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lunes, julio 28, 2014

Rey Choclo – La dimensión desconocida del lenguaje


La tendencia de los medios informativos a calificar como hedonista a una parte de la producción musical aparecida en el país en los últimos cinco años no termina de ser correcta. Si bien es cierto que entre la mayoría de los nuevos rostros del pop y el rock nacional abunda una retórica superficial asociada a la búsqueda del éxtasis, a la hora de comprender de mejor manera el ánimo de algunas propuestas habría que considerar también el carácter escapista que las define.

Un buen ejemplo de esta relación entre hedonismo y escapismo es el debut de Rey Choclo, “La dimensión desconocida del lenguaje”. Las once canciones que reúne este trabajo intentan mostrar la otra cara de las sensaciones a través de relatos alucinógenos y efectos sonoros que apuntan a la psicodelia. El resultado final, sin embargo, es un espejismo, ya que la promesa inicial del álbum poco a poco se diluye en cortes deslavados, y peor aún, inofensivos.

En poco más de cuarenta minutos, la banda recurre a los ritmos caribeños y africanos que volvieran popular a El Guincho, y que recuerdan (muy de lejos) al histórico Fela Kuti, para cantar sobre playas, romances y otros mensajes positivos. La mezcla se condensa en “Gracias sol”-la mejor pieza del álbum-, un himno de aire jamaicano dedicado a la risa, al baile, y a los micro paraísos inventados por veraneantes. Bajo ese ánimo se  desarrollan historias pequeñas de estados alterados, en donde aparecen insectos, personajes y diversos paisajes naturales. No obstante, y aunque la banda trate de construir un caleidoscopio a partir de estas experiencias, el resultado es poco impresionante.

“Cayendo sobre mí”, “Orillando”, “Araña” o “Globos” son canciones atrapadas en una misma anécdota: el espiral de emociones que provoca el contacto con el cielo o la luna, las celebraciones o las alucinaciones fugaces. No se reconocen más matices en estos cortes, lo que termina por anclar a “La dimensión…” en la orilla más monótona de la diversión.  Tampoco la paleta de sonidos logra superar  las combinaciones vivaces de los primeros minutos del disco, entrampando el resto de la placa en una reiteración de atmósferas y efectos.

Así, lo que pudo ser una apuesta llena de lúcidas composiciones y reflexiones se pierde entre ritmos que a duras penas sostienen la jarana de Rey Choclo. Faltó desborde y locura, pero sobró frivolidad. En otras palabras, una muestra más de cómo la invitación al goce en el panorama local se termina traduciendo en evasión y nunca en revolución.

Publicado en El Ciudadano - Julio 2014

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lunes, junio 30, 2014

Fredi Michel – Fredi Michel



Pese a que la edición del primer disco de Fredi Michel nunca fue anunciada por ninguno de sus integrantes, ni contó con agobiantes campañas de difusión, la fecha de su debut siempre fue una intriga para los que conocían la trayectoria del grupo. Así pasó casi una década para que llegara el momento en que esta obra homónima se publicara y confirmara el carisma único del actual quinteto, un factor que distingue a las doce canciones con las que se presentan oficialmente ante el panorama nacional.

“Fredi Michel” es un disco abrazador, que durante casi una hora propone atmósferas candentes y repletas de constantes guiños a la cumbia, al house, la psicodelia, y a la música disco. “Capitán de negro”, “Marinero”, “El Blanco”, “La Serpiente” o  “Niñito” estrujan estos diversos estilos para invitar al baile, mientras Andrea Guerrero las dota de encanto gracias a su particular narración. Aguda, errática, a ratos somnolienta, la cantante comanda estas canciones desde una entonación lúdica e inquieta. En resumen, una mezcla destinada a hipnotizar.

Sin embargo, este trabajo no brilla sólo por la correcta unión de referentes musicales o por la lograda producción de las composiciones. Es el carácter híbrido de Fredi Michel lo que sella una propuesta difícil de comparar con otras de las firmadas por agrupaciones emergidas en el país durante los últimos diez años. Esa impronta mestiza se trasluce gracias a la convivencia no forzada de elementos foráneos con un tono local, particularmente chileno, como ocurre en la magnética “Como tagua”. El corte entrelaza electrónica y cumbia en una historia que habla de aquel que “llega como rey”, “de punta en blanco”, que termina destrozado por el exceso y que siempre promete un “nunca más”. Una escena típica de cualquier borracho, pero que somos capaces de entender mejor desde este lado de la geografía. Lo mismo ocurre con “No Hash Hash” o “Booty Shake”, dos piezas que podrían conquistar cualquier pista de baile, pero que se anclan en los pasajes y las villas de Santiago con esas sutiles menciones a Avenida Matta o al Paseo Ahumada.


