El jueves 14 de abril la recordada agrupación
argentina Suárez se presentará en Discoteque Blondie luego de casi dos décadas
sin pisar tierras locales. Show de culto para fanáticos y una oportunidad para
jugar a correr el tiempo hacia atrás y revivir un sonido que marcó los 90 en
ambos lados de la cordillera. Aquí, la banda –los cinco amigos, los cinco
músicos, los cinco protagonistas- nos cuentan cómo intentan recuperar el pasado
sin alimentar nostalgias ni espejismos de un nuevo futuro juntos.
No hubo tiempo
para conversar, saldar eventuales cuentas pendientes o sentarse a mirar
antiguas fotos. Nada de eso. El reencuentro fue sin preámbulos; se juntaron en
una sala de ensayo y se dedicaron a lo que más querían hacer: tocar, cantar y
desempolvar el repertorio que habían dejado en pausa hace más de quince años.
Así fue cómo Suárez, el combo bonaerense integrado por Rosario Bléfari (voz) Fabio
Suárez (bajo), Marcelo Zanelli
(guitarra), Gonzalo Córdoba
(guitarra) y Diego Fosser (batería)
se rearmó como si nada. La “excusa” fue el estreno de la primera parte del
documental sobre la banda, “Entre dos luces” de Fernando Blanco, en noviembre pasado
en Mar del Plata.
“Cuando presentaron
la película me preguntaron si existía la posibilidad de reunir al grupo, a lo
que dije que no, porque estábamos muy alejados”, cuenta Rosario Bléfari desde Argentina. “Además había poquísimo tiempo
para hacerlo y no estaba en nuestros planes. Pero al comentarle la propuesta a
los demás, todos querían o no les parecía imposible”, explica la cantante. Gonzalo Córdoba añade que pese a llevar
tiempo sin verse, todos querían volver (al menos) a presentarse en vivo. “El
documental trata sobre nuestra primera época, y eso despertó el recuerdo de
cómo nos divertíamos. Y nos juntamos de manera impensada, sólo por el placer de
lo imprevisto”, comenta el guitarrista.
El primer
resultado del regreso de Suárez fue una energética presentación en Mar del
Plata junto a los seguidores de siempre y nuevos fanáticos. Para nadie fue una
sorpresa, entonces, que se programara un segundo concierto en Buenos Aires, en
marzo de este año en el conocido Centro Cultural Konex. “Ese show me sorprendió, fue mucho más de lo que esperaba”, comenta Diego Fosser. El baterista concuerda
con el resto de sus compañeros en que este nuevo contacto con el público les
permitió reconocer los cambios entre sus seguidores. Y no sólo por la
diversidad de edad y generaciones. “El público se multiplicó y se “cancherizó”,
como los fans de futbol. En los noventa esa experiencia la vivimos justamente
en Santiago, fue algo muy lindo, con la gente cantando las canciones y todo
eso. ¡Ahora espero que Santiago le gane al Konex!”, añade entre risas.
¿Por qué Suárez aún mantiene ese estado de alerta en sus fanáticos?
¿Simple efecto de memorabilia local o
por la búsqueda de un sonido que no se ha vuelto a repetir en el contexto
latinoamericano? Para los Suárez se trata de lo uno y delo otro. “Creo
que está relacionado con esos estados emocionales atesorados, igual que nos
pasa a nosotros; sensaciones, viajes intensos, dulces y ácidos que han quedado
alojados en la memoria del que nos escuchó hace quince años o hace un año. Son
canciones y timbres muy particulares también”, se explica Rosario Bléfari.
Su compañero en la guitarra, Marcelo Zanelli va un poco más allá: “Suárez
tiene canciones sin tiempo y una forma de hacerlas sonar que es…no sé qué
palabra usar…muy suárez. Hay algo de
misterio ahí. Además, la banda forma parte de un inicio, que junto con otros
grupos, puso algo en marcha. Había una saludable urgencia en todas nuestras
acciones”.
Otro galope
Pese a que los cinco músicos insisten en que la
reunión de Suárez surgió casi de manera
espontánea, todos comparten en mayor o menor medida una misma sensación: nunca
lograron olvidarse de la banda que como amigos mantuvieron y con la que
editaron discos tan memorables como “Horrible” (1995) o “Excursiones” (1999). “La
verdad es que estaba justo empezando a no extrañar a Suárez”, ironiza Fabio Suárez desde la capital
trasandina a la hora de pensar en los últimos conciertos. Lo mismo detalla Bléfari,
quien resta importancia a la nostalgia: “¡No sabía que los extrañaba hasta que
nos juntamos de nuevo! Trato de vivir el presente y estoy siempre con nuevos
planes, pero ahora Suárez se transformó en parte del presente y me gusta
mucho”.
Más melancólico, el guitarrista Marcelo Zanelli agrega: “Redescubrir a
Suárez y volver a escuchar los discos con otra perspectiva me gustó tanto que
ahí sí digo… esas canciones, esa forma de armarlas y buscar el sonido. Me digo
qué lindo volver a tocar estas canciones que me gustan. En fin, me parece que
es una forma un poco elíptica de reconocer que sí, que extrañaba a Suárez”. En
tanto, Diego Fosser no oculta que siempre añoró volver a la
formación original. “La banda es el proyecto más importante en el que
participé, el que hizo realidad todo lo que había soñado cuando empecé a tocar
la batería a los catorce años”, admite.
¿Pero ese
recuerdo es suficiente para que Suárez siga con vida de manera indefinida? Ni
ellos lo saben. Cada uno de los integrantes ha seguido caminos muy diversos
como psicólogos, abogados, actores, cantantes (Bléfari siguió publicando en
solitario o con Sué Mon Mont), trabajando en radio o docencia, como para retomar las riendas de una banda.
Además, el contexto discográfico y de difusión –entre la maraña de internet,
productoras, marketing, redes sociales- es otro para un grupo icónico en lo que
se pudo denominar como el under y el rock alternativo o independiente de hace
dos décadas en Argentina. Corren otros tiempos y ellos lo saben. “Me parece que
el oído cambió y también la tecnología. La difusión es otra y ahora no dependes
de unas radios o de un suplemento o si advierte tu presencia una compañía
discográfica”, dice Zanelli.
Así, los
aparentes cambios en la industria, reconocen los Suárez, podrían ser tan
provechosos como improductivos. Rosario
Bléfari advierte que este nuevo contexto permite una relación más directa
entre músicos y público, pero es escéptica a la hora de seguir esa ruta. “Hoy las
grandes marcas o productoras no se juegan por nada, invierten poco y a veces
frenan el camino de una banda. No lo conozco desde adentro, pero he visto casos
de quienes por entrar en una cosa así perdieron lo que habían conseguido siendo
independientes. De todas maneras siempre son arduos caminos, y todos son
diferentes; aquellos que pueden hacer un camino con la presión y el apoyo de
una discográfica, y les resulta, muy bien, pero es bien difícil porque debes
responder a una expectativa. Tal vez podés hacer algo, conseguir que te paguen
algo, un video por ejemplo, y salirte. Nunca fue mi opción ni mi camino, pero
no soy quien para decir qué le conviene a cada uno. Personalmente me gusta
cuando hay un camino hecho por la relación con el público que va creciendo o se
va afianzando o va cambiando. Eso es muy valioso”, sostiene la cantante.
Los veo aparecer
El show de
Suárez en Chile el 14 abril en la
Blondie será el tercer concierto de la banda luego de esta reunión fugaz. No
tienen idea si se vienen más fechas. O al menos eso prefieren adelantar.
Vendrán y puede que desaparezcan como ya lo hicieron una vez. Sin embargo, el
regreso a Chile parecía una cita obligada, después de años de compartir escenario
y colaboraciones con bandas como Pánico o Congelador.
“En Chile
siempre fuimos muy bien tratados por la gente, que era muy cariñosa y amable.
Además hicimos nuestro primer documental allí”, recuerda Fabio Suárez sobre su vínculo con tierras nacionales. “Cuando estuvimos en Santiago y Concepción
siempre nos trataron muy bien, y me sorprendió en ese momento el nivel de
información que manejaban sobre la música independiente de todo el mundo en una
era pre-internet. Recuerdo haberme vuelto con varios cassettes grabados que nos
pasaron con novedades del momento”, añade Gonzalo
Córdoba.
