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domingo, abril 19, 2015

Hidrogenesse: “La música pop no está pensada para que la hiciera gente mayor”

Carlos Ballesteros / Genís Segarra: Hidrogenesse.

Carlos Ballesteros: voz. Genís Segarra: máquinas. Juntos son Hidrogenesse, dúo barcelonés que por primera vez visitará Sudamérica durante abril y mayo para promocionar su último y quinto largaduración: “Roma”. Gracias a este disco, Hidrogensse ha logrado madurar una estética única, marcada por un discurso lúdico y sonido de electrónica pop, ya desarrollado en piezas imprescindibles como “Un dígito binario dudoso” (2012) –el aplaudido homenaje a Alan Turing años antes del biopic “El Código Enigma”-, “Bestiola” (2008), “Animalitos” (2007) y “Gimnàstica Passiva” (2002). Como dupla, además, son responsables de mantener en pie una de las leyendas discográficas de la música en español: el sello Austrohúngaro, editorial detrás de bandas como Chico y Chica, Espanto o los primeros Astrud.

Según Carlos y Genís, fue la invitación que recibieron de Chile –a participar de la primera versión del Santiago Pop Fest- la que desencadenó una serie de fechas en Perú, Argentina y Uruguay, la mayoría autogestionadas. “Hemos aprendido que si queremos ir a América no hay que esperar. Tampoco basta con aceptar propuestas más realistas. Tienes que buscarte tú las oportunidades, provocarlas. O sea que nuestra gira es en parte por una invitación, y en parte por iniciativa propia, para provocar nuevas invitaciones y propuestas. Ahora estamos ya planeando una segunda parte de esta gira latinoamericana para otoño e invierno”, anuncian a horas de cruzar el Atlántico.

Sobre los shows en Chile y los países vecinos, la pareja adelanta que serán conciertos muy eclécticos. “Siempre incluimos canciones de todos nuestros discos en el repertorio. De las más viejas a las más nuevas, aunque estarán más centradas en “Roma”, porque nos hacen más ilusión estas canciones ahora. Hemos estado ensayando alguna que últimamente no estamos tocando en España, pero no sabemos si acertaremos. Ya hemos visto en redes sociales que algunos quieren “Hidroboy”, y esa no. Esa canción no está metida en el secuenciador, y el secuenciador está ya metido en la maleta, y la maleta cerrada” aclaran a los fanáticos.

¿Cómo ha sido la trastienda de esta gira en términos de financiamiento y desarrollo? Organizar un viaje de este tipo nunca debe ser muy sencillo…

Nuestra política ahora mismo, desde hace unos años, es decir que sí a todo. Hay que confiar en los promotores, ya que ellos se encargarán de financiar los transportes. Luego ya se organiza todo lo demás: alguien tiene que acoger a nuestro gato y procurarle los cuidados que su avanzada edad requiere; hay que comprar nuevos instrumentos, más pequeños, que nos permitan viajar a tantos lugares siendo solamente dos personas arrastrando maletas; también hay que dejar todo listo en Barcelona para no encontrarnos con un caos al volver.

Durante el viaje les tocará compartir escenario con bandas como Diosque, Dani Umpi o Fakuta, que toca el mismo día que ustedes en Santiago. ¿Conocían los solistas con los que compartirán fechas o han sido descubrimientos para ustedes?

Conocemos a Diosque desde el disco anterior a “Constante”, curiosamente por su edición peruana, y a Dani Umpi y a Fakuta también les hemos oído, y a los 107 Faunos, que tocarán en Buenos Aires con nosotros, los conocimos en persona en Barcelona hace un par de años. O sea que sí, les conocíamos a todos los que mencionas. De Chile conocemos a Gepe, Javiera Mena o a Alex Anwandter. “Hambre”, “La Joya” o “¿Cómo puedes vivir contigo mismo?” son canciones chilenas que nos encantan. Ah, y Dënver también tienen público y canciones conocidas en España, al menos a un nivel underground. En general, nos parece que los artistas chilenos tienen muy poca vergüenza. Eso es algo que nos da envidia a nosotros, artistas europeos llenos de manías.

Vienen a presentar “Roma”, un disco que han explicado como la obra en la que estaban trabajando antes del disco en homenaje a Alan Turing. Han dicho que es un disco que estaba casi terminado y que luego retomaron para finalizarlo. ¿Se les pasó por la cabeza la posibilidad de no publicar “Roma”?

Somos muy poco prolíficos. No nos podemos permitir tirar a la basura cosas que ya tenemos medio hechas. Además, todo lo que hacemos es muy importante para nosotros. Cada canción. No se nos pasaría por la cabeza nunca algo así. Ahora estamos “a cero” y te aseguramos que es mucho mejor tener cosas ya empezadas, ¡tener pasado es tener futuro!

Han descrito que el disco homenaje a Alan Turing contó con una “exagerada acogida”. ¿Tanto les sorprendió la ola de buenos comentarios? ¿Cómo vivieron esa etapa en la que al parecer mucha gente descubría “el potencial” de ustedes como banda y creadores?

Pues sin problemas psicológicos, porque nos pilló ya creciditos. Ya sabemos lo relativo que es todo esto, que ahora eres guay, pero ahora ya no, y luego te redescubren, o dicen que “has vuelto”…

No sólo en “Roma”, sino que de todos sus discos y los discos que edita Austrohúngaro, se desprende un tono muy distintivo, particular, que se puede interpretar muy lúdico. ¿Son conscientes de ese “sello austrohúngaro” (que a esta altura ya es un estilo y casi una escuela)?

Cuando grabamos en 1997 las canciones del recopilatorio “Lujo y Miseria” ya había una intención de crear una familia, un algo común de varios grupos, varias personas. Hay quien piensa que el nexo común de lo austrohúngaro es un estilo, o un sonido, pero se equivocan. No nos importa lo más mínimo el estilo. Lo que tenemos en común es algo más de base, ideológico si quieres. Tomarse muy en serio lo lúdico, y todo lo demás muy a broma. No tomarle el pelo a la gente. No apuntarse a las modas, aunque te sienten bien o incluso aunque te gusten. Cosas así, básicas.

¿Qué tan importante es para ustedes el humor, el juego, o la ironía a la hora de continuar creando o haciendo canciones?

No entendemos lo que hacemos sin humor. Preferimos que haya humor en todo lo que nos gusta: cine, música, libros. Puede ser un humor muy fino o muy grueso, ser lo principal en la obra, o estar ahí de fondo. Da igual. Lo que no entendemos son las cosas 100% serias, de gente que se toma a sí mismo tan en serio, porque todos nos reímos en algún momento, siempre hay risa en algún lugar de nuestras vidas, y la gente que no deja que eso se vea en sus obras nos parece, como mínimo, sospechosa.