Atractivo por su sonido y estilo, “Fredi Michel” está destinado a convertirse en un primer disco icónico, un ejemplo de producción que podría no repetirse como ocurrió con “El brillo que tiene es lo humano que queda” de Taller Dejao o “Ijniaaa!!!” de Colectivo Etéreo. Es de esperar que esa triste tendencia no se repita y la banda sorprenda con una segunda entrega. Pero no hay prisa, lo importante es que vuelvan. 

Publicado en la edición impresa de El Ciudadano - Junio 2014

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martes, agosto 27, 2013

Dënver - Fuera de campo


Mantener una ficción que mezcle inocencia, ambigüedad, enamoramientos y melancolía es un desafío que Dënver reprueba en su tercer trabajo “Fuera de campo” (Independiente, 2013). Porque si anteriormente el dúo pop formado por Mariana Montenegro y Milton Mahan había demostrado con gracia que podía juguetear con  la perversión y el romanticismo, hoy la pareja se escucha perdida entre una producción musical irregular y un empobrecido anecdotario, baches que terminan por opacar casi la totalidad de un disco que debía superar a su brillante antecesor, “Música, gramática, gimnasia” (Cazador, 2010).    

Y es que la falta de un concepto que sostenga estas diez canciones es lo que más le pesa a la dupla, pues durante los casi cincuenta minutos de la placa las motivaciones de Montenegro y Mahan parecen apuntar en sentidos contrarios. Es Montenegro quien sobresale con madurez como protagoniza de  “Las Fuerzas”,  “Medio mal” y “Medio Loca (hasta el bikini me estorba)”, tres piezas impecables, adornadas por pertinentes orquestaciones, percusiones y sutiles decorados electrónicos, en donde se rondan temáticas amorosas desde una perspectiva simple y directa. Son estos momentos en los que Dënver consigue cuajar  un pop cautivador, a la altura de una banda que intenta demostrar el crecimiento de sus composiciones y de un estilo que trata de despegarse de la fachada edulcorada de sus primeros años.

Lamentablemente, el grueso del álbum es desaprovechado  por Mahan en canciones recargadísimas de cuerdas y vientos como “Tu peor rival”, “Revista de gimnasia”, “Torneo local” -recuperada del repertorio primigenio del dúo en una versión desencajada y desechable- o la arrebatada “El árbol magnético ataca por sorpresa”. No obstante, el cantante consigue alcanzar ciertos grados de lucidez en “Concentración de campos” junto a Cristóbal Briceño como invitado en un emotivo dueto que se sobrepone a la precaria base electrónica que lo sustenta y al agregado de electricidad que lo remata.


Al no encajar las piezas, “Fuera de campo” no sólo se escucha como un pastiche de la caricatura de Dënver –esa banda obsesionada con lo deportivo y erótico (“Revista de gimnasia”), que no tiene pudor  de sonar españolada (“Profundidad de campo”) y que se puede acercar a lo siniestro si se lo propone (“Mejor más allá)-, sino también como un disco sin grandes direcciones y sin ideas. Y el agotamiento prematuro de éstas,  en una banda tan joven, es un síntoma muy poco auspicioso. 

Esta crítica fue publicada en "El Ciudadano" impreso, agosto 2013.

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Ivo Vidal - Trabajos para combatir la dislalia


Catalogar este trabajo como un disco conceptual, o siquiera denominarlo disco, no sería preciso. Inclinarse por ubicarlo en el plano preformativo podría ser más útil, pero tampoco lograría definir con precisión lo realizado por el artista Ivo Vidal en esta híbrida producción. “Trabajos para combatir la dislalia” (Michita Rex, 2013) más bien se percibe en tanto pieza de intervención y registro, en la que el autor explora los límites de la manipulación de su voz, y  en la que palpita un abrumador cuestionamiento sobre la norma y el control.

Tomando como referente los ejercicios pedagógicos que intentan superar la errática pronunciación de fonemas (dislalia), Ivo Vidal recita fábulas y repite sonidos  del lenguaje hablado (/l/, /r/, /s/, entre otros) para ejemplificar la correcta pronunciación de las palabras. Al hacerlo, aparece la voz como único soporte para la expresión del mensaje; no hay aquí instrumentación ni acompañamientos que puedan nutrir la narración de Vidal, salvo la utilización de sonido ambiente y algún ajuste digital de ecos y efectos. Es el autor el que cubre todos los espacios de la obra en un ejercicio vocal hipnótico y que se sostiene por casi cuarenta minutos.