Para Rosario Bléfari este
nuevo recital en Chile será como una primera vez, ya que algunos integrantes de
la banda nunca habían cruzado la cordillera junto a Suárez. “Todo va a ser nuevo y será como una presentación,
vamos a “conocer” al público nuevo y al de antes”, dice entusiasmada.
¿Qué podemos esperar para
después? ¿Se viene nuevo disco de Suárez? Son preguntas que es imposible no
lanzar. “Estoy abierto a lo que venga y a lo pueda llegar y la verdad es que no
lo sé. Si lo supiera no lo ocultaría; si
surgiera esa posibilidad, diría que sí”, afirma Marcelo Zanelli.
Por su lado, Bléfari no cierra la puerta: “No sabemos si se viene nuevo disco.
Juro que no. Pero así como no sabíamos que íbamos a volver a tocar alguna vez,
ahora ya tampoco me animo a decir como antes: no creo. Porque los hechos me
desmintieron”.
A la hora de escribir sobre el regreso de Suárez a Chile, pensé en la oportunidad
de sumar más voces de testigos o seguidores que pudieran aportar
una imagen de lo que fue/es la banda en Argentina, específicamente en Buenos
Aires. Siempre tuve en mente a dos personas: el crítico Pablo Schanton y el cantante y
compositor Ignacio Herbojo. Después, cuando terminé de rearmar las preguntas y
respuestas a los cinco Suárez, me di cuenta que la breve historia de su show en
Santiago no soportaba más actores que los propios músicos. Sin embargo,
Schanton y Herbojo contestaron a mis preguntas de manera tan directa y
relevante que no valía la pena guardar sus testimonios. Acá van.
Dice Pablo
Schanton:
Por empezar,
definamos: Suárez es al indie lo que los Redondos al rock independiente del ala
La Renga en adelante. Sin mucha militancia explícita (recordemos que la
estética "slacker" de los 90 no lo hubiera permitido), Suárez fue
independiente a pesar de cómo evolucionó el mercado del rock
"alternativo" de la época. Sin Suárez no existirían ni Rosal ni El
mató a un policía motorizado, y sus actuales consecuencias. Es decir, es un
grupo-bandera de una ética frente al mercado musical y una estética frente al
conservador rock nacional hegemónico que ya quedó en la historia.
La Argentina
es afecta a los homenajes, especialmente si son post mortem, al museo, al
folclore. Por eso, no es casual que una documental haya sido el motor de la
reunión de los Suárez, que han sido canonizados como leyenda indie nacional &
pop forever. Su discreción a la hora de reunirse tras 15 años demuestra que a
ellos tampoco les cabe mucho esto de la nostalgia y las leyendas vivas.
Conozco a
Suárez desde el comienzo. Los vi en sótanos muy sótanos al borde del amanecer y
hasta en terrazas muy altas de madrugada, y sigo a Rosario en todo lo que
emprende. Yo estoy contento con los proyectos de ella, y con haber visto y
vivido a Suárez mientras duró. No me gustan las reuniones ni el retro nostálgico
en general. Pero no puedo negar que volver a escuchar "Falso ladrido"
a pulso de Fosser y llevado por la guitarra de Gonzalo no dejó de emocionarme
muy profundamente. Así de simple: hay cientos de bandas "indie" hoy,
post-Suárez en todo sentido (hasta en la formación), pero ninguna canción pega
con la carga poética (en sentido lírico y musical) como una de Suárez. Y dicho,
lejos de lustrar la leyenda y el bal bla blá...
Ver en vivo
a esa banda -cuatro hombres detrás de/junto a una mujer que canta, baila, toca
instrumentos inverosímiles y actúa y tanto más- es una experiencia única por su
carga rockera y dramática. Y como en Sudamérica siempre se necesitan las
"versiones locales de", Suárez (el nombre remite un poco a Smiths,
¿no?) funcionó como un Sonic Youth con olor a ruta de provincia, a madrugada
metropolitana. Justamente, las referencias líricas de una de las mejores
letristas de este país, que es Rosario, connotan un tipo de vida urbana y de
salida de la ciudad que tienen antecedentes en la lírica del primer Gieco o Los
Pillos. Eso hace que no sea una banda homenaje a Sonic Youth, o Pavement, o Velvet
Underground. Suárez es la banda que mejor entendió y asimiló a Velvet Underground
en estos lares, lejos. Basta escuchar "Una tarde de cansancio".
Suárez es
una banda argentina, no podría ser de otra manera.
Otro punto a
tener en cuenta: Rosario Bléfari se convirtió en "role model" de
muchas chicas que están en el rock, como público, artistas, o cantautoras. ¿Qué
otra banda under con chica al frente (al frente eh) tuvo la misma trascendencia
en esos años además de Suárez?
Escucho Suárez
desde que tengo 16 o 17 años. En esa época todavía estudiaba piano clásico, y
al tener esa formación, los sentí como una ola de aire fresco y renovador que
se salía de la norma, tanto lírica como compositiva. Su imaginario
cercano y cotidiano siempre me fascinó, y creo que influyó mucho a la hora de sentarme
a escribir mis canciones. También me pasó que cuando los empecé a escuchar, la
banda ya estaba disuelta, entonces los veía rodeados de cierta mística y mi
único registro eran sus discos, las palabras de algún amigo que había tenido la
suerte de verlos en vivo en los 90s y algún que otro video de Youtube.
El año pasado, Rosario Bléfari me escribió un mail, preguntándome si quería
tocar el piano para ella en una fecha que se venía pronto y yo acepté
sin dudarlo. En dos o tres semanas me tuve que aprender doce canciones que me
iba pasando en cuentagotas por mail. Para los que me conocen, saben que mi
memoria es pésima, entonces esto era todo un desafío para mí. De a poco, fuimos
probando cuál funcionaba y cual necesitaba más instancias de ensayo. Finalmente,
la lista se redujo a la mitad más o menos.
Nos juntamos día por medio con Rosario y Federico Orio para trabajar los temas
entre los tres. Entre canción y canción charlábamos mucho de cualquier cosa, y
todo era muy distendido y relajado, aunque por otro lado el tiempo nos
apremiaba. Pero creo que todos confiábamos en que iba a salir perfecto.
Para mí tocar con Rosario fue una de las cosas más increíbles que me pasaron
desde que empecé en esto, hace tan poquito. Ella fue primordial en mi formación
como músico, y para mí es un orgullo y un honor que se haya fijado en mí
existiendo tantos otros pianistas.
Cuando supe que Suárez se reunía pensé que no podía perdérmelo. Entonces, con
un par de amigos organizamos una escapada a Mar del Plata sólo por el fin de
semana del recital, para ver el
documental de Fernando blanco y para verlos a ellos en vivo. Lo más gracioso fue
que nos encontramos con los Suárez en el bus rumbo a Mar del Plata, y viajamos
juntos sin haberlo planificado.
Estaba muy
ansioso por verlos en vivo, sobre todo después de ver el documental de Fernando
Blanco. Al llegar, la carpa del show estaba repleta. Me ubiqué adelante de todos.
Es difícil describir lo que sentí cuando entraron. Para mí Suárez nunca había
existido, ¡y ahí estaban! El show fue muy movilizante para todos los
asistentes. Parecía una banda que no se había separado jamás. Todas esas canciones que había escuchado
durante tanto tiempo en mi cuarto, en el trabajo, en la calle, en el colectivo,
cobraban vida en ese momento.
Tiempo más
tarde fue la fecha en el Konex. Otra vez: lleno de gente. Me costó más llegar
adelante de todos. En este recital había más ansias que la otra vez, y la
energía era increíble.
Con el sonar
de las primeras canciones la gente empezó a saltar y a hacer pogo. Creo que no
hacía pogo desde que tenía 15 años. Pero ahí apretado, siendo empujado,
acalorado, me sentí feliz y me uní a la masa en movimiento y fuimos uno solo.
No había otro lugar en el que quisiera estar.
Rosario sonriente
y hermosa como siempre. Los chicos, impecables.
Las
emociones fueron muy fuertes y unánimes, creo. Por momentos estábamos todos
casi por llorar, por otros con una sonrisa gigante.
Cuando salí
del Konex me di cuenta que había tenido la suerte de presenciar algo muy importante
para mi generación.
Los volvería
a ver una y mil veces, y cada vez que saldría del recital sé que pensaría
"fue uno de los mejores recitales de mi vida".
