viernes, abril 08, 2016

Hora de volver: el regreso de Suárez a Chile

Suárez.


El jueves 14 de abril la recordada agrupación argentina Suárez se presentará en Discoteque Blondie luego de casi dos décadas sin pisar tierras locales. Show de culto para fanáticos y una oportunidad para jugar a correr el tiempo hacia atrás y revivir un sonido que marcó los 90 en ambos lados de la cordillera. Aquí, la banda –los cinco amigos, los cinco músicos, los cinco protagonistas- nos cuentan cómo intentan recuperar el pasado sin alimentar nostalgias ni espejismos de un nuevo futuro juntos.

No hubo tiempo para conversar, saldar eventuales cuentas pendientes o sentarse a mirar antiguas fotos. Nada de eso. El reencuentro fue sin preámbulos; se juntaron en una sala de ensayo y se dedicaron a lo que más querían hacer: tocar, cantar y desempolvar el repertorio que habían dejado en pausa hace más de quince años. Así fue cómo Suárez, el combo bonaerense integrado por Rosario Bléfari (voz) Fabio Suárez (bajo), Marcelo Zanelli (guitarra), Gonzalo Córdoba (guitarra) y Diego Fosser (batería) se rearmó como si nada. La “excusa” fue el estreno de la primera parte del documental sobre la banda, “Entre dos luces” de Fernando Blanco, en noviembre pasado en Mar del Plata.

“Cuando presentaron la película me preguntaron si existía la posibilidad de reunir al grupo, a lo que dije que no, porque estábamos muy alejados”, cuenta Rosario Bléfari desde Argentina. “Además había poquísimo tiempo para hacerlo y no estaba en nuestros planes. Pero al comentarle la propuesta a los demás, todos querían o no les parecía imposible”, explica la cantante. Gonzalo Córdoba añade que pese a llevar tiempo sin verse, todos querían volver (al menos) a presentarse en vivo. “El documental trata sobre nuestra primera época, y eso despertó el recuerdo de cómo nos divertíamos. Y nos juntamos de manera impensada, sólo por el placer de lo imprevisto”, comenta el guitarrista.

El primer resultado del regreso de Suárez fue una energética presentación en Mar del Plata junto a los seguidores de siempre y nuevos fanáticos. Para nadie fue una sorpresa, entonces, que se programara un segundo concierto en Buenos Aires, en marzo de este año en el conocido Centro Cultural Konex.  “Ese show me sorprendió, fue mucho más de lo que esperaba”, comenta Diego Fosser. El baterista concuerda con el resto de sus compañeros en que este nuevo contacto con el público les permitió reconocer los cambios entre sus seguidores. Y no sólo por la diversidad de edad y generaciones. “El público se multiplicó y se “cancherizó”, como los fans de futbol. En los noventa esa experiencia la vivimos justamente en Santiago, fue algo muy lindo, con la gente cantando las canciones y todo eso. ¡Ahora espero que Santiago le gane al Konex!”, añade entre risas.

¿Por qué Suárez aún mantiene ese estado de alerta en sus fanáticos? ¿Simple efecto de memorabilia local o por la búsqueda de un sonido que no se ha vuelto a repetir en el contexto latinoamericano? Para los Suárez se trata de lo uno y delo otro. “Creo que está relacionado con esos estados emocionales atesorados, igual que nos pasa a nosotros; sensaciones, viajes intensos, dulces y ácidos que han quedado alojados en la memoria del que nos escuchó hace quince años o hace un año. Son canciones y timbres muy particulares también”, se explica Rosario Bléfari.

Su compañero en la guitarra, Marcelo Zanelli va un poco más allá: “Suárez tiene canciones sin tiempo y una forma de hacerlas sonar que es…no sé qué palabra usar…muy suárez. Hay algo de misterio ahí. Además, la banda forma parte de un inicio, que junto con otros grupos, puso algo en marcha. Había una saludable urgencia en todas nuestras acciones”.

Otro galope

Pese a que los cinco músicos insisten en que la reunión de  Suárez surgió casi de manera espontánea, todos comparten en mayor o menor medida una misma sensación: nunca lograron olvidarse de la banda que como amigos mantuvieron y con la que editaron discos tan memorables como “Horrible” (1995) o “Excursiones” (1999). “La verdad es que estaba justo empezando a no extrañar a Suárez”, ironiza Fabio Suárez desde la capital trasandina a la hora de pensar en los últimos conciertos. Lo mismo detalla Bléfari, quien resta importancia a la nostalgia: “¡No sabía que los extrañaba hasta que nos juntamos de nuevo! Trato de vivir el presente y estoy siempre con nuevos planes, pero ahora Suárez se transformó en parte del presente y me gusta mucho”. 

Más melancólico, el guitarrista Marcelo Zanelli agrega: “Redescubrir a Suárez y volver a escuchar los discos con otra perspectiva me gustó tanto que ahí sí digo… esas canciones, esa forma de armarlas y buscar el sonido. Me digo qué lindo volver a tocar estas canciones que me gustan. En fin, me parece que es una forma un poco elíptica de reconocer que sí, que extrañaba a Suárez”. En tanto, Diego Fosser  no oculta que siempre añoró volver a la formación original. “La banda es el proyecto más importante en el que participé, el que hizo realidad todo lo que había soñado cuando empecé a tocar la batería a los catorce años”, admite.  

¿Pero ese recuerdo es suficiente para que Suárez siga con vida de manera indefinida? Ni ellos lo saben. Cada uno de los integrantes ha seguido caminos muy diversos como psicólogos, abogados, actores, cantantes (Bléfari siguió publicando en solitario o con Sué Mon Mont), trabajando en radio o docencia,  como para retomar las riendas de una banda. Además, el contexto discográfico y de difusión –entre la maraña de internet, productoras, marketing, redes sociales- es otro para un grupo icónico en lo que se pudo denominar como el under y el rock alternativo o independiente de hace dos décadas en Argentina. Corren otros tiempos y ellos lo saben. “Me parece que el oído cambió y también la tecnología. La difusión es otra y ahora no dependes de unas radios o de un suplemento o si advierte tu presencia una compañía discográfica”, dice Zanelli.

Así, los aparentes cambios en la industria, reconocen los Suárez, podrían ser tan provechosos como improductivos. Rosario Bléfari advierte que este nuevo contexto permite una relación más directa entre músicos y público, pero es escéptica a la hora de seguir esa ruta. “Hoy las grandes marcas o productoras no se juegan por nada, invierten poco y a veces frenan el camino de una banda. No lo conozco desde adentro, pero he visto casos de quienes por entrar en una cosa así perdieron lo que habían conseguido siendo independientes. De todas maneras siempre son arduos caminos, y todos son diferentes; aquellos que pueden hacer un camino con la presión y el apoyo de una discográfica, y les resulta, muy bien, pero es bien difícil porque debes responder a una expectativa. Tal vez podés hacer algo, conseguir que te paguen algo, un video por ejemplo, y salirte. Nunca fue mi opción ni mi camino, pero no soy quien para decir qué le conviene a cada uno. Personalmente me gusta cuando hay un camino hecho por la relación con el público que va creciendo o se va afianzando o va cambiando. Eso es muy valioso”, sostiene la cantante.

Los veo aparecer

El show de Suárez en Chile el 14 abril  en la Blondie será el tercer concierto de la banda luego de esta reunión fugaz. No tienen idea si se vienen más fechas. O al menos eso prefieren adelantar. Vendrán y puede que desaparezcan como ya lo hicieron una vez. Sin embargo, el regreso a Chile parecía una cita obligada, después de años de compartir escenario y colaboraciones con bandas como Pánico o Congelador.

“En Chile siempre fuimos muy bien tratados por la gente, que era muy cariñosa y amable. Además hicimos nuestro primer documental allí”, recuerda Fabio Suárez sobre su vínculo con tierras nacionales.  “Cuando estuvimos en Santiago y Concepción siempre nos trataron muy bien, y me sorprendió en ese momento el nivel de información que manejaban sobre la música independiente de todo el mundo en una era pre-internet. Recuerdo haberme vuelto con varios cassettes grabados que nos pasaron con novedades del momento”, añade Gonzalo Córdoba.

Para Rosario Bléfari este nuevo recital en Chile será como una primera vez, ya que algunos integrantes de la banda nunca habían cruzado la cordillera junto a Suárez. “Todo  va a ser nuevo y será como una presentación, vamos a “conocer” al público nuevo y al de antes”, dice entusiasmada.


¿Qué podemos esperar para después? ¿Se viene nuevo disco de Suárez? Son preguntas que es imposible no lanzar. “Estoy abierto a lo que venga y a lo pueda llegar y la verdad es que no lo sé. Si lo supiera  no lo ocultaría; si surgiera esa posibilidad, diría que sí”, afirma Marcelo Zanelli.

Por su lado, Bléfari no cierra la puerta: “No sabemos si se viene nuevo disco. Juro que no. Pero así como no sabíamos que íbamos a volver a tocar alguna vez, ahora ya tampoco me animo a decir como antes: no creo. Porque los hechos me desmintieron”.

Publicado en Paniko.cl 

TESTIGOS

A la hora de escribir sobre el regreso de Suárez a Chile, pensé en la oportunidad de sumar más voces de testigos o seguidores que pudieran aportar una imagen de lo que fue/es la banda en Argentina, específicamente en Buenos Aires. Siempre tuve en mente a dos personas: el crítico Pablo Schanton y el cantante y compositor Ignacio Herbojo. Después, cuando terminé de rearmar las preguntas y respuestas a los cinco Suárez, me di cuenta que la breve historia de su show en Santiago no soportaba más actores que los propios músicos. Sin embargo, Schanton y Herbojo contestaron a mis preguntas de manera tan directa y relevante que no valía la pena guardar sus testimonios. Acá van.