Correr el riesgo de presentar una grabación desnuda no tendría sentido si no se considera esta entrega como una relectura de las tradicionales herramientas correctivas en la enseñanza temprana, con Vidal interpretando al agente formativo en los ocho títulos que dar cuerpo al disco/libro. En ese rol, expresa una interesante alteración de un instructivo “pedagógico”, dispositivo que apunta al disciplinamiento del lenguaje, y por ende, de la identidad. Y al recitarlo, grabarlo y manipularlo, el artista da cuenta del reverso sádico de la instrucción.


Por todo lo anterior, “Trabajos…”  es un caso aislado en el panorama actual de publicaciones musicales o sonoras. Una expresión más que nos recuerda que la canción que enfrenta al poder, la que se podría calificar como canción política, actualmente está sucediendo en los márgenes y a través de la experimentación.

Esta crítica fue publicada en "El Ciudadano" impreso, agosto 2013

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viernes, junio 21, 2013

La Bella Violencia - Pedida


Dos piezas sonoras le bastan al músico y artista visual Iñaki Muñoz para volver a remecer al oyente. El autor, que ya había demostrado sus capacidades bajo el seudónimo  Universo Error de Ahorcarte y el estremecedor trabajo de 2011 para el sello nacional Jacobino Discos, “Observatorio/Colmillos/Garras/Caparazones/Pelaje/Manchas/Trinchera y Melancolía”,  regresa con un nuevo seudónimo, La Bella Violencia, y el disco “Pedida” (Pueblo Nuevo, 2013), obra que sigue la línea de la experimentación electrónica del anterior trabajo de Muñoz, pero que desde un ángulo aún más cerrado  logra detonar un intenso vórtice sonoro.

“El Jardín de las bicicletas incorregibles” y “Error existen varias copias del efecto” son las canciones que sostienen a esta producción en poco menos de media hora. Ambas parecen registros opuestos; mientras la primera se nutre de la grabación de los sonidos que genera una bicicleta en mal estado, la segunda ahonda en las alarmas de errores de Windows. Sin embargo, la reproducción de escenas mundanas –el mal estado de un vehículo cualquiera y las fallas de un sistema operativo tradicional- adquieren un carácter nuevo bajo la lupa de La Bella Violencia. Como si se tratara de una disección, Muñoz desenreda sampleos de cadenas, pedales y alertas computacionales, pero también añade improvisación y secuencias en un ejercicio de composición particular de ambient.

Pero el impacto auditivo de “Pedida” escapa a las evocaciones que pueda generar la manipulación de efectos electrónicos. El potencial de un disco como éste radica en la construcción de un mensaje indirecto sobre la realidad, un espejeo siempre fracturado sobre el entorno. Así, “El jardín…” destaca desde su inicio por el dramatismo que cargan los silencios y ruidos que se van mezclando con los samples de un objeto que en algún segundo podemos reconocer –¿es de verdad un bicicleta?- y por la atmósfera lúgubre que Muñoz entrega a un instante finito, irrelevante, pero que puede poseer la carga de una abrumadora pesadilla diaria, palpitante, omnipresente. Y por su parte,  “Error existen…” supera la anécdota  glitch para jugar con la idea de la falla como defecto y también como única oportunidad de subversión.


Perturbador, el final del disco invita al oyente a seguir esperando más interpretaciones sobre lo cotidiano. Pero las pistas no llegan y la experiencia musical se completa con la falta. Y esa es la mayor gracia de la nueva aventura de Muñoz.

Esta crítica fue publicada en El Ciudadano (impreso, junio 2013)

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viernes, enero 18, 2013

Como asesinar a Felipes - Comenzará de nuevo




En tiempos donde lo que se conoció –e ingenuamente se sigue calificando- como “la nueva generación de músicos nacionales” ya está absorbida  por festivales y mercados, Como Asesinar a Felipes parece una excepción a la regla de esta estandarización. Son populares, editan con mayor regularidad que la mayoría de sus contemporáneos y gozan reconocimiento dentro y fuera de Chile por su particular entrega de oscuro hip hop; sin embargo, CAF ha logrado lo que casi ninguno de sus compañeros se propuso: madurar una narrativa propia, en donde abunda el rechazo y el  cuestionamiento. “Comenzará de nuevo”, la cuarta producción de la banda en cinco años, es una buena muestra de aquello.

Recurriendo a sólo seis canciones, CAF despliega en este disco poco más de treinta minutos marcados por la ira y la provocación. Cada corte ronda el lema del grupo –“matar a la música linda”- y también vuelven a aparecer los samples de películas, entrevistas o discursos que enriquecen esa atmósfera de cine negro que ya es un clásico del quinteto. No obstante, en esta oportunidad, la excelente mezcla de batería, bajo, piano y electrónica se sumerge en una búsqueda por romper su propio sonido. Canciones como “De doble filo”, “Siempre será lo mismo” o “El recurso popular más válido” entregan nuevos aires a una banda que es conducida  por un rapero –Koala Contreras-, pero que sigue demostrando su inclinación por la experimentación y los márgenes del rock al unir distorsiones con trompetas, bombo, platillos y arreglos digitales.