“A Melero lo buscamos porque sabemos que nada
será igual después”
Preguntar a quien hizo las preguntas. Así se
podría resumir cualquier intento por acercarnos al autor de una biografía. Seguir
las huellas que otro ya recorrió. Así se podría resumir también esta entrevista
a Gustavo Álvarez Núñez, periodista detrás de “Ahora, antes y después” (Derivas, 2012), libro que recoge la
historia del músico trasandino Daniel
Melero (1958) desde su infancia, adolescencia y diferentes etapas de su carrera
como compositor, productor y solista hasta el año 2001. Una biografía que ocupa
la primera persona para que sea Melero quien reflexiones respecto al porno, la
ciencia, se detenga en la trastienda de su obra y se divida en comentarios
sobre clásicos como Charly García o Luis Alberto Spinetta.
Es también una biografía en donde Melero se
reconoce a sí mismo como un creador atípico. “Mucho
más que un músico en el sentido clásico, soy un oyente que llegó a manejar
instrumentos musicales. El tiempo que otros pasaron estudiando música, yo lo
pasé oyendo discos. Más que formación diría que tengo información”, declara
el autor de “Trátame suavemente” en el retrato firmado por Álvarez Núñez.
Ex director editorial de Los
Inrockuptibles, integrante de la desaparecida banda Spleen, poeta y autor del
volumen de relatos “Vidas epifánicas” (Mansalva),
Álvarez Núñez es seguidor de Melero desde la época en que el trasandino acaparaba
las miradas como líder de Los Encargados, y gracias a una relación que se
remonta a más de dos décadas es un
conocedor de la historia oficial de Melero, pero también de la cara menos
popular de una figura mil veces mitificada.
“Una de
las primeras entrevistas que hice en Los Inrockuptibles fue a Daniel. La
realizamos con otro colaborador de la revista, Hernán Ferreirós. Los tres la
pasamos muy bien charlando de discos, mujeres, ciencia, pornografía, televisión
y un largo etc. Así se fue dando un vínculo. Hernán le iba a armar el sitio web
a Melero -que nunca se terminó de plasmar- y ahí es donde yo encontré el
vórtice para el libro, porque Daniel quería que le escriba el texto biográfico
del sitio”, recuerda Álvarez Núñez sobre el origen de “Ahora, antes y después”.
“Melero
es el entrevistado que todo periodista novato desea. Te puede construir un gran
reportaje sin que vos emitas muchas palabras. Fue muy sencillo trabajar con
Daniel”, admite sobre una biografía que no llegó a las tiendas hasta el año
pasado. “El libro se editó después de casi
diez años en que fue concebido. Pasó por miles de avatares, como la misma
realidad argentina”, resume sobre el retraso en la publicación del texto.
¿Qué tan complejo fue
decidir que las conversaciones con
Daniel Melero se podían transformar en una biografía?
No tengo en claro si es una biografía o una
autobiografía, como sugirió Rafael Cippolini en la presentación del libro.
Sabemos que habla la voz de un Daniel Melero que rememora y a veces sentencia.
En todo caso, no tuve la intención de escribir una biografía, sino trazar las
puntas del iceberg que es el pensamiento de Melero. Bucear lo más que se podía
en el modo en cómo piensa, ese fue mi objetivo. En cuanto al género como
lector, soy poco asiduo. En verdad me gusta más la ficción biográfica, la posibilidad
que tiene un escritor de usar su vida como experiencia biográfica. Por eso
escribí Vidas epifánicas, un libro de
relatos a partir de epifanías de músicos (desde Brian Eno y Keith Richards a
Miles Davis, y Lee “Scratch” Perry), escritores (Paulo Leminski, José
Hernández, Lucio V. Mansilla, Clarice Lispector) o actores, para sondear en
esos momentos cruciales donde alguien elige su lugar en la vida.
La realización de un
texto biográfico implica crear una mitología de la identidad. Con esta biografía,
hasta qué punto te interesaba –o te interesa- mantener mitos, destruir o crear nuevos mitos asociados a la
figura de Melero.
Daniel dice que yo mostré la bestia que hay en
él. Que el Melero conocido estaba inequívocamente asociado a una persona con un
discurso ilustrado. Y que “Ahora, Antes
y Después”vino a subvertir esa
imagen. Mi intención era mostrar un Melero más cotidiano, o por lo menos, el
que yo conocía detrás de bambalinas.
En ese sentido, cómo
observas el efecto que puede tener un texto de esta naturaleza en el público,
si pensamos que veces es mejor nunca conocer tanto a los ídolos.
Algo que siempre es paradójico en cuanto a la
recepción de la obra y a la influencia de Melero, es que mucha gente es más
permeable a su discurso que a su producción musical. Y si toda biografía
muestra lugares escatológicos o peligrosamente custodiados del sujeto en
cuestión, en “Ahora, Antes y Después”
casi todo está puesto en la superficie. Paul Valery decía que “lo más profundo
del hombre es la piel”… No busqué ni me esmeré en husmear los típicos aspectos
biográficos, sino que me zambullí en todo lo relativo a la formación,
desarrollo y concreción de una estructura de pensamiento muy particular y
valiosa.
En el texto aparece el
pensamiento de Melero fragmentado y mezclado con sus propios recuerdos
biográficos. Hasta se podría mirar como una autobiografía teórica, pero se
trata de un recurso que tú elegiste, al restarte como entrevistador. ¿Por qué decidiste apostar por desaparecer
como el biógrafo de Melero?
Tenía en la cabeza textos como El libro del desasosiego del poeta
Fernando Pessoa o Minima moralia del
filósofo Theodor Adorno. Me gustaba la idea de que el lector entre por
cualquier lugar y encuentre algo que lo colme. Que no haya raíz, ni un abajo ni
un arriba. Esto acompañaba mi visión del lugar de Melero en el rock argentino:
parece venir de ningún lugar. O es un extraterrestre, como creyeron sus
amiguitos del club cuando tenía 12 años*.
Melero + Álvarez Núñez
Es muy interesante la
aclaración que haces al inicio el texto, cuando explicas que la época que
retrata el libro es pre “Vaquero”(Melero, 2001), pre “Jessico” (Babasonicos,
2001) pre tragedia Cromañón, es decir,
antes de la última crisis argentina, pero también antes de myspace y el auge de
Internet como lo conocemos. ¿Crees que estos sucesos políticos y culturales han
definido un nuevo pensamiento en Melero? Hablo de uno distinto; de haber cambiado, ¿existiría una suerte de “segundo
Melero” que quedaría por conocer?
En varias oportunidades él ha insistido con que
hace falta una versión 2.0 de esta biografía. Conociéndolo, más que cambiar, ha
ahondado en sus percepciones e intuiciones. Melero es siempre de la observación
de lo mínimo; rescata cómo procede lo máximo. Ese movimiento es capital en su
abordaje de la realidad. Lo importante es su matriz que le proporciona una
sutileza única a la hora de inmiscuirse en problemáticas nuevas. En zonas donde
otros se encuentran con un lodazal, él sólo se topa con diamantes en bruto. No
creo que Melero haya cambiado en lo estructural desde que tuvimos aquellas
conversaciones a fines de los años 90, sino que ha profundizado en
conocimientos que siempre le han atraído. Antes podía ser la bioética, hoy el
mundo de los insectos. Y me parece interesante que en esas búsquedas, hay detrás
una transpolación interesante al mundo del rock. A cómo nos movemos, cómo
generamos o no cambios…
En el prólogo del
libro, Diego Tuñón –tecladista de Babasónicos- refuerza la imagen del Melero
líder y acogedor cuando dice: “En la actualidad sabe exactamente los discos que
salen, qué bandas escuchar (…) por eso los grupos nuevos todo el tiempo
recurren a él”. Sin embargo, es Melero el que admite en el texto que es él
quien busca a los nuevos para
interactuar con ideas frescas. ¿Cómo observas tú estas figuras, la del Melero
tótem y la del Melero siempre deseoso de aprender del presente?
A Melero lo buscamos porque sabemos que nada
será igual después. El tipo tiene la lámpara de Aladino. Pero no esperamos que
broten nuevos objetos, sino vérnoslas con nuestros propios miedos a cambiar; o
cómo hacer de nuestras inseguridades un campo fértil para potenciar lo
desconocido. La mejor lección de Melero es como la del maestro zen: el cambio
sólo se da yendo hacia el cambio.
En el inicio del libro
tú declaras sobre Melero: “su música, su presencia y su discurso potenciaron
más debates y escándalos que muchos de sus colegas, proponiéndoselo, no
lograron ni por asomo”. Con eso te refieres a la dimensión política de su obra.