Dice Pablo Schanton:


Por empezar, definamos: Suárez es al indie lo que los Redondos al rock independiente del ala La Renga en adelante. Sin mucha militancia explícita (recordemos que la estética "slacker" de los 90 no lo hubiera permitido), Suárez fue independiente a pesar de cómo evolucionó el mercado del rock "alternativo" de la época. Sin Suárez no existirían ni Rosal ni El mató a un policía motorizado, y sus actuales consecuencias. Es decir, es un grupo-bandera de una ética frente al mercado musical y una estética frente al conservador rock nacional hegemónico que ya quedó en la historia.

La Argentina es afecta a los homenajes, especialmente si son post mortem, al museo, al folclore. Por eso, no es casual que una documental haya sido el motor de la reunión de los Suárez, que han sido canonizados como leyenda indie nacional & pop forever. Su discreción a la hora de reunirse tras 15 años demuestra que a ellos tampoco les cabe mucho esto de la nostalgia y las leyendas vivas.

Conozco a Suárez desde el comienzo. Los vi en sótanos muy sótanos al borde del amanecer y hasta en terrazas muy altas de madrugada, y sigo a Rosario en todo lo que emprende. Yo estoy contento con los proyectos de ella, y con haber visto y vivido a Suárez mientras duró. No me gustan las reuniones ni el retro nostálgico en general. Pero no puedo negar que volver a escuchar "Falso ladrido" a pulso de Fosser y llevado por la guitarra de Gonzalo no dejó de emocionarme muy profundamente. Así de simple: hay cientos de bandas "indie" hoy, post-Suárez en todo sentido (hasta en la formación), pero ninguna canción pega con la carga poética (en sentido lírico y musical) como una de Suárez. Y dicho, lejos de lustrar la leyenda y el bal bla blá...

Ver en vivo a esa banda -cuatro hombres detrás de/junto a una mujer que canta, baila, toca instrumentos inverosímiles y actúa y tanto más- es una experiencia única por su carga rockera y dramática. Y como en Sudamérica siempre se necesitan las "versiones locales de", Suárez (el nombre remite un poco a Smiths, ¿no?) funcionó como un Sonic Youth con olor a ruta de provincia, a madrugada metropolitana. Justamente, las referencias líricas de una de las mejores letristas de este país, que es Rosario, connotan un tipo de vida urbana y de salida de la ciudad que tienen antecedentes en la lírica del primer Gieco o Los Pillos. Eso hace que no sea una banda homenaje a Sonic Youth, o Pavement, o Velvet Underground. Suárez es la banda que mejor entendió y asimiló a Velvet Underground en estos lares, lejos. Basta escuchar "Una tarde de cansancio".

Suárez es una banda argentina, no podría ser de otra manera.

Otro punto a tener en cuenta: Rosario Bléfari se convirtió en "role model" de muchas chicas que están en el rock, como público, artistas, o cantautoras. ¿Qué otra banda under con chica al frente (al frente eh) tuvo la misma trascendencia en esos años además de Suárez?

No sigan contando, vean a Erica García en la tele por estos días y la respuesta ya está dada. 



Dice Ignacio Herbojo:


Escucho Suárez desde que tengo 16 o 17 años. En esa época todavía estudiaba piano clásico, y al tener esa formación, los sentí como una ola de aire fresco y renovador que se salía de la norma, tanto lírica como compositiva. Su  imaginario cercano y cotidiano siempre me fascinó, y creo que influyó mucho a la hora de sentarme a escribir mis canciones. También me pasó que cuando los empecé a escuchar, la banda ya estaba disuelta, entonces los veía rodeados de cierta mística y mi único registro eran sus discos, las palabras de algún amigo que había tenido la suerte de verlos en vivo en los 90s y algún que otro video de Youtube.

El año pasado, Rosario Bléfari me escribió un mail, preguntándome si quería tocar el piano para ella en una fecha que se venía pronto y yo acepté sin dudarlo. En dos o tres semanas me tuve que aprender doce canciones que me iba pasando en cuentagotas por mail. Para los que me conocen, saben que mi memoria es pésima, entonces esto era todo un desafío para mí. De a poco, fuimos probando cuál funcionaba y cual necesitaba más instancias de ensayo. Finalmente, la lista se redujo a la mitad más o menos.

Nos juntamos día por medio con Rosario y Federico Orio para trabajar los temas entre los tres. Entre canción y canción charlábamos mucho de cualquier cosa, y todo era muy distendido y relajado, aunque por otro lado el tiempo nos apremiaba. Pero creo que todos confiábamos en que iba a salir perfecto.

Para mí tocar con Rosario fue una de las cosas más increíbles que me pasaron desde que empecé en esto, hace tan poquito. Ella fue primordial en mi formación como músico, y para mí es un orgullo y un honor que se haya fijado en mí existiendo tantos otros pianistas.

Cuando supe que Suárez se reunía pensé que no podía perdérmelo. Entonces, con un par de amigos organizamos una escapada a Mar del Plata sólo por el fin de semana del recital,  para ver el documental de Fernando blanco y para verlos a ellos en vivo. Lo más gracioso fue que nos encontramos con los Suárez en el bus rumbo a Mar del Plata, y viajamos juntos sin haberlo planificado.
Estaba muy ansioso por verlos en vivo, sobre todo después de ver el documental de Fernando Blanco. Al llegar, la carpa del show estaba repleta. Me ubiqué adelante de todos. Es difícil describir lo que sentí cuando entraron. Para mí Suárez nunca había existido, ¡y ahí estaban! El show fue muy movilizante para todos los asistentes. Parecía una banda que no se había separado jamás.  Todas esas canciones que había escuchado durante tanto tiempo en mi cuarto, en el trabajo, en la calle, en el colectivo, cobraban vida en ese momento.

Tiempo más tarde fue la fecha en el Konex. Otra vez: lleno de gente. Me costó más llegar adelante de todos. En este recital había más ansias que la otra vez, y la energía era increíble.

Con el sonar de las primeras canciones la gente empezó a saltar y a hacer pogo. Creo que no hacía pogo desde que tenía 15 años. Pero ahí apretado, siendo empujado, acalorado, me sentí feliz y me uní a la masa en movimiento y fuimos uno solo.

No había otro lugar en el que quisiera estar.

Rosario sonriente y hermosa como siempre. Los chicos, impecables.

Las emociones fueron muy fuertes y unánimes, creo. Por momentos estábamos todos casi por llorar, por otros con una sonrisa gigante.

Cuando salí del Konex me di cuenta que había tenido la suerte de presenciar algo muy importante para mi generación.


Los volvería a ver una y mil veces, y cada vez que saldría del recital sé que pensaría "fue uno de los mejores recitales de mi vida".

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lunes, abril 27, 2015

Hidrogenesse: sacados de otra era



Por primera vez en Chile, el dúo barcelonés Hidrogenesse será el encargado de cerrar este sábado el Santiago Pop Fest y de encantar este domingo al puerto de Valparaíso con un concierto especial. Dos fechas imperdibles de un fin de semana histórico para los seguidores del pop en español. ¿Las razones de tan exagerada presentación? Aquí repasamos algunas.

Cuando en 2014 Los Planetas anunciaron una visita a Chile, sus fanáticos no ocultaron la excitación: por fin, después de más de dos décadas, los españoles cruzaban el Atlántico para llegar a Santiago, una capital en el medio de un país que aún se visualiza lejano para los creadores ibéricos.
Gracias a aquella fecha, una parte de los seguidores de la tradición de pop español quedó satisfecha, soñando que las distancias que todavía nos separan con España comenzaban a estrecharse. Otro sector del público, en tanto, debió seguir esperando la llegada de proyectos más o menos independientes como La Casa Azul, Single o Francisco Nixon, por mencionar a algunos, a quienes conocieron (conocimos) a través de Rockdelux y que luego pudieron (pudimos) consumir hasta el cansancio mediante descargas y videos. Pero la espera continuará hasta que las condiciones que asumimos como superadas —fronteras, geografía, costos, difusión, etc.—, sean menos ingratas de sobrellevar.

Sin embargo, en 2015, los encargados de ilusionarnos con un cambio en este panorama serán Carlos Ballesteros y Genís Segarra, las dos caras detrás de Hidrogenesse. Con sus conciertos en Chile, la dupla marcará un hito particular en este país, mezclando pop, electrónica, lucidez y taco gastado sobre el escenario.

Lo del taco es literal, pues Genís Segarra viene calzando tacones aguja (como Prince) hace varios años en sus espectáculos. Pero las suelas también se gastan caminando y ese es el gran legado de Hidrogenesse; años de trabajo y recorridos para dar cuerpo al sello Austrohúngaro, casa que desde el año 2000 ha visto pasar a Chico y Chica, Astrud (el otro dúo pilar del sello, que también cuenta con Genís como mitad creativa), Feria, Hello Cuca, Alfacrepus, entre otros. Una plataforma, que según han explicado nació para publicar bandas amigas, pero que tras quince años de acción es un referente de historia y pop en español, como lo son Elefant o Siesta. Claro está, todos los discos de Hidrogenesse se han publicado en Austrohúngaro, y aunque la variedad de oferta/demanda hoy permitiría (quizá) que alguna editorial los publicara, a fines de los 90s no existía otra posibilidad para ellos; la autogestión era el camino, y con el tiempo, las condiciones y el contexto de una época se transformaron en el imperio particular de Segarra y Ballesteros.

Gimnastica Passiva (2002) fue el debut para la pareja, pero también fue el primer indicio para que hoy podamos ocupar etiquetas como «pop desprejuiciado» en estas latitudes. Representantes de un sincretismo basado en el electropop, la performance, la poesía y un discurso lúdico, Hidrogenesse despuntaron con aquella producción como una pareja capaz de igualar o superar los antecedentes que dejaron (y aún dispersan) Kraftwerk, The Magnetic Fields o Pet Shop Boys. Pero en español, en los himnos “No hay nada más triste que lo tuyo”, “1987” o “Vamos a salir del Siglo”.