También el discurso de CAF presenta sutiles cambios. Por ejemplo, gran parte del álbum está dedicado a un debate interior. Así, las rimas de Contreras esta vez no sólo salpican a las instituciones, sino que también ensucian el reflejo de un sujeto que se reconoce desbordado. Resulta interesante este doble tiroteo, pues propone una necesaria reflexión sobre  el despliegue del poder, la lucha “del hombre contra el hombre” y el lugar que ocupamos frente a la norma.  

En consecuencia, “Comenzará de nuevo” es otra estupenda muestra del trabajo de una de las pocas agrupaciones locales que se olvida de la anécdota vacía  sobre los partidos políticos y el descontento. Aquí no aparecen escenas de marchas ni reclamos, ni adultos jugando a ser jóvenes eternos, ni ladridos, ni gritos en contra de los ricos empresarios gobernantes. Como Asesinar a Felipes sube un poco la mirada para jugar con el lenguaje y el sonido y así   inquietarnos sobre esa violencia dominante que escapa a nuestra percepción más cotidiana y que, bajo ninguna circunstancia, es tema de interés para los rostros musicales del último tiempo.

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martes, octubre 16, 2012

Namm - Geografía



Levantar puentes entre la intimidad y el entorno es el tema central de “Geografía”,  debut del cuarteto local Namm.  Y fiel a su título, este trabajo es un paisaje dibujado  por diferentes hitos que van marcando la voz de Loreto Molina, la trompeta de Ana Gallardo y los arreglos de teclados y programaciones a cargo de Pablo Flores y Pablo Fuentes. También es un críptico mapeo de revelaciones personales que buscan un eco en el espacio que ocupan y de estimulantes insinuaciones pop de una electrónica siempre al filo de la experimentación. 

En poco más de media hora, los nueve cortes de este trabajo dan cuenta de la versatilidad melódica de Namm. En “Con razón y sin sazón”, los recursos electrónicos aparecen con evidente énfasis, lo  que marca la cara más atrevida de los nacionales y en donde se evoca a las primeras creaciones de Flores, un autor que ha trabajado distintas corrientes digitales. Mientras,  en “Paso” las estructuras de bases y teclados invitan sin rodeos al baile y en “Costa Azul”, “Bailando en la oscuridad” o “En frente de mí” los arreglos de bases y sampleos intrincados dirigen el sonido de la banda hacia un pop oscuro y de carácter, en donde voz, vientos y recursos electrónicos arman una destacada cohesión. 

Gracias a esta nutrida plataforma sonora Namm  da una sutil vuelta de tuerca al pop criollo, pero el riesgo no se termina en la incorporación de efectos más o menos novedosos. Aquí también pesa la búsqueda por temáticas nuevas; una intromisión en recovecos poco explorados por los nuevos y más jóvenes creadores locales. Así aparecen referencias a la soledad y la angustia por la pertenencia inconclusa a un tiempo y un espacio (“Chamusca y arena), la desolación y el peso de un proyecto inacabado (“Geografía) y el hastío ante las nuevas y miserables formas de comunidad o relación que se van moldeando entre nosotros (“Stellar”). Al acariciar esas ideas en diferentes fragmentos del disco, la banda forja un discurso poderoso y crítico que se va concadenando canción a canción.

Aunque pertenecen a la nueva camada de poperos criollos, Namm estampa con “Geografía” un estimulante accidente en medio del monótono plano del pop nacional. Su sello es un cuidado uso de las fórmulas de la electrónica, una cautivadora voz principal y la sutil subversión de una poesía que emerge desde una enunciación particular, pero que da cuenta de un desasosiego  general. 

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, octubre 2012) 

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Ignacio Torres - Ahora es cuando




Una estimulante lectura del soul propone Ignacio Torres en “Ahora es cuando”. Aunque no es su primer acercamiento a la canción –el chileno fue integrante de Óvolo y también participó en el desaparecido sello Neurotyka-, este  trabajo es su carta de presentación oficial, una postal que destaca por sus arreglos y por el carisma de Torres, voz que cuenta con las capacidades para incursionar en formatos serenos o en registros cadenciosos  que podrían alcanzar sin problemas la masividad.