¿Podrías precisar más en qué sentido Melero encara el poder? ¿Según tú, en
dónde aparecen esos debates y esas manifestaciones?
Pienso en el Melero del (Festival) BARock 82,
poniendo en conflicto la idea de qué era ser rockero en ese comienzo de década:
si aceptar el paso del tiempo y las transformaciones que se habían llevado a
cabo -por eso su grupo, Los Encargados, tocaba con máquinas-, o seguir
insistiendo con la fotocopia anacrónica del rockero hippón. Después, acompañando a grupos que apostaban por sonidos
menos establecidos, transformándose en “vocero” de las nuevas tendencias, desde
su incursión en la producción en los años 80 y luego en los 90 a su cuidada trayectoria
solista. Y llevando a Soda Stereo -en su estadía como cuarto integrante- a
redefinir su paleta sonora, rescatando influencias de los años 70 del rock
argentino con “Canción animal” (1990), o inmiscuyéndose en texturas y capas de
sonido novedosas como fue “Dynamo” (1992); corriendo así el límite de lo que se
espera de Soda.
Además, desaprovechar oportunidades comerciales
ha sido una constante en su trayectoria. No hay nada más político que desoír a
las sirenas del vil metal. Discos como “Operación escuchar” (1995), claramente
entroncan con una mirada crítica sobre el mercado, sobre cómo operar en el
mercado. Su lucha con el poder está más vinculada a la microfísica del poder
foucaultiano: inmiscuirse en luchas pequeñas y puntuales, para leer desde allí
algo mayor. En pleno auge de la música electrónica, lanza un disco como “Piano”
(1999), donde caben nada más su voz y el acompañamiento de Diego Vainer en el
piano. Esa indagación en el conflicto es propio de su lugar político en un
universo como el rock, más atento a los eslóganes y los discursos básicos.
El capítulo del libro “Las
piezas del museo” es muy interesante, porque es Melero refiriéndose a los
grandes nombres del rock argentino, criticando a unos y declarándose seguidor
de otros. ¿En donde ubicas a Melero dentro de este panorama? ¿Si no es parte
del museo, en dónde está Melero?
Melero sería la galería de arte chiquita, donde
descubrís los artistas del mañana. Nunca será un museo de cera ni pretenderá
ser una retrospectiva masiva, sino el incunable que espera su lector.
Hacia las últimas
páginas del libro aparece un Melero muy interesado en la ciencia y algo decepcionado
del arte. “El arte, como mecanismo de cambio, está agotado”, sostiene. ¿En qué
medida esa sentencia se puede vincular a su propia obra? ¿Crees que aún se
sostiene Melero como creador o su fuerza provocadora y revolucionaria de fines
de la década pasada ya desapareció?
Lo que me interesa del último Melero es su
desparpajo por incluirse y transmutarse en otros: el trabajo que lleva a cabo
con su grupo de los últimos tiempos, en el vínculo que tiene con Yuliano Acri,
Félix Cristiani y Tomás Barry, por ejemplo, es la de un hombre que desea seguir
investigando y poniendo en conflicto sus certezas. Además, ha logrado
convertirse en un clásico sin necesidad de ser un mármol viviente. Digo, puede
vivir y hacer del error un paso más en el insondable camino hacia la belleza.
El cantante y compositor argentino Félix Cristiani publicó su debut “La vida secreta” en 2007. El disco fue una muestra de pop sencillo y letras memorables que pasó casi inadvertida entre el público local, pese a conseguir el apoyo del sello nacional Quemasucabeza, discográfica que lo editó en Chile. En 2008, Félix se presentó por primera vez en nuestro país como invitado del 1er Festival Solistas en Solitario. Siendo un desconocido entre la mayoría de los asistentes, el argentino defendió sus canciones sólo con una guitarra. Y quebrar el hielo no fue fácil.
—¡Ese concierto fue horrible! –recuerda Félix. Yo no soy un cantautor que sale con guitarra y voz, siempre toqué con banda, que es el formato que me interesa. Me sentí muy en desventaja, porque los otros músicos del festival (Gepe, Chinoy, Nano Stern, Coiffeur) hacían vivos y discos con esa formación. Sin embargo, debo decir que en un sentido fue esclarecedor: me prometí nunca más tocar solo.
Después de casi cuatro años, Félix regresa a Santiago esta semana junto a Los Clavos, su nueva banda compuesta por seis músicos con los que grabó su reciente trabajo: “Continuará” (2011). Producido por Daniel Melero, el disco contiene dos placas: una compuesta por once nuevos cortes y otra de seis canciones que samplean el material del primero. Según el argentino esta es una apuesta más ligada al ruidismo y la experimentación; un pop explosivo y que explora la idea de la obra infinita.
Lo que sorprende de “Continuará” es el sonido. Suena no distinto, sino que opuesto a “La vida secreta”. ¿Qué pasó en estos años que pasaste de un pop sencillo a un disco complejísimo?
- Si hay algo en lo que somos afortunados los artistas es en poder transformar la basura en arte. En los años entre “La Vida Secreta” y “Continuará” tuve una seguidilla de colapsos emocionales que me llevaron a estados de pánico y terror. Recuerdo estar muy fumado tocando la guitarra y sentir que el ventilador se iba a caer y me iba a rebanar la cabeza. Cosas horribles como esa terminaron siendo una gran inspiración. Al final todo tenía que ver con el derrumbe de un estado mental en el que creía poder tener control sobre todo. Y la realidad es una bestia que se impone más allá de tu voluntad. En todo ese ruido vislumbré que había formas de bellezas no hedonistas o gratificantes, como el terror o la violencia, y que eran espacios muy fértiles y no muy usualmente abordados, desde la música sobre todo. Ese fue mi aporte, la composición y todas estas ideas. El resto lo hicieron Los Clavos -combo compuesto por Benjamín Ochoa en el bajo y sintetizador; Damián Cubilla en guitarra acústica; Siro Bercetche en guitarra eléctrica; Chango Serantes y Antü Filardi Sabín en sintetizadores y Luis Herrera en la batería-.
En “Continuará” yo sólo canté. Con Benjamín Ochoa, un socio histórico, nos dimos cuenta que para poder bajar a música estos “conceptos” teníamos que desarrollar un sistema anárquico de producción. Por eso arrancamos a grabar sin que ninguno de los Clavos hubiera escuchado los temas, ni preparado arreglos. Era darle play un par de veces a unas maquetas de guitarra acústica y voz, y que grabaran lo primero que se les ocurriera, sin conocer los acordes ni encargarse de cumplir las funciones que suelen tener los instrumentos. “Quedar expuesto” fue una de las premisas.
Otra de las cosas que sorprende es que tus letras siguen siendo más o menos similares: historias, narraciones sentimentales… En eso se nota cierta continuidad entre ambos trabajos. ¿A la hora de escribir una canción, entonces, es más complicado salirse del lugar común temático (amor, relaciones personales) que cambiar de sonido? Te lo pregunto porque se podría pensar que, finalmente, la canción pop está destinada a cambiar de sonido, pero nunca de temáticas o de usos del lenguaje.
- Creo que la lírica de “Continuará” es distinta a la de “La Vida Secreta”, es más confusa, mística por momentos, pero definitivamente tiene en común esa primera persona que habla de lo que ve. En ese sentido hay una continuación, y es que no es ficcional. Respecto de la canción pop, creo que su cuello de botella, y la gran revolución que tiene que hacer, es justamente el cambio de los usos del leguaje. Es un desafío complejísimo y el motivo por el que muchas veces el pop se queda corto. Creo que el origen del arte fue pop, que es la forma primigenia de manifestación de los hombres -¡la caverna de Lascaux!-, la más importante, y la forma en que se va a extinguir el arte cuando se extinga el hombre. Aclaro que hablo de pop como forma de comunicación, no como género musical o como se lo asocia a formas y usos mediocres o demagógicos. Sin embargo, el lugar en el que se ha trabado es en seguir replicando el uso “testimonial” de esa primera persona. Recomiendo ver en YouTube las entrevistas a John Maus. Muy interesante lo que dice sobre este tema.
¿Las canciones instrumentales del segundo disco de “Continuará”, ya que nacen de las canciones del primero, son ese intento por superar lo que se queda atrapado en la mezcla entre letra y música?