El tiempo, y en especial el futuro son temas centrales en “Roma” ¿Cómo se toman ustedes el paso del tiempo, el envejecer y al mismo ver que el mundo está cada vez más obsesionado con “lo último”?
Nos encanta el paso del tiempo, nos encanta que el tiempo pase, y el efecto que causa en las cosas. Es curioso que un objeto se torna más y más hermoso y valioso con el tiempo, siendo igual de feo e insignificante que el primer día, ¿verdad? La actualidad, la moda, a veces pueden divertirte, jajaja, pero la verdad, siempre hemos tenido una fuerte pasión por alejarnos de la actualidad, por estar fuera de la moda, por “salir del siglo”. Lo moderno es excitante e inspirador, pero la tendencia es algo que hay que evitar siempre.

Madonna, Björk, Morrissey, Pet Shop Boys son artistas que por su edad pareciera que siempre tienen que justificar su derecho a publicar discos. ¿Cómo observan ese fenómeno?


Es cruel, pero suponemos que siempre lo ha sido. La música pop no estaba pensada para que la hiciera gente mayor. Parece un contrasentido. Pero la gente que hace música pop se hace mayor, como todo el mundo, así que no debería preocuparle a la gente. Es más triste que artistas como Madonna crean que, para hacer pop, tienen que ser o parecer eternamente jóvenes, ágiles y sexy. Nosotros no creemos que para hacer pop se necesite ser ni parecer ninguna de estas tres cosas.

En muchas entrevistas se refieren a trabajos por encargo que están preparando, producciones en las que están trabajando, nuevos instrumentos que van probando, o nuevos personajes que los tienen obsesionados. Se les nota muy inquietos. Por eso, además de las fechas en España y la gira por Sudamérica, ¿en qué proyecto están trabajando o en qué están investigando actualmente?
Ahora mismo estamos a cero, sin canciones nuevas comenzadas, ni un título para un nuevo disco. Solamente tenemos algunas ideas que se nos ocurrieron en México el año pasado. Quizás en esta gira sudamericana ampliemos y perfeccionemos esas ideas, y algún día tengamos unas cuantas canciones inspiradas por la América latina. Si no es así, si nada se nos ocurre, siempre podemos trabajar en unas canciones muy antiguas, el repertorio de nuestros primeros conciertos a finales de los 90, que nunca hemos grabado. Eran casi todo baladas.

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martes, agosto 27, 2013

Dënver - Fuera de campo


Mantener una ficción que mezcle inocencia, ambigüedad, enamoramientos y melancolía es un desafío que Dënver reprueba en su tercer trabajo “Fuera de campo” (Independiente, 2013). Porque si anteriormente el dúo pop formado por Mariana Montenegro y Milton Mahan había demostrado con gracia que podía juguetear con  la perversión y el romanticismo, hoy la pareja se escucha perdida entre una producción musical irregular y un empobrecido anecdotario, baches que terminan por opacar casi la totalidad de un disco que debía superar a su brillante antecesor, “Música, gramática, gimnasia” (Cazador, 2010).    

Y es que la falta de un concepto que sostenga estas diez canciones es lo que más le pesa a la dupla, pues durante los casi cincuenta minutos de la placa las motivaciones de Montenegro y Mahan parecen apuntar en sentidos contrarios. Es Montenegro quien sobresale con madurez como protagoniza de  “Las Fuerzas”,  “Medio mal” y “Medio Loca (hasta el bikini me estorba)”, tres piezas impecables, adornadas por pertinentes orquestaciones, percusiones y sutiles decorados electrónicos, en donde se rondan temáticas amorosas desde una perspectiva simple y directa. Son estos momentos en los que Dënver consigue cuajar  un pop cautivador, a la altura de una banda que intenta demostrar el crecimiento de sus composiciones y de un estilo que trata de despegarse de la fachada edulcorada de sus primeros años.

Lamentablemente, el grueso del álbum es desaprovechado  por Mahan en canciones recargadísimas de cuerdas y vientos como “Tu peor rival”, “Revista de gimnasia”, “Torneo local” -recuperada del repertorio primigenio del dúo en una versión desencajada y desechable- o la arrebatada “El árbol magnético ataca por sorpresa”. No obstante, el cantante consigue alcanzar ciertos grados de lucidez en “Concentración de campos” junto a Cristóbal Briceño como invitado en un emotivo dueto que se sobrepone a la precaria base electrónica que lo sustenta y al agregado de electricidad que lo remata.


Al no encajar las piezas, “Fuera de campo” no sólo se escucha como un pastiche de la caricatura de Dënver –esa banda obsesionada con lo deportivo y erótico (“Revista de gimnasia”), que no tiene pudor  de sonar españolada (“Profundidad de campo”) y que se puede acercar a lo siniestro si se lo propone (“Mejor más allá)-, sino también como un disco sin grandes direcciones y sin ideas. Y el agotamiento prematuro de éstas,  en una banda tan joven, es un síntoma muy poco auspicioso. 

Esta crítica fue publicada en "El Ciudadano" impreso, agosto 2013.

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martes, octubre 16, 2012

Namm - Geografía



Levantar puentes entre la intimidad y el entorno es el tema central de “Geografía”,  debut del cuarteto local Namm.  Y fiel a su título, este trabajo es un paisaje dibujado  por diferentes hitos que van marcando la voz de Loreto Molina, la trompeta de Ana Gallardo y los arreglos de teclados y programaciones a cargo de Pablo Flores y Pablo Fuentes. También es un críptico mapeo de revelaciones personales que buscan un eco en el espacio que ocupan y de estimulantes insinuaciones pop de una electrónica siempre al filo de la experimentación. 

En poco más de media hora, los nueve cortes de este trabajo dan cuenta de la versatilidad melódica de Namm. En “Con razón y sin sazón”, los recursos electrónicos aparecen con evidente énfasis, lo  que marca la cara más atrevida de los nacionales y en donde se evoca a las primeras creaciones de Flores, un autor que ha trabajado distintas corrientes digitales. Mientras,  en “Paso” las estructuras de bases y teclados invitan sin rodeos al baile y en “Costa Azul”, “Bailando en la oscuridad” o “En frente de mí” los arreglos de bases y sampleos intrincados dirigen el sonido de la banda hacia un pop oscuro y de carácter, en donde voz, vientos y recursos electrónicos arman una destacada cohesión. 

Gracias a esta nutrida plataforma sonora Namm  da una sutil vuelta de tuerca al pop criollo, pero el riesgo no se termina en la incorporación de efectos más o menos novedosos. Aquí también pesa la búsqueda por temáticas nuevas; una intromisión en recovecos poco explorados por los nuevos y más jóvenes creadores locales. Así aparecen referencias a la soledad y la angustia por la pertenencia inconclusa a un tiempo y un espacio (“Chamusca y arena), la desolación y el peso de un proyecto inacabado (“Geografía) y el hastío ante las nuevas y miserables formas de comunidad o relación que se van moldeando entre nosotros (“Stellar”). Al acariciar esas ideas en diferentes fragmentos del disco, la banda forja un discurso poderoso y crítico que se va concadenando canción a canción.