De menos a más, el disco se inicia con el pulso lento de “El color del mar”, canción que se une a las programaciones de “Tu esencia”, una sofisticada pieza de R&B que se potencia con la colaboración de Muriel Naranjo en los coros. La serenidad continúa hasta “De fuego”, corte que vuelve a sacar partido a la electrónica. Sin embargo, en esta línea brillan “Otoño” y “Amores”, dos baladas que no ocultan el gusto de Torres por el romanticismo. Esta última es un buen ejemplo de la habilidad del  cantante por rondar los tópicos clásicos del corazón pero sin recurrir a los vicios del soul, estilo obsesionado con la piel, los olores y la sobreactuación de la sensualidad.

Como complemento, los ritmos también seden espacio a los bajos y las percusiones aceleradas en “Sin apuro” y “Ahora es cuando”; asimismo, “Cosas sencillas” y “Nodudes” son dos guiños al hip hop que cuentan con los aportes de Seerjú y Tiei en las rimas. En estos minutos aparece la faceta más alegre del cantante, quien nunca olvida versos esperanzadores y positivos en sus letras.

En consecuencia, gracias a la meticulosa producción de “Ahora es cuando” –que no se queda corta en arreglos de viento, cuerdas, programaciones, efectos y colaboradores- Ignacio Torres firma un disco de buenas ideas y abierto a nuevas interpretaciones sonoras y poéticas para el soul nacional. Un grato acierto.

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, octubre 2012) 

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viernes, junio 01, 2012

Mika Martini - Los Hanoish y otras subculturas extintas



Si hay algo que distingue a Mika Martini (Hugo Espinosa Chellew) en su nuevo trabajo es la capacidad del compositor para presentar la música electrónica como un espacio de tensión. Amparado en la idea ficticia de “Los Hanoish y otras subculturasextintas”, Martini se sumerge en la ambiciosa reconstrucción fragmentaria de imágenes y territorios de un mundo desconocido, tarea en la que fusiona elementos del ambient, la experimentación  y referencias a la estética del error para armar un complejo rompecabezas.

Es el enigma el motor principal de “Los Hanoish…”, un disco que recupera nueve cortes ya publicados en distintos compilados, pero que ahora instalan una atmosfera apocalíptica en títulos como “Golfo de penas”, “Las Minas de Sal de Zipaquirastepek” o “La Lluvia se llevo a los Hanoish”. En estas canciones, las programaciones sintetizan vestigios sonoros que remiten a escenas subterráneas, oscuras, pero también marcadas por huellas digitales –circuitos, alertas, archivos alterados- que indudablemente apelan al glitch. 

A su vez, estas señas se nutren del buen uso de susurros, ecos y voces entrecortas. “Canales de Piedra y Canoas de Piel”, “La Migración de los Pachacampanac” o “La Caída de la Subcultura Subacuatica Subcontinental” son piezas que utilizan esos efectos para anclar la idea de eslabón perdido. ¿A qué evocan esos gemidos? ¿Cuál podría ser el referente más cercano de esos balbuceos?

La respuesta no existe o carecemos de ella. Ese es el dilema que Mika Martini plantea en este disco, pues aquí no sólo se distingue un estupendo ejercicio de nostalgia, sino que también  un oportuno diálogo con los límites de la música electrónica como lenguaje. 

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, junio 2012) 

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Cholita Sound - Ponte Free



Electropop con retoques de folclor, tecno adornado con secuencias reguetoneras, electroclash tropical. Esas son algunas de las mezclas que Caterina Purdy trata de desarrollar en “Ponte free”, su nuevo disco bajo el alias Cholita Sound. El reto es grande, y como sucede con la mayoría de los subproductos asociados a la cumbia digital, el resultado final es poco menos que agraciado, frío y ultra conservador.

Cubierto con un frágil envoltorio conceptual, el disco presenta a Cholita Sound, un personaje que busca resignificar la figura de la cholita andina. En “Hermana bolivariana” o “Ghetto kumbia” la cantante toma la batuta por la cultura norteña, pero al hacerlo recurre a la sobreactuación y a la mantención de estigmas vinculados al misticismo, la transmutación u otras figuras “exóticas”. En esa jugada, Purdy encapsula su propia idea en lo kitsch, etiqueta que una vez más sirve para solapar evidentes ejemplos de discriminación.

En este caso llama la atención el discurso de la ex Purdy Rocks en torno a lo popular, esa baja cultura que para sus ojos es un tesoro. “Cumbia sahumerio”, “Radio cuma” o “Perreo místico” hablan de sus problemas para encajar en el sistema económico y social, y al mismo tiempo, del encanto que producen en ella los ritmos barriobajeros. En consecuencia, el tono que adopta la cantante y la reiteración de esa idea en donde la liviandad se asocia a una clase en particular hacen del disco un ejemplo sorprendente de abajismo.