- No son un intento, sino más bien el resultado de la mente disociativa de (Daniel) Melero. No fue algo planeado, sucedió cuando abordó la postproducción de los temas: de cada uno hizo muchísimas versiones, desde más clásicas hasta instrumentales casi irreconocibles. Uno de los tantos tópicos de los que hablábamos era el de la obra infinita, o la obra inconclusa, que es lo mismo. Las grabaciones y el espíritu del disco invitaban a imprimirle esa forma de desarrollo, y por otra parte, hacía rato nos planteábamos las limitaciones de los discursos asertivos. Por otro lado, en ese momento yo estaba bajando de Internet distintas versiones del inédito “Smile” de los Beach Boys. La idea de que cada versión que encontrabas tenía distintos órdenes, distintas mezclas o directamente temas que en otras compilaciones no figuraban, me pareció el logro artístico más alto de su carrera. A Brian Wilson le costó la cordura, pero el supuesto fracaso que significó que “Smile” no se editara lo considero la única manera de concreción que tenía esa obra.
¿Pero las canciones del segundo disco de “Continuará” las compuso Daniel Melero? No me queda claro ese detalle; si es que las compuso o sólo participó en la producción de los dos discos.
- Con Daniel (Melero) nos divertíamos mucho hablando de eso, ni para nosotros era claro si el segundo disco era suyo o de Los Clavos. El material sonoro desde el que se generaron esas piezas son los temas del primer disco, pero como el resultado es tan distinto, es nueva música. Hoy que lo escucho, definitivamente creo que el primer disco es de los Clavos y el segundo de Melero.
Te refieres a “Continuará” como un proyecto que supera al disco tradicional, porque tal como su nombre lo indica, siempre está desarrollándose. ¿Podrías ahondar en eso y explicar cuáles son los diferentes formatos que van dándole extensión a esta obra?
- “Continuará” terminó siendo un disco doble, pero de hecho hay material extra que no está incluido en esta edición porque la hacía demasiado extensa. Hay material como para por lo menos un disco más. Entre las ideas que estamos barajando está la de hacer una suerte de corto, obra audiovisual, no lo sabemos aún. Siro, Chango y Benja son videastas, así que la idea es hacer nosotros mismos la parte visual. Todavía estamos evaluándolo, no es algo que ya esté definido.
También te refieres a “Continuará” como un trabajo más agresivo, no condescendiente. ¿Es esa la finalidad de tu música o crees que es fruto de la circunstancia de este disco en particular?
- Creo que se hace camino al andar, y que el siguiente paso que vayas a dar va a estar determinado por el anterior. En ese sentido no creo en una finalidad puntual, sino en el desarrollo de una carrera o una obra que tenga que ver con la diversidad.
¿Identificas esa misma característica de tu disco en otras propuestas actuales de Argentina?
-En los últimos cinco años la Argentina se plagó de cantautores que van detrás de un sonido acústico, bello, armonioso y la verdad lo encuentro muy limitado y poco inspirador. ¡En realidad fue una inspiración para hacer todo lo contrario! Yo me considero un compositor que canta sus temas, en ese sentido podría entrar en la categoría de cantautor, pero no me interesa en lo más mínimo la escena porteña de los cantautores. En lo concreto, estoy más en comunión con bandas como Nairobi, Las Kellies, Victoria Mil, Azur, Diosque, Betty Confetti, Maniac Mantu. Hay un artista tucumano, Bruno Masino, que le ha encontrado una buena vuelta a la canción. De todas maneras, no creo que lo agresivo o poco condescendiente sea una línea “política”, por llamarlo de alguna manera, sino el paso que sentí que tenía que dar en este contexto musical y en relación con “La Vida Secreta”. Hace poco vi una entrevista de R. Stevie Moore en la que decía que la única guerra que luchaba era la guerra contra la mediocridad. Suscribo 100% a esta idea, creo que esa es la única política que me interesa.
¿Cómo fue trabajar con Los Clavos en este disco? ¿Prefieres ese proceso más colectivo o te es más sencillo trabajar solo?
- Los Clavos funcionan de una manera radicalmente opuesta a la mía. Mis procesos de creación son de decantación muy lenta, básicamente tardan el tiempo en que mis ideas se trasladan a mi cuerpo para poder materializarlas. La parte de composición siempre la vivo en solitario, y a la hora de hacer los temas de “Continuará”, me encontré con que mi manera de bajar ese material era bastante rústico y desordenado. En definitiva ese resultado me indicaba que el proceder tenía que ser opuesto a mi sistema anterior de control y minuciosidad. Las grabaciones se hicieron en lo de Benjamín (Ochoa), con este sistema en el que la batería era lo último que se iba a grabar. Yo produje unos cuantos discos y siempre encontré que el sistema clásico de grabar primero la base demoraba la urgencia instintiva de descargar en el acto lo primero que venía a la mente.
Por eso el procedimiento fue que el que primero quisiera grabar, lo hacía. En ese contexto descontracturado, lo que cada uno depositaba en los tracks era mucho más el resultado de una inspiración lúdica y divertida que detenerse a pensar que era lo que “convenía” o servía para que la música se pudiera sostener. Como si la música debiera sostenerse; ¡también es buenísimo que se desbarranque! Los Clavos son básicamente el grupo más cercano de amigos, y en realidad son más artistas que músicos. Su hábitat natural es el desorden y claramente como banda lo que correspondía era seguir el flow de la tropa. Cuando todos estábamos suficientemente borrachos, fumados o excitados, se prendía el botón rec. Definitivamente la creación colectiva supera a la del solista.
¿Cómo trabajas junto a Los Clavos las canciones de “Continuará” en vivo?
- Los Clavos somos más una orquesta eléctrica que una banda de rock. Nuestros shows tienen algo de conjura mística, de milagro y de catástrofe. Somos físicos y arbitrarios a la hora de tocar, en ese sentido estamos mucho más próximos a los modos del noise que a los de la canción. Ese fue nuestro desafío y en eso estamos avanzando, hacemos canciones pero no las interpretamos como tales. Así, muchas veces llegamos a la deformidad. Eso sí, siempre bajo el aura universal del pop.
¿Y cómo es trabajar con Daniel Melero, considerando que además tú eres músico en su banda?
- Hacer música con Daniel es un súper lujo, siempre espera del arte lo mejor de lo mejor, como si fuera una conquista que siempre se puede ganar, y que se tiene que ganar para satisfacción personal. Eso es crucial. El centro de un artista siempre debe ser él mismo, nunca el afuera. Respecto de sus procedimientos, podría decir que su fuerte es sembrar la confusión, eso estaba muy en sintonía con el modus operandi de Los Clavos y por eso todo terminó en un disco doble compartido. Sin dudas Melero es mi influencia más fuerte, pero no en un sentido musical. Si bien los dos hacemos canciones, nuestra música no tiene mucho que ver. La marca que dejó en mí es mucho más global, como ser, los “principios” para construir una obra y una carrera.
Violeta Castillo es mitad argentina, mitad chilena y sus
discos también son dos mitades: “Uno” y “Otro” se titulan los epés que editó a
principios de año y que presentará esta semana en Santiago, en dos fechas junto
a Moreno y Dadalú.
Aprovechando esta visita, conversamos con la cantante para
conocer más sobre los orígenes de su trabajo, sus gustos por Gilda y la música
chilena actual, además de cómo se vive por estos días la canción pop al otro
lado de la cordillera.
Durante el verano de este año, Violeta Castillo (1989) viajó
desde Buenos Aires hasta Tucumán –localidad ubicada al noroeste de Argentina-
para grabar sus canciones en el sello Yoconvoz. Fue allí donde la cantante
terminó los epés “Uno” y “Otro”, los dos discos que estará presentando en Chile
durante esta semana y con los que consagró su gusto por la canción pop, simple
y breve, y con los que también completó su recorrido por distintos escenarios
trasandinos.
“Empecé a componer bajo mi propio nombre en 2009, después de
disolver mi primera banda que se llamaba Castillo Violeta”, recuerda la
cantante. “Paralelamente tocaba en Angélica y Tomás, un dúo de covers de hits
de radio FM versionados en guitarra y voz, mucho más descontracturado y
pasional. Hacíamos temas que todo el mundo conoce como “Fuego de noche, nieve
de día” de Ricky Martin, “Suave” de Luis Miguel, una lista interminable de
cumbias románticas y muchas canciones de Gilda”, añade.
Has dicho que la versión de “Tu cárcel” de Gilda te inspiró
para “Mi cárcel”, el tema que aparece en tu Ep “Otro”. Es una gran referencia y
lamentablemente en Chile sabemos muy poco de Gilda. ¿Por qué crees que ese tipo
de música te inspira o te motiva a trabajar en tus canciones? ¿Qué otras
influencias de la música latinoamericana distingues en tu trabajo?