Aunque pertenecen a la nueva camada de poperos criollos, Namm estampa con “Geografía” un estimulante accidente en medio del monótono plano del pop nacional. Su sello es un cuidado uso de las fórmulas de la electrónica, una cautivadora voz principal y la sutil subversión de una poesía que emerge desde una enunciación particular, pero que da cuenta de un desasosiego  general. 

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, octubre 2012) 

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lunes, abril 09, 2012

Alamedas – Romeo




Un ambicioso esquema es el que trata de completar Alamedas en Romeo (2011), su cuarto disco oficial. A la realización de un rock cada vez más prolijo, el grupo liderado por Alejandro Gómez suma la intención de hacer de sus creaciones un punto de inflexión, un espacio de reflexiones contundentes capaces de proponer problemas o, al menos, algún tipo de cuestionamiento sobre estado de las cosas. Pero el resultado es disparejo si se consideran las historias que aparecen en estas nueve canciones.

Como abunda en la música popular, gran parte de Romeo está al servicio de experiencias individuales o  anécdotas sin mayor sentido que pueden hablar al mismo tiempo del amor, de las relaciones, de la existencia o de un futuro esperanzador. “Ya sabes” o “Puesto” expresan ese estilo errante que divaga entre diversas ideas paralelas. “Monumentos” es otro ejemplo, y el más sorprendente de todos, pues en esta canción el trío nacional es capaz de ensamblar una crítica al colonialismo con la diversión y unos “mijita rica” como broche final. ¿Qué es eso? ¿Una simple muestra de absurdo? No es tanto eso, sino que más bien se trata de una evidencia clara del rock nacional bizco, capaz de visualizar con un ojo algunas intenciones más o menos profundas, mientras que con el otro se mantiene atento a los lugares comunes del formato. 

Mejores resultados logran en “Sin que te lo pida” y “Sigue”, dos cortes románticos que además convencen con una estructura simple y efectiva, tanto como “Otro mundo” y “Alturas”, este último con el llamativo aporte de un saxo.

No obstante, Alamedas cae en otro vicio: utilizar su repertorio para deslizar un breve reproche a las audiencias. “Deja de lado sólo por un momento esas canciones que ponen en la radio y presta atención hacia nuestro lado. Maduramos tres años para hacerte un regalo”, dicen en “Solo entonces”, en una jugada inexplicable  si se considera la relación actual entre autores y públicos. Esta recriminación, tan innecesaria como pretenciosa, aparece justamente en los minutos finales, cerrando una producción zigzagueante y que no esconde su naturaleza infantil.

Si bien es cierto que Alamedas logra firmar su trabajo más conciso, no es falso añadir que Romeo deja pendiente una muestra más concreta de su crecimiento, pues hasta ahora sólo se reconoce a una  agrupación sólida, fiel al rock más popular, pero que no es capaz de sostener un discurso acorde al paso de sus años. 

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, abril 2012)

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miércoles, abril 04, 2012

Natisú - Deshabitar



Un recorrido por distintos estados de ánimo es el que propone Natalia Suazo en Deshabitar (Independiente, 2012), su primer trabajo oficial como Natisú. En este proyecto, la cantante hila escenas de corte personal para referirse a las frustraciones, los anhelos y las proyecciones de una intimidad ambivalente, siempre cargada de luces y sombras. Ese contraste se afirma en una producción que saca partido a la atractiva voz de Suazo y que sobresale por la variedad de arreglos que aparecen en estas diez canciones.  

Aprovechando los recursos clásicos del pop más oscuro –la fuerte presencia de guitarras y distorsiones, pesados ritmos de bajo y batería, sutiles arreglos electrónicos-, Natisú disfraza su impotencia en “En esta parte del deseo”, “Rituales” o “Al encuentro”, cortes en los que su voz se retuerce entre tonos cándidos y gritos que se escuchan liberadores. Sin embargo, la evidente carga dramática de estas piezas siempre oculta un dejo de optimismo, tal como lo demuestra “Polillas de la tarde” y la sentencia “hay nuevos modos, nuevos medios, nuevos aires. Siente los dientes y masquemos esta realidad”, una de las líneas que define la naturaleza conciliadora de esta entrega.

Por eso, son  otras las canciones que abren nuevas posibilidades al debut de Natisú. Y justamente son las que menos abusan de esa fachada sombría y las que más se acercan a la simpleza de lo acústico. En entre ellas, “Miles de ciudades” y “Deshabitar”, dos baladas al servicio de la incertidumbre. Aquí, la cantante da un giro para sostener un interesante cuestionamiento sobre la seguridad y el buen vivir, aspirando a cambiar las formas y a abandonar los roles que asumimos como dignos o beneficiosos. Con eso, logra que su narración supere –al menos en parte- el lugar común de las divagaciones personales, casi siempre amorosas.

Es evidente que Natisú busca acercar la música popular a terrenos menos convencionales o al menos proponer una dosis de penumbra al formato pop. Aunque le resulta, la forma en este caso resalta tanto como las ideas que desarrolla en cada canción. Esa es la mayor fortaleza de Deshabitar: transformar un estilo, un sonido, en un mensaje que debería sorprender en próximas publicaciones.
 

Esta crítica fue publicada en Nacion.cl

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sábado, enero 14, 2012

Sofía Oportot - Enciérrame / Vacía




Jugar con la ironía puede ser un ejercicio peligroso si no se cuentan con los recursos apropiados. Sofía Oportot –actriz, cantante y modelo que ha deambulado por proyectos tan distintos como Lulú Jam o QuieroStar- recurre a la parodia y a la burla para escribir un capítulo más dentro del electropop nacional en su debut en solitario, Enciérrame / Vacía (Independiente, 2011) disco doble no supera la mala broma adornada con jadeos,  lamentos e insinuaciones eróticas de adolescente.

Las dieciséis canciones que componen Enciérrame / Vacía se dividen en partes iguales. Las ocho primeras dibujan una trama cándida,  en donde Oportot acepta las cadenas del amor (“Enciérrame”), se debate entre sus distintas personalidades (“Dos chicas”) o llora la soledad con un tono infantil (“No me trates mal”). Estas piezas  se sostienen  en programaciones electrónicas simples y monótonas, las que se extienden más de lo necesario y que no ocultan la obviedad de sus referentes (desde Pet Shop Boys hasta Britney Spears).

Un buen ejemplo de la incapacidad de la ex chica Panoramix para transformar su combinación de electrónica y voces intervenidas en una construcción seductora es la libre versión de “The sign”, original de Ace of Base. Con “Señal”, la chilena se  inspira en el hit noventero de los suecos y firma el momento menos agraciado de esta producción, revelando lo forzada que puede su voz ante una letra que busca a toda costa encajar con la melodía. Este sinsentido (que puede parecer más o menos cómico),  se vuelve una constante en lo que queda del disco.