Javiera Mena, compositora mil veces descrita por su actitud «desprejuiciada», los ha citado como referentes y hasta les entregó “Luz de piedra de luna” para ser remezclada. Sin espacio para la exageración, es posible que la historia de la chilena fuese muy distinta sin la influencia de los catalanes, pues con Hidrogenesse como ejemplo de un tipo de creación, más el soporte de Austrohúngaro como oficina discográfica, la cronología del pop en nuestro idioma comenzó a poblarse de otras letras, otras bases y ritmos, y sobre todo, otras historias y protagonistas. Desde un comienzo, las narraciones del Ballesteros y Segarra fueron entramando humor y perspicacia, crítica a las convenciones sociales, las modas y tendencias, mientras aportaban crónicas románticas como toda buena agrupación pop. Ahí están “Eres PC / Eres Mac”, “Hidrogenesse Asociados” o “Vuelve conmigo a Italia” para probarlo.

Con el paso de los años, Animalitos (2007), y su continuación Bestiola (2008), consolidaron un sonido a ratos denso y heredero del krautrock, y otra veces luminoso y adictivo, que decantó en una obra clave: la celebración de los cien años del nacimiento del matemático inglés Alan Turing, Un dígito binario dudoso (2012). El álbum, que en un principio no estaba dentro de los planes del dúo, pasó a transformarse en el referente que la banda nunca buscó, pero que prensa y público siguen calificando como su mejor disco. Las razones están en canciones como “El beso”, “Enigma”, “CAPTCHA Cha-Cha” o “Historia del mundo contada por las computadoras”, cortes que abordan la dramática biografía de Turing y también las propias manías del grupo: la fascinación por las máquinas, su manipulación y el efecto que éstas generan en nuestra vida cotidiana. Una entrega fundamental, que en media hora nos cuenta la historia y muerte del padre de la informática —condenado a la castración química por ser homosexual, pero héroe tras vestidores por sus aportes técnicos durante la Segunda Guerra Mundial—, y de paso conecta pasado, futurismo y el presente que conocemos, la realidad que incluso permite que estas líneas se visualicen en un dispositivo electrónico. Rockdelux, rendida ante el trabajo de Hidrogenesse, calificó el disco como la mejor obra española de 2012, lo que multiplicó las miradas sobre la dupla.

Pero, como ellos mismos se han encargado de aclarar, el éxito de Un dígito… no los perturbó. Ballesteros y Segarra continuaron trabajando al mismo ritmo que los caracterizaba, recuperando el repertorio inconcluso. Así comenzaron a afinar canciones antiguas. Del pasado. Y no es casualidad que esa arqueología íntima se titulara Roma (2015), obra dedicada a una capital que siempre los sedujo y que reúne nuevos personajes fetiche: Elizabeth Taylor, Gustave Flaubert, Terenci Moix, entre otros.

Como vuelta de tuerca de su propio discurso, Hidrogenesse abordan con humor el paso del tiempo, la vejez y los problemas de aferrarse al presente en “Aquí y ahora”, “Siglo XIX”, “Dos tontos muy tontos” o “A los viejos”. Aparecido en enero de este año, los caminos de Roma llevaron a Hidrogenesse a planear su primera gira por Sudamérica —tan lejos, tan cerca—, con fechas en Argentina, Uruguay, Chile y Perú, aceptando invitaciones de productores que crecieron escuchando sus canciones y que apostaron por la dupla en los escenarios locales.


Banda de honor del Santiago PopFest (sábado 25 de abril) e invitados de Letal en Valparaíso (domingo 26 de abril), Hidrogenesse conocerán la cara del público chileno en esos dos conciertos. Nosotros, en tanto, podremos disfrutar de su repertorio por primera vez en vivo y también conoceremos a una dupla central dentro de la creación española. Dos conciertos que serán una clase de historia popular: un repaso de pasado, presente y futuro del pop en nuestro idioma.

Aparecido en Paniko.cl en abril de 2015.

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domingo, abril 19, 2015

Hidrogenesse: “La música pop no está pensada para que la hiciera gente mayor”

Carlos Ballesteros / Genís Segarra: Hidrogenesse.

Carlos Ballesteros: voz. Genís Segarra: máquinas. Juntos son Hidrogenesse, dúo barcelonés que por primera vez visitará Sudamérica durante abril y mayo para promocionar su último y quinto largaduración: “Roma”. Gracias a este disco, Hidrogensse ha logrado madurar una estética única, marcada por un discurso lúdico y sonido de electrónica pop, ya desarrollado en piezas imprescindibles como “Un dígito binario dudoso” (2012) –el aplaudido homenaje a Alan Turing años antes del biopic “El Código Enigma”-, “Bestiola” (2008), “Animalitos” (2007) y “Gimnàstica Passiva” (2002). Como dupla, además, son responsables de mantener en pie una de las leyendas discográficas de la música en español: el sello Austrohúngaro, editorial detrás de bandas como Chico y Chica, Espanto o los primeros Astrud.

Según Carlos y Genís, fue la invitación que recibieron de Chile –a participar de la primera versión del Santiago Pop Fest- la que desencadenó una serie de fechas en Perú, Argentina y Uruguay, la mayoría autogestionadas. “Hemos aprendido que si queremos ir a América no hay que esperar. Tampoco basta con aceptar propuestas más realistas. Tienes que buscarte tú las oportunidades, provocarlas. O sea que nuestra gira es en parte por una invitación, y en parte por iniciativa propia, para provocar nuevas invitaciones y propuestas. Ahora estamos ya planeando una segunda parte de esta gira latinoamericana para otoño e invierno”, anuncian a horas de cruzar el Atlántico.

Sobre los shows en Chile y los países vecinos, la pareja adelanta que serán conciertos muy eclécticos. “Siempre incluimos canciones de todos nuestros discos en el repertorio. De las más viejas a las más nuevas, aunque estarán más centradas en “Roma”, porque nos hacen más ilusión estas canciones ahora. Hemos estado ensayando alguna que últimamente no estamos tocando en España, pero no sabemos si acertaremos. Ya hemos visto en redes sociales que algunos quieren “Hidroboy”, y esa no. Esa canción no está metida en el secuenciador, y el secuenciador está ya metido en la maleta, y la maleta cerrada” aclaran a los fanáticos.

¿Cómo ha sido la trastienda de esta gira en términos de financiamiento y desarrollo? Organizar un viaje de este tipo nunca debe ser muy sencillo…

Nuestra política ahora mismo, desde hace unos años, es decir que sí a todo. Hay que confiar en los promotores, ya que ellos se encargarán de financiar los transportes. Luego ya se organiza todo lo demás: alguien tiene que acoger a nuestro gato y procurarle los cuidados que su avanzada edad requiere; hay que comprar nuevos instrumentos, más pequeños, que nos permitan viajar a tantos lugares siendo solamente dos personas arrastrando maletas; también hay que dejar todo listo en Barcelona para no encontrarnos con un caos al volver.

Durante el viaje les tocará compartir escenario con bandas como Diosque, Dani Umpi o Fakuta, que toca el mismo día que ustedes en Santiago. ¿Conocían los solistas con los que compartirán fechas o han sido descubrimientos para ustedes?

Conocemos a Diosque desde el disco anterior a “Constante”, curiosamente por su edición peruana, y a Dani Umpi y a Fakuta también les hemos oído, y a los 107 Faunos, que tocarán en Buenos Aires con nosotros, los conocimos en persona en Barcelona hace un par de años. O sea que sí, les conocíamos a todos los que mencionas. De Chile conocemos a Gepe, Javiera Mena o a Alex Anwandter. “Hambre”, “La Joya” o “¿Cómo puedes vivir contigo mismo?” son canciones chilenas que nos encantan. Ah, y Dënver también tienen público y canciones conocidas en España, al menos a un nivel underground. En general, nos parece que los artistas chilenos tienen muy poca vergüenza. Eso es algo que nos da envidia a nosotros, artistas europeos llenos de manías.

Vienen a presentar “Roma”, un disco que han explicado como la obra en la que estaban trabajando antes del disco en homenaje a Alan Turing. Han dicho que es un disco que estaba casi terminado y que luego retomaron para finalizarlo. ¿Se les pasó por la cabeza la posibilidad de no publicar “Roma”?

Somos muy poco prolíficos. No nos podemos permitir tirar a la basura cosas que ya tenemos medio hechas. Además, todo lo que hacemos es muy importante para nosotros. Cada canción. No se nos pasaría por la cabeza nunca algo así. Ahora estamos “a cero” y te aseguramos que es mucho mejor tener cosas ya empezadas, ¡tener pasado es tener futuro!

Han descrito que el disco homenaje a Alan Turing contó con una “exagerada acogida”. ¿Tanto les sorprendió la ola de buenos comentarios? ¿Cómo vivieron esa etapa en la que al parecer mucha gente descubría “el potencial” de ustedes como banda y creadores?

Pues sin problemas psicológicos, porque nos pilló ya creciditos. Ya sabemos lo relativo que es todo esto, que ahora eres guay, pero ahora ya no, y luego te redescubren, o dicen que “has vuelto”…

No sólo en “Roma”, sino que de todos sus discos y los discos que edita Austrohúngaro, se desprende un tono muy distintivo, particular, que se puede interpretar muy lúdico. ¿Son conscientes de ese “sello austrohúngaro” (que a esta altura ya es un estilo y casi una escuela)?

Cuando grabamos en 1997 las canciones del recopilatorio “Lujo y Miseria” ya había una intención de crear una familia, un algo común de varios grupos, varias personas. Hay quien piensa que el nexo común de lo austrohúngaro es un estilo, o un sonido, pero se equivocan. No nos importa lo más mínimo el estilo. Lo que tenemos en común es algo más de base, ideológico si quieres. Tomarse muy en serio lo lúdico, y todo lo demás muy a broma. No tomarle el pelo a la gente. No apuntarse a las modas, aunque te sienten bien o incluso aunque te gusten. Cosas así, básicas.