—Gilda es una cosa increíble de linda, por lo festivo y lo
profundo que puede ser al mismo tiempo su voz tan dulce y tan potente. Sus
canciones son un clásico de los casamientos o festejos de año nuevo, es música
para bailar y hacer trencito, pero sacándoles todo el chingui-chingui de la
cumbia, lo que queda son tremendas canciones de amor. En mis épocas de
secundaria también escuchaba mucho a Silvio Rodríguez, Charly García, Fito Páez
o Spinetta. Otra influencia importante para mi es Babasónicos. Creo que es la
mejor banda de Argentina, siempre se renuevan y siempre se superan, los amo,
son los verdaderos rockeros.
Sin embargo, aunque reconoce que no ha olvidado esas
influencias, Violeta Castillo siente su música más cercana a proyectos
argentinos más recientes como Diosque, Leo García, Lucas Martí y Rosario
Bléfari. De esta última, Violeta Castillo fue alumna en los talleres de
escritura de canciones que dictaba la ex líder de Suárez. “La canción “Bolsillo
Secreto” –que aparece en “Uno”- salió de un cuaderno del taller. Y hubo otras
que no prosperaron, pero uno nunca sabe, a veces las canciones reviven;
canciones zombies podemos decirles. Rosario Bléfari me enseñó que de cualquier
cosa puede salir una canción”.
Pensando que tu padre es chileno y que viviste en Chile
cuando eras niña, me imagino que en más de alguna ocasión han relacionado tu
nombre Violeta con Violeta Parra. ¿Qué opinas de ella? ¿Es alguien importante
en tu música o no forma parte de tus referencias?
—Mis padres me pusieron Violeta un poco por Violeta Parra y
otro poco por el color y la flor; mi mamá es artista plástica y mi papá es
músico, o sea, muy poético todo. Pero lo cierto es que no me introduje mucho en
su obra. Éste año o el año pasado encontré un vinilo suyo y lo escuché una par
de veces de cada lado, me resultó muy crudo el sonido en general y su voz, en
particular, me emocionó en ese momento, creo que hasta lloré, pero no la retomé
luego.
¿Hay algo en la música popular chilena que crees que te haya
influenciado particularmente o miras con lejanía a los artistas de acá?
—En mi casa sonaba mucho Illapu cuando era chica, aún hoy me
emociona escucharlos. Pero lo que más me influencia de Chile hoy por hoy son
mis contemporáneos: Javiera Mena, Gepe, a quien tuve la suerte de telonear acá
después de haberlo escuchado sin parar en Tucumán durante la grabación de los
discos; también Fakuta y Dadalú, son buenísimos todos, cada uno en lo suyo y me
deslumbra la manera en que crecen a pasos agigantados.
Es evidente que Violeta Castillo llega a Chile en un momento
particularmente atractivo en cuanto a la cantidad de músicos nacionales que
están sonando. No obstante, es imposible no saber su opinión sobre lo que está
pasando en las calles del país, con los estudiantes secundarios y
universitarios como la cara más visible de los problemas sociales.
—Aplaudo a los estudiantes y a los nuevos músicos chilenos
que tienen todo tan claro. Si bien es a otra escala el crecimiento, y no sé si
está relacionado en algún punto con lo musical, lo que pasa en éste momento con
los estudiantes también lo veo como una explosión. Los estudiantes están
decididos y se mueven bien, se los ve organizados y juntos, que es lo más
importante en una lucha. Y en un punto admiro mucho eso de los jóvenes
chilenos, que se puedan organizar tan bien e ir para adelante, focalizar, como
dice Javiera (Mena) en “Esquemas juveniles”.
¿Cómo nació tu sintonía actual con Chile? Cuéntame un poco
como ves a la gente con la que vas a tocar, como Dadalú o Moreno, o quizás de
otros como Fakuta a quien le has dedicado muy buenos comentarios por Facebook.
¿Te llaman la atención las nuevas bandas de acá?
—Con Dada (Dadalú) empezamos a chatear hace un tiempo, hará
un año más o menos y de entrada pegamos muy buena onda, contándonos cosas,
comparando los momentos de cada país y siempre pensando en cuando nos
conociéramos y pudiéramos compartir escenario, y ahora se está dando, así que
estoy muy contenta porque me encanta su estilo, me parece muy divertida. A
Fakuta la conocí hace poco, no me había hecho el tiempo de escucharla, y ahora
que sacó su disco, “Al vuelo”, estoy fascinada con ella, me parece tan fino lo
que hace, y además es genial cómo se presenta en vivo, soy una fan de Fakuta.
Leí que tus primeras tocatas fueron en la zona oeste de
Buenos Aires. De esos lados han viajado a Chile cantantes como Coiffeur y Aldo Benítez. ¿Qué crees que tiene ese sector que genera este tipo de artistas o
cómo te influenció relacionarte con ese lado de la ciudad? Pienso un poco en
cómo influyen los barrios en la creación de tus canciones.
—El Oeste tiene una magia especial, es cierto, a mí me
atrapó mucho cuando empecé a moverme por allá. También hay algo fundamental, y
es que es muy difícil e incómodo llegar y también volver del Oeste. Hay un tren
que funciona cada vez peor y en hora de punta es imposible viajar sin querer
prender fuego a todos los vagones, entonces estoy casi segura de que eso hace
que si estás allá quieras quedarte días con tal de no tomar el tren. Ahí es
donde uno empieza a juntarse por el barrio y salen los proyectos. Y además es
muy linda la zona, de casas bajas, mucho verde y bicicleta, así bien
inspirador.
Cuando esos músicos viajan a Chile siempre sale el tema de
lo difícil que es tocar en Buenos Aires, porque no hay lugares, porque los
lugares no están bien habilitados, porque el gobierno de la ciudad después del
accidente en Cromañón comenzó a cerrarlos. ¿Cómo ves ese tema?
—Ese es un tema complicado. Es cierto que hay pocos lugares
para tocar, o que no reúnen las condiciones necesarias para tocar con toda la
banda, o que no se pueden anunciar mucho porque funcionan de manera
clandestina, o son demasiado grandes para la cantidad de gente que una convoca,
o que tienen un arreglo poco favorable para los músicos y siempre se termina
perdiendo plata, etc. A mí me afecta particularmente en cuanto al formato, pero
eso también puede verse como una ventaja. A veces no se puede tocar con banda
por la batería, entonces, preparo un formato acústico y siempre es lindo
juntarse con amigos a reversionar los temas y tocar para gente nueva. Pero
también es dispersante y estresante, porque de pronto estoy ensayando
paralelamente con tres formatos distintos. Es ambiguo de acuerdo a cómo se lo vea. Por supuesto,
también afecta al desarrollo de una escena, porque es todo muy a pulmón y
siempre se corre el riesgo de quedarse frustrado en el camino o terminar
tocando siempre para los mismos cinco amigos. Uno se pregunta si es de verdad
lo que quiere hacer cuando no es del todo disfrutable. Ganar cero plata
significa tener que trabajar en algo que quizás no tiene nada que ver con la
música y tener menos tiempo para organizar cosas que rindan y que sean lindas,
que a la gente le den ganas de ir, de pagar la entrada y, sobre todo, de
volver, que se vaya convirtiendo en el público que te sigue. Así que es complicado,
pero se puede, seguro que se puede. Por ejemplo, Él mató a un policía
motorizado es una banda que empezó tocando para 20 personas hace cinco o seis
años y hoy llena lugares para 400 o más. Y lo lograron con trabajo y
dedicación, o sea que no es imposible.
Podrías contarnos un poco también de las cosas que están
pasando en Tucumán, y el sello que te grabó, Yoconvoz. Diosque que ha tocado
varias veces en Chile es de allá, también Federico Carlorosi que ha viajado con
Los Labios y Klemm a Chile ¿Qué otras bandas recomendarías?
—YoConVoz es una fábrica de canciones directamente. Grabar
con ellos fue lo mejor que me pudo pasar por cómo se involucraron en cada una
de las canciones, cómo las reinterpretaron y, sobre todo, con qué fluidez se
dieron las cosas. Además, los tiempos en Tucumán son muy distintos a los de
Buenos Aires. Es otro ritmo, más atemporal. Recomiendo a todas las bandas del
sello, empezando por Monoambiente, el padre o hermano mayor de todo lo demás,
Luciana Tagliapietra, Michael Stuar, Maximiliano Farber, Bruno Masino, y
también Posavasos. Tucumán es la provincia de la canción pop, es lo que mejor
saben hacer: grabar canciones.