Ya en Vacía, la autora da un giro en sus letras y se presenta perversa y sexualmente desatada. Más que hedonista –rasgo imprescindible en cualquier descripción actual sobre música popular chilena-, Oportot se escucha onanista y vulgar; así lo demuestran “Abajo” y “Cuarto oscuro”, momentos en donde la interprete se pega porrazos  de principiante al confundir lo erótico con lo genital.

Finalmente, sería sencillo calificar este trabajo como un intento por reírse de los lugares comunes del pop –la eterna juventud, los deseos de un futuro y el amor idealizado- y sobre todo como una reinterpretación del papel de la diva, esa caricatura atrapada entre las gesticulaciones sexuales y las baladas románticas. No obstante, suponer que esas son las motivaciones de Oportot obliga a exigir un producto de mayor consistencia y no estos sesenta minutos desangelados y mal maquillados. 

Publicado en Nacion.cl

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lunes, agosto 22, 2011

Voz de Hombre – "Hombre Solo"


Extraño ejercicio para un debut es el que realiza Voz de Hombre en “Hombre solo”(Michita Rex, 2011). Demostrando más debilidades que fortalezas en la producción de este disco, el primer trabajo de Cristóbal Gajardo –también vocalista de Los Embajadores– se caracteriza por la irregularidad de las ocho canciones que aquí se presentan, pero también por una atractiva propuesta que encara ese trasfondo que tiende a pasar colado entre los estrenos firmados por hombres en Chile: la propia masculinidad.
“Hombre solo” está construido en base a teclados y recursos electrónicos que arman un sonido pálido, que se podría considerar como una oscilación aún inmadura entre el post punk y un tétrico synth pop. El estilo de Gajardo, por otro lado, tampoco se escucha del todo seguro: ahí están las débiles “Como la lluvia” o “Son cosas de las cosas”, piezas que revelan que a veces el cantante y las programaciones parecen apuntar en direcciones opuestas.
Sin embargo, aunque la poca precisión en el desarrollo musical de este disco puede ser más o menos evidente, hay otros detalles en su construcción que valen la pena destacar: la descripción de un personaje (hombre) que se retuerce entre los límites de lo masculino, que a veces incluso parece travestido (como se escucha en “Allá no es él”), pero que ante todo se enfrenta a una clásica imposición social: el deber estar acompañado o contar con un mínimo de arraigo.
Las canciones retratan al fulano que está encajado en un aislamiento profundo y que no logra compartir sus deseos con nadie, cayendo una y otra vez en la angustia de la insatisfacción. No es de extrañar, entonces, que las narraciones de este disco se inclinen por la búsqueda de ese honor perdido, de ese fragmento que le falta al varón incompleto. Cortes como “El gran mall” o “Eres una extraño” hablan de este deseo en baladas fantasmagóricas, sombrías.
Otro interesante momento es la versión de “Para tenerte otra vez”, hit popularizado por Chayanne. Utilizando los efectos del vocoder, Voz de Hombre reescribe esta pieza desde la distorsión. Aquí la figura del latin lover (tan machito como sensible) suena desplazada por la otra cara de la moneda masculina o, lo que es igual, por la perturbación del imaginario varonil que abunda en la canción romántica.
A fin de cuentas, Voz de Hombre prefiere quebrar la extraña trayectoria de divagaciones que abunda entre los autores nacionales –que a ratos pueden sonar viriles, poderosos, pero también cursis y melodramáticos– para ubicarse definitivamente en un terreno crítico, en donde los sonidos y las historias retratan el absurdo de ese ideal que siempre vincula a los hombres con el triunfo y el heroísmo. Acá no hay nada de eso.
La particularidad de “Hombre solo”, entonces, está en la construcción de un pop desprolijo y al mismo tiempo prudente, que de tanto tambalearse en la definición de un sonido característico deja abierta una reflexión sobre los límites de ese hablar como hombre que, al menos en Chile, se exige casi por ley.

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martes, junio 14, 2011

Adrianigual - "Éxito Mundial"



Pese a que se podría pensar lo contrario, el repudio al sistema social que conocemos no es un tema recurrente en la historia del pop nacional. Mucho menos en el que se edita actualmente en Chile, casi siempre ligado a anécdotas amorosas o a divagaciones personales. En ese sentido, “Éxito mundial” (Cazador, 2011) de Adrianigual es un interesante intento por componer un discurso respecto a los vicios de una vida totalmente neoliberalizada. Sin embargo, el segundo disco oficial de este dúo es un trabajo que cojea, se pisa la cola y terminar por caer, desmoronado por la débil reflexión que propone.
Las diez canciones de “Éxito Mundial” son protagonizadas por un personaje agotado del contexto que le toca vivir y que una y otra vez, casi con majadería, intenta subrayar su marginalidad. Títulos como ‘Me Cargan Los Ochentas’ o ‘La Pelea’ retratan la agónica caminata de este sujeto empecinado por reducir la violencia económica a las deudas y a no tener los recursos para comprar. “Mi manera es condenada, pero no quiero vivir en tu mundo, ni trabajar en tu mundo (…) Prefiero que me corte los dedos un cocinero”, se puede escuchar en “Bang Bang Bang", uno de los cortes más burdos del disco y que sintetiza un pensamiento que opta por entender las injusticias sociales como un dilema que se solucionaría con la acumulación de objetos. En ese momento, Adrianigual termina por avalar el sistema que tanto (y que supuestamente) detesta, ya que su batalla se concentra en contra del mercado y no del poder de las instituciones que resguardan las desigualdades.
Mientras caricaturiza el problema económico, Adrianigual también plantea que lo que le resta a la sociedad es la destrucción, un cataclismo que ponga punto final al desastre de nuestra especie. La canción “Arde Santiago” es el más claro ejemplo de este deseo, y en ella la banda una vez más se inclina por la salida fácil, ésa que alegoriza el baile y la fiesta como la expiación a la que debemos dirigirnos. “Trato de esquivar lo que está escrito debo hacer, listos mis zapatos, el reloj marca las tres…” se propone en ‘Me Gusta La Noche’ y lo mismo aparece en ‘La Agente’, cuando el cantante invita a perderse en el ritmo de la noche.
Otro débil aporte de la banda es la visión reduccionista de la ciudad, cuando en ‘Traga Monedas, Trágame Tierra’ se revisita el cliché de la selva de cemento, tal como lo hiciera Odisea en su debut homónimo de 2010. Este detalle no es casual – Alex Anwandter figura como productor del disco-, pues enlaza a ambas publicaciones en una corriente que de seguro se mantendrá y que da cuenta de un pensamiento ultraconservador y autorepresivo que sataniza las calles y la convivencia entre los individuos. Dicho de otro modo, “Éxito Mundial” y “Odisea” se podrían ubicar fácilmente en una clara corriente hinzpeteriana, estilo que podría madurar en la música popular chilena de los próximos años.
En tanto, la escasa consistencia en la narración de Adrianigual se consolida en el sonido que eligieron para “Éxito Mundial”. Aunque cada canción funciona como potencial hit, lo que se expone en el álbum no es más que un resumidero de tendencias, todas reinterpretadas sin pudor por el dúo. ‘La Agente’ es una lectura demasiado obvia de la onda africanista que ya viene de vuelta, mientras ‘Haití’ se parece demasiado a Sleigh Bells. Por ende, incluso en la producción del disco se intuye una desafortunada búsqueda por la vanguardia, por alcanzar un nivel superior que, a todas luces, les resulta esquivo. Paradójicos resultan, entonces, los versos que Adrianigual dedica en ‘Siglo XXI’ a esos jóvenes que quieren ser el jefe, que sueñan “con un auto grande, jefe”, cuando ellos mismos son la muestra más trasparente de la búsqueda por arrimarse al sonido del primer mundo, ese estatus que siempre les será lejano y cuyo anhelo demuestra la adicción de los autores nacionales por mirar hacia fuera, asomando la cabeza por encima de la cordillera a ver si consiguen romper con el provincianismo nacional.
Por todo lo anterior, y considerando que atravesamos tiempos en donde el malestar social recorre las calles de Chile y del resto del planeta, “Éxito Mundial” intenta colarse en la fila de la indignación, pero lo que consigue demuestra más oportunismo que coraje. Incluso una canción como ‘Sudamérica’ se intuye como el infaltable guiño ecologista del momento. Este álbum, en consecuencia, es la representación más evidente de la precaria construcción de un discurso social en la música chilena contemporánea, pues lo que se exhibe como postura radical sobre el estado de la cosas no es más que una sobria pataleta hedonista.
Esta crítica también fue publicada en POTQ.cl