¿Qué tan importante es para ustedes el humor, el juego, o la ironía a la hora de continuar creando o haciendo canciones?

No entendemos lo que hacemos sin humor. Preferimos que haya humor en todo lo que nos gusta: cine, música, libros. Puede ser un humor muy fino o muy grueso, ser lo principal en la obra, o estar ahí de fondo. Da igual. Lo que no entendemos son las cosas 100% serias, de gente que se toma a sí mismo tan en serio, porque todos nos reímos en algún momento, siempre hay risa en algún lugar de nuestras vidas, y la gente que no deja que eso se vea en sus obras nos parece, como mínimo, sospechosa.

El tiempo, y en especial el futuro son temas centrales en “Roma” ¿Cómo se toman ustedes el paso del tiempo, el envejecer y al mismo ver que el mundo está cada vez más obsesionado con “lo último”?
Nos encanta el paso del tiempo, nos encanta que el tiempo pase, y el efecto que causa en las cosas. Es curioso que un objeto se torna más y más hermoso y valioso con el tiempo, siendo igual de feo e insignificante que el primer día, ¿verdad? La actualidad, la moda, a veces pueden divertirte, jajaja, pero la verdad, siempre hemos tenido una fuerte pasión por alejarnos de la actualidad, por estar fuera de la moda, por “salir del siglo”. Lo moderno es excitante e inspirador, pero la tendencia es algo que hay que evitar siempre.

Madonna, Björk, Morrissey, Pet Shop Boys son artistas que por su edad pareciera que siempre tienen que justificar su derecho a publicar discos. ¿Cómo observan ese fenómeno?


Es cruel, pero suponemos que siempre lo ha sido. La música pop no estaba pensada para que la hiciera gente mayor. Parece un contrasentido. Pero la gente que hace música pop se hace mayor, como todo el mundo, así que no debería preocuparle a la gente. Es más triste que artistas como Madonna crean que, para hacer pop, tienen que ser o parecer eternamente jóvenes, ágiles y sexy. Nosotros no creemos que para hacer pop se necesite ser ni parecer ninguna de estas tres cosas.

En muchas entrevistas se refieren a trabajos por encargo que están preparando, producciones en las que están trabajando, nuevos instrumentos que van probando, o nuevos personajes que los tienen obsesionados. Se les nota muy inquietos. Por eso, además de las fechas en España y la gira por Sudamérica, ¿en qué proyecto están trabajando o en qué están investigando actualmente?
Ahora mismo estamos a cero, sin canciones nuevas comenzadas, ni un título para un nuevo disco. Solamente tenemos algunas ideas que se nos ocurrieron en México el año pasado. Quizás en esta gira sudamericana ampliemos y perfeccionemos esas ideas, y algún día tengamos unas cuantas canciones inspiradas por la América latina. Si no es así, si nada se nos ocurre, siempre podemos trabajar en unas canciones muy antiguas, el repertorio de nuestros primeros conciertos a finales de los 90, que nunca hemos grabado. Eran casi todo baladas.

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miércoles, octubre 22, 2014

Juan Pablo Abalo - Como un animal



En tiempos en los que la lista de publicaciones discográficas en el país no deja de crecer, y mientras una nueva generación de autores termina de instalarse como respuesta lógica al recambio del mercado, cuesta distinguir propuestas que avancen, desarrollen y mantengan cierta cordura estética. Uno de los pocos ejemplos a considerar sería el de Juan Pablo Abalo, crítico, músico y académico que desde su anterior trabajo –el imprescindible “Canciones de Misa” (2012)- viene coqueteando con el formato de canción popular uniendo personalidad, madurez y discurso. El reciente “Como un animal” así lo confirma.

Las nueve canciones del disco instalan a Abalo como  un intérprete de pop solemne, aunque cada vez más liberado de la rigidez clásica de su formación.  El cantante se escucha cómodo y bien producido al ritmo del sintetizador o del piano, sensual junto al pulso de la batería y protegido por violines o  por las cuerdas de una guitarra eléctrica. Las atmósferas en las que se mueve, en tanto, son de una versatilidad convincente: a ratos simples y hasta pegadizas, en otros momentos tristes y opacas.  Así, estas piezas bautizadas como “baladas de amor y misterio” convencen porque logran presentar a un autor que –al menos en esta etapa- se percibe claro y directo en su tarea por ahondar en las piedras angulares del pop: el amor y la muerte.

Sin embargo, en Abalo hay una evidente inclinación por ocupar la anécdota melodramática para hablar de otros asuntos, casi siempre ligados a la pérdida y las desesperanza. La canción que da nombre al disco, por ejemplo, es el canto de una voz oprimida que busca emerger;  “Fracasos” y “Un lugar de paso” hablan de asilamientos y desilusiones, mientras “A cinco cuadras” o “Viuda negra”, con esos aires de crónica roja, refieren a personajes malditos y marginados. Entre esas reflexiones, el autor condensa en “Un lindo jardín” su evidente crítica a las falsas apariencias y el revés macabro de lo cotidiano: “Te casase por inercia, tuviste hijos por inercia, te enamoraste por inercia. Compraste casa por inercia, un auto también por inercia y un lindo jardín”, entona y sentencia al mismo tiempo. 

Al aportar esas visiones al discurso amoroso local, “Como un animal” se distingue como una obra sólida y emotiva, capaz de cautivar sin recurrir a efectismos ni niñerías. Un disco inquietante que ayuda a remecer las somnolientas y edulcoradas aguas del pop local. 

Publicado en El Ciudadano - Octubre 2014 (impreso)

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lunes, julio 28, 2014

Rey Choclo – La dimensión desconocida del lenguaje


La tendencia de los medios informativos a calificar como hedonista a una parte de la producción musical aparecida en el país en los últimos cinco años no termina de ser correcta. Si bien es cierto que entre la mayoría de los nuevos rostros del pop y el rock nacional abunda una retórica superficial asociada a la búsqueda del éxtasis, a la hora de comprender de mejor manera el ánimo de algunas propuestas habría que considerar también el carácter escapista que las define.

Un buen ejemplo de esta relación entre hedonismo y escapismo es el debut de Rey Choclo, “La dimensión desconocida del lenguaje”. Las once canciones que reúne este trabajo intentan mostrar la otra cara de las sensaciones a través de relatos alucinógenos y efectos sonoros que apuntan a la psicodelia. El resultado final, sin embargo, es un espejismo, ya que la promesa inicial del álbum poco a poco se diluye en cortes deslavados, y peor aún, inofensivos.

En poco más de cuarenta minutos, la banda recurre a los ritmos caribeños y africanos que volvieran popular a El Guincho, y que recuerdan (muy de lejos) al histórico Fela Kuti, para cantar sobre playas, romances y otros mensajes positivos. La mezcla se condensa en “Gracias sol”-la mejor pieza del álbum-, un himno de aire jamaicano dedicado a la risa, al baile, y a los micro paraísos inventados por veraneantes. Bajo ese ánimo se  desarrollan historias pequeñas de estados alterados, en donde aparecen insectos, personajes y diversos paisajes naturales. No obstante, y aunque la banda trate de construir un caleidoscopio a partir de estas experiencias, el resultado es poco impresionante.

“Cayendo sobre mí”, “Orillando”, “Araña” o “Globos” son canciones atrapadas en una misma anécdota: el espiral de emociones que provoca el contacto con el cielo o la luna, las celebraciones o las alucinaciones fugaces. No se reconocen más matices en estos cortes, lo que termina por anclar a “La dimensión…” en la orilla más monótona de la diversión.  Tampoco la paleta de sonidos logra superar  las combinaciones vivaces de los primeros minutos del disco, entrampando el resto de la placa en una reiteración de atmósferas y efectos.

Así, lo que pudo ser una apuesta llena de lúcidas composiciones y reflexiones se pierde entre ritmos que a duras penas sostienen la jarana de Rey Choclo. Faltó desborde y locura, pero sobró frivolidad. En otras palabras, una muestra más de cómo la invitación al goce en el panorama local se termina traduciendo en evasión y nunca en revolución.

Publicado en El Ciudadano - Julio 2014

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lunes, junio 30, 2014

Fredi Michel – Fredi Michel



Pese a que la edición del primer disco de Fredi Michel nunca fue anunciada por ninguno de sus integrantes, ni contó con agobiantes campañas de difusión, la fecha de su debut siempre fue una intriga para los que conocían la trayectoria del grupo. Así pasó casi una década para que llegara el momento en que esta obra homónima se publicara y confirmara el carisma único del actual quinteto, un factor que distingue a las doce canciones con las que se presentan oficialmente ante el panorama nacional.

“Fredi Michel” es un disco abrazador, que durante casi una hora propone atmósferas candentes y repletas de constantes guiños a la cumbia, al house, la psicodelia, y a la música disco. “Capitán de negro”, “Marinero”, “El Blanco”, “La Serpiente” o  “Niñito” estrujan estos diversos estilos para invitar al baile, mientras Andrea Guerrero las dota de encanto gracias a su particular narración. Aguda, errática, a ratos somnolienta, la cantante comanda estas canciones desde una entonación lúdica e inquieta. En resumen, una mezcla destinada a hipnotizar.

Sin embargo, este trabajo no brilla sólo por la correcta unión de referentes musicales o por la lograda producción de las composiciones. Es el carácter híbrido de Fredi Michel lo que sella una propuesta difícil de comparar con otras de las firmadas por agrupaciones emergidas en el país durante los últimos diez años. Esa impronta mestiza se trasluce gracias a la convivencia no forzada de elementos foráneos con un tono local, particularmente chileno, como ocurre en la magnética “Como tagua”. El corte entrelaza electrónica y cumbia en una historia que habla de aquel que “llega como rey”, “de punta en blanco”, que termina destrozado por el exceso y que siempre promete un “nunca más”. Una escena típica de cualquier borracho, pero que somos capaces de entender mejor desde este lado de la geografía. Lo mismo ocurre con “No Hash Hash” o “Booty Shake”, dos piezas que podrían conquistar cualquier pista de baile, pero que se anclan en los pasajes y las villas de Santiago con esas sutiles menciones a Avenida Matta o al Paseo Ahumada.