La grabadora registra, se proponen algunos temas, pero la entrevista la hacen ellos. Son el chileno Javier Barríay el argentino Marcelo Ezquiaga, voces que durante la semana pasada volvieron a girar por Chile, compartiendo fechas en Santiago, Talca y Chillán. El primero aporta la guitarra y el repertorio de “El diminutivo del frío”, su quinceavo disco, mientras que el segundo se hace cargo del piano y las nuevas composiciones de “Hombre Golpe”, su último trabajo. Juntos se potencian en sus presentaciones en vivo, comparten las canciones y colaboran para mantener la música en la ruta.
“La primera fecha juntos la hicimos en Buenos Aires a fines de 2009. Ya ha pasado un año y medio”, recuerda Javier Barría. “Después siguió en Chile, pero con el tema del terremoto tuvimos que esperar, pero vine igual. Luego, continuamos en Argentina, cuando le pusimos el nombre de Gira Trasandina. ¡Hicimos 13 fechas en 20 días!” agrega Marcelo Ezquiaga.
- ¿Cómo recuerdan este tiempo de colaboración y de comunicación sobre todo?
Marcelo: Cuando escucho un tema de Javier me recuerdo de toda la gira anterior y es bastante inspirador. Se trata de aprender cómo trabaja él la composición, porque cuando conoces las canciones te vas metiendo adentro.
Javier: Sí, ambos nos mostramos mutuamente los demos y los avances de nuestros discos nuevos, incluso sin letra.
- ¿Cómo fue ese traspaso, ese compartir opiniones?
Javier: Es que Marcelo me dio muy buenas recomendaciones en cuanto a sonido, porque estaba haciendo solo la mezcla de “El diminutivo del frío”. Después yo le sugerí unas guitarras para su disco y le dije un tema que me gustaba mucho, pero que no quedó en el disco. Ese nivel de confianza, compartiendo los demos, que es algo que no hago con muchos amigos músicos. Soy súper receloso con las canciones antes de terminarlas.
Marcelo: En mi caso también, pero aparte de eso, lo que está bueno de todo esto es meter un poco de bulla en el país de al lado, porque es una posibilidad de tocar más. Que sea Javier con quien comparta las fechas me sirve para darme cuenta de que él es un músico muy respetado acá, que no es cualquiera. Trato de cumplir ese papel también cuando Javier viaja a Argentina.
- Eso de estar siempre viajando, el estar constantemente en gira, qué significa para ustedes en el proceso de creación.
Javier: Para mí es muy importante porque es mi trabajo, sin eso no puedo sostener mi vida. Y también es un modo de mantener vivas las canciones. Así estoy todo el rato ensayando y las canciones van mutando. Me pasa con los temas nuevos, que siempre tienen un proceso de maduración antes de ser grabados. Eso depende de la cantidad de veces que fueron tocados en vivo.
Marcelo: Sí, pienso que cuando uno está muy quieto la historia se escribe un poco sola, pero cuando se está en movimiento la historia la escribe uno. Tocar implica mucho movimiento: comer a deshoras o cuando hay hambre básicamente, ir conociendo mucha gente todos los días. Por ahí haces una relación muy intensa con alguien en solo un día y después ya te despedís y fue increíble.
Javier: Claro, se arman redes súper potentes, algo medio comunitario. Además viajar, en mi caso, sirve para dejar de pensar que todo pasa en Santiago, en la capital. Mi idea es estar recorriendo lo más posible, para aportar a que pasen más cosas en las otras ciudades.
Marcelo: Además, tengo la sensación de que durante estos días que estuve viajando escribí más historia propia de todo lo que va del año. Tengo la sensación de que es activa la escritura, no sé…Es una parte de la forma de vida que me parece muy importante, estimula la parte nómade y eso me parece re lindo.
Javier: Sí, eso del nomadismo es cierto. Mucha de las cosas que escribo tienen que ver con la nostalgia y la nostalgia nace de estar cambiándose constantemente de lugar, de moverse de sitio y extrañar. El estar viajando estimula escribir.
Marcelo: Yo de hecho el último disco lo escribí casi la mitad inspirado en los viajes. Por ejemplo, el arte de tapa es de un chico tucumano que lo conocí en la gira. En general, fue bastante inspirador el tema de estar de allá para acá. En fin, es importante, porque la vida cotidiana es linda, pero también es un poco acogedora, en cambio el viaje es a la que venga. Es una prueba personal.
Javier: Pero a diferencia de Marcelo, no me resulta mucho hacer música en los viajes. Siempre estoy conociendo gente, leyendo, escuchando música en el bus, entonces, como que no hay espacios para agarrar la guitarra. No es muy real ese mito de estar girando y llegar al hotel para escribir. De hecho, en mi caso no sé si me he quedado en un hotel alguna vez... Más que nada aparecen frasecitas y apunto ideas.
Marcelo: Claro, pero me pasa que cuando vienen las ideas necesito registrarlas, no quiero esperar. Si espero, se enfría. Por ahí me pasa que estimular la lírica y la musicalidad me resulta muy importante, entonces, a veces, la primera canción es como un panquete, que no sale bien del todo, pero haces dos y el tercero ya tiene linda forma.
Javier: En mi último disco hay un tema que hice así, en viaje. Se llama “Paisito”, que la hice en Uruguay. Tenía un poco la letra desde antes y ‘paisito’ es como le dicen los uruguayos al país, entonces era muy del lugar. Es como una postal del viaje.
- Me imagino que mucho de estos viajes son armados por su cuenta. Ustedes que viven en eso, cómo lo ven, cuáles son los pros y los contras de estar en la autogestión constante.
Marcelo: Digamos que cada vez le encuentro menos contras. Lo que sí cuando tengo una fecha grande trato de hacerla con una producción. La autogestión tiene una cuestión de relación más cercana con todo, con la gente del lugar, el vender los discos yo mismos, como acá en Chile en una plaza, que fue como estar en un pueblo donde la gente se acercaba a escuchar al forastero. Sin embargo, cuando trabajo con otra gente que participa también lo disfruto mucho, porque potenciamos las fuerzas.
Javier: El primer contra que le veo es que me quita tiempo para hacer música. Lo he notado en una baja en la producción musical, sobre todo desde el 2009 hasta ahora. Eso si lo comparo cuando era más chico y me pasaba todo el día grabando en mi casa, cuando era súper obsesivo. Pero cuando esto empezó a convertirse en un trabajo, todo se transformó un poco en una oficina: en la mañana hago de manager y en la tarde de músico, grabando y ensayando.
- Otra cosa que los enlaza es que además de girar y sacar discos, es que sus trabajos los dejan en Internet. Cómo ven ustedes todas estas distintas experiencias musicales y cómo creen que se van enlazando.
Javier: Desde que supe cómo subir mp3 a Intenet, siempre tuve la idea o la intuición de que el día de mañana la música iba a perder ese valor del objeto físico. Hay gente que lo entendió más lento. Incluso me molestó cuando renunció Denisse Malebrán a la SCD, porque al hacerlo validó todo lo que hacíamos nosotros hace años, cuando antes fuimos súper discriminados por compartir la música gratis. Ha sido bien chocante que después de tantos años ahora sea cool y choro subir tu disco, que la cuestión se transforme en el estándar. Mi política es bájalo, regálalo, compártelo, pero si te nace retribuir eso creo que basta con ir a los conciertos, que nunca van a ser gratis. Con eso soy súper tajante, porque mi trabajo es tocar en vivo. Algunos lo han entendido así otros no tanto. A veces me topo con comentarios “oye, pero por qué tan caro”, y es como hueon, estoy trabajando…
Marcelo: Por mi parte, nunca hago mucho hincapié en que se bajen o no los discos. Confío más en la libertad de Internet. Es como lo que decía Javier, que es si te gusta algo, subsídialo. Ahora acabo de sacar “Hombre Golpe” por Club del Disco, que es algo medio fetiche. El disco físico tiene eso de la relación táctil, entre uno y el público. Eso está bueno, me gusta.
Javier: Es verdad eso de lo táctil, cuesta pensar que se pueda acabar.
Marcelo: Sí, es lindo que llegue alguien y te diga que quiere tu disco.