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miércoles, marzo 30, 2011

Viajes, música y experiencia según Javier Barría & Marcelo Ezquiaga

Foto: Marcelo Ezquiaga y Javier Barría




La grabadora registra, se proponen algunos temas, pero la entrevista la hacen ellos. Son el chileno Javier Barría y el argentino Marcelo Ezquiaga, voces que durante la semana pasada volvieron a girar por Chile, compartiendo fechas en Santiago, Talca y Chillán. El primero aporta la guitarra y el repertorio de “El diminutivo del frío”, su quinceavo disco, mientras que el segundo se hace cargo del piano y las nuevas composiciones de “Hombre Golpe”, su último trabajo. Juntos se potencian en sus presentaciones en vivo, comparten las canciones y colaboran para mantener la música en la ruta.

“La primera fecha juntos la hicimos en Buenos Aires a fines de 2009. Ya ha pasado un año y medio”, recuerda Javier Barría. “Después siguió en Chile, pero con el tema del terremoto tuvimos que esperar, pero vine igual. Luego, continuamos en Argentina, cuando le pusimos el nombre de Gira Trasandina. ¡Hicimos 13 fechas en 20 días!” agrega Marcelo Ezquiaga.

- ¿Cómo recuerdan este tiempo de colaboración y de comunicación sobre todo?

Marcelo: Cuando escucho un tema de Javier me recuerdo de toda la gira anterior y es bastante inspirador. Se trata de aprender cómo trabaja él la composición, porque cuando conoces las canciones te vas metiendo adentro.

Javier: Sí, ambos nos mostramos mutuamente los demos y los avances de nuestros discos nuevos, incluso sin letra.

- ¿Cómo fue ese traspaso, ese compartir opiniones?

Javier: Es que Marcelo me dio muy buenas recomendaciones en cuanto a sonido, porque estaba haciendo solo la mezcla de “El diminutivo del frío”. Después yo le sugerí unas guitarras para su disco y le dije un tema que me gustaba mucho, pero que no quedó en el disco. Ese nivel de confianza, compartiendo los demos, que es algo que no hago con muchos amigos músicos. Soy súper receloso con las canciones antes de terminarlas.

Marcelo: En mi caso también, pero aparte de eso, lo que está bueno de todo esto es meter un poco de bulla en el país de al lado, porque es una posibilidad de tocar más. Que sea Javier con quien comparta las fechas me sirve para darme cuenta de que él es un músico muy respetado acá, que no es cualquiera. Trato de cumplir ese papel también cuando Javier viaja a Argentina.

- Eso de estar siempre viajando, el estar constantemente en gira, qué significa para ustedes en el proceso de creación.

Javier: Para mí es muy importante porque es mi trabajo, sin eso no puedo sostener mi vida. Y también es un modo de mantener vivas las canciones. Así estoy todo el rato ensayando y las canciones van mutando. Me pasa con los temas nuevos, que siempre tienen un proceso de maduración antes de ser grabados. Eso depende de la cantidad de veces que fueron tocados en vivo.

Marcelo: Sí, pienso que cuando uno está muy quieto la historia se escribe un poco sola, pero cuando se está en movimiento la historia la escribe uno. Tocar implica mucho movimiento: comer a deshoras o cuando hay hambre básicamente, ir conociendo mucha gente todos los días. Por ahí haces una relación muy intensa con alguien en solo un día y después ya te despedís y fue increíble.

Javier: Claro, se arman redes súper potentes, algo medio comunitario. Además viajar, en mi caso, sirve para dejar de pensar que todo pasa en Santiago, en la capital. Mi idea es estar recorriendo lo más posible, para aportar a que pasen más cosas en las otras ciudades.

Marcelo: Además, tengo la sensación de que durante estos días que estuve viajando escribí más historia propia de todo lo que va del año. Tengo la sensación de que es activa la escritura, no sé…Es una parte de la forma de vida que me parece muy importante, estimula la parte nómade y eso me parece re lindo.

Javier: Sí, eso del nomadismo es cierto. Mucha de las cosas que escribo tienen que ver con la nostalgia y la nostalgia nace de estar cambiándose constantemente de lugar, de moverse de sitio y extrañar. El estar viajando estimula escribir.

Marcelo: Yo de hecho el último disco lo escribí casi la mitad inspirado en los viajes. Por ejemplo, el arte de tapa es de un chico tucumano que lo conocí en la gira. En general, fue bastante inspirador el tema de estar de allá para acá. En fin, es importante, porque la vida cotidiana es linda, pero también es un poco acogedora, en cambio el viaje es a la que venga. Es una prueba personal.

Javier: Pero a diferencia de Marcelo, no me resulta mucho hacer música en los viajes. Siempre estoy conociendo gente, leyendo, escuchando música en el bus, entonces, como que no hay espacios para agarrar la guitarra. No es muy real ese mito de estar girando y llegar al hotel para escribir. De hecho, en mi caso no sé si me he quedado en un hotel alguna vez... Más que nada aparecen frasecitas y apunto ideas.