Atractivo por su sonido y estilo, “Fredi Michel” está destinado a convertirse en un primer disco icónico, un ejemplo de producción que podría no repetirse como ocurrió con “El brillo que tiene es lo humano que queda” de Taller Dejao o “Ijniaaa!!!” de Colectivo Etéreo. Es de esperar que esa triste tendencia no se repita y la banda sorprenda con una segunda entrega. Pero no hay prisa, lo importante es que vuelvan. 

Publicado en la edición impresa de El Ciudadano - Junio 2014

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martes, septiembre 24, 2013

Después hay silencio: la experiencia musical en los centros de detención durante la dictadura

Utilizada para acompañar sesiones de tortura, la música se convirtió en una de las tantas armas ocupadas por el Estado entre 1973 y 1990 para ejercer violencia en Chile. Pero el canto y la creación musical también fueron mecanismos de supervivencia para las víctimas. Una de las pocas investigadoras en la materia, Katia Chornik, explicó en su reciente visita al país las formas en que el arte se enfrentó al horror.

Somos cinco mil / en esta pequeña parte de la ciudad / somos cinco mil, ¿cuántos seremos en total?”. Así comienza “Estadio Chile”, poema escrito por Víctor Jara durante su detención en 1973 en el recinto que hoy lleva su nombre y que  varios autores han interpretado bajo el título “Canto, qué mal me sales”. Este también es uno de los pocos ejemplos de creaciones firmadas por músicos en campos de detención y de exterminio en dictadura.

Sin embargo, pese a la escasez  de registros de la época, la relación que existió entre música, prisión y tortura aún se mantiene en la memoria de los presos y de los agentes del Estado. Katia Chornik -violinista, musicóloga nacional radicada en Inglaterra y académica dela Universidad de Manchester- se ha dedicado a escarbar en la memoria musical de los involucrados, rearmando un período de la historia sonora de Chile.

Esta investigación cambió el rumbo de mi vida”, admite Chornik cuando recuerda las primeras motivaciones que la llevaron a comenzar sus estudios. Aún dedicada profesionalmente a la música,  la violinista realizó en 2002 un concierto en la Academia Real de Londres,  en el que versionó las obras compuestas o interpretadas en los campos de exterminio del Tercer Reich, además de las obras creadas o comúnmente cantadas por detenidos chilenos en los centros de detención entre 1973 y 1990.

Chornik (en la fotografía) conoció este repertorio gracias a un estudio previo, en el que comparó la experiencia musical de los campos de concentración nazi con los del Chile de Pinochet. Con el paso de los años esta tarea la llevó a dedicarse por completo a la investigación,  entrevistando a sobrevivientes de Tres Álamos, Cuatro Álamos, Chacabuco, Puchuncaví, Irán 3037 –conocido trágicamente como la Venda Sex o La Discotéque, por la programación constante de música popular en el lugar- o Villa Grimaldi, entre otros centros.

Fue así como identificó que “Un millón de amigos” de Roberto Carlos,  “La vaca blanca” popularizada por Los de Colombia, la banda sonora de Wendy Carlos para La Naranja Mecánica  o el concierto de Aranjuez, eran algunas de las piezas que acompañaban las sesiones de tortura.

Los detenidos con los que he conversado admiten que escuchar estas canciones produce en ellos reacciones muy viscerales, sobre todo porque durante las torturas eran repetidas constantemente. Muchos declaran que la música les impedía pensar, reaccionar o los confundía”,  asegura Chornik. No obstante, para la investigadora existe poca claridad sobre la premeditación en el uso de estas obras. Las entrevistas con los presos, además de la conversación con un agente de la DINA-a quien llama por el seudónimo “González-, no le permiten concluir que todas fuesen especialmente seleccionadas para torturar. “La mayoría de las canciones eran éxitos del momento, lo que me lleva a pensar que había una selección ecléctica”, supone. Pero para Chornik el relato de las víctimas confirma la macabra realidad del cautiverio. “Se sabe que había determinadas canciones como “Gigi, el amoroso” (de la cantante italo francesa Dalida) que se tocaban bastante seguidas en Villa Grimaldi. Uno de los testimonios recogidos en mi investigación recuerda que antes de las torturas, los agentes les decían a los presos “ya viene Gigi, el amoroso””, afirma.

CANCIONERO DE RESISTENCIA

El recién pasado 11 de septiembre, un grupo compuesto por quince sobrevivientes, familiares y amigos de detenidos en dictadura se reunieron en Villa Grimaldi para cantar. Juntos entonaron el clásico mexicano “No volveré”, el “Candombe para José” y la balada “Palabras para Julia”. Con esta intervención, los participantes homenajearon a las víctimas de la represión militar, pero también recordaron el cancionero que interpretaba el coro de mujeres formado en Tres Álamos en 1976.

Según Anita Jiménez –detenida en este recinto, profesora de música y líder del coro de la época- gracias a estas canciones las detenidas podían compartir un breve instante de comunión y respirar al aire libre en el patio del lugar. El coro llegó a congregar a más de 100 detenidas.

En Tres Álamos siempre cantábamos, porque era una forma de resistencia y de rebeldía. Por su puesto, todas las canciones eran revisadas por los agentes, ya que no podíamos cantar cualquier cosa. Y cantábamos para recibir a las prisioneras que llegaban, para acompañar a las que se llevaban a los interrogatorios, y para despedir a las que salían en libertad, sin importar las destrezas vocales que se tuvieran”, recuerda Anita sobre esta práctica que se conserva en su memoria después de más de tres décadas.
Katia Chornik
Foto: Universidad Alberto Hurtado

El testimonio de Anita Jota –como es conocida por sus compañeras- es uno de los tantos recogidos por Katia Chornik para las  investigaciones realizadas para la BBC. Apartir de estos relatos, la musicóloga ha concluido que la interacción de los prisioneros a partir del canto les entregaba una oportunidad de cohesión y de ánimo de superación. “A diferencia del recuerdo de los prisioneros sobre la música utilizada en sesiones de tortura o interrogatorios, las escenas de canto o composición son rememoradas como algo muy noble, positivo, que les ayudaba a superar la traumática realidad del día a día”, dice Chornik.


Además del canto, la composición al interior de los centros dela DINAtambién es parte del paisaje sonoro que Chornik busca rearmar. Aparte del poema de Víctor Jara recuperado por cantantes luego de conocido su asesinato, la académica reconoce el trabajo del cantautor Sergio Vesely, quien comenzó a componer en Puchuncaví o la conocida obra “La pasión según San Juan, Oratorio de Navidad” compuesta por Ángel Parra en Chacabuco.

CONTRA EL TIEMPO

Cuando Anita Jota recuerda detalles del coro de presas de Tres Álamos en su memoria aparecen las escenas que compartió con aquel grupo de mujeres que no superaba los treinta años de edad. Anita sabe que este recuerdo no sobrevivirá por mucho tiempo.
Katia Chornik  también es consciente de la necesidad de recuperar estas historias lo antes posible. Su actual proyecto de investigación “Sonidos de la memoria: Música y presidio político en el Chile de Pinochet” busca superar el paso del tiempo, incorporando en los relatos la voz de los agentes represores.

Este nuevo proyecto se basa principalmente en entrevistas con las víctimas pero además incorpora otro tipo de fuentes, incluidos ex funcionarios de la DINA y CNI, profesionales del Comité Pro Paz, la Vicaría de la Solidaridad y las comisiones Valech, y especialistas en atención de salud mental para víctimas de violaciones a los Derechos Humanos. No sé si eso es algo que podría haber hecho hace diez años atrás. Hoy, después de cuarenta años, la gente está más dispuesta a hablar y yo también me siento más competente para continuar con esta investigación”, dice.

Esta es una tarea que está abierta a todos los que se quieran sumar. Es de esperar que más musicólogos, periodistas o sociólogos que estén interesados por la música lo tomen. Lo más importante es centrarse en el qué; en qué pasó. Hay material muy valioso que aún se puede recolectar”, concluye.


Respecto a los próximos pasos de su investigación, Chornik destaca la importancia de difundir el material recopilado a través de la creación de una base de datos en línea con las canciones que se cantaban o escuchaban en los presidios, incluyendo testimonios de las víctimas para cada obra.


Publicado en El Ciudadano (versión digital).

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miércoles, septiembre 18, 2013

La épica pobre de Corderolobo




No es un músico profesional, tampoco es un escritor, lo suyo no es la ilustración y dentro de sus planes no está alcanzar la popularidad.  Sin embargo, Carlos Vargas se da el tiempo de responder esta entrevista como una estrella del pop, escribe canciones hace años y ha editado dos discos que se disfrutan como un libro de cuentos e ilustraciones. Así es Corderolobo, su proyecto multiforme en el que combina literatura, música y un  incombustible afán por la creación.

Cuesta saber qué o quién se esconde detrás de Corderolobo, pero no porque se  nos oculte información. El entrevistado, sabemos, es Carlos Vargas, ingeniero civil industrial de profesión, ex Yupisatam, y autor de los discos de pop inclasificable “Desastres naturales y mañana en la mañana” (2013) y “Corderolobo” (2011).

Pero la historia no es tan simple.

Vargas no se siente cómodo con la figura de solista, ni sus discos responden al formato tradicional. Ambas producciones han contado con la participación de diversos invitados y se han publicado como libros ilustrados por Ricardo Villavicencio. Además, su última placa recoge  diez cuentos escritos, entre otros, por Gonzalo Planet (Matorral) o  Rodrigo Jarque (Inverness).