Javier: Además la manera más sencilla siempre es ir a ver el trabajo en vivo, porque yo podría pasarme toda la vida grabando y no tocar nunca, pero hay toda una idea de tocar, de hacer vivir la música.
Marcelo: Al final se fortaleció el vivo, ¿no?
Javier: Sí, el otro día leía una entrevista a Ryüichi Sakamoto, que es un pianista japonés que decía que la música antes de ser grababa solo era en vivo. En el fondo esto es un regreso a eso.
Marcelo: Claro, también me acuerdo que leí una nota que hablaba que antes del siglo XX, la música era experiencia y que después pasó a ser objeto. Eso es un contraste muy grande.
- Y en ese sentido, para qué hacer un disco nuevo. Marcelo tiene experiencia previa con Mi tortuga Montreux y ahora dos discos como solista. Javier ya va por su disco número quince. ¿Qué los motiva a hacer un disco de nuevo, teniendo en cuenta que este es su trabajo y que el mercado de la música es complejo?
Javier: Nunca es por plata, porque nunca he recibido plata por los discos. Quizás un poco con el “Introducción a la Geometría” que está registrado en la SCD. En realidad, yo lo veo por documentar un período en un objeto, tanto tangible como intangible. Además soy un amante de los discos. Me gusta que cada disco tenga una identidad, una cosa propia y que los diferencie de todos los anteriores. Eso me motiva y creo que la época es súper propicia, porque si la gente te sigue por Internet se puede anunciar la fecha en que algo se va a publicar o liberar, entonces se genera una espera y eso es bacán. Espero a fines de este año tener otro disco y hacer el mismo ritual: mostrar las canciones, mostrar la carátula, anunciar cuándo se sube…
Marcelo: En mi caso creo que nací con la idea de obra y con esa especie de mandato de clase, que no es ni de baja ni de alta, sino que es un pobre mandato de clase media, que es trascender. Ambas cosas me llevan a hacer un disco. En realidad, si lo pienso un poco, el resto no va a percibir lo que yo estoy pensando, pero yo lo transmito desde ese modo, dejando un pequeño legado. Es una visión temporal del mundo o mejor dicho, una invención temporal del mundo. Después puede pasar lo que sea, pero ya lo dije, ya lo tiré. Tiene que ver con algo de salubridad mental también.
Javier: Complementando eso, yo empecé a hacer discos sin esperar nada, onda en 1998, grabando casettes, onda Daniel Johnston, con pésimo sonido, pero con carátula, orden de los temas y todo eso. Era algo natural, pero de repente me vi con que estaban bajando mis discos, escuchándolos, haciendo un lanzamiento en Sala Master. Es seguir creando la historia que está hecha de discos.
- Las dos ideas tienen en común eso de trascender con el tiempo. ¿Cómo entra el pop en eso, que es justamente un estilo que los dos están explotando mucho en sus últimos discos?
Marcelo: Lo dije acá en una de las fechas: está la corriente, la contracorriente y la propia corriente. Lo que genera el pop es eso, el no plegarse a algo. Está cada vez más vapuleando, pero no es solo un género.
Javier: Tengo reparos al hablar de eso. El pop es algo súper amplio, que engloba la literatura, el cine. Es muy difuso hablar de música pop. He leído cosas tan absurdas como que antes en Chile era peyorativo el pop y que ahora es lo más bacán del mundo… Creo que el pop engloba más que la base electrónica o si hay o no guitarra eléctrica.
Marcelo: Claro, además antes lo que no era pop era underground, pero cuando se vuelve muy famoso en qué lugar se sitúa.
Javier: La frontera es muy difusa, sobre todo en esta época que es muy de mezclar, de híbridos y de revisitar. Pero claro, uno se da cuenta que gracias al paso del tiempo hay una obra, algo que habla de uno. Me interesa dejar una coherencia, una identidad y una estética clara. La inquietud de experimentar siempre va a estar, sobre todo con las letras. Es lo que espero de gente como Bowie, que ha creado una obra ultra bacán o como Caetano Veloso que sigue sorprendiendo. Toda esa gente me inspira a pensar en un futuro que nunca pierde la inquietud y que sigue llamando la atención. Espero nunca caer en la flojera.
Marcelo: Sí, también lo pienso como algo iconoclasta. Con el pop se puede alumbrar donde a la masa le cuesta, siempre con la búsqueda. Es algo re lindo. Es como pensar en Andy Warhol, que cuando lo pienso, pienso en una atmosfera, que te traga, te chupa, y esa atmosfera la desarrolla un artista con años. A menos que seas Nick Drake…
- En ese sentido, cómo se observan mutuamente. Qué opina Javier Barría de Marcelo Ezquiaga y viceversa.
Marcelo: Justamente tiene que ver con lo de antes. Creo que hay una atmosfera en lo que hace Javier. Hay canciones que tocamos juntos, que son de él, y que ya me hacen recordar mi visita a Chile del año pasado. Él ofició de banda de sonido. Además, como toco en los temas, puedo entrar y ver la composición y eso en su momento pudo hacer que se rompiera la burbuja, pero pasó lo contrario.
Javier: Me acuerdo que en las primeras escuchas de las canciones de Marcelo pensaba en qué mierda está haciendo, qué armonías eran estas, porque él es bien complejo en sus ritmos. Eso tiene que ver con su formación pianística. Después nos conocimos y fue más sencillo. Lo otro que admiro es su parte letrística, que me parece que Marcelo tiene una facilidad enorme para escribir. ¿O no?
Marcelo: No, no…
Javier: Lo pienso porque a mí me cuesta mucho escribir, soy muy de pulir las letras. Entonces, al escuchar sus letras siento que logra una fusión con la música súper particular, una amalgama particular que da la sensación de que es muy fluido. Ahora él dice que no, pero esa es la impresión que me da. Lo otro, claro, es que encontré una hermandad en la forma de trabajar, en las historias, una cosa muy similar, pese a que estamos en lugares lejanos y distintos. Eso influyó en la buena onda para tocar, que es como lo que dicen en Argentina: venir del mismo palo.
Marcelo: Me pasó algo con este último disco de Javier que tiene que ver con que yo soy medio megalómano: escucho una canción y le encuentro sentido, y pienso que es universal, no pienso que es un sentido solo para mí. Es doblemente fuerte porque lo ajeno es lo lejano al ego, y encontrarle sentido a una canción es potente. Eso te hace aprender mucho, porque por ejemplo lo que dice Javier de las letras yo lo pienso de él, que las letras son súper fluidas y que las mías no…Pero bueno, creo que no se da con cualquier persona, los dos somos de escuchar música, somos obsesivos en el trabajo, en la grabación, en las masterizaciones…
Javier: ¿Tú cuántas masterizaciones hiciste del último disco?
Marcelo: Tengo la versión oficial y una versión post…
Javier: ¿Te gustó más la post?
Marcelo: ¡Sí!
Javier: ¡En serio! ¡Yo hice trece versiones del mío!
- Después de todo, ¿Se ven haciendo un disco juntos?
Javier: Se tiene que dar espontáneamente. Si un día grabo una canción y pienso que tiene que tocar piano Marcelo, es probable que la podamos complementar.
Marcelo: En mi último disco no quedaron guitarras, pero pensaba que si Javier hubiese estado en Argentina me gustaría haber tenido su opinión, pero no solo como guitarrista, que es casi rebajarlo. No lo veo simplemente como eso. Ahora, por una cuestión de cariño me gustaría tener grabado lo que hacemos hoy, para que de aquí a diez años podamos decir ché, mirá cómo sonaba “La conexión” o “La misma madera” ¡que las hicimos como 25 veces en vivo!
Javier: Siempre está la idea.
Marcelo: Tiene que ser muy particular algo para grabar a distancia. En ese sentido, me gusta algo que tiene Chile que es como una especie de porcentaje de la Argentina…
Javier: ¡Pero cómo!
Marcelo: Me refiero a que es como un país muy parecido. Compartimos cosas buenas y malas. Por ejemplo, el tema que los chilenos sean ordenados es algo bueno y malo y que en Argentina sean tan desordenados es algo bueno y malo también.
Javier: A Chile le falta rock…
Marcelo: Y por ahí a Argentina le sobra demagogia, ¿entendes?, por eso te digo, es un lindo complemento. No veo lejano a Chile, lo veo cerca.
El Mapa fue un programa radial universitario entre 2006 y 2009. Actualmente, en este humilde blog se publican críticas de música popular chilena y algunas entrevistas. Contacto: elmaparadio (a) gmail.com Twitter: el_mapa