Marcelo: Claro, pero me pasa que cuando vienen las ideas necesito registrarlas, no quiero esperar. Si espero, se enfría. Por ahí me pasa que estimular la lírica y la musicalidad me resulta muy importante, entonces, a veces, la primera canción es como un panquete, que no sale bien del todo, pero haces dos y el tercero ya tiene linda forma.

Javier: En mi último disco hay un tema que hice así, en viaje. Se llama “Paisito”, que la hice en Uruguay. Tenía un poco la letra desde antes y ‘paisito’ es como le dicen los uruguayos al país, entonces era muy del lugar. Es como una postal del viaje.


Paisito by Javier Barria

- Me imagino que mucho de estos viajes son armados por su cuenta. Ustedes que viven en eso, cómo lo ven, cuáles son los pros y los contras de estar en la autogestión constante.

Marcelo: Digamos que cada vez le encuentro menos contras. Lo que sí cuando tengo una fecha grande trato de hacerla con una producción. La autogestión tiene una cuestión de relación más cercana con todo, con la gente del lugar, el vender los discos yo mismos, como acá en Chile en una plaza, que fue como estar en un pueblo donde la gente se acercaba a escuchar al forastero. Sin embargo, cuando trabajo con otra gente que participa también lo disfruto mucho, porque potenciamos las fuerzas.

Javier: El primer contra que le veo es que me quita tiempo para hacer música. Lo he notado en una baja en la producción musical, sobre todo desde el 2009 hasta ahora. Eso si lo comparo cuando era más chico y me pasaba todo el día grabando en mi casa, cuando era súper obsesivo. Pero cuando esto empezó a convertirse en un trabajo, todo se transformó un poco en una oficina: en la mañana hago de manager y en la tarde de músico, grabando y ensayando.

- Otra cosa que los enlaza es que además de girar y sacar discos, es que sus trabajos los dejan en Internet. Cómo ven ustedes todas estas distintas experiencias musicales y cómo creen que se van enlazando.

Javier: Desde que supe cómo subir mp3 a Intenet, siempre tuve la idea o la intuición de que el día de mañana la música iba a perder ese valor del objeto físico. Hay gente que lo entendió más lento. Incluso me molestó cuando renunció Denisse Malebrán a la SCD, porque al hacerlo validó todo lo que hacíamos nosotros hace años, cuando antes fuimos súper discriminados por compartir la música gratis. Ha sido bien chocante que después de tantos años ahora sea cool y choro subir tu disco, que la cuestión se transforme en el estándar. Mi política es bájalo, regálalo, compártelo, pero si te nace retribuir eso creo que basta con ir a los conciertos, que nunca van a ser gratis. Con eso soy súper tajante, porque mi trabajo es tocar en vivo. Algunos lo han entendido así otros no tanto. A veces me topo con comentarios “oye, pero por qué tan caro”, y es como hueon, estoy trabajando…

Marcelo: Por mi parte, nunca hago mucho hincapié en que se bajen o no los discos. Confío más en la libertad de Internet. Es como lo que decía Javier, que es si te gusta algo, subsídialo. Ahora acabo de sacar “Hombre Golpe” por Club del Disco, que es algo medio fetiche. El disco físico tiene eso de la relación táctil, entre uno y el público. Eso está bueno, me gusta.

Javier: Es verdad eso de lo táctil, cuesta pensar que se pueda acabar.

Marcelo: Sí, es lindo que llegue alguien y te diga que quiere tu disco.

Javier: Además la manera más sencilla siempre es ir a ver el trabajo en vivo, porque yo podría pasarme toda la vida grabando y no tocar nunca, pero hay toda una idea de tocar, de hacer vivir la música.

Marcelo: Al final se fortaleció el vivo, ¿no?

Javier: Sí, el otro día leía una entrevista a Ryüichi Sakamoto, que es un pianista japonés que decía que la música antes de ser grababa solo era en vivo. En el fondo esto es un regreso a eso.

Marcelo: Claro, también me acuerdo que leí una nota que hablaba que antes del siglo XX, la música era experiencia y que después pasó a ser objeto. Eso es un contraste muy grande.

LA VIDA DESDE LEJOS (Hombre Golpe 2011) by Marcelo-Ezquiaga

- Y en ese sentido, para qué hacer un disco nuevo. Marcelo tiene experiencia previa con Mi tortuga Montreux y ahora dos discos como solista. Javier ya va por su disco número quince. ¿Qué los motiva a hacer un disco de nuevo, teniendo en cuenta que este es su trabajo y que el mercado de la música es complejo?

Javier: Nunca es por plata, porque nunca he recibido plata por los discos. Quizás un poco con el “Introducción a la Geometría” que está registrado en la SCD. En realidad, yo lo veo por documentar un período en un objeto, tanto tangible como intangible. Además soy un amante de los discos. Me gusta que cada disco tenga una identidad, una cosa propia y que los diferencie de todos los anteriores. Eso me motiva y creo que la época es súper propicia, porque si la gente te sigue por Internet se puede anunciar la fecha en que algo se va a publicar o liberar, entonces se genera una espera y eso es bacán. Espero a fines de este año tener otro disco y hacer el mismo ritual: mostrar las canciones, mostrar la carátula, anunciar cuándo se sube…

Marcelo: En mi caso creo que nací con la idea de obra y con esa especie de mandato de clase, que no es ni de baja ni de alta, sino que es un pobre mandato de clase media, que es trascender. Ambas cosas me llevan a hacer un disco. En realidad, si lo pienso un poco, el resto no va a percibir lo que yo estoy pensando, pero yo lo transmito desde ese modo, dejando un pequeño legado. Es una visión temporal del mundo o mejor dicho, una invención temporal del mundo. Después puede pasar lo que sea, pero ya lo dije, ya lo tiré. Tiene que ver con algo de salubridad mental también.

Javier: Complementando eso, yo empecé a hacer discos sin esperar nada, onda en 1998, grabando casettes, onda Daniel Johnston, con pésimo sonido, pero con carátula, orden de los temas y todo eso. Era algo natural, pero de repente me vi con que estaban bajando mis discos, escuchándolos, haciendo un lanzamiento en Sala Master. Es seguir creando la historia que está hecha de discos.


- Las dos ideas tienen en común eso de trascender con el tiempo. ¿Cómo entra el pop en eso, que es justamente un estilo que los dos están explotando mucho en sus últimos discos?

Marcelo: Lo dije acá en una de las fechas: está la corriente, la contracorriente y la propia corriente. Lo que genera el pop es eso, el no plegarse a algo. Está cada vez más vapuleando, pero no es solo un género.

Javier: Tengo reparos al hablar de eso. El pop es algo súper amplio, que engloba la literatura, el cine. Es muy difuso hablar de música pop. He leído cosas tan absurdas como que antes en Chile era peyorativo el pop y que ahora es lo más bacán del mundo… Creo que el pop engloba más que la base electrónica o si hay o no guitarra eléctrica.