Es muy interesante que en tu último disco cada canción esté acompañada por un relato breve. Da la impresión que cada canción se puede leer también. ¿Cómo fue que llegaste a esa idea?

Alguien importante en esta historia es Ricardo Villavicencio, último baterista de Yupisatam e ilustrador del material que acompaña a los discos. Villavicencio es un integrante más de Corderolobo y junto a él me cuestioné qué hacer para “Desastres naturales…”.  En algún momento pensamos en hacer un vinilo y quizá incorporar una especie de afiche, pero igual llegamos al libro de nuevo, aunque siempre pensando en que no queríamos repetir la misma fórmula del primer álbum. Así tomé la decisión de sumar cuentos, básicamente porque me gustan los cuentos, y Ricardo enganchó al tiro sumando las imágenes.

“Desastres naturales…” podría ser un libro, pero no es autónomo, se completa con el disco. No podrían ser independientes lo uno de lo otro.

Teníamos la duda de cómo hacer que el libro no pareciera un adorno del disco, porque pensamos que libro y disco son un conjunto. A nuestro juicio no es una opción pensar las canciones solas.  Y la verdad es que mirándolo así hay una cuota de pretensión que en algún momento me hizo dudar, pero tampoco me puedo hacer cargo de que este trabajo sea mirado como algo pretencioso. Para bien o para mal, “Desastres naturales…”está pensado como un todo.

Es como leer una canción, escuchar una canción y mirar una canción.

De hecho, los cuentos están pensados a raíz de las canciones. A algunas de las personas que invité a escribir las conocía, a otras no tanto, y no les mandé las canciones terminadas, sino que sólo las letras, para que ellos eligieran la letra que les gustaran y luego escucharan las canciones. Coincidió que todos eligieron canciones diferentes para escribir los relatos. Y la relación entre los cuentos y la letra era responsabilidad de cada autor. Luego las ilustraciones se hicieron en base a la música.  Y el resultado fue bien impresionante. Algunos cuentos son casi antagonistas de las cancións. Por ejemplo, “Gente que se convierte en fuegos artificiales”, es una canción totalmente diferente al cuento.

Esa forma de experimentar el disco es bien compleja, incluso si se piensa en términos comerciales. ¿Nunca consideraste hacer algo más simple para que el público lo recibiera más fácilmente?

Es que no pretendo para nada desestabilizar la industria o algo parecido con este disco. Hay que pensar que estamos en el año 2013. Yo no tengo contratos por disco, no tengo obligaciones comerciales, así que hago uso de esa libertad. Ahora, hacer un trabajo así es mucha pega. Se podría decir que soy un experto en meterme en problemas, pero lo veo como una inversión. Vivo para esto, y no lo digo desde un punto de vista artístico, sino que creo que tengo una deformación: no sabría cómo hacer las cosas de otra manera. Organizar todo es un dilema, es verdad, siempre se está en el medio de un ensayo error, pero en comparación a mi primer disco, siento que esta vez  todo se logró de mejor manera.

¿Pero dónde queda la ambición de avanzar en niveles de producción y alcance de público?

Pienso que todo esto de las canciones, los cuentos, las ilustraciones, se podrían hacer en mi casa, para callado, subiéndolo a internet  y listo. Lo que viene después es lo que me complica, considerando los temas de promoción, difusión, etc.  No sé si fue Gepe u otro que dijo que  las bandas de ahora eran una mezcla de diseño o marketing. Eso es verdad. Y sobre la ambición… No lo sé, no estoy tan seguro de querer llegar a más gente, por ejemplo. Quizá soy un poco auto flagelante a la hora de hacer las cosas y siempre estoy con pudor sobre lo que estoy haciendo. Lo otro es muy relativo, porque además ya tengo 34 años y no sé si mis expectativas apuntan hacia esas cosas.  Si no llegara  a pasar el conseguir más popularidad o avanzar en esto, siento que no perdería nada, porque no tengo el ego puesto en eso. Y no se trata de pensar que lo mío es de élite, para nada;  sé que existe algo de vanidad en todo esto, por algo me subo a un escenario, y sin ser muy esotérico, lo que me gusta más es ese feedback de energía. Además yo tengo un trabajo de oficina, diario, que no sé si dejaría. A ver…tampoco se trata de tener un trabajo normal y además ser Corderolobo. No es que tenga dos personalidades o que esto sea un personaje. Ambas cosas son un trabajo y ambas cosas trato de hacerlas con gusto. 

Leyendo  canciones

¿En comparación a tu disco anterior, cómo crees que ha evolucionado tu perspectiva sobre el formato canción?

Creo que he tenido una evolución estilística respecto a la canción, sobre todo componiendo, que es lo que más me acerca a la música. Creo que antes no tenía mucha conciencia sobre las letras, todo era más emocional. Pero con “Desastres naturales…” llegué a canciones con las que consigo algo más gráfico, algo más de imágenes. Por eso creo que es un disco más épico. Aunque épico pobre, quizá, porque veía las canciones como pequeñas operas. “Volcanes y lagos”, por ejemplo, es una canción que me imaginaba gráficamente. Todo es más visual en este disco, de ahí la importancia de las ilustraciones.

¿Y en el caso de las temáticas que abordas en las canciones?

Durante este período entre un disco y otro también me han pasado cosas súper raras. Tuve una hija y me detectaron una enfermedad autoinmune, además de otros problemas de amigos. Pasé de ser un tipo normal a un hombre que se tienen que sacar sangre día por medio. De un minuto a otro mi sistema inmune se desconfiguró y cagué. Pero el disco no se trata de eso.  El disco no se trata de mí, no se trata de los problemas que me han pasado, sino que se trata de lo que provocan algunos hechos en la vida.

Pero la mayoría  de esas canciones hablan de escenas o de situaciones más bien personales, son bien fragmentadas. ¿En qué punto crees que tus canciones superaran esa anécdota personal para hablar de algo más general, social o político?

Es que pienso que “Desastres naturales…” no es un disco hecho viendo las noticias, como se decía hace un tiempo del disco de Ases Falsos. Por supuesto que me interesa hablar de la sociedad, pero no de lo que salió ayer en las noticias, porque evidentemente las noticias son parte de una mierda que es muy obvia. Lo peor de todo no es el Presidente, ni Longueira, ni Chilevisión. No es que vivamos en un modelo de consumismo, vivimos en una sociedad de consumismo, en la que la música está metida a full, tanto como la salud, la educación o todo.  En Chile la música está concebida como parte del entretenimiento y no como parte de la cultura. Y me parece que en general los músicos están tratando de conseguir una validación institucional que no me llama la atención.  Por eso prefiero dedicarme a publicar un disco que parece libro  o a componer las  canciones que compongo, porque ahí se refleja una forma particular de mirar la vida.

Parece que el músico al final siempre está en esa frontera a la hora de pensar en la canción y la política. Como si  tuviese una responsabilidad a la hora de publicar un disco: no hablar de nada o intentar hablar de todo.

Por mi parte me sitúo en un rincón más raro. No en el grupo de músicos que sólo habla de música, ni en otro que está mirando las noticias para escribir canciones. Creo que tengo más rollos en la cabeza, y siento que no tengo una responsabilidad. Me identifico más con la imagen del autor que tiene visiones particulares sobre las cosas y ese es mi aporte, porque inevitablemente se dicen cosas y se toman posturas.  Además, la obra siempre es diferente a la persona. También es cierto que es muy difícil no dejarte influenciar por el contexto o por la época que te tocó vivir. Pero en mi caso me llama la atención el tema del bien y el mal, las catástrofes y las vivencias o experiencias de cada individuo. No sé… Escribir, por ejemplo, una canción diciendo que los de la UDI están locos es tan obvio que no puedo sentarme y escribir algo así.  No sé, cuando me preguntan por qué la gente está enojada yo no puedo responder eso, porque yo mismo soy parte de la gente. No necesito hablar de los demás poniéndome en una posición distinta. No me interesa la demagogia. Y creo que las personas también están súper subestimadas.

Entrevista publicada en Paniko.cl



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martes, agosto 27, 2013

Dënver - Fuera de campo


Mantener una ficción que mezcle inocencia, ambigüedad, enamoramientos y melancolía es un desafío que Dënver reprueba en su tercer trabajo “Fuera de campo” (Independiente, 2013). Porque si anteriormente el dúo pop formado por Mariana Montenegro y Milton Mahan había demostrado con gracia que podía juguetear con  la perversión y el romanticismo, hoy la pareja se escucha perdida entre una producción musical irregular y un empobrecido anecdotario, baches que terminan por opacar casi la totalidad de un disco que debía superar a su brillante antecesor, “Música, gramática, gimnasia” (Cazador, 2010).    

Y es que la falta de un concepto que sostenga estas diez canciones es lo que más le pesa a la dupla, pues durante los casi cincuenta minutos de la placa las motivaciones de Montenegro y Mahan parecen apuntar en sentidos contrarios. Es Montenegro quien sobresale con madurez como protagoniza de  “Las Fuerzas”,  “Medio mal” y “Medio Loca (hasta el bikini me estorba)”, tres piezas impecables, adornadas por pertinentes orquestaciones, percusiones y sutiles decorados electrónicos, en donde se rondan temáticas amorosas desde una perspectiva simple y directa. Son estos momentos en los que Dënver consigue cuajar  un pop cautivador, a la altura de una banda que intenta demostrar el crecimiento de sus composiciones y de un estilo que trata de despegarse de la fachada edulcorada de sus primeros años.

Lamentablemente, el grueso del álbum es desaprovechado  por Mahan en canciones recargadísimas de cuerdas y vientos como “Tu peor rival”, “Revista de gimnasia”, “Torneo local” -recuperada del repertorio primigenio del dúo en una versión desencajada y desechable- o la arrebatada “El árbol magnético ataca por sorpresa”. No obstante, el cantante consigue alcanzar ciertos grados de lucidez en “Concentración de campos” junto a Cristóbal Briceño como invitado en un emotivo dueto que se sobrepone a la precaria base electrónica que lo sustenta y al agregado de electricidad que lo remata.