No es casual tampoco que el soporte electrónico sostenga las trece canciones de “Ponte free”, pues bajo este paraguas de bases programadas y voces  manipuladas (en donde se escucha a lejos, muy a lo lejos, una que otra percusión) se esconde una nueva ilusión de vanguardia, esa falsa sofisticación que como ocurre en otros proyectos nacionales (Astro, Valentina Fel o Adrianigual) sólo sirve para demostrar la carencia de marcas sonoras convincentes e ideales políticos concretos.

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, junio 2012)

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jueves, mayo 03, 2012

Juan Pablo Abalo - Canciones de Misa



Durante la Semana Santa recién pasada, el compositor nacional Juan Pablo Abalo liberó "Canciones de misa", su nuevo disco. La fecha elegida para estrenar su tercer trabajo  no pudo ser otra. Por esos días, la portada del álbum en donde se ve a dos niños junto a un hombre disfrazado de conejo de Pascua cobraba un sentido especial; ingenuidad, creencia y perversión se fundían en la imagen central de este esfuerzo por encarar a través de la canción breve las sórdidas historias protagonizadas por representantes de la Iglesia.

Demostrando su inclinación por el minimalismo, el autor escribe ocho canciones comandadas por el sonido de la guitarra tradicional, textura que poco a poco, y a medida que avanzan los segundos en cada corte, se va ensanchando gracias a arreglos de cuerdas y vientos. Así, “El pastor” –canción inspirada en Fernando Karadima-, se estructura según el sonido de las seis cuerdas, mientras que en “El suicidio”, “Procesiones” o “Ausente”, la guitarra cede espacio a percusiones, bajos o sonidos de órgano y piano.  El resultado de esta instrumentación simple, pero a la vez detallista, entrega solemnidad a relatos que hablan de dominación y angustia.

En tanto, la voz ceremoniosa  del cantante, consigue traspasar cierto rigor a estas historias, hasta impactar en “La confesión”, cuando interpreta a víctima y victimario  en los tres minutos más dramáticos de la obra.

Aunque Abalo no eligió una temática desconocida, su gesto  es inédito en el panorama musical actual, pues elabora un disco conceptual  sobre una temática naturalizada como información de prensa, pero que esconde un revés putrefacto, en donde pesa la fe y los vínculos de poder económico. En ese nivel, “Canciones de misa” golpea dos veces: por un lado nos restriega lo más oscuro de un sector de la sociedad, y por otro, nos recuerda que la canción popular sí puede superar la palabrería ególatra y superficial a la que estamos acostumbrados. 

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, mayo 2012)

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Los Embajadores - Faisanes



Cuando Los Embajadores publicaron la canción “Su merced” en el primer compilado del sello Michita Rex del año 2010, las expectativas en torno al grupo surgieron por la mezcla de lamento y romanticismo que firmaban, la presencia de una pareja de vocalistas –algo nada usual en el país- y la tendencia a la oscuridad de su sonido. Sin embargo, con la reciente edición de “Faisanes”, el debut oficial de la banda, la calidad de la propuesta a cargo de Danae Morales, Cristóbal Gajardo, Sebastián Sampieri, Felipe Lagos y Walter Roblero comienza a tomar forma concreta.

En poco más de media hora, las diez canciones de esta producción arman una interesante versión de dream pop; gran parte del disco está dominado por melodías cansinas, que combinan percusiones no tradicionales (metales, ruidos de ambiente y de animales) y programaciones electrónicas que elevan el pulso, tal como ocurre en “Peso” o en “Compañía del novio”, dos cortes en donde Morales sobresale gracias a una voz pálida e hipnótica. También “Faisanes” y “MDV” refuerzan esa versatilidad sonora y completan un marco de relatos tormentosos.

La emoción contenida de Los Embajadores alcanza niveles estremecedores en  las épicas “La doble vida” y “Mucha fe”, piezas en las que Gajardo (también conocido por su proyecto Voz de Hombre) destaca por su capacidad para transformar lo dramático en heroico. Asimismo, “Amigo realidad” y “El sueño de una muñeca malvada” exponen una personalidad que cavila entre el fracaso y los anhelos de un sujeto que dice no querer “volver a trabajar en lo que me mata” y que sufre por la asociación entre el comercio y su billetera.  

Con sutileza, esas insinuaciones hacen del relato de Los Embajadores un espacio en donde los sentimientos no se miden por la carga melodramática de las insinuaciones amorosas. Por tanto, el primer trabajo del quinteto convence por sus matices sonoros y también por un discurso que los aleja –afortunadamente- de sus coterráneos.    