Marcelo: Claro, además antes lo que no era pop era underground, pero cuando se vuelve muy famoso en qué lugar se sitúa.

Javier: La frontera es muy difusa, sobre todo en esta época que es muy de mezclar, de híbridos y de revisitar. Pero claro, uno se da cuenta que gracias al paso del tiempo hay una obra, algo que habla de uno. Me interesa dejar una coherencia, una identidad y una estética clara. La inquietud de experimentar siempre va a estar, sobre todo con las letras. Es lo que espero de gente como Bowie, que ha creado una obra ultra bacán o como Caetano Veloso que sigue sorprendiendo. Toda esa gente me inspira a pensar en un futuro que nunca pierde la inquietud y que sigue llamando la atención. Espero nunca caer en la flojera.

Marcelo: Sí, también lo pienso como algo iconoclasta. Con el pop se puede alumbrar donde a la masa le cuesta, siempre con la búsqueda. Es algo re lindo. Es como pensar en Andy Warhol, que cuando lo pienso, pienso en una atmosfera, que te traga, te chupa, y esa atmosfera la desarrolla un artista con años. A menos que seas Nick Drake…

- En ese sentido, cómo se observan mutuamente. Qué opina Javier Barría de Marcelo Ezquiaga y viceversa.

Marcelo: Justamente tiene que ver con lo de antes. Creo que hay una atmosfera en lo que hace Javier. Hay canciones que tocamos juntos, que son de él, y que ya me hacen recordar mi visita a Chile del año pasado. Él ofició de banda de sonido. Además, como toco en los temas, puedo entrar y ver la composición y eso en su momento pudo hacer que se rompiera la burbuja, pero pasó lo contrario.

Javier: Me acuerdo que en las primeras escuchas de las canciones de Marcelo pensaba en qué mierda está haciendo, qué armonías eran estas, porque él es bien complejo en sus ritmos. Eso tiene que ver con su formación pianística. Después nos conocimos y fue más sencillo. Lo otro que admiro es su parte letrística, que me parece que Marcelo tiene una facilidad enorme para escribir. ¿O no?

Marcelo: No, no…

Javier: Lo pienso porque a mí me cuesta mucho escribir, soy muy de pulir las letras. Entonces, al escuchar sus letras siento que logra una fusión con la música súper particular, una amalgama particular que da la sensación de que es muy fluido. Ahora él dice que no, pero esa es la impresión que me da. Lo otro, claro, es que encontré una hermandad en la forma de trabajar, en las historias, una cosa muy similar, pese a que estamos en lugares lejanos y distintos. Eso influyó en la buena onda para tocar, que es como lo que dicen en Argentina: venir del mismo palo.

Marcelo: Me pasó algo con este último disco de Javier que tiene que ver con que yo soy medio megalómano: escucho una canción y le encuentro sentido, y pienso que es universal, no pienso que es un sentido solo para mí. Es doblemente fuerte porque lo ajeno es lo lejano al ego, y encontrarle sentido a una canción es potente. Eso te hace aprender mucho, porque por ejemplo lo que dice Javier de las letras yo lo pienso de él, que las letras son súper fluidas y que las mías no…Pero bueno, creo que no se da con cualquier persona, los dos somos de escuchar música, somos obsesivos en el trabajo, en la grabación, en las masterizaciones…

Javier: ¿Tú cuántas masterizaciones hiciste del último disco?

Marcelo: Tengo la versión oficial y una versión post…

Javier: ¿Te gustó más la post?

Marcelo: ¡Sí!

Javier: ¡En serio! ¡Yo hice trece versiones del mío!

- Después de todo, ¿Se ven haciendo un disco juntos?

Javier: Se tiene que dar espontáneamente. Si un día grabo una canción y pienso que tiene que tocar piano Marcelo, es probable que la podamos complementar.

Marcelo: En mi último disco no quedaron guitarras, pero pensaba que si Javier hubiese estado en Argentina me gustaría haber tenido su opinión, pero no solo como guitarrista, que es casi rebajarlo. No lo veo simplemente como eso. Ahora, por una cuestión de cariño me gustaría tener grabado lo que hacemos hoy, para que de aquí a diez años podamos decir ché, mirá cómo sonaba “La conexión” o “La misma madera” ¡que las hicimos como 25 veces en vivo!

Javier: Siempre está la idea.

Marcelo: Tiene que ser muy particular algo para grabar a distancia. En ese sentido, me gusta algo que tiene Chile que es como una especie de porcentaje de la Argentina…

Javier: ¡Pero cómo!

Marcelo: Me refiero a que es como un país muy parecido. Compartimos cosas buenas y malas. Por ejemplo, el tema que los chilenos sean ordenados es algo bueno y malo y que en Argentina sean tan desordenados es algo bueno y malo también.

Javier: A Chile le falta rock…

Marcelo: Y por ahí a Argentina le sobra demagogia, ¿entendes?, por eso te digo, es un lindo complemento. No veo lejano a Chile, lo veo cerca.


Esta entrevista fue publicada en Paniko.cl


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viernes, enero 28, 2011

Dadalú - "Período"