Al no encajar las piezas, “Fuera de campo” no sólo se escucha como un pastiche de la caricatura de Dënver –esa banda obsesionada con lo deportivo y erótico (“Revista de gimnasia”), que no tiene pudor  de sonar españolada (“Profundidad de campo”) y que se puede acercar a lo siniestro si se lo propone (“Mejor más allá)-, sino también como un disco sin grandes direcciones y sin ideas. Y el agotamiento prematuro de éstas,  en una banda tan joven, es un síntoma muy poco auspicioso. 

Esta crítica fue publicada en "El Ciudadano" impreso, agosto 2013.

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Ivo Vidal - Trabajos para combatir la dislalia


Catalogar este trabajo como un disco conceptual, o siquiera denominarlo disco, no sería preciso. Inclinarse por ubicarlo en el plano preformativo podría ser más útil, pero tampoco lograría definir con precisión lo realizado por el artista Ivo Vidal en esta híbrida producción. “Trabajos para combatir la dislalia” (Michita Rex, 2013) más bien se percibe en tanto pieza de intervención y registro, en la que el autor explora los límites de la manipulación de su voz, y  en la que palpita un abrumador cuestionamiento sobre la norma y el control.

Tomando como referente los ejercicios pedagógicos que intentan superar la errática pronunciación de fonemas (dislalia), Ivo Vidal recita fábulas y repite sonidos  del lenguaje hablado (/l/, /r/, /s/, entre otros) para ejemplificar la correcta pronunciación de las palabras. Al hacerlo, aparece la voz como único soporte para la expresión del mensaje; no hay aquí instrumentación ni acompañamientos que puedan nutrir la narración de Vidal, salvo la utilización de sonido ambiente y algún ajuste digital de ecos y efectos. Es el autor el que cubre todos los espacios de la obra en un ejercicio vocal hipnótico y que se sostiene por casi cuarenta minutos.

Correr el riesgo de presentar una grabación desnuda no tendría sentido si no se considera esta entrega como una relectura de las tradicionales herramientas correctivas en la enseñanza temprana, con Vidal interpretando al agente formativo en los ocho títulos que dar cuerpo al disco/libro. En ese rol, expresa una interesante alteración de un instructivo “pedagógico”, dispositivo que apunta al disciplinamiento del lenguaje, y por ende, de la identidad. Y al recitarlo, grabarlo y manipularlo, el artista da cuenta del reverso sádico de la instrucción.


Por todo lo anterior, “Trabajos…”  es un caso aislado en el panorama actual de publicaciones musicales o sonoras. Una expresión más que nos recuerda que la canción que enfrenta al poder, la que se podría calificar como canción política, actualmente está sucediendo en los márgenes y a través de la experimentación.

Esta crítica fue publicada en "El Ciudadano" impreso, agosto 2013

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viernes, junio 21, 2013

La Bella Violencia - Pedida


Dos piezas sonoras le bastan al músico y artista visual Iñaki Muñoz para volver a remecer al oyente. El autor, que ya había demostrado sus capacidades bajo el seudónimo  Universo Error de Ahorcarte y el estremecedor trabajo de 2011 para el sello nacional Jacobino Discos, “Observatorio/Colmillos/Garras/Caparazones/Pelaje/Manchas/Trinchera y Melancolía”,  regresa con un nuevo seudónimo, La Bella Violencia, y el disco “Pedida” (Pueblo Nuevo, 2013), obra que sigue la línea de la experimentación electrónica del anterior trabajo de Muñoz, pero que desde un ángulo aún más cerrado  logra detonar un intenso vórtice sonoro.

“El Jardín de las bicicletas incorregibles” y “Error existen varias copias del efecto” son las canciones que sostienen a esta producción en poco menos de media hora. Ambas parecen registros opuestos; mientras la primera se nutre de la grabación de los sonidos que genera una bicicleta en mal estado, la segunda ahonda en las alarmas de errores de Windows. Sin embargo, la reproducción de escenas mundanas –el mal estado de un vehículo cualquiera y las fallas de un sistema operativo tradicional- adquieren un carácter nuevo bajo la lupa de La Bella Violencia. Como si se tratara de una disección, Muñoz desenreda sampleos de cadenas, pedales y alertas computacionales, pero también añade improvisación y secuencias en un ejercicio de composición particular de ambient.

Pero el impacto auditivo de “Pedida” escapa a las evocaciones que pueda generar la manipulación de efectos electrónicos. El potencial de un disco como éste radica en la construcción de un mensaje indirecto sobre la realidad, un espejeo siempre fracturado sobre el entorno. Así, “El jardín…” destaca desde su inicio por el dramatismo que cargan los silencios y ruidos que se van mezclando con los samples de un objeto que en algún segundo podemos reconocer –¿es de verdad un bicicleta?- y por la atmósfera lúgubre que Muñoz entrega a un instante finito, irrelevante, pero que puede poseer la carga de una abrumadora pesadilla diaria, palpitante, omnipresente. Y por su parte,  “Error existen…” supera la anécdota  glitch para jugar con la idea de la falla como defecto y también como única oportunidad de subversión.


Perturbador, el final del disco invita al oyente a seguir esperando más interpretaciones sobre lo cotidiano. Pero las pistas no llegan y la experiencia musical se completa con la falta. Y esa es la mayor gracia de la nueva aventura de Muñoz.

Esta crítica fue publicada en El Ciudadano (impreso, junio 2013)

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jueves, abril 25, 2013

Cadenasso - Un ejercicio


Después de sorprender con su primer registro al margen de Matorral, “El movimiento” (2009), Felipe Cadenasso vuelve a abrir una atractiva senda en su carrera en solitario con “Un ejercicio” (2013),  placa que lo confirma como una voz particular dentro de la precaria y desarticulada generación de cantautores nacionales que en los últimos cinco años ha intentado –con resultados menos afortunados en algunos casos- madurar un sonido personal. Una sólida calidad interpretativa, sus evidentes dotes como productor, además de una original poesía, hacen de él un ejemplo extraño, pues con una propuesta casi lúgubre es capaz de proponer un sutil modelo de acción y cambio en el entorno.

La nutrida carta de sonidos y las escenas que narra “Un ejercicio” dan cuenta de estas intensiones. Al acompañamiento de timbales se entrelaza un agudo violín, pero también de guitarras y cantos solemnes se cuelgan sintetizadores, cuerdas, vientos y registros de ambiente que unifican una atmósfera ensombrecida, que supera holgadamente la etiqueta rock. Asimismo, la densidad de estas diez canciones se reparte bien en los versos de Cadenasso, quien no se espanta ante las huellas del terreno nacional –ahí están las referencias al Metro, a Antofagasta, a la Alameda, a la Mistral- para transitar por la desilusión en la plegaria “La Trampa”;  jugar con el espanto en “De improviso” o buscar nuevos lenguajes en “La Puerta”, canción en donde parece pasmado ante la aceptada normalidad. “Ni una sola vez se les ocurrió dar un salto en la oscuridad”, entona.

Este imaginario se concentra en dos momentos claves del disco: “Aprendiz” y “Un ejercicio”. En la primera canción, un piano revela a un sujeto que mira con distancia al maestro y que está dispuesto a viajar “a donde nadie quiere ir”; mientras, en la segunda, un silbido guía la búsqueda de esas nuevas prácticas  (siempre personales, microscópicas) que son capaces de modificar la intimidad. Esta perspectiva se sostiene a lo largo del disco, en una reflexión evidente sobre el peso de la racionalidad, el orden y los objetivos rutinarios del mercado.

En consecuencia, y por lograr activar el formato canción como un dispositivo de cuestionamiento, “Un ejercicio” es una pieza necesaria en el panorama musical actual. Un remezón que le viene como anillo al dedo a una generación sobre poblada de eternos adolescentes. 

Esta crítica fue publicada en El Ciudadano (impreso, abril 2013).

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miércoles, marzo 06, 2013

Entrevista a Gustavo Álvarez Núñez, biógrafo de Daniel Melero



“A Melero lo buscamos porque sabemos que nada será igual después”


Preguntar a quien hizo las preguntas. Así se podría resumir cualquier intento por acercarnos al autor de una biografía. Seguir las huellas que otro ya recorrió. Así se podría resumir también esta entrevista a Gustavo Álvarez Núñez, periodista detrás de “Ahora, antes y después” (Derivas, 2012), libro que recoge la historia del músico trasandino  Daniel Melero (1958) desde su infancia, adolescencia y diferentes etapas de su carrera como compositor, productor y solista hasta el año 2001. Una biografía que ocupa la primera persona para que sea Melero quien reflexiones respecto al porno, la ciencia, se detenga en la trastienda de su obra y se divida en comentarios sobre clásicos como Charly García o Luis Alberto Spinetta.

Es también una biografía en donde Melero se reconoce a sí mismo como un creador atípico.  “Mucho más que un músico en el sentido clásico, soy un oyente que llegó a manejar instrumentos musicales. El tiempo que otros pasaron estudiando música, yo lo pasé oyendo discos. Más que formación diría que tengo información”, declara el autor de “Trátame suavemente” en el retrato firmado por Álvarez Núñez.

Ex director editorial  de  Los Inrockuptibles, integrante de la desaparecida banda Spleen, poeta y autor del volumen de relatos “Vidas epifánicas” (Mansalva), Álvarez Núñez es seguidor de Melero desde la época en que el trasandino acaparaba las miradas como líder de Los Encargados, y gracias a una relación que se remonta a más de  dos décadas es un conocedor de la historia oficial de Melero, pero también de la cara menos popular de una figura mil veces mitificada.
 
