base demoraba la urgencia instintiva de descargar en el acto lo primero que venía a la mente.

Por eso el procedimiento fue que el que primero quisiera grabar, lo hacía. En ese contexto descontracturado, lo que cada uno depositaba en los tracks era mucho más el resultado de una inspiración lúdica y divertida que detenerse a pensar que era lo que “convenía” o servía para que la música se pudiera sostener. Como si la música debiera sostenerse; ¡también es buenísimo que se desbarranque! Los Clavos son básicamente el grupo más cercano de amigos, y en realidad son más artistas que músicos. Su hábitat natural es el desorden y claramente como banda lo que correspondía era seguir el flow de la tropa. Cuando todos estábamos suficientemente borrachos, fumados o excitados, se prendía el botón rec. Definitivamente la creación colectiva supera a la del solista.

¿Cómo trabajas junto a Los Clavos las canciones de “Continuará” en vivo?
- Los Clavos somos más una orquesta eléctrica que una banda de rock. Nuestros shows tienen algo de conjura mística, de milagro y de catástrofe. Somos físicos y arbitrarios a la hora de tocar, en ese sentido estamos mucho más próximos a los modos del noise que a los de la canción. Ese fue nuestro desafío y en eso estamos avanzando, hacemos canciones pero no las interpretamos como tales. Así, muchas veces llegamos a la deformidad. Eso sí, siempre bajo el aura universal del pop.

¿Y cómo es trabajar con Daniel Melero, considerando que además tú eres músico en su banda?
- Hacer música con Daniel es un súper lujo, siempre espera del arte lo mejor de lo mejor, como si fuera una conquista que siempre se puede ganar, y que se tiene que ganar para satisfacción personal. Eso es crucial. El centro de un artista siempre debe ser él mismo, nunca el afuera. Respecto de sus procedimientos, podría decir que su fuerte es sembrar la confusión, eso estaba muy en sintonía con el modus operandi de Los Clavos y por eso todo terminó en un disco doble compartido. Sin dudas Melero es mi influencia más fuerte, pero no en un sentido musical. Si bien los dos hacemos canciones, nuestra música no tiene mucho que ver. La marca que dejó en mí es mucho más global, como ser, los “principios” para construir una obra y una carrera.
Esta entrevista fue publicada en Paniko.cl

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