Después de un 2010 saturadísimo de discos “bien producidos”, el año que recién comienza sorprende con un estreno alentador, pero poco atento a los estándares de sofisticación que se vieron durante la temporada pasada. “Período” de Dadalú es un disco que a lo lejos suena mal, en donde parece que algo falta para condensar la voz de Daniela Saldías y la variedad de instrumentos que intervienen en esta media hora. Desde las trompetas hasta los teclados, pasando por los scratches y las cuerdas, se distingue algo que no está. Ese vacío recorre el debut oficial de Dadalú, un disco pop de ensayo-error. Pero asumir esa característica como un simple problema técnico no tiene sentido; ya desde la factura, las diez canciones proponen acercarnos a un ejercicio pseudo artesanal, que se asemeja al formato de música en vivo, pues los instrumentos y la voz casi no parecen intervenidos. En ese sentido, la captura de lo musical en “Período” se vuelve un testimonio y no un registro lo-fi cualquiera.
Este detalle, el del sonido, distingue a “Período” como una obra alejada, adrede o no, del limpiecito panorama discográfico chileno. El disco entero es un crudo que además cuenta con otro distintivo: la narración íntima de la cantante. Es cierto, el ejercicio de publicar canciones como reflejo de un mundo interior marca la historia de la música popular, en la medida que siempre se trata de alguien que se dedica a exponer un libre pensamiento; sin embargo, aunque el estilo de Dadalú a simple vista aturde por ser hiperindividualista (ya que es la voz de Saldías la que interactúa consigo misma todo el tiempo), cada canción de “Período” sirve para componer un interesante cuadro de disgusto y malestar general.
Basta escuchar “Conmigo”, para entender que gran parte de las letras de este disco están al servicio del autocuestionamiento: “Aortas enrolladas no conocen su destino / necesito hablar con alguien / y al final siempre es conmigo”. Lo mismo se deduce en versos como “es mi cabeza que cree que yo soy la ilusa / a pesar de siempre salir ilesa/ no encuentro la balanza / oye Daniela escúchame que lo bueno va en alza” de “Pasa”, cuando el mensaje parece una conversación frente al espejo. La confesión, entonces, pasa a ser la herramienta principal con la que juega Dadalú para exponer sus vivencias en distintos planos. Está lo amoroso en canciones como “Gracias” o “Te quiero tanto” y también está el optimismo de “Brilla” o “Esperar”, cortes que se oponen a sentimientos más oscuros como los de “No sé empezar” o “Tengo”, único momento en donde la relación período-menstruación se transparenta, porque no está de más subrayar que si la portada de este disco fuese otra, nadie hablaría casi por obligación de la regla como un supuesto eje del álbum.
Lo interesante es que hasta aquí sería sencillo calificar a “Período” como una manifestación más del egocentrismo que abunda entre las voces locales. No obstante, la pregunta se abre, pues con Dadalú se demuestra cómo se puede tensionar el discurso íntimo y el arrebato individualista, compararlos y ver hasta qué punto la creación artística puede evidenciar el malestar por un contexto como el nuestro. En un país en donde todos quieren ser jefes, en donde la mentalidad de gerente se obedece hasta en la vida privada, la reflexión por los tropiezos y por las pérdidas es un bicho raro, una mancha en el orden prolijo que todos seguimos. Por eso “Período” es un disco incómodo y nada fácil de encasillar.
Ejemplos de lo anterior son canciones como “Se necesita vendedora” o “Por favor”. La primera dibuja la angustia de aquel que no encaja en la mecánica del día a día, en los roles excluyentes que se deben adoptar para cumplir metas y lograr el éxito: “mi duda es gigante para algunas cosas me siento fantástica / pero esas cosas no cuentan dentro de estadísticas / de números y maneras /no se nada de unas platas /no soy contadora / tengo miedo tengo miedo /¿qué viene ahora?”. Mientras, en la segunda se mofa sin tapujos del divismo primitivo de la música nacional, que generalmente llora la poca difusión mediática, pero que es tratada como reina en las páginas de nuestros diarios y revistas (y para qué decir en los medios virtuales): “Se nota tanto que negociaste /no puedo creer que lleguen a inflarte/ Tu single es copiado al igual que tu ropa/Todo lo que te importa se coloca /No se si crees que somos estúpidos y creemos que tu arte es autentico” y sigue…
En consecuencia, “Período” es un álbum especialmente cuerdo, pues compone un discurso íntimo en tiempos de twitter, en donde toda la sobreexposición espontánea se deja ver absurda, innecesaria y vacía. La utilización de la primera persona en este disco es, a la inversa de lo que estamos acostumbrados, un modo de traspasar lo personal a un terreno movilizador, capaz de cuestionar lo natural, ya no desde la perspectiva ombliguista de un autor, sino que desde el carácter subjetivo de quien puede transformar su propia narración en el síntoma claro de un disgusto mayor y colectivo.

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miércoles, noviembre 17, 2010

Dënver – Música, Gramática, Gimnasia




Suele afirmarse que la gracia de la música pop estaría en traspasar una amplia gama de temáticas a través del angosto cuello de la botella y que la canción sería el resultado de ese ejercicio. La música popular, entonces, podría jugar un doble rol: ayudar a mantener modelos sociales en torno a cuestiones tan recurrentes como el amor, la muerte o el sexo, o repensar los modos de acercarnos a estos asuntos mediante cuatro minutos de efectismo radial. Música, gramática, gimnasia”, el nuevo disco del dúo nacional Dënver, es un ejemplo de esta última posibilidad. En el disco hay varias señales de cómo apostar por la estructura pop para contar historias convencionales sin caer el lugar común, desarrollando un lenguaje coherente, que asume sutiles riesgos y que se atreve a dar un giro al tratamiento que hasta ahora se le viene dando a la infinita lista de cuestiones sobre el amor y el mundito interior de los adolescentes.

Sin ir más lejos, al escuchar los segundos iniciales de “Mi primer oro” –la canción que abre el álbum-, la sorpresa ayuda a intuir el resto del nuevo trabajo de Mariana Montenegro y Milton Mahan. En vez de recurrir a un hit inmediato, la dupla presenta otra carnada: un tema de poderosa conjugación electrónica-instrumental, en donde ecos deportivos se mezclan con referencias a un mundo juvenil y dubitativo. Estos son rasgos que aparecen una y otras en el álbum, vertebrando “Música, gramática, gimnasia”. Al mismo tiempo, la apuesta sonora queda definida por la fuerte presencia de arreglos de cuerdas, vientos, programaciones, además de guitarras eléctricas, bajos y baterías, instrumentos que demuestran el evidente crecimiento de Dënver en comparación a su primer disco, “Totoral” (2008).

No obstante, la producción megalómana detrás del regreso de Dënver –que aún no encuentra un correlato en sus presentaciones en vivo- no sería nada sin las buenas ideas que aparecen en canciones como “Olas gigantes”, "Lo que quieras", “Cartagena”, “Los adolescentes” o “Feedback”. Con ellas, la pareja traza una línea en donde aparece la playa como el escenario de la mayoría de sus nuevas ficciones y cuyas anécdotas entrelazadas permiten lecturas paralelas de cada canción.

Hay que agregar que la atinada estructuración de “Música, gramática, gimnasia” se completa cuando el melodrama de Dënver (recuérdese las antiguas “Miedo a toparme contigo”, “Insistes en volver” o “Paraíso de menta” de su debut) es casi borrado con el codo en escenas de inédita lucidez como “Los Bikers”, cuando la metáfora de la sumisión despega como nunca en una canción de Mahan con su idea de “la vida completa en un backflip”. También en “Litoral central”, en donde Mariana Montenegro brilla perversa en su apuesta electrónica sobre el asesinato y la insolencia, entonando con lo bello y lo macabro de su narración. Y ya en el cierre, “En medio de una fiesta” resume todos los talentos del disco en una melodía enorme, que se casa de igual manera con la liberación y el escapismo.

Con “Música, gramática, gimnasia” un nuevo disco pop se edita en Chile y la etiqueta ya comienza a sonar como un patrón que se repite en la mayoría de las llamadas “nuevas voces de la música chilena”. En su justa medida, Dënver aporta a fortalecer la rearticulación del pop nacional, pero en la jugada no hay sólo síntomas de este proceso, sino un intento bien logrado de ampliar las temáticas, introducir nuevas historias y construir un camino propio al interior la monótona canción popular que se edita actualmente en el país.

Esta crítica fue publicada en Paniko.cl


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