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, mayo 2012)

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lunes, abril 09, 2012

Alamedas – Romeo




Un ambicioso esquema es el que trata de completar Alamedas en Romeo (2011), su cuarto disco oficial. A la realización de un rock cada vez más prolijo, el grupo liderado por Alejandro Gómez suma la intención de hacer de sus creaciones un punto de inflexión, un espacio de reflexiones contundentes capaces de proponer problemas o, al menos, algún tipo de cuestionamiento sobre estado de las cosas. Pero el resultado es disparejo si se consideran las historias que aparecen en estas nueve canciones.

Como abunda en la música popular, gran parte de Romeo está al servicio de experiencias individuales o  anécdotas sin mayor sentido que pueden hablar al mismo tiempo del amor, de las relaciones, de la existencia o de un futuro esperanzador. “Ya sabes” o “Puesto” expresan ese estilo errante que divaga entre diversas ideas paralelas. “Monumentos” es otro ejemplo, y el más sorprendente de todos, pues en esta canción el trío nacional es capaz de ensamblar una crítica al colonialismo con la diversión y unos “mijita rica” como broche final. ¿Qué es eso? ¿Una simple muestra de absurdo? No es tanto eso, sino que más bien se trata de una evidencia clara del rock nacional bizco, capaz de visualizar con un ojo algunas intenciones más o menos profundas, mientras que con el otro se mantiene atento a los lugares comunes del formato. 

Mejores resultados logran en “Sin que te lo pida” y “Sigue”, dos cortes románticos que además convencen con una estructura simple y efectiva, tanto como “Otro mundo” y “Alturas”, este último con el llamativo aporte de un saxo.

No obstante, Alamedas cae en otro vicio: utilizar su repertorio para deslizar un breve reproche a las audiencias. “Deja de lado sólo por un momento esas canciones que ponen en la radio y presta atención hacia nuestro lado. Maduramos tres años para hacerte un regalo”, dicen en “Solo entonces”, en una jugada inexplicable  si se considera la relación actual entre autores y públicos. Esta recriminación, tan innecesaria como pretenciosa, aparece justamente en los minutos finales, cerrando una producción zigzagueante y que no esconde su naturaleza infantil.

Si bien es cierto que Alamedas logra firmar su trabajo más conciso, no es falso añadir que Romeo deja pendiente una muestra más concreta de su crecimiento, pues hasta ahora sólo se reconoce a una  agrupación sólida, fiel al rock más popular, pero que no es capaz de sostener un discurso acorde al paso de sus años. 

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, abril 2012)

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Jano – Ay, bonita!



Jano Soto (Alejandro Kemp), figura que hace más de quince años hizo lo suyo en el rock nacional con canciones como “La luz del cuerpo” o “Ella siempre”, vuelve a ser noticia como Jano y Ay, bonita! (2011), un disco en donde no sólo hay un retorno, sino que también una regresión. Aquí el cantante adopta una estética de hace casi medio siglo atrás para escribir diez piezas híbridas, que suenan entre el rock y la balada surf, que no temen mezclar rockabilly con pasión cebolla, o dicho de forma más elemental, se mueven de igual a igual entre los Beach Boys más tradicionales y el Zalo Reyes más lacrimógeno. 

Jano no oculta este tipo de influencias y en el despliegue de esta media hora las asume y las reinterpreta con humor. El resultado cautiva y cada corte logra su objetivo: sonar como los antiguos éxitos del corazón, esos relatos de amores adolescentes con  estribillos memorables y melodías instantáneas. “Cerquita mío” –el estupendo promocional del álbum-, “Nadie como tú” o “Otra vez me equivoqué” son composiciones entretenidas, llenas de segundas voces que acompañan el tono de Soto y en las que se reiteran los más célebres tópicos radiales: el amor que enloquece, el sentimiento avasallador, el papel del amante borracho, el bobo suicida y medio machista, el loco desdichado, etc. 

Pero al asumir un rol de impecable crooner (que no recurre a ningún exceso vocal, pues prefiere la serenidad y la calma, y que cuenta con el soporte de una contundente banda tras de sí), Jano no se limita a copiar a los clásicos. Así, en “Toma el tren” escribe una balada rock con impronta actual; de “Vive tu vida aquí conmigo” hace una fiesta latina o en “Desdichado” y “Sólo te pido que, al menos, me dejes tu corazón” entrega nuevos aires al romanticismo local. Con eso demuestra que este evidente homenaje a un pasado ingenuo y bonachón también es una oportunidad bien aprovechada para volver a las pistas con algo más que nostalgia.

El aporte de Ay, bonita!, en consecuencia, está en convencer con una idea que no pierde lógica a medida que se desarrolla y que opta por un sonido simple y un lenguaje coloquial para reinterpretar las raíces de la canción romántica. Sin duda, una grata sorpresa. 