Una de las primeras entrevistas que hice en Los Inrockuptibles fue a Daniel. La realizamos con otro colaborador de la revista, Hernán Ferreirós. Los tres la pasamos muy bien charlando de discos, mujeres, ciencia, pornografía, televisión y un largo etc. Así se fue dando un vínculo. Hernán le iba a armar el sitio web a Melero -que nunca se terminó de plasmar- y ahí es donde yo encontré el vórtice para el libro, porque Daniel quería que le escriba el texto biográfico del sitio”, recuerda Álvarez Núñez sobre el origen de “Ahora, antes y después”.

Melero es el entrevistado que todo periodista novato desea. Te puede construir un gran reportaje sin que vos emitas muchas palabras. Fue muy sencillo trabajar con Daniel”, admite sobre una biografía que no llegó a las tiendas hasta el año pasado. “El libro se editó después de casi diez años en que fue concebido. Pasó por miles de avatares, como la misma realidad argentina”, resume sobre el retraso en la publicación del texto.

¿Qué tan complejo fue decidir que las conversaciones  con Daniel Melero se podían transformar en una biografía?

No tengo en claro si es una biografía o una autobiografía, como sugirió Rafael Cippolini en la presentación del libro. Sabemos que habla la voz de un Daniel Melero que rememora y a veces sentencia. En todo caso, no tuve la intención de escribir una biografía, sino trazar las puntas del iceberg que es el pensamiento de Melero. Bucear lo más que se podía en el modo en cómo piensa, ese fue mi objetivo. En cuanto al género como lector, soy poco asiduo. En verdad me gusta más la ficción biográfica, la posibilidad que tiene un escritor de usar su vida como experiencia biográfica. Por eso escribí Vidas epifánicas, un libro de relatos a partir de epifanías de músicos (desde Brian Eno y Keith Richards a Miles Davis, y Lee “Scratch” Perry), escritores (Paulo Leminski, José Hernández, Lucio V. Mansilla, Clarice Lispector) o actores, para sondear en esos momentos cruciales donde alguien elige su lugar en la vida.

La realización de un texto biográfico implica crear una mitología de la identidad. Con esta biografía, hasta qué punto te interesaba –o te interesa- mantener mitos,  destruir o crear nuevos mitos asociados a la figura de Melero.

Daniel dice que yo mostré la bestia que hay en él. Que el Melero conocido estaba inequívocamente asociado a una persona con un discurso ilustrado. Y que “Ahora, Antes y Después” vino a subvertir esa imagen. Mi intención era mostrar un Melero más cotidiano, o por lo menos, el que yo conocía detrás de bambalinas.

En ese sentido, cómo observas el efecto que puede tener un texto de esta naturaleza en el público, si pensamos que veces es mejor nunca conocer tanto a los ídolos.

Algo que siempre es paradójico en cuanto a la recepción de la obra y a la influencia de Melero, es que mucha gente es más permeable a su discurso que a su producción musical. Y si toda biografía muestra lugares escatológicos o peligrosamente custodiados del sujeto en cuestión, en “Ahora, Antes y Después” casi todo está puesto en la superficie. Paul Valery decía que “lo más profundo del hombre es la piel”… No busqué ni me esmeré en husmear los típicos aspectos biográficos, sino que me zambullí en todo lo relativo a la formación, desarrollo y concreción de una estructura de pensamiento muy particular y valiosa.

En el texto aparece el pensamiento de Melero fragmentado y mezclado con sus propios recuerdos biográficos. Hasta se podría mirar como una autobiografía teórica, pero se trata de un recurso que tú elegiste, al restarte como entrevistador.  ¿Por qué decidiste apostar por desaparecer como el biógrafo de Melero?

Tenía en la cabeza textos como El libro del desasosiego del poeta Fernando Pessoa o Minima moralia del filósofo Theodor Adorno. Me gustaba la idea de que el lector entre por cualquier lugar y encuentre algo que lo colme. Que no haya raíz, ni un abajo ni un arriba. Esto acompañaba mi visión del lugar de Melero en el rock argentino: parece venir de ningún lugar. O es un extraterrestre, como creyeron sus amiguitos del club cuando tenía 12 años*.

Melero + Álvarez Núñez


Es muy interesante la aclaración que haces al inicio el texto, cuando explicas que la época que retrata el libro es pre “Vaquero”(Melero, 2001), pre “Jessico” (Babasonicos, 2001) pre  tragedia Cromañón, es decir, antes de la última crisis argentina, pero también antes de myspace y el auge de Internet como lo conocemos. ¿Crees que estos sucesos políticos y culturales han definido un nuevo pensamiento en Melero? Hablo de uno distinto; de haber cambiado, ¿existiría una suerte de “segundo Melero” que quedaría por conocer?

En varias oportunidades él ha insistido con que hace falta una versión 2.0 de esta biografía. Conociéndolo, más que cambiar, ha ahondado en sus percepciones e intuiciones. Melero es siempre de la observación de lo mínimo; rescata cómo procede lo máximo. Ese movimiento es capital en su abordaje de la realidad. Lo importante es su matriz que le proporciona una sutileza única a la hora de inmiscuirse en problemáticas nuevas. En zonas donde otros se encuentran con un lodazal, él sólo se topa con diamantes en bruto. No creo que Melero haya cambiado en lo estructural desde que tuvimos aquellas conversaciones a fines de los años 90, sino que ha profundizado en conocimientos que siempre le han atraído. Antes podía ser la bioética, hoy el mundo de los insectos. Y me parece interesante que en esas búsquedas, hay detrás una transpolación interesante al mundo del rock. A cómo nos movemos, cómo generamos o no cambios…

En el prólogo del libro, Diego Tuñón –tecladista de Babasónicos- refuerza la imagen del Melero líder y acogedor cuando dice: “En la actualidad sabe exactamente los discos que salen, qué bandas escuchar (…) por eso los grupos nuevos todo el tiempo recurren a él”. Sin embargo, es Melero el que admite en el texto que es él quien busca a los nuevos  para interactuar con ideas frescas. ¿Cómo observas tú estas figuras, la del Melero tótem y la del Melero siempre deseoso de aprender del presente?

A Melero lo buscamos porque sabemos que nada será igual después. El tipo tiene la lámpara de Aladino. Pero no esperamos que broten nuevos objetos, sino vérnoslas con nuestros propios miedos a cambiar; o cómo hacer de nuestras inseguridades un campo fértil para potenciar lo desconocido. La mejor lección de Melero es como la del maestro zen: el cambio sólo se da yendo hacia el cambio.

En el inicio del libro tú declaras sobre Melero: “su música, su presencia y su discurso potenciaron más debates y escándalos que muchos de sus colegas, proponiéndoselo, no lograron ni por asomo”. Con eso te refieres a la dimensión política de su obra. ¿Podrías precisar más en qué sentido Melero encara el poder? ¿Según tú, en dónde aparecen esos debates y esas manifestaciones?

Pienso en el Melero del (Festival) BARock 82, poniendo en conflicto la idea de qué era ser rockero en ese comienzo de década: si aceptar el paso del tiempo y las transformaciones que se habían llevado a cabo -por eso su grupo, Los Encargados, tocaba con máquinas-, o seguir insistiendo con la fotocopia anacrónica del rockero hippón. Después, acompañando a grupos que apostaban por sonidos menos establecidos, transformándose en “vocero” de las nuevas tendencias, desde su incursión en la producción en los años 80 y luego en los 90 a su cuidada trayectoria solista. Y llevando a Soda Stereo -en su estadía como cuarto integrante- a redefinir su paleta sonora, rescatando influencias de los años 70 del rock argentino con “Canción animal” (1990), o inmiscuyéndose en texturas y capas de sonido novedosas como fue “Dynamo” (1992); corriendo así el límite de lo que se espera de Soda.

Además, desaprovechar oportunidades comerciales ha sido una constante en su trayectoria. No hay nada más político que desoír a las sirenas del vil metal. Discos como “Operación escuchar” (1995), claramente entroncan con una mirada crítica sobre el mercado, sobre cómo operar en el mercado. Su lucha con el poder está más vinculada a la microfísica del poder foucaultiano: inmiscuirse en luchas pequeñas y puntuales, para leer desde allí algo mayor. En pleno auge de la música electrónica, lanza un disco como “Piano” (1999), donde caben nada más su voz y el acompañamiento de Diego Vainer en el piano. Esa indagación en el conflicto es propio de su lugar político en un universo como el rock, más atento a los eslóganes y los discursos básicos.

El capítulo del libro “Las piezas del museo” es muy interesante, porque es Melero refiriéndose a los grandes nombres del rock argentino, criticando a unos y declarándose seguidor de otros. ¿En donde ubicas a Melero dentro de este panorama? ¿Si no es parte del museo, en dónde está Melero?

Melero sería la galería de arte chiquita, donde descubrís los artistas del mañana. Nunca será un museo de cera ni pretenderá ser una retrospectiva masiva, sino el incunable que espera su lector.

Hacia las últimas páginas del libro aparece un Melero muy interesado en la ciencia y algo decepcionado del arte. “El arte, como mecanismo de cambio, está agotado”, sostiene. ¿En qué medida esa sentencia se puede vincular a su propia obra? ¿Crees que aún se sostiene Melero como creador o su fuerza provocadora y revolucionaria de fines de la década pasada ya desapareció?

Lo que me interesa del último Melero es su desparpajo por incluirse y transmutarse en otros: el trabajo que lleva a cabo con su grupo de los últimos tiempos, en el vínculo que tiene con Yuliano Acri, Félix Cristiani y Tomás Barry, por ejemplo,  es la de un hombre que desea seguir investigando y poniendo en conflicto sus certezas. Además, ha logrado convertirse en un clásico sin necesidad de ser un mármol viviente. Digo, puede vivir y hacer del error un paso más en el insondable camino hacia la belleza.


Esta entrevista fue publicada en LuchaLibro

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