Crítica publicada en El Ciudadano (impreso, abril 2012)

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miércoles, abril 04, 2012

Natisú - Deshabitar



Un recorrido por distintos estados de ánimo es el que propone Natalia Suazo en Deshabitar (Independiente, 2012), su primer trabajo oficial como Natisú. En este proyecto, la cantante hila escenas de corte personal para referirse a las frustraciones, los anhelos y las proyecciones de una intimidad ambivalente, siempre cargada de luces y sombras. Ese contraste se afirma en una producción que saca partido a la atractiva voz de Suazo y que sobresale por la variedad de arreglos que aparecen en estas diez canciones.  

Aprovechando los recursos clásicos del pop más oscuro –la fuerte presencia de guitarras y distorsiones, pesados ritmos de bajo y batería, sutiles arreglos electrónicos-, Natisú disfraza su impotencia en “En esta parte del deseo”, “Rituales” o “Al encuentro”, cortes en los que su voz se retuerce entre tonos cándidos y gritos que se escuchan liberadores. Sin embargo, la evidente carga dramática de estas piezas siempre oculta un dejo de optimismo, tal como lo demuestra “Polillas de la tarde” y la sentencia “hay nuevos modos, nuevos medios, nuevos aires. Siente los dientes y masquemos esta realidad”, una de las líneas que define la naturaleza conciliadora de esta entrega.

Por eso, son  otras las canciones que abren nuevas posibilidades al debut de Natisú. Y justamente son las que menos abusan de esa fachada sombría y las que más se acercan a la simpleza de lo acústico. En entre ellas, “Miles de ciudades” y “Deshabitar”, dos baladas al servicio de la incertidumbre. Aquí, la cantante da un giro para sostener un interesante cuestionamiento sobre la seguridad y el buen vivir, aspirando a cambiar las formas y a abandonar los roles que asumimos como dignos o beneficiosos. Con eso, logra que su narración supere –al menos en parte- el lugar común de las divagaciones personales, casi siempre amorosas.

Es evidente que Natisú busca acercar la música popular a terrenos menos convencionales o al menos proponer una dosis de penumbra al formato pop. Aunque le resulta, la forma en este caso resalta tanto como las ideas que desarrolla en cada canción. Esa es la mayor fortaleza de Deshabitar: transformar un estilo, un sonido, en un mensaje que debería sorprender en próximas publicaciones.
 

Esta crítica fue publicada en Nacion.cl

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jueves, marzo 01, 2012

Universo Error de Ahorcarte - Observatorio / Colmillos / Garras / Caparazones / Pelaje / Manchas / Trincheras y Melancolía




Tenebroso, contenido, a punto de estallar. Así se escucha Observatorio / Colmillos / Garras / Caparazones / Pelaje / Manchas / Trincheras y Melancolía (Jacobino Discos), trabajo del músico y artista visual Iñaki Muñoz bajo el seudónimo Universo Error de Ahorcarte. Detrás de este sugerente título y apodo, el autor se atreve a proponer una electrónica muda, dominada por la superposición de trayectos sonoros que parecen apuntar en direcciones opuestas, pero que dan sentido a un lenguaje oscuro, perturbador y siempre vinculado a la falla y la carencia.

En poco más de media hora, Observatorio…ofrece doce cortes que circulan por variadas etiquetas. Hay ambient en “El alzamiento”, glitch en “La magnificación”, contrastes melódicos en “As de luz” e incluso roces al trip hop en “Ardiendo”. Aunque diversos, estos estilos están unidos al mismo tallo: una atmosfera densa, colmada de capas, efectos y programaciones; un rasgo común en donde los ruidos y los esporádicos susurros (o balbuceos) abren y cierran puertas para el desarrollo de canciones que tratan de quebrar la lógica tradicional del formato.

Ya que cada pieza carece de una progresión clásica, el disco en su totalidad se  entiende como un tránsito digital que comienza con la jocosa “Institutriz”, continúa con la fantasmagórica “Extracción de resina” y finaliza con los minutos chispeantes de “La nueva madriguera”. Así, el arco que atraviesan las composiciones de Universo Error de Ahorcarte dibuja una ruta que avanza y que nunca encuentra un punto definitivo, pues busca decir, pero esconde la palabra.

Sombrío, agónico, sin respiro, algo reiterativo, lúgubre y sorprendente a la vez, este disco destaca por la capacidad para transmitir un malestar que se está incubando y que no abusa del ruido para denotar desazón o furia. Como la banda sonora de un colapso inminente, Observatorio convence por adornar los minutos previos al horror. 

Crítica publicada en Nación.cl

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